Electrocardiograma
Nuestros momentos aberrantes
mecen la podredumbre
y susurran: 'calma'
como un asesino
acunando a su víctima.
Sentado en la banqueta
—asfalto derritiéndose bajo mis muslos—
el calor calcina
los restos de tu nombre
en mi garganta.
Humo esparcido entre dientes:
fantasmas de besos
que nunca supimos dar.
Duele el pecho...
no el corazón
sino el hueco
donde latiste.
¡Podredumbre sagrada!
Altar de moscas
donde adoro
lo que nos pudrió.
Corazón:
¿qué circo montaste
en mis tripas?
Viento aberrante...
si no me arrancas hoy
mañana
seré raíz
en este cemento maldito.