DEDICATORIA
Para las constelaciones cerebrales que navegan mares no cartografiados:
A los cerebros-incendio que piensan en llamaradas,
a las mentes-glaciar que ordenan el caos en cristales perfectos.
A quienes aman con cables cruzados y versos sin puntuaciĂłn,
a quienes sienten el tacto como alfabeto braille bajo la piel.
A los atlas humanos con carreteras neuronales en construcciĂłn eterna,
a los que esconden universos bajo capuchas de normalidad prestada.
Para los niños-espejo que reflejan mundos enteros en sus fracturas,
para los adultos que traducen su idioma natal a dialectos de supervivencia.
A quienes visten máscaras de seda mientras por dentro
—¡oh, glorioso caos!—
tejen galaxias con hilos sueltos.
A los padres que ante el abismo
tendieron redes, no puentes;
para caĂdas en libertad controlada
A nuestras versiones pasadas:
- Niñas que mordĂan bolĂgrafos en aulas demasiado estrechas
- Niños que coleccionaban islas de interés como archipiélagos de paz
(Hoy plantamos banderas donde solo hubo tierra baldĂa)
A los que rompen relojes porque saben:
el tiempo es un acordeĂłn de momentos plegados bajo la lengua.
Y sobre todo...
A ti
que lees esto con los párpados temblando de «¿esto soy yo?»
que reconoces en estas páginas el eco de tus propias conexiones.
A ti.
Que este libro sea tu alebrije de papel:
criatura imposible, hermosa por sus costuras visibles.
Porque «normal» es solo un punto;
el universo se expande en direcciones inesperadas.
AsĂ es la vida segĂşn nosotros