Prólogo
"Se rumorea que el primogénito de los Cohen se deshizo de todos los hijos bastardos de su padre para asegurarse el trono."
"También se dice que ha asesinado a miembros del personal solo por mirarlo a los ojos."
"He escuchado que su padre lo había dejado encargarse de los traidores, porque disfrutaba de la tarea. Decían que era bastante creativo."
Hernán Cohen tenía 15 años y ya se había ganado esa reputación.
Caminaba dos pasos detrás de sus padres, rodeado de un círculo de guardaespaldas, mientras las personas susurraban palabras inútiles. Una de ellas, una mujer mayor, le dirigió una mirada fugaz, y el joven, sin pestañear, le devolvió una sonrisa fría que hizo que la mujer tragara saliva y desviara la mirada.
Hoy era el aniversario de la independencia de la República de Arcadia. Los García, los Cohen, los Santos, los Mc.Kenzie y los Rowland, eran las familias fundadoras del país. Esta noche, la élite arcadiana se reunió en la mansión de los García. Los hombres hablaban de política y economía, mientras las mujeres se dedicaban a chismes y comentarios crueles.
En un salón de juegos, niños disfrazados se divertían bajo la vigilancia de niñeras y guardaespaldas. Entre ellos, Pamela García, la hija del actual monarca, llamó la atención de todos con su vestido rosa y sus alas brillantes. Era adulada por todos a su alrededor y ella estaba muy feliz porque adoraba la atención, hasta que tres chicos entraron al salón, sin disfraces. Hernán, con su traje elegante, se llevo toda la atención de Pamela, ella se puso más feliz al verlo, pero su felicidad no duró mucho cuando vio detrás de Hernán a la chica que siempre lo acompañaba a todas partes.
A Pamela le gustaba Hernán, pero el era muy mayor para ella, sin embargo, la chica al lado de Hernán era tan mayor como el, y por eso no le agradaba, Pamela tenía miedo de que esta chica se lo robara antes de que ella fuera lo suficiente mayor para estar con el, pero cuando le confesó esto a su hermana Leticia, ella le dijo que Hernán y esa chica jamás podrían estar juntos porque son diferentes.
Pamela no entendió esto.
Ella se acerca a los tres chicos junto con sus amigas que caminan tras ella como si fueran las abejas de su colmena.
-¿De que están disfrazados ustedes? -pregunta mirando a los chicos de arriba a abajo.
Hernán se le queda mirando fijamente por unos instantes antes de agacharse a su altura.
-¿De que crees que estoy disfrazado? -le pregunta.
-No estas disfrazado -Pamela hace un puchero y cruza los brazos sobre su pecho-. Les dije a todos que era una fiesta de disfraces, no pueden estar aquí si no están disfrazados -diciendo esto, le lanza una mirada a la acompañante de Hernán.
-¿Por qué deduces que no estoy disfrazado? -pregunta nuevamente.
-Estas vestido como una persona normal -reclama dando un pisotón en el suelo.
-Exactamente -el sonríe con cinismo.
-¿Qué? -la pequeña niña se ve confundida, no entendió lo que quiso decir pero niega con la cabeza-. No importa, no pueden estar aquí.
La sonrisa de Hernán se amplia cuando dice:
-No puedes echar a tu futuro esposo, pequeño cisne blanco.
Pamela abre sus grandes ojos azules con sorpresa.
"Tal vez él solo está bromeando," pensó. "Tal vez él solo está jugando..."
Pero una parte de ella, una parte que no podía negar, sabía que Hernán no bromeaba. Y esa parte tenía miedo.