ONE
Frente al Mar Esmeralda se extendía entre paredes corroídas por la sal y tejados de arcilla naranja el pueblo Costa Serena. Nada había cambiado desde hacía 12 años. Para Elisa eso no significaba nada más que un constante dolor de cabeza que la llevaba a mantener el ceño fruncido la mayoría del día. Sin embargo, lo que normalmente la mantenía intranquila eran las noches donde la luna era cubierta por nubes grises y el faro no dejaba de proyectar esa luz giratoria sofocante. Por suerte, esta noche parecía tener un brillante cielo despejado.
No le molestaba su trabajo en la pequeña pero abarrotada tienda de costura, tampoco acompañar a su madre a enseñar a los niños canciones en el coro de la iglesia ¿Pero su padre volviendo a pescar en Costa serena? la hacía sentir el enojo de una manera que solo un adolescente lo hace...y eso no le gustaba, más aún porque hace par de años que ya había superado esa etapa. De cualquier manera a su padre no parecía importarle en lo más mínimo la forma en la que aborrecía vivir en un faro y tener una “deliciosa” vista directa al mar.
“ — Tienes que dejar de ser tan egoísta Elisa”
Su madre no se quedaba atrás. Pero, Allí estaba, otra vez caminando a la roca de superficie lisa, siguiendo la tradición de cada noche - desde los dos meses que llevaba en el pueblo - de arrojar pequeñas conchas al océano mientras lograba conciliar el sueño. Y este día no sería diferente a los demás si no fuera por el extraño resplandor azul brillante que parecía venir de algún objeto bajo el agua, al final del muelle destartalado, a unos cuantos metros del faro.
Lo pensó un instante, tal vez dos. Caminar entre ese montón de tablas viejas, babosas y con posibles clavos expuestos no sería de sus actividades favoritas, pero quería ver, porque por más quejosa que Elisa pudiera ser, también era curiosa. Sus sandalias chapoteaban en los charcos que se formaban en la madera doblada, producto del nivel del mar, a medida que caminaba por el muelle hasta la orilla, llevó sus manos a sus brazos, cubriéndose y frotándose para obtener algo de calor ya que la hora nocturna parecía traer consigo un viento que amenazaba con ser muy diferente al clima cálido y tropical del mediodía.
Al final del muelle, el aire marino soplaba helado y húmedo, ella se inclinó frotándose los brazos, con la cabeza ladeada sobre el borde, forzó su vista intentando distinguir alguna forma brillante bajo el vaivén de las aguas, un fuerte viento arremetió en ese momento, como fabricado y repentino, ondeó su cabello oscuro en diferentes direcciones, pero no fue eso lo que la hizo respingar, sino el movimiento extraño de la luz azulada brillante bajo el agua, la cual se había comenzado a mover como una especie de corriente vibrante sin forma pero a la vez con vida.
— ¿Qué es eso? — inclinó la cabeza, sin la mínima intención de acercar su mano como antes lo había planeado
La joven se colocó de pie enseguida, no era solo la figura extraña y brillante asustándola, el viento fuerte y las olas comenzando a enojarse repentinamente la llevaron a ponerse alerta. Fijando su vista al frente con un ceño de preocupación, Elisa se dio cuenta de que lo que antes parecía ser una noche con olas pacíficas se estaba convirtiendo en un mar de pesadilla, era prácticamente imposible, en cuestión de segundos las olas estaban rompiendo contra las rocas de la costa violentamente y el viento estaba arremetiendo en todas direcciones, aún así, el cielo estaba perfectamente despejado y las estrellas brillaban como nunca.
— Justo ahora... — ¿El mar tenía que ponerse tan violento cuando ella estaba entre ese montón de tablas? dio media vuelta en ese instante, quedarse en un muelle inestable ante ese tiempo era casi ofrecer su vida - hoy no tenía ganas - sin embargo, un repentino resplandor similar al anterior pero con mucha más intensidad golpeó su espalda haciéndola volver a darse la vuelta. No fue un objeto brillante, ni mucho menos un extraño animal marino
Una ola de gran tamaño avanzando con bastante velocidad golpeó el muelle a pocos centímetros de sus pies, las tablas se quebraron y su cuerpo cayó con ellas, su corazón latía a una gran velocidad por segundos pero solo podía concentrarse en intentar sujetar algo con sus manos, aunque estuviera ahora bajo el agua, mientras la corriente la arrastraba mar adentro. Fueron un par de minutos, tal vez un poco menos debido a la velocidad con la que todo estaba sucediendo, sus manos se anclaron a unas rocas que sobresalían del agua como una especie de golpe de suerte para ella y aún así con la cabeza confusa y la mitad de cuerpo bajo el agua, la pelinegra pudo observar como el mar volvía a estar tan pacífico como en un inicio, como el viento volvía solo a ser una brisa un poco helada y como se encontraba a tal vez 200 metros de distancia de la costa justo donde iniciaba el arrecife.
— No...no, no — Sujeto la roca, anclando sus uñas en cualquier ranura existente. Digamos que no solamente era el miedo recorriendo sus venas por estar a metros de la costa en mar abierto, la imagen de cualquier animal siendo atraído por el movimiento frenético de sus pies o lo congelada que estaba el agua en ese momento
Lo que más aterraba a la pelinegra justo en esa situación era su nula capacidad de sobrevivencia en el agua, ya que, como todos sus conocidos sabían, ella no sabía nadar.
— Por favor, Dios...¡¿ALGUIEN ME ESCUCHA?! — ¿Pero qué barco podría encontrarse cerca a un arrecife? Sabía que eso estaba perfectamente prohibido y que los pescadores de esa zona preferían salir alrededor de las 4 .a.m y no antes de la medianoche
Si bien desde que llegó no había dejado de tener una expresión petulante y malas opiniones respecto a Costa Serena, justo ahora, estaba a pocos segundos de llorar y rezar volver a tierra firme, sus ojos ya se había humedecido y sus dedos temblaban, fue entonces que aquella voz masculina hablo.
— ¿Por qué nadaste tan cerca del arrecife? — Una risita tranquila y melodiosa se mezcló con el sonido de las olas en movimiento. Elisa abrió los ojos y sintió como su corazón volvía a bombear sangre con regularidad, no veía de donde provenía la voz a pesar de mirar en todas las direcciones que le eran posibles
Sus ojos se detuvieron en el borde de la roca, pequeños reflejos azules se movían de forma ondulante saliendo de la parte contraria. La joven levantó uno de sus brazos y lo movió extendiéndolo lo mejor que pudo para llamar la atención, no quería soltar la roca por mucho tiempo.
— ¡Estoy del otro lado! — En ese momento, un par de manos se sujetaron del otro extremo de la roca, como si estuvieran separados por la misma y el rostro sereno de un joven se asomó seguidamente, con facciones finas y elegantes el sujeto de cabello ondulado y desordenado sobre su frente, al parecer en un color que bailaba entre ser lila y grisáceo la miró con una sonrisa despreocupada
— ¿Te gusta ir tan lejos de la orilla? — El sujeto recostó su rostro de la roca, no parecía tener intenciones de salir de su lugar por el momento
— ¿Eh? No...no soy nadadora — dijo, asumiendo el hobby del sujeto, después de todo no creía que existiera otra razón por la cual estaría tan cerca de los arrecifes a una hora tan tardía — La marea me arrastró...el mar, no lo sé, no sé porque se volvió loco de repente, es una basura
— ¿Una basura? Pero ¿No fuiste tú la que decidió acercarse estando el mar tan revuelto?
— Pero no lo estaba cuando...es, es irrelevante — A ese punto sus dedos ya se estaban congelando, si estaba en épocas de verano, no quería imaginarse si ese mismo momento fuera una noche en invierno — Por favor
— ¿Necesitas ayuda? — La chica sintió como el joven preguntaba con notas de burla, lo confirmo cuando lo noto nadar de reojo lejos de la roca - con una sonrisa insolente - permitiéndole verlo mejor. La miraba apenas, pero luego volvía a voltear la mirada
— ¡Si! — Soltó de forma exagerada, no grosera, pero no queriendo perder el hilo de la importancia de explicar que necesitaba ser rescatada — No se nadar, ni siquiera sé cómo tuve la suerte de caer aquí
El sujeto de piel blanquecina se acercó a ella a una velocidad cuestionable, en el congelado cerebro de la joven no hubo tiempo para procesar como avanzó al menos dos metros en un solo movimiento hacia adelante, ni tampoco el por que pequeños hilos de luz azulada dejaban una especie de rastro tras su nado que desaparecía al segundo.
— Yo no puedo llevarte a la orilla, al menos en este momento. No suelo llevarme bien con las personas que no tienen afinidad con el agua...mírate sujetándote así — Elisa contorsiono el rostro ante el cambio de voz del joven a uno tan insolente ¿En que momento creía que estaba? ¿No se estaría congelando el también como para comenzar a bromear? Su cabello estaba empapado, pegado a su frente y no dudaba que sus labios ya hubieran tomado un tono violeta, no tenía ganas de jugar con un desconocido
— Idiota. Si no me vas a ayudar...
— Rafayel me gustaría más. Si nos llamáramos por nuestros nombres la conversación no se volvería un campo de batalla ¿no? — ¿Ahora se estaban presentando? — Guarda la lengua afilada, no dije que no había una forma de salir de aquí. De hecho existe una manera en la que podrías nadar lejos de estas rocas sin ahogarte...si me ayudas en algo importante, pero tienes que tener la mente bien abierta
Achicó la mirada ¿Mente abierta? ni siquiera sabía qué posición debería tomar, ¿Él sabía que estaban varados? ¿No lo entendía? Sin embargo, pensar que si le seguía el juego al desconocido podría hacer que al menos la llevará a la costa le dieron ganas de intentar mantener la mente centrada un poco más.
Elisa asintió, queriendo salir lo más pronto posible de la situación. El joven de cabello lila, Rafayel, nado cerca de donde se sujetaba en la roca, rodeándola, prácticamente quedando cerca de su espalda pero con los brazos suficientemente extendidos como para que ella pudiera ver qué hacía con las manos. Rafayel comenzó a dar pequeños toques con sus dedos en la tensión superficial del agua, pero lo que mantuvo a la chica hipnotizada - al punto de estar casi sorprendida o preocupada - fue la manera en la que el agua respondía al toque con pequeñas corrientes ondeantes que dejaban una estela azulada brillante y se extendían por toda la superficie del agua creando figuras abstractas y desvaneciéndose a los segundos, como si eso no hubiera sido suficiente para demostrar su punto, con la mano que aún mantenía libre, comenzó a girar su dedos en el agua en distintas locaciones, formando pequeños remolinos que emitían destellos eléctricos que no se detuvieron hasta que el chico pasó su palma sobre ellos.
— ¿Que... — Elisa giró como pudo a verlo, encarándolo de frente. Rafayel la miraba con una sonrisa calmada, no con burla, no con insolencia, en ese momento parecía querer preguntarle con la mirada si...
— ¿Eres capaz de entender? — No, Elisa no era capaz de entender. Bueno ella lo entendía, que él no era normal, que el frío la estaba mareando y que tenía ganas de hundirse en lo más profundo antes de querer seguir usando el cerebro para entender lo que acaba de ver — Elisa...
— ¿Cómo sabes mi nombre? — La pelinegra tembló inclinando su rostro, no, nada de esto estaba bien — ¿Quién eres? ¿Qué se supone que estás haciendo?
Su mirada se volvió baja al instante, arrepentido si, de toda la situación en la que la envolvió, pero al parecer no lo suficiente como para detenerse en ese momento. La cara de la joven era directa, clara: “¿Que esta pasando?”
No aun, porque Rafayel no había hecho nada sin un motivo después de todo.
— Si me ayudas prometo intentar cuidarte y...llevarte a la orilla, pero tienes que tomar mi mano y venir conmigo, abajo — Rafayel aleteo hacia atrás...si, aleteo hacia atrás, lo noto porque cuando el chico se dejó llevar por el impulso extendiendo un poco su cuerpo en el mar, la pelinegra pudo notar que no hizo el movimiento con ayuda de sus dos piernas, si no con el de su cola
Si, con el movimiento de su cola.
Sus manos flaquearon, casi como si un temblor recorriera todo su cuerpo, el agua comenzó a sentirse más helada y sus dedos perdieron fuerza, en un instante la parte de su cuerpo que aún estaba fuera del agua cayó de lleno desesperándola. Rafayel fue rápido en acercarse y sujetarla bajo los brazos, ayudándola a volver a su posición original, no se esperaba recibir un empujón en su pecho expuesto al momento en que la chica se estabilizó.
— ¿Qué...eres? — El no estaba acostumbrado a esa expresión, no era la primera vez que veía a un humano y se imaginó miles de escenarios donde tenía que terminar asesinando a alguno para cubrirse, pero no tenía más opción, al menos no en este momento, tampoco quería asesinarla a ella...aunque viendo el rostro de miedo y desagrado en cada facción de la cara de la joven, tal vez tenía suficiente incentivo
— Creo que eres bastante inteligente como para entenderlo — Rafayel ya podía imaginar las, al menos, veinticinco preguntas que podían estarse formulando en la cabeza de la contraria en ese momento, el cómo lo negaría, el cómo, tal vez, intentaría escapar. Pero no habia tiempo, tenía que comprometer la en la situación lo más pronto posible ¿Cómo puedes explicarle a un humano que acabas de demostrar tu existencia la cual a sido escondida de ellos por miles de años sólo porque perdiste la que es, posiblemente, la reliquia más importante de todo el océano y si no logras resguardarla a tiempo acabaría no solo con la fauna marina como la conocen y el pueblo lemuriano sino también con la superficie y toda su especie? Ah Y que necesitas un humano para eso. Rafayel no tenía tiempo, claro que no
— Mierda ¡Aléjate ahora! — Elisa solía ser muy fantasiosa, había comenzado a ocultarlo bajo una expresión de “crisis de los 20s” y el pánico de como terminaría su vida, pero solía dejarse llevar por cualquier creencia que en ese momento le diera algo de color a su vida; horóscopo, lo leía todas las tardes; cartas, se había comprado un juego que utilizo solo unas cuantas veces; vampiros, sabía que seguramente se había topado con alguno en su vida; Religión, tenía un par de rosarios; sirenas...no había pensado en ellas desde los ocho años
Chapoteo con su mano cuando sintió que el contrario quería acercarse, no quería mirarlo porque en realidad estaba bastante asustada.
— Elisa, no entiendes lo sería de la situación
— No me llames por mi nombre, no sé quién eres — Rafayel nado un poco más cerca, procurando que las corrientes no los separaran tanto y también porque sabía que los dedos de la pelinegra no resistirían mucho tiempo más
— ¿Cuánto tiempo crees que llevamos aquí? Tus dedos van a congelarse, necesito que escuches lo que tengo que decir — Ella no parecía querer escuchar y él tampoco parecía querer entenderla en ese momento - Si me dejas hacerlo, puedo... convertirte, así no te vas a congelar ni ahogarte. Dame tu mano para que podamos bajar
— ¿Perdiste la cabeza? ¿Qué eres un maldito loco? — Sintió su cuerpo acercarse un poco más, quiso dar un manotazo pero sus brazos estaban bastante congelados, posiblemente era cierto que su cuerpo ya estaba comenzando a sucumbir — ¡No te acerques!
— ¡No es permanente! — Incluso él mismo se sorprendió de su comportamiento ¿Era por el ego tan grande que tenían los humanos que les dificultaba comprender que no son los únicos en la tierra? ¿Por estar cansado de huir de su familia la última semana? ¿O porque le preocupaba la manera en que los dedos de Elisa habían comenzado a sangrar mientras se sujetaba de esa patética roca? No tenía tiempo para perder intentando convencerla.
Fue entonces que lo decidió, no era nada del otro mundo usarlo en ella. Una pequeña ayuda, solo unas palabras encantadas.
Los ojos de Rafayel dejaron de mirar a la pelinegra con frustración para pasar en tan solo un instante a tener una mirada más profunda, acompañada de una sonrisa que buscaba ser reconfortante. Cuando el sonido de sus palabras comenzaron a emerger por su garganta cargadas de tonos un poco más melodiosos e incluso dulces, Elisa por primera se sintió repentinamente necesitada de escucharlo con atención.
— Será solo el tiempo suficiente para que puedas soportar el mar y para que podamos salir...juntos, de toda esta situación. Necesito que me ayudes ahora Elisa — Incluso en un momento como ese Elisa se detuvo a detallar la manera en que Rafayel tenía el cabello como si las aguas lo hubiera peinado y unos ojos azules con destellos rosas tan irreales que parecía que allí se generaba el magnetismo del océano
Los ojos de la pelinegra dejaron escapar una pequeña lágrima, seguramente era el miedo, el dolor en sus dedos o el agotamiento. Estaba cansada, sentía que iba a hundirse en cualquier momento, pero la mano del joven extendida hacia ella era una invitación clara: como si quisiera convencerla de que confiara en él aunque el mundo entero y su sentidos le dijeran lo contrario.
No fueron necesarias palabras. Ella tomó su mano, fue entonces que noto las pequeñas escamas iridiscentes en violeta brillante regadas al azar por toda la extensión del brazo del contrario. Como si su cabeza se despejará de una nube de neblina en ese instante y sus ojos dejarán de ser atraídos como un imán a los del tritón, fue demasiado tarde para que Elisa cuestionara la decisión que había tomado, las aguas a su alrededor comenzaron a girar, arremolinándose y formando a gran escala uno como el que le habían mostrado con anterioridad. Su estómago se sintió vacío cuando comenzó a notar que ambos cuerpos estaban descendiendo junto a una pared de agua que los rodeaba, entonces, para cuando Rafayel le susurró que cerrara los ojos, fue consciente de que no había vuelta atrás.