Entre Muertos | YoonMin

Summary

ᴘʀɪᴍᴇʀᴀ ᴛᴇᴍᴘᴏʀᴀᴅᴀ Una devastadora infección borró de un día para otro todo rastro del mundo que alguna vez existió, dejando solo silencio, miedo... y muertos. Con apenas diecisiete años, Park Jimin se ve obligado a enfrentar una realidad para la cual no está preparado, donde el pasado es un recuerdo lejano y el futuro, una incógnita. A su lado está su mejor amigo, el último vínculo con la vida que perdió, y un enigmático desconocido que apareció justo a tiempo para salvarlos. Unidos por la necesidad de sobrevivir, deberán aprender a confiar los unos en los otros mientras cruzan un paisaje dominado por la muerte, donde cada amanecer es una batalla y cada decisión podría ser la última.

Genre
Romance
Author
Ara
Status
Complete
Chapters
69
Rating
5.0 6 reviews
Age Rating
18+

ᴇʟ ᴄᴏᴍɪᴇɴᴢᴏ

ᴊɪᴍɪɴ

La mañana estaba cubierta de nubes.

Desde mi ventana, observé las calles adornadas con hojas secas, mecidas por la brisa fría que las hacía danzar antes de tocar el suelo. Me quedé mirando hasta que la última hoja se desprendió de su rama.

Busqué mi suéter antes de bajar a desayunar. Hoy no era una mañana cualquiera en casa y me había despertado más temprano de lo habitual. Quería culpar al ruido de los últimos preparativos del viaje de mi padres, pero la verdad era que solo deseaba pasar más tiempo con ellos antes de que partieran.

Bajé a la cocina y me serví cereal. Sentado en el desayunador, llevé una cucharada del cereal a mi boca mientras observaba a mi madre bajar al primer piso por tercera vez en los últimos cinco minutos, esta vez cargada de regalos, mientras de reojo, leía en su celular su lista de pendientes.

— Jimin, ¿puedes ayudar a tu padre con las maletas?

Asentí con la cabeza como respuesta, aunque ella estaba demasiado distraída para darse cuenta.

Dejé el tazón a un lado y salí de la casa en busca de mi padre. La baja temperatura me recibió de golpe, así que me encogí de hombros y arrastré las mangas del suéter para cubrir mis manos.

Mis padres iban de visita a la casa de mis abuelos en Busan, era un viaje tedioso en carro. Amaba a mis abuelos, pero esta vez prefería quedarme en casa. Ni mi mamá ni mi papá, estuvieron de acuerdo al principio, pero insistí lo suficiente hasta convencerlos.

— Ayúdame con esas dos maletas y regresa adentro, el clima es terrible.

— No está tan mal, papá.

Le sonreí mientras empujaba una de las maletas dentro del carro antes de que siquiera me lo pidiera.

Me enfermaba con facilidad, lo que los mantenía en constante preocupación, incluso por el simple viento fresco de la mañana. Mis padres habían estado tantas veces tan cerca de perderme que, a mis diecisiete años, no daba un paso sin que ellos lo calcularan primero.

No los culpaba ni me quejaba de su sobreprotección. Al contrario, me sentía afortunado. Pero eso no cambiaba el hecho de que estaba emocionado por quedarme solo en casa por primera vez.

El cambio de clima solía afectarme, pero este año había sido la excepción. Y por esa razón, a pesar de su preocupación, mis padres finalmente cedieron a lo que parecía un capricho de mi parte.

Cuando la lista de pendientes de mi madre estuvo completa y todo el equipaje cargado en el carro, ambos me abrazaron, todavía inseguros de decir adiós.

— ¿Estás seguro? — preguntó mi madre, con el rostro marcado por la angustia.

Pasaba mucho tiempo junto a ellos, especialmente con mi madre. Tomamos café todas las tardes y en invierno veíamos caer juntos la primera nevada. La distancia sería una nueva experiencia para los tres.

Tomé su mano para tranquilizarla y asegurarle que todo estaría bien.

No sabía si era consciente de que estaba haciendo de la situación un drama innecesario. No era el primer hijo en quedarse solo en casa, aunque quizá sí el primero a mi edad.

Les sonreí.

— Estaré bien, mamá — le aseguré. — Te llamaré si ocurre algo.

— Solo son unas cuantas semanas, querida. Cuando nos demos cuenta, estaremos de regreso — le motivó mi padre. Fingía tener todo bajo control, pero había sido él quien más se resistió a la idea. — Hijo, te quedas a cargo de la casa. Cuídala y, sobre todo, cuídate.

Asentí, separándome de ambos y tamborileando los dedos contra mi ropa, ansioso por terminar la despedida. Jamás admitiría que sentía cierto temor por los próximos días. Lo ocultaba en lo más profundo de mi mente y me aferraba a la idea de que, por fin, sería un poco más independiente.

— No dudes en llamarme, por lo más mínimo. Tendré mi celular en mano todo el tiempo — insistió mi madre, dándome un último abrazo. — Pásala bien, cariño.

Esperé a que se subieran al carro y les hice un ademán de despedida. Me quedé en la acera hasta verlos doblar en la siguiente cuadra.

Suspiré aliviado al entrar a la casa, pero el silencio que me recibió fue abrumador tras una mañana tan ajetreada. Estaba feliz de hacer algo diferente. Aunque no me gustara estar solo, quería demostrar que podía cuidarme. Experimentar la ausencia de la sobreprotección de mis padres y disfrutarlo.

Encendí el televisor para ahuyentar el silencio y regresé al desayunador, haciendo una mueca ante mi cereal ya grumoso.

𝚄𝚗 𝚟𝚒𝚛𝚞𝚜 𝚍𝚎𝚜𝚌𝚘𝚗𝚘𝚌𝚒𝚍𝚘 𝚜𝚎 𝚙𝚛𝚘𝚙𝚊𝚐𝚊 𝚛𝚊́𝚙𝚒𝚍𝚊𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎 𝚝𝚛𝚊𝚜 𝚍𝚎𝚌𝚕𝚊𝚛𝚊𝚛𝚜𝚎 𝚞𝚗𝚊 𝚊𝚕𝚎𝚛𝚝𝚊 𝚛𝚘𝚓𝚊 𝚎𝚗 𝙸𝚗𝚍𝚒𝚊.𝙻𝚊𝚜 𝚊𝚞𝚝𝚘𝚛𝚒𝚍𝚊𝚍𝚎𝚜 𝚊𝚍𝚟𝚒𝚎𝚛𝚝𝚎𝚗 𝚜𝚘𝚋𝚛𝚎 𝚎𝚕 𝚌𝚘𝚖𝚙𝚘𝚛𝚝𝚊𝚖𝚒𝚎𝚗𝚝𝚘 𝚎𝚡𝚝𝚛𝚎𝚖𝚊𝚍𝚊𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎 𝚊𝚐𝚛𝚎𝚜𝚒𝚟𝚘 𝚚𝚞𝚎 𝚙𝚛𝚎𝚜𝚎𝚗𝚝𝚊𝚗 𝚕𝚊𝚜 𝚙𝚎𝚛𝚜𝚘𝚗𝚊𝚜 𝚒𝚗𝚏𝚎𝚌𝚝𝚊𝚍𝚊𝚜.𝙴𝚜𝚝𝚊𝚍𝚘𝚜 𝚄𝚗𝚒𝚍𝚘𝚜 𝚊𝚕𝚎𝚛𝚝𝚊 𝚜𝚘𝚋𝚛𝚎 𝚞𝚗𝚊 𝚙𝚊𝚗𝚍𝚎𝚖𝚒𝚊 𝚜𝚒𝚗 𝚙𝚛𝚎𝚌𝚎𝚍𝚎𝚗𝚝𝚎𝚜 𝚍𝚎𝚋𝚒𝚍𝚘 𝚊 𝚕𝚊 𝚟𝚎𝚕𝚘𝚌𝚒𝚍𝚊𝚍 𝚌𝚘𝚗 𝚕𝚊 𝚚𝚞𝚎 𝚕𝚊 𝚒𝚗𝚏𝚎𝚌𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚜𝚎 𝚝𝚛𝚊𝚗𝚜𝚖𝚒𝚝𝚎.𝙴𝚕 𝚐𝚘𝚋𝚒𝚎𝚛𝚗𝚘 𝚛𝚎𝚌𝚘𝚖𝚒𝚎𝚗𝚍𝚊 𝚖𝚎𝚍𝚒𝚍𝚊𝚜 𝚌𝚊𝚞𝚝𝚎𝚕𝚊𝚛𝚎𝚜 𝚎𝚜𝚝𝚛𝚒𝚌𝚝𝚊𝚜 𝚎 𝚒𝚗𝚜𝚝𝚊 𝚊 𝚕𝚊 𝚙𝚘𝚋𝚕𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚊 𝚊𝚌𝚞𝚍𝚒𝚛 𝚍𝚎 𝚒𝚗𝚖𝚎𝚍𝚒𝚊𝚝𝚘 𝚊 𝚜𝚞 𝚌𝚎𝚗𝚝𝚛𝚘 𝚖𝚎́𝚍𝚒𝚌𝚘 𝚖𝚊́𝚜 𝚌𝚎𝚛𝚌𝚊𝚗𝚘 𝚜𝚒 𝚙𝚛𝚎𝚜𝚎𝚗𝚝𝚊𝚗 𝚜ɪ́𝚗𝚝𝚘𝚖𝚊𝚜 𝚌𝚘𝚖𝚘 𝚏𝚒𝚎𝚋𝚛𝚎, 𝚟𝚘́𝚖𝚒𝚝𝚘𝚜 𝚘 𝚜𝚊𝚗𝚐𝚛𝚊𝚍𝚘.𝚁𝚎𝚙𝚘𝚛𝚝𝚎𝚜 𝚙𝚛𝚎𝚕𝚒𝚖𝚒𝚗𝚊𝚛𝚎𝚜 𝚜𝚞𝚐𝚒𝚎𝚛𝚎𝚗 𝚚𝚞𝚎 𝚞𝚗𝚊 𝚙𝚊𝚛𝚝𝚎 𝚜𝚒𝚐𝚗𝚒𝚏𝚒𝚌𝚊𝚝𝚒𝚟𝚊 𝚍𝚎 𝚕𝚊 𝚙𝚘𝚋𝚕𝚊𝚌𝚒𝚘́𝚗 𝚎𝚗 𝙰𝚖𝚎́𝚛𝚒𝚌𝚊...

Cambié de canal antes de escuchar más. No quería saber sobre nuevas enfermedades, no en este momento. No solía salir mucho de casa ni tener contacto con muchas personas, y definitivamente, no lo haría estos días. No tenía por qué preocuparme.

Rogué porque mis padres estuvieran disfrutando su viaje con música y no escucharan ningún reporte noticiero que los hiciera reconsiderar su partida.

Mi celular vibró y mi primer pensamiento fue que sería mi madre, pero al ver el nombre en la pantalla, contesté de inmediato.

— ¿Misión cumplida? — preguntó la voz al otro lado de la línea.

— Misión cumplida — aseguré. — ¿Eres mi niñero por las próximas semanas?

Taehyung, mi mejor amigo, rió sin reparo alguno.

— He sido tu niñero toda tu vida — bromeó.

— Bueno, sigo vivo. Llámame dentro de un rato.

Podía aceptar la sobreprotección de mis padres, pero de él a veces me fastidiaba. Y, de vez en cuando, se aseguraba de que mi fastidio tuviera fundamento.

Estaba por colgar, pero me detuvo.

— Solo bromeaba. Sabes que tu madre habló conmigo. Pero eso no importa, ven a mi casa, compré un nuevo juego.

Lo pensé por un momento antes de contestar.

— Llego en cinco minutos —dije, colgando.

Taehyung era mi vecino, así que omití ponerme un abrigo extra. Solo peiné mi cabello cobrizo antes de salir y crucé a la casa de al lado.

Toqué un par de veces antes de escuchar su grito desde la sala, avisándome que la puerta estaba abierta. Taehyung solo era un par de años mayor que yo, pero vivía prácticamente solo en la casa de su tía.

Sabía que el nuevo videojuego solo era una excusa para estar cerca. Y se lo agradecía.

Su compañía haría que el silencio en la casa no fuera tan pesado los próximos días.