Capítulo 1
Neo Madrid, 2038.
Una sombra cruzó la plaza de Jacinto Benavente y se apoyó con fuerza contra la grisácea pared de uno de los edificios de la calle Atocha. Miró hacia el cielo oscuro y vaporoso que era surcado en ese momento por una Madre que emitía un sonido repetitivo, semejante al latido de un corazón. Las cámaras de la Madre observaban desde su privilegiada posición y, por unos instantes, la sombra pensó que había sido detectada. Unos segundos después la Madre continuó su camino dejando tras de sí una estela de vapor de agua. Había tenido suerte. La sombra sacó de un bolsillo de la chaqueta un pequeño cuadrado de color azul y lo agitó mientras farfullaba contra el misterioso aparato. Retomó su camino adentrándose por las calles de Lavapiés. Poco después se apoyó en un portal, volvió a sacar el pequeño objeto azulado y lo levantó por encima de su cabeza. Una vez que se encendió ligeramente supo que podía continuar su camino, por lo que se dirigió hacia un edificio abandonado al final de la calle. Empujó ligeramente la puerta y entró cerrando con cuidado tras de sí. Se sentó en el suelo, agotado, y tras secarse el sudor, sacó de su bolsa una botella de agua. Bebió un sorbo y la volvió a guardar. Detrás de la puerta oyó el sonido palpitante de una Madre que cruzaba el cielo. Se apoyó contra la puerta mientras se preguntaba cómo habíamos llegar hasta aquí y convertido en Neo Madrid.
El sonido de unos pasos le sacaron de su ensoñación.
-Llegas tarde, Marcos- la sombra ya tenía nombre.
-¿Cómo estas, Dimas? No ha sido mi culpa, este jodido inhibidor ha dejado de funcionar, casi me detecta una Madre -dijo mientras le mostraba el pequeño objeto azulado-. Necesito otro.
-Toma este, pero no lo pierdas, apenas nos quedan, cada vez es más difícil conseguir los componentes, están todos en las listas negativas y han empezado a racionar el litio.
-¡No me jodas! ¿Otra vez?
-Esta vez parece que va en serio. No van a levantar las restricciones y tendremos que depender del mercado negro.
-¿De esas ratas? Nos robará una fortuna por cada uno de estos.
-Creo que los estraperlistas son el menor de nuestros problemas- dijo una voz desde la escalera.
-¡Sara! -respondió Marcos-. Hace tanto tiempo…
-¿Pensabas que había muerto?
-Si te soy sincero, sí, no parece que mucha gente salga vivo de X3.
-Solo han escapado tres personas de X3 y estás viendo a una de ellas. ¿O esperabas menos de mí?
-Dejad la conversación para luego, seguidme, tengo mucho que explicaros.
Subieron varios pisos, en silencio, sintiendo como la vieja madera crujía bajo sus pasos. Muchos de los edificios de la zona estaban en estado de ruina. Neo Madrid siempre había despreciado Lavapiés porque no le gustaban los barrios del centro, mucho más difíciles de controlar que las afueras.Llegado al tercer piso, Dimas sacó una llave y abrió un candado que mantenía una vieja puerta cerrada. La abrió y entraron en un pequeño apartamento. Dimas encendió una linterna y la dejó sobre una mesa, iluminando el salón. Era un apartamento viejo, frío, en el que hacía tiempo que no había vivido nadie. Pero aún así era habitable. Marcos llegó a la conclusión de que la resistencia lo debía de usar a menudo como piso franco.
-Os hemos elegido para algo especial, nunca hemos intentado hacer nada parecido. Para ser sincero, no sabemos si tenemos alguna probabilidad de éxito. Vamos a acabar con las Madres, queremos destruir el sistema de vigilancia y represión del Partido Único - les dijo Dimas.
-¿Qué? Respondió Sara. Nadie nunca ha tumbado a una Madre. Es imposible. Los sistemas son imposibles de acceder, el Partido sabe que el eje de su sistema de control.
-Creo que es imposible tumbar a una Madre. Lo han intentado antes y nadie ha tenido éxito. Todos sus sistemas están centralizados en el Conde Duque, y es un cuartel inexpugnable, hay cientos de soldados guardándolo y aunque entrásemos, nadie sabe nada del interior, es uno de los secretos mejor guardados de Neo Madrid.
-¡Cierto! Pero os hemos llamado por algo. Tenemos nueva información. Hemos hecho un buen trabajo de inteligencia. Ahora es posible, solo ahora, y tenemos que aprovechar la oportunidad.
-¿Estas seguro? ¿No será una trampa de la policía, no nos estaremos metiendo en una emboscada? Neo Madrid sabe guardar la información, nunca se filtra nada mínimamente secreto.
-Confiad en mí. Ha ocurrido. Por seguridad no os puedo contar nada más, pero os aseguro que es fiable. Por primera vez podemos atacar el sistema de una manera efectiva, más allá de poner carteles y sabotear pequeñas infraestructuras Estoy hablando de terminar con el símbolo del sistema que tiraniza a esta ciudad. No lo podemos desaprovechar. Tiene riesgos, por supuesto, no lo niego, pero la oportunidad es demasiado buena para dejarla pasar.
-De todas formas -dijo Sara-. ¿Qué beneficio hay en tumbar una madre? Hay decenas por el cielo. ¿Y cuántos muertos vas a causar? ¿Cien? ¿Mil? Y eso ni siquiera nos va a hacer más populares. Las imágenes de los edificios ardiendo arrasados por una madre nos hará ser más odiados que el Partido Único. Nadie quiere ver a sus familiares muertos, por mucho que odien al sistema.
-¿Una Madre? ¡Vamos a tumbar todas! ¡Habrá muertos sí! Pero no es nuestra culpa. Esas bestias volando y vigilándonos no deberían estar ahí. Es nuestro derecho acabar con ellas y lo vamos a intentar. Minimizaremos las víctimas. Lo intentaremos y tenemos medios para ello, pero no podemos perder esta oportunidad.
-¿Todas? ¿Realmente tienes un plan o te has vuelto loco?
-Por ahora no os puedo contar nada más, es demasiado arriesgado, y más teniendo a Sara en busca y captura. Sabéis tan bien como yo que los métodos de interrogación del Partido Único son muy efectivos. Lo sabréis pocos minutos antes de del ataque. Por ahora, quedaros aquí esperando, será cosa de dos o tres días. Tenéis lo básico para vivir: agua y algo de comida. Siento no poder daros muchos lujos- dijo riéndose mientras señalaba un par de cajas en el suelo. Dimas se fue hacia la puerta, la abrió en silencio y les miró una última vez.
-Buena suerte. Si algo ocurre, que no os cojan vivos, la información que tenéis, aun básica, ya es suficientemente importante como para perderla. Si saben que queremos tumbar las Madres empezaran a buscar la fuente de la información, y perderemos un plan que llevamos años planeando.
Dimas cerró la puerta. Marcos y Sara se miraron y empezaron a revisar lo que les rodeaba. Un piso viejo, casi derruido, lo mínimo para aguantar unos días pero estaba limpio, era simple y tenía comida. Una cama y un sofá, justo lo que necesitaban para descansar.
Marcos se despertó de madrugada, estaba sentado en un polvoriento sillón y vio como Sara miraba hacia el cielo por la ventana escondiéndose entre las cortinas.
-Esas malditas Madres. Dijo. Ese sonido. Es insoportable.
-Parece que la cárcel te ha reblandecido, hasta hace poco lo soportabas todo.
-No creo que tú hubieras soportado lo que yo pasé en la cárcel. Las torturas, el sonido permanente, su absoluto control sobre la vida y la muerte.
-No lo dudo, X3 es un infierno, una máquina de matar o enloquecer a la gente, aunque contigo fallaron.
-Me escapé justo a tiempo, cuando estaba al límite. Y lo intentaron. Viví continuamente drogada. Al final ni siquiera sabía el tiempo que llevaba allí. Una semana, un mes, un año. Todo da igual cuando vives en ese infierno, es como una ensoñación. Pero cometieron un error, Marcos, el movimiento es mucho más fuerte de lo que creen.
-No estoy tan seguro, a veces pienso que es una batalla completamente perdida.
-¿Y por qué estás aquí?
-Muy buena pregunta, la respuesta es simple, ¿Dónde voy a estar? ¿En la universidad?Ya saben a qué me dedico, no duraría ni un minuto antes de que me mandaran a X3. Me guste o no esta es mi vida.
-Pudiste elegir otra. Podías haber entrado en el Partido Único, ya estabas en el Parlamento, hubieran estado encantados de reclutarte.
-Nah, eso no era para mí, no podría haber seguido. Además, ¿Cuánto crees que habría tardado en morir en un accidente de los suyos? Yo no he nacido para obedecer órdenes. Al final se hubieran cansado de mí y me habrían liquidado.
-¿Crees que lo lograremos?
-¿El qué?
-Tumbar las Madres.
-Sinceramente, creo que es una misión suicida. Pero merece la pena intentarlo, aunque nos cueste la vida. ¿A cuántos compañeros hemos dejado detrás? ¿Cuántos de los nuestros han caído? La línea entre la vida y la muerte es muy tenue en estos tiempo. Tumbar las madres sería un símbolo, no creo que el Partido Único piense que es posible. Sería la forma de mandar la señal de que estamos aquí.
-¿Y al represión posterior?
-Tampoco será muy diferente de la actual. Casi todos vivimos de forma clandestina y los pocos que están legalizados viven continuamente vigilados. No creo que haya una represión mayor que la que sufrimos todos los días.
Sara le miró, cerró los ojos y desvió la mirada nuevamente hacia la ventana, contemplando como una Madre surcaba el cielo con su repetitivo sonido.
Las horas pasaban con lentitud. La noche dio paso al día y temprano empezó el ajetreo de gente que se dirigía cabizbaja a su trabajo. Todo en orden, sin levantar la mirada por el temor a ser multado por la policía de circulación que patrullaba a esas horas el barrio. Era una de las cosas que más habían cambiado desde la llegada al poder del Partido Único. La gente había dejado de hablar por la calle. Ya no se consideraba eficiente. No se charlaba, ni bromeaba. La gente simplemente caminaba bocabajo sin mirar a los demás, con dos posibles destinos, el trabajo o las Asambleas Populares donde la única actividad era aplaudir al jefe del distrito. Por eso el centro de la ciudad apenas tenía vida, solo gente que se dirigía en silencio a las paradas de las lanzaderas para que los distribuyera por los diferentes centros de producción.Muy de vez en cuando se escuchaba la sirena de alguna patrulla policial persiguiendo a un miembro de las resistencia, real o imaginario. Marcos y Sara habían pasado por ello. Marcos había podido escapar, Sara no.