Chapter 1— La familia Rehwald.
En un patio de pasto y con una enorme alberca. Se encontraban dos cuerpos cubiertos con mantas blancas las cuales eran manchadas por la sangre aún fresca.
De fondo se oían los lamentos de una mujer. Simultáneamente, los forenses tomaban fotos de los hechos: Al tomarle foto a una pistola que estaba a menos de un metro de uno de los cuerpos, ante el destello de la cámara una hermosa familia de 4 integrantes se acomoda para proceder a tomarles la perfecta foto familiar.
Henry; un niño pelo negro, gordo y sudoroso corría por un hermoso jardín, persiguiendo a una mariposa con una inocente sonrisa en su rostro. Sin embargo, más tarde su padre lo golpeaba con un cinturón, en lo que el niño lloraba sin cesar. El padre furioso por el ruido lo toma del cabello y lo jala; tirándolo al suelo. En la actualidad, Henry de las greñas arrastra a su pobre hijo menor; Ethan, por el pasillo mientras el pequeño lloriqueaba.
Henry lo mete al armario de su cuarto para encerrarlo en ese oscuro y diminuto lugar.
—¡Papi, por favor, por favor, me da miedo!—suplica el menor golpeando la puerta.
—¡Nadie te dio permiso de que salieras a jugar! ¡Nadie! Ahora te quedas ahí toda la tarde—regaña el hombre quien ahora estaba delgado y alto, mientras su hijo lloraba—. Sigue llorando y te daré buenas razones para llorar.
Advierte Henry furioso quien le da una patada a la puerta. Catherine; la esposa llega expresando su angustia—¡Por dios! Es un niño. Yo le di permiso…—Mira, Catherine, a mi nadie me dice que hacer. Soy su padre y lo educó como se me dé la gana. Si lo sacas, me vas a conocer,¿Comprendes? Manifestó mientras se acomodaba la manga de su camisa, dado que a Henry le gustaba siempre verse formal. Acto seguido, la empuja y se va. En lo que Kate se siente mal al oír los lloriqueos de su hijo.
—Es normal, uno tiene que dar mano dura a los escuincles; luego salen mal educados. Tú dedícate a callar y no contradecir a tu marido—le aconseja su madre a Kate. Se encontraban en la sala elegante de la casa de sus padres, sosteniendo tazas de café. Kate piensa el “consejo” de su madre y recordando los golpes qué recibía cuando era niña a modo de educación.
Al entrar a casa, ve a Ethan asustado mirando hacia el jardín desde la puerta de cristal. Afuera se oían lloriqueos y Henry gritaba ”¡Traga!”
Kate corre a ver ante ello, encontrando que su hija; Heather, estaba juntando tierra con su boca. Kate de inmediato la va a levantar del pasto.
—¿Qué te pasa? Se puede enfermar.
Heather lloriqueando huye a su cuarto.
—Lo que pasa es que tu hijita estaba jugando con Ethan, tiró la maseta; tenía que recogerla—se justifica Henry despreocupado, para retirarse.
En otra ocasión, Ethan jugaba con tierra, entrando sucio a la casa. Henry quien leía un libro en la sala, lo ve. Deja a un lado el libro y va por él para tomarlo del cabello.
—¿Crees que puedes entrar así de puerco a la casa?—regaña el padre quien lo saca al patio, mientras Ethan comienza a llorar.
Ya en el patio, Henry lo tira al pasto, toma la manguera y le rocía agua.
Durante una cena, Henry y Kate esperaban la comida, mientras los niños se correteaban entre risas. Henry movía su pierna con impaciencia. Cuando la sirvienta se acerca con la charola y estaba apunto de poner los platos sobre la mesa, Heather sin querer la pasa trayendo, provocando que un plato caiga al suelo. Henry pierde la poca paciencia que tenía, los niños aún jugaban.
—Disculpe, ahorita lo recojo, solo que los niños no se vayan a cortar—pide la empleada.
—¡No! Quédate ahí—exige Henry quien toma a su hija y se levanta para soltarle un golpe en la nariz, mandándola al suelo.
Esto impacta a todos. Heather se tapa la cara y su lloriqueo inicia.
—¡No llores! ¡No llores! ¡Ahora limpia tu desorden!
Heather recoge los vidrios y la comida, mientras su nariz sangraba. La muchacha al tratar de ayudarla, Henry lo impide —¡No! Tiene que aprender—voltea a ver a Ethan quien lo veía desde el otro lado del comedor—, y tú, niño.
Lo señala. Ethan al oírlo molesto corre a su cuarto, pero Henry lo alcanza en las escaleras de caracol y lo nalguea con coraje. Kate solo observa.
En el cuarto de Heather:
—¿Cómo fue que te rompiste la nariz?
Le cuestiona un doctor a la pobre niña. Ella lo piensa. Voltea a ver a su padre quien le daba una mirada fría y penetrante.
—Jugando—contestó la menor. No era la primera vez que ocurría, con anterioridad Henry ya le había rotó una pierna por sus impulsos de educación.
Henry trabajaba frente a su computadora. Ethan le hablaba, pero era ignorado. Lo mismo pasa con Heather: dado que, cuando Henry se molestaba, les aplicaba la ley del hielo.
Con el paso del tiempo, Heather comenzó a practicar la natación y el patinaje sobre hielo. En sus inicios, su padre la estresaba y le exigía perfección. Heather sabía que no debía defraudar a su padre porque si no así le iría: los golpes y el esfuerzo de ella la convierten en la mejor; recibiendo reconocimientos, medallas y trofeos.
La ligera envidia empieza a surgir en el interior de su hermano, pues creía que su padre solo se enfocaba en ella. Por lo que el niño se refugia en libros y poesía, incluso toma clases de piano: era muy bueno en ello, también recibiendo reconocimientos. Tratando de ganar la atención de su padre, sin embargo, siempre era ignorado; solo festejando con su madre, generando más rencor y odio hacia Heather.
Ethan invita a Heather a jugar las atrapadas, ella encantada acepta.
Durante el juego, Ethan corre al segundo piso. Al ver que Heather no llegaba por él, voltea a ver un jarrón y revisa sus alrededores. La pareja estaba discutiendo sobre negocios en la oficina de casa. Un vidrio roto y junto a ello un grito de su hijo los interrumpe. Salen a checar, encontrando a Ethan llorando, con la mano derecha sangrando y temblando ligeramente, en el suelo del pasillo. A su lado estaba el jarrón hecho pedazos y Heather tratando de consolarlo. Los padres se acercan y Kate al ver la sangre en la mano del niño corre por el botiquín.
—¡Fue Heather! Me empujó y por eso me corte—exclama el menor con voz desgarrada.
—¡Eso es mentira! Subí y lo encontré así, lo juro…
Una cachetada de su padre la silencia. Henry la levanta del brazo, ya que ella estaba arrodillada—¿Qué te pasa? ¡Eres la mayor, debes de cuidar a tu hermano!
Acto seguido le da manotazos secos en la espalda a la pobre niña. En lo que Ethan esboza una leve sonrisa.
En la noche, Ethan estaba sentado en su cama. Heather entra sin avisar—Vi tu sonrisita, ¿Por qué?
Ethan se levanta, va por sus carros para jugar en el suelo. Heather molesta patea los carros y lo toma con fuerza de la mano vendada. Ethan se queja.
—¿Por qué? ¡Dime!
—¿Por qué? Porque me caes mal— confiesa Ethan después de soltarse. Heather le suelta manotazos, los cuales se calman cuando Ethan le agarra las manos y la empuja para levantarse. Ambos se miran y a los ojos se expresan un “te odio”. A continuación, Heather sale azotando la puerta. Finalizando la gran hermandad que solían tener.
Tiempo después, los niños se desarrollaron y cambiaron, indicando la llegada de la adolescencia, por lo que Henry aconsejó a sus hijos:
—La adolescencia; la etapa del descubrimiento, la cual puede ser la mejor o peor etapa de tu vida, todo depende de ustedes y de su entorno, ¿Yo soy cruel? Espérenme allá afuera. Deben ser más crueles qué el resto, si no ustedes serán los acabados… No confíen ni dependan de las personas, ya que van y vienen: solo están en una parte de tu vida y luego desaparecen. Eso si, debes elegir bien a que extraño quieres conocer, porque puede llegar a alegrarte la vida o a jodertela.
La familia cenaba sin Heather, quien poco después baja con un vestido floreado qué le llega hasta las rodillas, zapatos casuales negros, con un suéter blanco y una coleta.
—Ya me voy, regreso a las once—se despide Heather. Simultáneamente, la mirada de Ethan expresaba una envidia, ya que él no tenía vida social.
Al llegar a la fiesta, Heather antes de entrar junto a Celeste;su mejor amiga, se quita lo que traía. Se suelta su cabello negro, se pone tacones plateados y bajo el vestido floreado tenía puesto uno negro, pegado y corto. Para con ello ser la sensación en la fiesta, como ya era costumbre, pues era divertida y muy bella.
En la oficina de Henry, su padre le avienta una revista en la cara.
—Parece que se están divorciando: en todo el maldito evento ni se juntaron, ni siquiera un beso.
—Eso no quiere decir que nos estemos divorciando—justifica Henry serio y con voz serena. —Eso dile a los medios. Para la otra quiero ver una cálida pareja; el matrimonio perfecto, aun que sean una mierda.
Heather estaba en casa de Celeste junto a otras amigas, entre risas y risas Heather sin querer tira un vaso con jugo, rompiéndolo y provocando un reguero.
Rápidamente trata de arreglar lo que hizo con los ojos llorosos, muy desesperada, en lo que se disculpaba.
—¡Heather! Tranquila, es solo un vaso, ahorita lo limpia la sirvienta—interviene Celeste—. ¡Dios!¿Quieres llorar? Es solo un vaso, ¿Te cortaste?
Heather se levanta, sonríe y niega con los ojos llorosos: ella limpiaba una taza de café qué había tirado, mientras lloraba su padre molesto le gritaba—¡Eres una maldita tonta! ¡Tonta! ¡Tonta!—la agarra del brazo-. ¡Deja de llorar! ¡Deja de llorar!
Y le da 3 manotazos secos y fuertes en el brazo. La joven solo vuelve a recordar ese momento conteniendo las lágrimas.
En una cafetería, Kate estaba risa y risa con sus amigas, hasta que una llamada interrumpe. Kate se disculpa para retirarse al baño.
—¿Qué pasó? ¿Todo bien?—contesta al entrar a un cubículo.
—El señor vio un ocho en la boleta de su hijo, se molestó y lo golpeó; no le deja de sangrar la nariz—informa una sirvienta.
En el cuarto de Ethan, él estaba acostado en su cama ya curado.
—¿Por qué le enseñaste la boleta a tu padre?—cuestiona Catherine, mientras guarda las cosas del botiquín. Ethan calla. —Perdón que no estuve contigo. —¿Qué más da? De todas formas lo hubieras permitido. —Es el hombre de la casa, él solo quiere lo mejor para los tres.
Los hijos del matrimonio eran arreglados por maquillistas. Ethan ve los golpes qué tenía en los brazos por lo que se baja las mangas para cubrirlos y después ser maquillado. En el jardín, los chicos estaban sentados, atrás estaban los padres.
—¿Ya está la maldita cámara o no?
pregunta Henry impaciente. El camarógrafo afirma. Henry toma a sus hijos del cabello—Las sonrisas—les recuerda. Al dejarlos les acomoda el cabello. Toma de la cintura a su amada, la familia sonríe y la perfecta foto familiar es tomada.