En el nombre de la luna

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Summary

En un futuro cercano, el mundo se sume en un guerra contra unos seres extremadamente poderosos, seres, que son enviados por un ente superior para acabar con un mundo de pecados y muerte. Pero Amara, una militar del cuerpo de cazadores de ángeles ha descubierto que la verdadera maldad no es la de esos seres conocidos como ángeles, sino la de la humanidad. "Los humanos tenemos la maldad mas pura dentro de nosotros, nacemos con ella y nunca nos podremos deshacer de ella, por eso somos defectuosos y por eso nuestro creador tiene sus motivos para quitarnos de en me dio." En esta novela distopica se muestra la dureza de la guerra contra lo desconocido, la manipulación de los medios controlados por el gobierno, la propaganda militar, la amistad y el amor en tiempos duros. Genero: distopia, drama, ficción.

Status
Ongoing
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

─No.─ Expreso con voz firme al escuchar la petición que el coronel me acaba de hacer─ Sabes mejor que yo que sin mi no no conseguiríais matar ni a la mitad de ángeles que matáis al día.

A mis 20 años de edad, me encuentro sentada en una silla roja aterciopelada con mi rígido uniforme militar en el despacho del coronel. Un hombre de espaldas anchas, a una hamburguesa de tener un fallo orgánico total; difícilmente alguien logra mantener la compostura en su presencia, pues la mezcla de estupidez y poder sacan de quicio a cualquiera.

No puedo evitar cruzar las piernas mientras me enderezo por la incomodidad de esa silla de tan horrible gusto que me hace sentir como si estuviera en un prostíbulo, tal vez es donde al coronel le gustaría estar en realidad, pues tiene fama de moverse a por ciertos barrios a “rescatar” muchachas y otorgarles “ayudas” económicas. Me retiro el pelo de la cara, el cual me llega casi por la cintura pues pocas veces tengo tiempo de cortarlo y acostumbro a recogerlo en una trenza o un moño bajo pero debido a las prisas con las que me han citado en el despacho del coronel no tuve tiempo ni de hacerme una simple coleta. El silencio inunda la sala y el coronel y yo fijamos la mirada el uno en el otro, comenzando una batalla de egos que voy a perder.

Miro a mi alrededor y el hombre, pese a su apariencia, parece tener una gran autoestima, o arrogancia, ya que sus paredes están cubiertas con cuadros de el mismo, en todos y cada uno de ellos parece mas delgado de lo que en realidad es, casi puedo imaginármelo diciéndole al artista que le quitara un par de quilos para cada cuadro, lo que muestra su vanidad. Entiendo que quiere que cuando muera la gente recuerde la mejor versión de el, que es la que se ve en esos cuadros, pero mientras yo viva lo recordare como una morsa estúpida rellena de grasa y billetes.

─Venga mujer,─ Dice el, sacando un puro de un cajón que tiene en la mesa, el olor de ese puro es repulsivo, nunca he podido aguantar el olor de los puros, no tengo problema con el olor del tabaco, tampoco con el de la marihuana, pero el olor a puro es algo que no puedo soportar, me recuerda demasiado al director del orfanato, que se pasaba todo el día en su despacho bebiendo vino, wiski y fumando puros hasta que sus pulmones no lo soportaron mas y un buen día, al parecer, se termino ahogando en su propia sangre cuando colapsaron sus pulmones, una verdadera pena no haberlo podido ver.─ Necesitamos a alguien que entrene a los nuevos reclutas, y quien mejor que una chica con experiencia, joven y dura. Si tu los entrenaras, los nuevos soldados serian unos maquinas, acabaríamos con esta estúpida guerra en un par de meses.

No puedo evitar suspirar ante esta afirmación, ambos sabemos que en realidad me están haciendo entrenar a los nuevos reclutas por algo que he hecho, solo que yo aun no estoy segura de que es exactamente lo que tanto les ha molestado, ni siquiera me creo tan importante como para hacer algo que al gobernador llegue a importarle, pero por lo que veo sin darme cuenta he tenido que hacer algo, ¿El que? buena pregunta, porque yo tampoco lo se. Pero por alguna razón, el coronel Gordon Intxausti ha decidido seguir comiéndome la oreja e intentando convencerme de lo beneficioso que seria que yo entrenara a los reclutas.

Me hace especial gracia el hecho de que diga que gracias a mi podrían detener la guerra, cuando ni siquiera sabemos exactamente contra que nos enfrentamos, ni mucho menos, como detenerlo. Ni siquiera los mas formados ni los mas inteligentes han conseguido descubrir el origen de esta guerra contra seres desconocidos, y de pronto, este hombre con menos luces que un televisor desenchufado ha tenido una revelación divina y ha descubierto que yo soy la respuesta, a cuantos soldados fallecidos se les habrá atormentado con conversaciones sobre el éxito y la salvación? a Cuantos se les habrá dicho que son los elegidos en este mismo despacho?.

─Porque es eso lo que quieres, no? maquinas.─ Digo con sorna, mientras observo con asco como agarra el puro con sus obesas manos y lo mete en la boca para aspirar el humo. Cualquiera diría que ese hombre algún día tuvo que hacer cualquier tipo de prueba física para entrar en el ejercito, porque ahora mismo ni siquiera parece que detrás de toda esa grasa haya una persona.─ Yo tendría que estar patrullando o buscando a los ángeles de mayor fuerza o tamaño para acabar con ellos, no entrenando a una panda de adolescentes, o─ dije haciendo una pausa─ Pre-adolescentes, que viendo el cambio de ley que ha hecho usted junto con el gobernador, aparentemente con el permiso escrito de los tutores ya no hace falta ser mayor de edad para entrar en el ejercito, basta con tener 12 años. ¡12 Años! por dios a quien se le ocurre. Usted─ Le digo mientras me levanto de la mesa para apuntarle con el dedo de forma agresiva, olvidando por completo que estoy tratando con un superior.─ Usted esta enfermo, y a quien deberían castigar es a usted, no a mi.

─Tu empezaste a entrenar con 13 años, que no se te olvide.

─Yo era una huérfana que no tenia nada que perder y aun así fue el propio estado el que me permitió entrenar con 13 años. Le recuerdo, coronel Inchausti, que fue usted quien me hizo jurar que no le diría a la prensa con que edad empecé a luchar. Y solo porque a un niño se le de bien hacer lo que hacen los adultos, no quiere decir que este preparado para asumir lo que es ser uno.

─Pues al parecer a ti no te ha ido mal.

─Yo he sobrevivido, otros muchos no. Nos os bastaba con hacer propaganda militar en colegios de primaria? ni con prohibir el uso de métodos anticonceptivos? ni con implementar un servicio militar obligatorio para hombres y mujeres mayores de 18? ahora también queréis entrenar a niños... y encima pretendéis que los entrene yo. ¡Yo! pues de eso nada.─ digo negando fuertemente con la cabeza y la mano a la vez─ No, no. Ni hablar.

Al parecer, cuando tenia a penas 1 mes de nacida, mis padres fueron asesinados por un ángel, nunca encontraron una explicación coherente de como un Ángel mata a dos adultos, deja a un bebe de 1 mes llorando y cuando las autoridades encuentran de nuevo al bebe, tiene 11 meses y sigue vivo, ni siquiera yo le encontraba sentido alguno.

Los ángeles, son unos seres asquerosos, de entre 2 y 3 metros de alto, aun que se han logrado documentar casos de ángeles de 5 metros; son unos animales completamente blancos y deslumbrantes, pues la luz del sol o de la luna se refleja en ellos. Con 3 ojos y alas, son seres que adoptan las características faciales de la persona a la que mas amas, para que así sea mucho mas difícil para uno matarlos. Las balas no les afectan, por lo que hay que usar espadas y la única forma de matarlos es cortándoles las alas.

Matan a las personas de diferentes manera, algunos tienen dedos tan afilados que son capaces de arrancar tripas, otros tienen las piernas tan largas que son capaces de pisotear las cabezas de los soldados, incluso los hay con habilidades especiales como multiplicarse, hay infinitas posibilidades.

Según los libros de historia, 75 años atrás, todo el mundo tuvo una especie de alucinación colectiva, en la que escucharon una voz que se hacia llamar Sugaar (comúnmente conocido como dios, ya que todos asumieron que fue dios hablándole a la sociedad, lo que hizo que la religión católica creciera considerablemente y se crearan varias sectas fanático-religiosas) dando el aviso del inminente final de la tierra, el apocalipsis; salvo que no era ningún tipo de alucinación, pues meses después empezaron a aparecer ángeles. Al principio había una aparición o tal vez dos al mes, pero cada vez aumentaron mas en numero y pese a las medidas que se toman para frenarles nada ha conseguido erradicarlos completamente.

Se crearon sistemas especiales para que no se colaran en las casas, armas con las que acabar con ellos, y una parte del ejercito (hoy en día casi el 80%) fueron destinados a hacerles frente y se crearon sistemas de seguridad (alarmas) en cada casa particular, pero aun así, cada día se cobran nuevas vidas, sobre todo de campesinos que no pueden permitirse vivir en la ciudad.

─No estamos aquí para hablar de cuestiones políticas, soldado Elizalde.

─Llámeme Amara, que viendo el panorama esta no será la primera ni la ultima vez que nos encontremos aquí.

─Voy a ser honesto, Amara, no me gusta perder mi tiempo. Que seas la nueva entrenadora de los reclutas no ha sido idea mía, yo lo iba a dejar pasar; pero son ordenes directas de el gobernador.

─ ¿Y si no me presento? ¿Qué es lo peor que podría pasarme?

─Tu eres consciente de quienes son tus superiores, verdad?─dice con una pequeña risita─ Estas tu, que hasta ahora has sido capitana, esperemos que consigas mantener tu puesto, bonita. Luego estoy yo, el coronel y por encima de mi solo están el gobernador y el rey, en ese orden. Si no te presentas, yo mismo me encargare de que te arresten por injurias a la corona.

─Así que es por eso por lo que me están castigando...

Al meditar cual podría ser dicha “injuria” he recordado un incidente que tuve con una familia unos dias atrás. Eran una familia de clase alta, compuesta por un hombre y una mujer, ambos de casi 40 años y un niño de 10, algo extraño, por cierto, ya que al estar “prohibidos” los anticonceptivos una familia con un solo hijo es algo de extrañar, pero a juzgar por su capacidad económica, seguramente ellos si podían permitirse saltarse las leyes, al contrario que yo. A medio día hicieron sonar la alarma de su casa, yo me encontraba cerca del perímetro así que fui corriendo y al llegar me encontré con la familia en la puerta.

Al llegar me encontré con los tres en la puerta de la casa, extrañada al verlos tan risueños pregunte si el ángel había huido por el ruido de las sirenas, y la descarada contestación del padre fue que habían decidido que ya era hora de empezar a entrenar a su hijo para que fuera un gran soldado en el futuro, y “quien mejor para ese trabajo que el primer soldado que aparezca para ayudar”, me quede perpleja ante la desvergüenza de esa gente y no recuerdo en su totalidad como es que fuimos desencadenando una discusión pero si que recuerdo las ultimas palabras que nos dedicamos.

Yo le dije “Ojala pudiera desactivarles la alarma para darles un buen motivo por el que entrenar a su niño de 10 años para que mate ángeles.” y entonces el hombre se acerco gritándome que anduviera con ojo pues el conocía al rey, cosa que yo me tome a broma y respondí “Si el rey me suda la polla no te puedes hacer una idea de lo poquísimo que me importan sus amigos, buenas noches” y me fui creyendo que les había dado una lección, cuando en realidad la lección me la iban a acabar dando a mi.

─Por tu cara parece que ya has recordado porque estas aquí.─ ríe el coronel, dándole otra calada a su puro y echándome el humo de su puro en la cara a propósito, para recordarme quien es el superior.

─Pues si, si que lo recuerdo...─ expreso en un susurro mientras toso.─ Y durante cuantos meses tendré que estar ahí?

─entre 12 y 24.

─¡Dos años!─Grito sin darme cuenta.

─Parece que al rey no le hace gracia que la gente vaya por ahí diciendo que “le suda la polla el rey”.─ ríe el ─ Pero tu escúchame que a mi me viene muy mal esto también, me viene bien tenerte entre mis filas, matas muchos mas ángeles al día que la media y en las misiones cuando vas tu por alguna razón hay menos bajas, así que te voy a explicar como funciona la cosa. Cada seis meses aparecerá un supervisor, el supervisor decidirá cuantos de tus chicos estarán listos para el frente, tu trabajo termina cuando todos tus chicos estén luchando o lo hayan dejado.─ Pese a que las palabras del coronel me dice que esta tratando de ayudarme, algo en su expresión me hace creer que hay gato encerrado, tal vez tenga algún tipo de intención oculta, algún plan para beneficiarse de mi castigo o quiera hacerme creer que es una persona de fiar para luego traicionarme.

─Pero como voy a hacer eso? no todos los que entran tienen los mismos objetivos.─ Dentro del ejercito hay grupos, el ejercito de logística, quienes se dedican a la parte estratégica del ejercito, a desarrollar nuevas armas y a estudiar a los ángeles, el ejercito de interior, es decir, el que se dedica ha hacer el trabajo de “policía” y a acabar con ángeles que se cuelan en las ciudades y por ultimo el ejercito de exterior (al cual pertenecía yo, pese a que de vez en cuando me hacían hacer algún trabajo en el interior) cuyo trabajo principal es acabar con emboscadas de ángeles (ya que viven en manada), y acabar con sus puntos de reunión. Para cualquiera de los tres las habilidades necesarias son completamente diferentes.─ Para que voy a poner a estudiar a alguien que quiere ir al ejercito de exterior o a correr a alguien que quiere ir a logística, es absurdo.

─Les enseñaras lo básico en cada campo y luego ellos decidirán a donde ir.─ Dice encogiéndose de hombros, como si fuera tan fácil.

─Y soy una negada para los estudios, lo que estudie de logística hace 4 años ya lo tengo todo olvidado.─ me lamento.

─Te las arreglaras, a parte─ dice mientras se aclara la garganta─ no estarás sola, en el mismo campo de entrenamiento al que te han destinado va ha haber otro soldado entrenando a otro grupo de cadetes. Kimetz Gorliz, seguro que lo conoces, es de tu misma promoción.

─Tengo cara de conocer a nadie de mi promoción?─ respondo, pues es bien sabido que hacer amigos no es mi mayor cualidad.

─La verdad es que no, pero ha veces las personas te sorprenden. Ahora, Amara, retírate que tengo una reunión muy importante.

─No me lo puedo creer.─ digo mientras me levanto para salir corriendo de ese despacho, con loa puños y las mandíbulas apretadas por la frustración.

Mientras camino por las calles hasta mi casa reflexiono sobre mis decisiones, no me arrepiento de decirle a ese hombre lo que le dije pese a tener repercusiones pero a caso la decisión de entrar en el ejercito fue acertada? Tenia tan solo doce años cuando les pedí a mis educadoras que buscaran la forma de hacerme entrar en el ejercito, yo solo quería salir de ese orfanato, y valla si lo conseguí, pero ahora formo parte de un sistema corrupto que no cambiara nunca.