Luces que ocultan
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La ciudad nunca dormía. Las luces de neón parpadeaban en un ritmo frenético, pintando de azul, rojo y púrpura los rascacielos que parecían tocar el cielo artificial. Jungkook se ajustó la capucha de su chaqueta de cuero, el viento frío de la noche rozando las mechas azules de su cabello. Sus dedos volaban sobre la pantalla táctil de su dispositivo, infiltrándose en el servidor de NeonCore como si fuera un juego. Pero no lo era. Un error, y estaría muerto antes del amanecer.
"Acceso denegado. Intento 3 de 5." El mensaje brilló en rojo, y Jungkook maldijo por lo bajo. Estaba en un callejón olvidado, escondido tras un contenedor que olía a aceite y metal quemado. Necesitaba terminar este trabajo, cobrar y desaparecer. Pero entonces lo oyó: un rasgueo suave, una melodía que no encajaba con el zumbido mecánico de la ciudad.
Frunció el ceño y levantó la vista. A pocos metros, bajo un letrero de neón roto, un chico tocaba una guitarra. Su cabello rubio ondeaba con la brisa, y su voz era baja, casi hipnótica, cantando algo sobre estrellas que ya no existían. Jungkook apretó los dientes. ¿Quién demonios toca música en un lugar como este?
—Oye, trovador —siseó, manteniendo la voz baja—. ¿Te importa bajar el volumen? Algunos intentamos trabajar.
El chico, Jimin, según descubriría después, levantó la mirada. Sus ojos brillaron con una mezcla de curiosidad y diversión, como si Jungkook fuera un rompecabezas interesante. Dejó de tocar, pero no apartó la vista.
—¿Trabajar? —respondió, con una sonrisa que parecía demasiado cálida para un callejón como aquel—. Parece más bien que estás robando algo.
Jungkook sintió un calor subirle al rostro, pero lo disimuló con una mueca. —No es de tu incumbencia. Lárgate antes de que llames la atención.
Jimin se encogió de hombros, apoyando la guitarra contra el suelo. —Tranquilo, no soy de los que delatan. Pero si sigues gritando, los drones de NeonCore te encontrarán antes de que termines tu... "trabajo".
Antes de que Jungkook pudiera responder, un zumbido agudo cortó el aire. Un dron de vigilancia, con su lente rojo brillando como un ojo, apareció al final del callejón. Jungkook guardó su dispositivo a toda prisa, su corazón acelerándose. Maldita sea. Si lo escaneaban, estaba acabado.
Sin pensarlo, Jimin se puso de pie, bloqueando la vista del dron con su cuerpo. —¡Oye, máquina estúpida! —gritó, lanzando una piedra que rebotó contra el metal del dron. El aparato giró hacia él, y Jimin aprovechó para guiñar un ojo a Jungkook—. Corre, genio.
Jungkook no lo pensó dos veces. Se lanzó hacia la sombra de un edificio cercano, su mente dividida entre la irritación y una extraña gratitud. Cuando el dron se alejó persiguiendo a Jimin, Jungkook se permitió respirar. Pero no por mucho. Un mensaje vibró en su dispositivo: Namjoon: "Si sigues metiéndote en problemas, no pienso salvarte otra vez. ¿Dónde estás?"
Jungkook sonrió a medias. Namjoon, su amigo ingeniero siempre tenía una manera de recordarle que no era tan invencible como creía. Pero mientras respondía, no pudo evitar mirar hacia el callejón. Jimin había desaparecido, pero la melodía de su guitarra aún resonaba en su cabeza. ¿Quién eres, trovador?.