𝙇𝙤𝙫𝙚 𝙨𝙩𝙤𝙧𝙮

Summary

En un reino donde todo está regido por el deber y la distancia, un copista silencioso y un príncipe acostumbrado al control comienzan a coincidir más de lo previsto. Lo que inicia con mapas, errores y silencios compartidos, se convierte poco a poco en algo que ninguno sabe nombrar... pero que empieza a sentirse imposible de ignorar. Pareja principal- Akafuri Leve mención- Kagakuri, Aosaku, Midotaka, Murahimu, Kikasa, etc. ↭✪↭✪↭✪↭✪↭✪↭✪↭✪↭✪↭✪↭✪↭ ⚠️ -Está historia se encuentra en Wattpad igual, bajo el mismo nombre de usuario y título de la historia. -Puede haber faltas de ortografía. -Historia ChicoxChico, si no te gusta favor de no leer y no dejar comentarios ofensivos.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

Tierra que no es mía.

La tierra parecía susurrarle que no pertenecía ahí.

Eso sintió Furihata Kouki en cuanto puso un pie fuera del carruaje. La capital tenía un aroma distinto que no conocía para nada, ese olor a humo de incienso, piedra antigua, humedad domada por siglos de orden.

El cielo se estaba llenando de nubes grises, un clima que ya era de costumbre en el reino, el aire tenía un peso para nada natural.

El castillo de Rakuzan se levantaba imponente.

Desde abajo parecía una escultura esculpida en mármol claro, torres que tocaban el cielo sin temor y ventanales que reflejaban el sol como si lo mandaran a callar. Kouki sintió que su ropa estaba fuera de lugar, que su paso era torpe, que incluso su sombra se encogía.

Apretó la carta que llevaba enrollada entre los dedos y se obligó a caminar.

—Nombre —pidió el guardia con voz firme, sin mirarlo.

—Furihata Kouki —respondió, esforzándose por sonar seguro— Vengo a ocupar el cargo de copista asistente, me enviaron de la aldea, aquí está la carta.

El guardia tomó el papel, lo revisó con lentitud y asintió apenas.

—Ala este. Biblioteca baja. Segundo piso. Preséntate ante el supervisor antes de la segunda campanada.

—Gracias…

Pero el hombre ya había girado el rostro.


El interior del castillo no era menos abrumador.

Los pisos eran tan pulidos que cada paso resonaba como si alguien importante estuviera siempre acercándose.

El personal pasaba en silencio, con túnicas de colores asignados, azul para estudiosos, gris para sirvientes, verde para sanadores, rojo para escoltas. Kouki, con su túnica cafe sin insignias, parecía invisible.

Cuando por fin encontró la biblioteca baja, se detuvo unos segundos frente a la puerta de madera con inscripciones antiguas.

Dentro el aire era denso con olor a papel viejo y cera de vela.

Los estantes formaban laberintos interminables y en el centro, sobre una mesa rectangular, se encontraba un hombre de cabello gris, leyendo sin levantar la cabeza.

—Furihata Kouki, supongo —dijo antes de que Kouki hablara— Eres puntual, lo respeto pero no es suficiente.

—Haré mi mejor esfuerzo, señor.

—Tu mejor esfuerzo debe parecerse al estándar de esta corte, todo lo demás… es desecho elegante.

Lo dijo sin levantar la vista y Kouki asintió, tragando saliva.

—Vas a comenzar clasificando traducciones duplicadas. El idioma original no importa si sabes ver patrones, ¿Sabes ver patrones?

—Sí.

—Mentira, pero pronto aprenderás, si no, te reemplazarán, así de simple.

Kouki asintió otra vez. ¿Cuántas veces más tendría que hacerlo ese día?


Esa tarde, el cielo ya estaba nublado por completo así que la luz entraba apenas entre los vitrales altos, haciendo que las sombras bailaran entre libros y escaleras.

Kouki estaba en la sección de tratados de comercio cuando escuchó un sonido distinto, pasos, pero no cualquiera ya que eran pasos lentos, seguros, pesados… como si no tuvieran que correr porque el mundo se detenía por ellos.

Un murmullo suave recorrió la sala.

El Príncipe heredero estaba entrando.

Kouki no lo miró directamente. Lo había visto en pinturas, sí, pero nunca tan cerca.

Su cabello rojo parecía brillar con luz propia y su porte era recto, sereno, perfecto.

Caminaba acompañado por dos consejeros, entre ellos el notorio Mayuzumi, de rostro inexpresivo y ojos críticos. Los guardias no hablaban, pero la atmósfera se tensaba con su sola presencia.

Kouki mantuvo la mirada en el pergamino que tenía entre manos. Aunque, durante un breve instante, notó que el príncipe se detuvo.

Y miró hacia él.

Fue solo un segundo, quizá una coincidencia pero el corazón de Kouki no volvió a latir normal por varios minutos.


Al terminar el día, se le permitió dirigirse al comedor común del personal. Kouki se sentó en una esquina, esperando comer rápido y desaparecer.

—¿Furihata, cierto? —preguntó una voz calmada.

Kouki alzó la vista.

Era Kuroko Tetsuya, acompañado por un joven alto de cabello rojo y expresión relajada, Kagami Taiga.

—Sí, soy nuevo.

—Se nota —dijo Kagami con sinceridad, pero sin mala intención— Te ves como si hubieras corrido con la guardia real.

—Más bien como si la biblioteca me hubiera aplastado.

Kouki no podía creerlo.

Dos de los asistentes más respetados del ala norte se sentaban a hablar con él.

Durante la conversación, se les unió Takao Kazunari, que apareció de la nada como si hubiera escuchado la palabra “chisme”.

—¡Ey! Bienvenido al castillo, ¿Te ha gritado el supervisor de archivos? Si no, todavía no trabajas de verdad.

—Todavía no me grita, solo me ignora— no pudo evitar sonrojarse.

—Oh, eso es peor —rió Takao.

Hablar con ellos fue como salir a la superficie tras nadar bajo agua y por un momento sintió como el peso de la perfección dejó de aplastarlo.


Día 2

La rutina comenzó a instalarse con rapidez.

Kouki se despertaba antes del amanecer, se aseaba con agua fría, repasaba mentalmente los términos de catalogación y se dirigía a la biblioteca.

El maestro ya no lo ignoraba del todo, ahora le daba tareas más complicadas, documentos reales, en lenguas antiguas, con marcas que no debían tocarse.

Ese segundo día, mientras revisaba un estante de códices con traducciones incompletas, una voz lo hizo sobresaltarse.

—¿Furihata Kouki?

No era la voz del supervisor, era más joven, precisa… y directa.

Kouki se giró y se encontró con Mayuzumi Chihiro, el asistente directo del príncipe.

—Sí — Su voz delató sus nervios.

—El príncipe Akashi solicita tu presencia en la sala de mapas, ahora.

—¿Yo?

—¿Eres Furihata Kouki?

—Sí, sí… perdón.

—Entonces, sí. Tú.


La sala de mapas era enorme, con un techo tan alto que se perdía en la sombra.

Kouki sintió el peso del lugar al entrar.

Ahí estaba él, Akashi Seijuro, de pie junto a una mesa de roble, con varios documentos abiertos ante sí. Su sola presencia imponía un silencio que dolía.

—Furihata —dijo sin mirar— Has trabajado con documentos antiguos, ¿no?

—Sí Alteza… en el pueblo pero solo con archivos civiles.

—Esta perfecto, necesito que reordenes este grupo. Hay mapas que deben redibujarse y traducirse, confío en que puedes hacerlo.

—¿Por qué yo?

La pregunta salió sin pensar.

Mayuzumi lo miró, como si fuera a decir algo pero Akashi respondió con calma.

—Porque me parece interesante observar a quien no se esfuerza por llamar la atención en este lugar.

Kouki no supo si eso era un halago o una advertencia.


Pasaron horas en esa sala, trabajando.

No hablaron más de lo necesario pero hubo momentos en que Kouki sintió la mirada de Akashi sobre él, no como un juicio, más bien como si intentara entender algo... como si leyera un mapa mucho más complicado que los que había sobre la mesa.

Al salir, ya entrada la noche, Kouki no pudo dormir.

Había algo en esa mirada que lo había seguido hasta su cama.


Día 3 – Por la noche.

Cansado, Kouki se asomó al balcón del ala este.

La brisa era fría y olía a jazmines, necesitaba despejar su mente pero no estaba solo.

Akashi estaba ahí, con el rostro vuelto hacia el jardín, sin escoltas.

—¿No puedes dormir? —preguntó sin girarse.

—No del todo...

—Es normal, este castillo… despierta cosas.

Kouki se quedó en silencio.

No sabía si debía quedarse o irse pero Akashi habló otra vez.

—Tienes buena memoria y eres paciente, son dos virtudes raras.

—No sé si son virtudes, a veces solo son lo que queda.

Akashi finalmente lo miró, no con frialdad, no con interés superficial era una mezcla de intriga, de reconocimiento... como si dijera "tú también sientes que no encajas del todo, ¿cierto?"

—Me alegra que te quedes en el castillo.

—¿Por qué?

—Porque lo estás viendo con ojos limpios.

Y con eso, el príncipe heredero se retiró en silencio, dejándolo con el corazón latiendo fuerte y el presentimiento de que algo, apenas ahora, estaba comenzando.

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Hola, gracias por leer.

nueva historia, un clásico pero espero que sea de su agrado ✨

No me acostumbro a esta app así que una disculpa si es un desastre la estructura 😓

Está historia se encuentra en Wattpad igual... allá creo que sí está más bonita la estructura JSJSJ