Capítulo Unico
La noche se extendía sobre la ciudad como un manto de terciopelo oscuro.
Zee se encontraba observando la televisión de la sala con la ventana abierta.
El aire frío no le hacía daño —su piel nunca había sentido el cambio de temperatura desde hacía más de un siglo—, pero le ayudaba a distraerse de la sed que lo acosaba.
Una sed que no era común.
Era sed de él.
De Nunew.
El único humano que había logrado derribar sus murallas. Su pareja.
Su condena y salvación a la vez.
Desde que había comenzado su relación, Zee había decidido ocultarle su naturaleza, de que era un vampiro. No por vergüenza, sino para protegerlo, no quería arrastrarlo a su mundo. No quería que la sombra de lo que él era contaminara la luz que parecía seguir a Nunew a todas partes.
Lo amaba. Lo amaba de una manera que no había sentido por nadie en siglos, y justo por eso, era fácil perderse en sus ojos, en la calidez de su piel, en esa sonrisa inocente que escondía una picardía que siempre lo descolocaba.
Pero últimamente…
Cada instante al lado de Nunew se había convertido en una batalla silenciosa contra sí mismo
Después de cada beso, cuando la lengua de Nunew rozaba la suya y el calor subía por su cuerpo, la necesidad se volvía insoportable. La sangre le llamaba, el aroma dulce y único que emanaba de él lo envolvía hasta nublar sus sentidos.
No era hambre… era deseo. Un deseo tan primitivo que lo aterraba.
Zee pensaba que Nunew no tenía ni idea de que estaba frente a un depredador. Pero entonces estaban esos momentos… esos gestos tan pequeños y, sin embargo, tan peligrosos que le hacían dudar.
Como esas veces que Nunew se acercaba demasiado para murmurarle algo al oído
Zee tragó saliva, intentando no dejarse llevar por la imagen de sus labios cerca del cuello de Nunew, de la idea de que sus colmillos rozaran la piel suave y caliente.
Sintió una cálida mano colocarse sobre su muslo, en ese momento recordó que Nunew estaba justo ahí, a su lado en el sofá.
Zee no se movió, pero luego de un momento Nunew acercó sus dedos a su mejilla y lo atrajo hacia un beso.
Fue un beso profundo, cargado de deseo contenido, donde la lengua de Nunew exploraba con curiosidad.
Aquel beso era una mezcla entre calma y tormenta, un llamado a rendirse a su naturaleza vampírica.
Zee luchaba por no dejarse dominar por el instinto.
Cuando se separaron, sus respiraciones eran agitadas. Nunew lo miró con una mezcla de diversión, como si supiera exactamente lo que estaba provocando.
Aquello le desconcerto un poco, pero no dijo nada.
Luego vio como Nunew se levantaba del sofá para ir hacia la cocina. No paso mucho tiempo cuando escucho al menor quejarse.
Rápidamente se movió para saber que había pasado, pero a penas puso un pie en la cocina un fuerte y delicioso aroma llegó a su nariz.
—Me corté un poquito —dijo Nunew con una mueca. La herida era apenas un rasguño, pero de ella brotaban unas gotitas rojas, brillando a la luz de la lámpara.
Zee contuvo el aire. El pulso en sus sienes golpeó con fuerza.
—¿Te duele mucho? —preguntó, sin apartar la vista.
—Un poco… —menciono con un pequeño puchero—. ¿Puedes besarme mi dedo? Seguro así se cura más rápido.
Zee parpadeó, dudando. No era buena idea. No… era la peor idea. Pero la manera en que Nunew le extendía la mano, con esa mirada suplicante, rompió su fuerza de voluntad.
Tomó el dedo con cuidado, como si temiera romperlo, y dejó que sus labios lo rozaran.
Y entonces… lo probó.
El sabor cálido y metálico tocó su lengua, y fue como abrir una puerta que llevaba demasiado tiempo cerrada. Todo su cuerpo reaccionó. Sus colmillos, ocultos por tanto tiempo, punzaron contra su encía, ansiosos por salir.
Zee se tensó. Podía sentir la sangre fluyendo bajo su piel, escuchaba el corazón ajeno latiendo más rápido… demasiado rápido.
Retiró la mano ajena rápidamente.
—Nunew… —su voz era grave, ronca—. Debes tener más cuidado
Zee apartó la mirada, intentando contenerse, pero fue inútil.
—Has estado distante últimamente… —susurró Nunew de pronto.—. ¿Pasa algo?
Si, pasaba que queria morderlo. Que queria que fuera suyo de una forma que no podia explicar.
Pero se limitó a decir otra cosa
—Nada de lo que debas preocuparte.
Nunew alzó una ceja, como si no le creyera. Se acercó aún más.
– A mi parecer si.
Zee retrocedió un paso, intentando ganar espacio, pero Nunew no se lo permitió pues colocó una mano en su nuca con la intención de acercarlo de nuevo y poder hablarle al oído.
– Dime que sucede
—Nunew… —murmuró, apenas audible— Yo…
Aquella posición dejaba a su vista el cuello de Nunew. Suave. Perfecto. Tentador.
De nuevo no pudo evitar imaginar como se sentiría hundir sus colmillos y dejar su marca en esa suave piel…
Con esa idea, simplemente ya no pudo más.
Lo atrapó entre sus brazos mientras sus colmillos salian a relucir luego de mucho. Su respiración era irregular, sus colmillos rozaron apenas la piel cálida. Nunew, lejos de apartarse, cerró los ojos como si lo estuviera esperando.
—Lo siento… —susurró Zee, justo antes de clavar sus colmillos en su cuello.
El primer contacto fue un estallido de sensaciones. Para Zee la sangre de Nunew lo invadió como fuego líquido. Cada trago era una mezcla perfecta de dulzura y calor, un placer tan abrumador que lo hizo temblar.
Para Nunew, el dolor inicial fue agudo, pero en segundos se transformó en una oleada de placer que lo hizo aferrarse a los hombros de Zee, arqueando ligeramente el cuello para invitarlo a más.
Tenía su respiración entrecortada, sintiendo cómo la fuerza de Zee lo envolvía, cómo cada sorbo parecía fundir sus almas.
Zee se detuvo antes de hacerle daño, lamiendo la herida con suavidad para cerrarla. Cuando se apartó de su cuello, sus labios estaban teñidos de rojo. Lo miró, temiendo encontrar horror o rechazo… pero lo que vio fue una sonrisa.
—Sabía que no podrías resistir mucho más… —murmuró Nunew.
Zee lo miró, confundido.
—¿Qué…?
—Siempre lo supe, cariño —sus ojos brillaban de picardía—. Que eras un vampiro. Que me mirabas con hambre. y que me estabas evitando por miedo a morderme.
Los dedos de Nunew acariciaron el rostro de Zee, y se acercó de nuevo para rozar sus labios con los suyos.
—Ahora eres eternamente mío… y yo, eternamente tuyo.
En medio del beso, Zee entendió que la lucha había terminado. No porque hubiese perdido el control… sino porque Nunew siempre había querido que lo hiciera.








