Capítulo 1: El Subsuelo
El movimiento del viaje la tenía mareada, tenía los ojos cerrados y la mandíbula apretada intentando no ceder a las náuseas del no tan suave mecer del UEP, lo cual no ayudaba. A pesar de que el cinturón de seguridad iba bien asegurado a ratos había algún salto brusco que la hacía despegarse del asiento. Intentaba convencerse a sí misma que ya faltaba poco, pero llevaban más de 15 horas viajando, en un trayecto que por distancia debería haber sido 8, las dificultades de la excavación hacían que fueran dando bote, forzaba a los pilotos a ir lo más lento posible para evitar daños en la estructura del acorazado de terreno.
Algo tocó su brazo izquierdo, el que tenía poca sensibilidad, notó el tacto por la ropa que se hundió un poco hacia la izquierda. Abrió los ojos y vio a la oficial. Liora, según recordaba.
–Lamento despertarla Mayor, llegaremos en una hora aproximadamente por si desea prepararse.
–Gracias Liora, no te preocupes no dormía ¿Sabes cuál será nuestra primera parada?
–Ya que vamos retrasados, pasaremos directamente a la comitiva de Bienvenida.
–Está bien, te agradezco que me avisaras.
Se levantó después de desabrochar rápidamente el cinturón de seguridad. Ignoró la mirada de Liora, una oficial joven quien miró a su rostro disimuladamente, estaba acostumbrada a ser observada de esta forma. Se acercó a la estación de servicios y vio lo que Liora había observado discretamente.
El espejo le devolvió una mirada cansada, descompuesta y pálida, el sudor caía por su rostro a pesar de que su cabello estaba bien amarrado sin ningún pelo fuera de lugar gracias al fijador aplicado hace horas antes de salir de la colonia 14. Pero lo que más destacaba era la cicatriz, estaba de un rosa tan fuerte que parecía que su cara estaba en llamas, sin duda ya le causaba mucha irritación y molestia. Probablemente fue eso lo que impulsó a que la oficial se le acercara para recomendarle prepararse, el calor dentro de la unidad de exploración, la cantidad de gente sin duda había hecho que incluso un oficial quién parecía fácilmente diez años más joven que ella se compadeciera.
Suspiró.
Lavó su rostro rápidamente, aplicó un poco de hidratante, podía hacer que su rostro se viera presentable pero poco podía hacer con el picor del resto de las cicatrices bajo la ropa que se extendían por su cuello hacia abajo.
Fue una tarea más difícil de lo que esperaba, el pequeño espacio del área de servicio dentro de la Unidad de Exploración la zarandeó de un lado a otro sin compasión, sin embargo, los últimos minutos del viaje logró terminar de aplicar limpieza y cuidado en lo visible al público. Dos años habían pasado desde que se generó la herida y el tiempo no había hecho que se hiciera más fácil de abordar.
Salió después de darse el visto bueno frente al espejo por última vez y Liora ya estaba acercándose a ella. También se veía más recompuesta y ordenada, le entregó una de las mascarillas faciales que llevaba en la mano, detestaba esas mascarillas por más de un motivo, principalmente la hacían sentirse como un paciente de hospital, la presión en el tabique y pómulos después de un tiempo se hacía doloroso, sobre todo del lado izquierdo.
–Ya he confirmado nuestra llegada, su equipaje llegará dentro de una semana, en el caso de que necesite que movilicemos algo más Mayor, por favor comuníquese conmigo, estaré encantada de ayudarle en todo lo que pueda.
Sonrió levemente hacia ella con sinceridad momentos antes de que la Unidad se detuviera. Se abrieron las compuertas, se colocaron fácilmente las mascarillas y salieron.
Una vez sus ojos se ajustaron pudo observar su entorno, dentro de la UEP el espacio de pasajeros no estaba diseñado para una vista panorámica, estimó que alrededor de los últimos 30 minutos ya habían ingresado a la colonia, su entorno no era para nada parecido a las otras colonias que había visitado de camino a esta. En primera instancia la gente a su alrededor, quienes ya comenzaban a aglomerarse alrededor del vehículo curiosos se veían mucho más saludables y de mejor aspecto, el tono facial era mejor que muchos otros civiles que ella había visto y ninguno usaba mascarilla respiratoria, lo cual era más probable gracias a la calidad del aire que por motivos de adquisición, se veían más prósperos en general.
No tuvo tiempo para mirar demasiado antes de que cuatro figuras se aproximasen a ellas.
Uno de ellos se presentó primero dedicándole un saludo militar.
–Teniente Kael Relkar –saludó– Bienvenida Mayor Darethome, esperábamos su llegada hace un par de horas. Junto a mi están la Bióloga–tecnóloga Nira Solen y Siona Ivenar nuestra Controladora de cosechas. Y nuestro guardia en turno Darrén.
Ambas figuras femeninas se acercaron al escuchar su nombre y saludaron con la mano, una un poco nerviosa y la otra con un movimiento lento para después intercambiar mirada con la primera. El guardia ni siquiera saludó. No perdió el detalle que ninguno de ellos tampoco usaba máscara facial.
–Mayor Técnica Darethome – se presentó con una inclinación de cabeza, las científicas se miraron entre ellas otra vez con algo de asombro– asignada por protocolo Delta 6. Esta es la oficial Liora Vespera, me ayudará a instalarme si no les molesta.
–Sus alojamientos están listos. El invernadero técnico le fue asignado esta mañana. Su equipo fue ubicado sin incidentes.
–¿El comandante Vael?
–Con agenda cerrada. Me pidió recordarle que los análisis atmosféricos deben coordinarse con la Oficina de Balance Interno… y que las plantas no responden a medallas.
Las dos científicas cruzaron otra mirada, como si hubieran esperado toda la tarde a que ese comentario fuera dicho. Las observó sin decir una palabra de forma fija, ambas terminaron por bajar la mirada ante la suya.
Al volver a mirar al Teniente no le sorprendió pillarlo observando su lado izquierdo aprovechando que ella ponía su atención en las científicas, probablemente parte de la cicatriz que sobresalía de la máscara respiratoria. Este rápidamente desvió la vista.
–Nuestras Ingenieras le darán el camino a seguir, yo la esperaré en el Invernadero para darle un tour asistido.
–Gracias Teniente.
A su lado la oficial Liora ya tenía sus dos maletas, para acompañarla a acomodarse con las pertenencias que se le permitió cargar en el UEP. Caminaron tras las científicas adentrándose en un edificio de apartamentos. Nuevamente estos no se parecían en nada a los de la Ciudad Central, pero sin duda se veían en muchas mejores condiciones de las colonias que ella ha tenido la oportunidad de visitar.
–Mayor Darethome, entonces ¿Cuál es específicamente su rol con nosotros? –comentó una de las científicas– ¿Cuánto tiempo se quedará aquí?
–Nira, ¿Cierto?
–Sí, sí correcto.
–Vengo a aprender de ustedes, y aportar en todo lo que pueda.
–Ah vaya…
Al parecer su respuesta entregada no fue del todo convincente.
–¿Es alguna especie de auditoría? –preguntó la otra.
–¡Siona!
–¿Por qué de pronto la Federación nos envía un espía? Nunca antes se habían interesado en lo que ocurriera con nuestra colonia.
A su lado la oficial Liora resopló lo que acobardó aún más a Nira, pero Siona no se veía arrepentida o avergonzada. Por supuesto no esperaba ser recibida con brazos abiertos, pero tampoco esperaba ser cuestionada nada más llegar.
–En primer lugar, quiero aclarar algo– dijo deteniéndose– Yo no soy su enemigo y no soy una espía, si lo fuera, no me habrían enviado sola. No estoy aquí para interponerme en los avances que la colonia y sus habitantes han logrado. Como dije, vengo aquí a aprender de ustedes y aportar todo lo que me permitan con mis conocimientos.
Siona y Nira se detuvieron y la observaron por un momento antes de intercambiar una mirada y seguir avanzando. Liora se acercó a ella, parecía querer decir algo, pero finalmente mantuvo el silencio, agradeció internamente la prudencia de Liora a pesar de su corta edad.
–Esta es el ala femenina, tenemos algunas ingenierías y técnicas que también se hospedan aquí, las que vienen de las periferias más lejanas. Su departamento es el número 19 – Informó Siona, se volteó y entregó una tarjeta a la Mayor después de abrir la puerta – sólo tengo una habitación habilitada informada, usted y su lacaya tendrán que compartir habitación.
–No será necesario, la oficial Liora tiene asignado un puesto en la colonia Esmeralda, no se quedará aquí.
–¿Es así? – contestó Siona con poco interés dando espacio para que estas entraran, sin embargo, la Mayor Darethome se quedó en la puerta.
–¿Dónde está ubicada la Oficina de Balance Interno?
–En el invernadero, Edificio Administrativo.
–Agradecería que puedas enviarme el mapa digital de las instalaciones.
–Lo lamento mayor –dijo sin sentirlo realmente– Aquí no contamos con esos lujos, tendrá que apañárselas con el mapa en la Recepción cuando lleguemos.
Liora salió enseguida después de acomodar las maletas de la Mayor y las cuatro comenzaron a caminar.
Intentó memorizar el camino a lo que después sería su departamento, pues tenía fuertes sospechas que una vez quedara sola no lograría mucha colaboración mientras salían. Liora se retiró de vuelta a la Unidad de Exploración una vez salieron del ala femenina con una despedida militar.
El edificio de departamentos era un pequeño apartado de no más de tres pisos, salían a un jardín trasero, y en lo que parecía un edificio gemelo a éste debía estar el ala masculina. Caminaron en silencio un par de minutos antes de encontrarse con el Teniente Relkar, el guardia ya no estaba a la vista, pero había dos figuras más con él. Se levantaron de sus asientos al verlas acercarse y se alejaron sin quedarse a saludar.
–Espero que nuestras instalaciones sean de su agrado.
–Estoy segura que así será. Sin embargo, me enteré que no tienen digitalizado el mapeo de estas instalaciones, me preocupa perderme.
–Me aseguraré de darle una copia de los mapas que tenemos en recepción.
–Muchas gracias.
Caminaron dentro del recinto, un edificio de construcción clásica, parecía más un museo que una instalación de investigación o de plantío, el interior hacía eco con el sonido de los pasos.
–Vengo con muy buenas referencias del éxito que ha tenido la investigación biológica de esta zona. ¿Quién impulsó el programa? ¿La Directora Elira Valemira?
Hubo un silencio antes de que una de las científicas, Nira, respondiera.
–Sí, la directora fomenta las visitas educativas en nuestros recintos para que los niños de las escuelas locales se interesen en el proyecto que llevamos.
–Está usted muy bien enterada de nuestras actividades Mayor –dijo Siona sin mirarla.
–Soy una gran admiradora del trabajo que aquí realizan. Aunque reconozco que sólo vengo haciendo seguimiento desde hace un año, el resultado de los avances en los niveles de oxígeno es abrumador, mayor a los que se pueden lograr con filtros de gases de superficie o de destilación químico.
–¿Se especializa en alguna carrera científica o es un rango por militancia de combate?
–Tengo rango de combate, como requisito por supuesto, pero mi rango es por mi especialidad profesional. Ingeniera atmosférica y purificación de gases.
Esta vez Siona y Nira voltearon a observar, estudiaron su rostro y voltearon antes de que pudiera obtener mayores conjeturas. De momento, no le gustaron las expresiones que vio.
Finalmente llegaron a una zona dentro del museo, amplia, la cual estaba dividida en zonas más pequeñas con mamparas, la construcción de éstas contrastaban clínicamente con el aspecto clásico de la infraestructura, el olor del aire era diferente a cualquier cosa que ella haya sentido antes, algunos de los presentes, vestidos de distintas formas se detuvieron a observarlas, unos tenían prendas clínicas, otros de overoles y botas, y otros con batas blancas, parecía que había llegado a lo que eran unas mesas de trabajo aparte de las zonas de plantío.
–Esta zona es un área compartida de trabajo, como puede observar también conduce a las bodegas donde se almacenan los insumos para el trabajo práctico y la papelería. Venga por acá, le mostraré la Unidad Designada para su trabajo, Mayor.
Ninguno de los presentes continuó haciendo lo suyo, algunos levantaron sus herramientas de trabajo y despejaron el área, mientras que otros la observaban con manos en la cadera mientras se alejaban, podía escuchar los cuchicheos vagamente.
–La Unidad que le prepararon está recientemente reacondicionada, se limpiaron los filtros, cuenta con un poco de mueblería para que pueda instalarse, Mayor. Si necesita algún mueble adicional o insumos, por favor ingrese la solicitud a través de la Oficina de Balance Interno.
Ingresó a la oficina y, para su sorpresa, encontró instalaciones más amplias de lo que esperaba. Sin embargo, el espacio estaba casi vacío: un escritorio, algunos mesones, y poco más. Sabía que necesitaría hacer varias solicitudes para comenzar.
–Espero que pueda adaptarse lo mejor posible, Mayor.
–No estará intentando abandonarme aquí, ¿Verdad, Teniente Relkar?
Este abrió ligeramente los ojos pues claramente estaba intentando retirarse, las otras dos científicas ya se estaban encaminando lejos de la Unidad, y se detuvieron.
–Me prometió un tour por el invernadero, pero solo me trajo hasta lo que será mi espacio de trabajo.
–Oh no, claro que no Mayor, es solamente que el resto de las zonas requieren permisos que deben otorgarle desde la Oficina de Balance Interno.
–Creí que todo estaba listo para mi llegada, los permisos fueron solicitados hace un mes por mi Comandante a Cargo. Me habían confirmado la aprobación de la solicitud hace dos semanas por lo que no debería tener problemas de acceso.
–¿Qué grado de acceso le otorgaron, Mayor? –preguntó Siona.
–No recuerdo, pero no quiero causarles problemas, sólo enséñame las áreas, Teniente. No es necesario que entremos, ya que no tengo un mapa de las instalaciones quisiera al menos ir conociendo el lugar con alguien que me lo pueda enseñar.
Recordaba perfectamente que su permiso correspondía al grado tres, y según entendía había cinco niveles, por lo que debería tener acceso a gran parte del invernadero.
Recorrió el lugar atrayendo miradas desde el interior de las mamparas que no tenían bloqueada la vista, claramente el lugar era excepcional, tenía muchos tipos de plantas que ella solamente había visto en imágenes, y algunas que directamente no conocía, las zonas estaban bien distribuidas, la iluminación dentro de las unidades variaba de una a otra, probablemente dependiendo del tipo de espécimen que estaba siendo cultivado. En algún momento Siona desapareció.
Nira daba una pequeña explicación sobre lo que cultivaba en los patios visitados, y comentaba qué unidad de trabajo tenía asignadas ciertas Unidades, para sorpresa de la Mayor, no estaban separados los espacios por especialidad, sino que se tenían pequeñas unidades anexas a los espacios de cultivos, destinados como oficinas de investigación, y pruebas separadas. Tomó nota de la enorme cantidad de conductos de aire sobre sus cabezas, que empañaron la infraestructura del edificio y goteaban agua en algunos lugares.
–Me sorprende la enorme capacidad lumínica artificial que son capaces de mantener, muchas de las comunidades subterráneas luchan por horas de luz, y sin embargo el invernadero logra tener diferentes ambientes, pude notar también que en las zonas de tránsito exteriores tienen un sistema de simulación de atardeceres, muy hermoso y muy caro ¿Cómo logran tener acceso a estos recursos el invernadero y la colonia?
–Me temo que no estoy enterada sobre los detalles de la financiación.
–Pero como habitante de la colonia debes de tener alguna idea como es que logran este nivel de prosperidad, ¿no?
–Lamentablemente yo vengo desde la periferia más lejana, en lo más profundo de la colonia, mi familia se dedica a la confección de telas, por lo que es el único otro rubro que conozco aparte de lo que yo ejerzo, pero le aseguro que, aunque se puede vivir de la confección textil no es algo para enriquecerse.
–Debe haber sido muy difícil.
–Bueno, estas son las zonas en las que se nos permite transitar, Mayor. El resto de las zonas necesito primero asegurar que contamos con los permisos requeridos.
–¿Qué suelen trabajar en las zonas de más alto nivel? Vi que pasamos por compuertas que pedían nivel 3 como máximo ¿Cuántos niveles tienen?
–Siete, pero no se me permite hablar de lo que se cultiva dentro.
¿Siete? ¿Para un invernadero?
–¿Por qué tanto secretismo? ¿Plantan algo que no está regularizado?
Nira se mantuvo callada, se removía algo nerviosa. Finalmente suspiró y respondió.
–No es que sea algo que no esté regularizado, nuestro invernadero se dedica a la mutación genética de las plantas locales del planeta con los especímenes de origen Terrano. Es por eso que algunos ambientes deben manejarse debidamente con las condiciones de simulación necesarias. Es por eso que no podemos simplemente entrar.
–Tiene sentido.
Parecía suspirar de alivio.
–Les agradezco su tiempo a ambos. Teniente, por favor guíame nuevamente a la Unidad que se me designó, siento que probablemente voy a perderme si me quedo sola, este lugar es enorme.
–Por supuesto, Mayor.
De camino de regreso Nira logró zafarse excusándose que se quedaría en su Unidad de Trabajo, pudo observar de reojo como las personas se acercaban a ella nada más entrar a una Unidad de Cosecha. Algunos levantaban la cabeza y trataban de mirarla.
–¿Alguna recomendación que quiera hacerme, Teniente?
–¿Mayor?
–Nadie mejor que usted entiende la situación en la que me encuentro, ¿Verdad? Soy una extraña que fue designada a esta colonia. La diferencia es que yo pedí estar en este programa, deseo entender el éxito que llevó a la colonia Ámbar a mantenerse a flote cuando las otras colonias subterráneas están desmoronándose. Conoce a los locales, ¿Qué puede recomendarme?
El teniente se detuvo claramente descolocado por el comentario de la Mayor Darethome, ella siguió caminando un par de pasos sintiendo su mirada seguirla, finalmente se detuvo y se giró para mirarlo.
Este estaba aun con las cejas levantadas, recompuso su postura antes de responder.
–Tiene que demostrarles que viene a ayudar, son personas que aprecian la lealtad ante todo, no la dejarán entrar fácilmente.
–De acuerdo. Creo que desde aquí ya puedo regresar por mi cuenta, estaré esperando ese mapa, Teniente.
–Por supuesto.
Una vez que se quedó sola pudo respirar con un poco más de calma, calculaba que estaba a unos diez minutos de regresar a su Unidad, se quedó a propósito frente a una de las mamparas que tenía vidrios transparentes, y sintió que algo dentro de ella se encendía. Lo que tenía frente a ella era vivo, hermoso y totalmente exótico.
Su vida en la Ciudad Central estaba llena de muchas otras cosas, muy pocos tenían acceso a las plantas reales, pues era de conocimiento general la maravilla que estas criaturas podían hacer, limpiar el aire, crear oxígeno. En el planeta Velthora no habían tenido descubrimientos de plantas muy variadas, excepto algunas malas hierbas que causaban más daño que beneficios. La federación había buscado formas de mezclarlo con las semillas natales que la raza humana había traído desde la Tierra, nadie conocía cuánto era el repertorio de estas, las únicas formas hasta ahora de limpiar los gases tóxicos naturales del medio ambiente habían sido a través de filtraciones químicas, destilación y tecnología, para lo cual Velthora contaba con materiales y minas suficientes para miles de miles de años, pero eran a fin de cuentas un material finito, por muy grande que fuera el planeta.
Frente a ella estaba lo que podría ser la solución, lo mismo que antiguamente limpiaba el aire de lo que se creía había sido el hogar de los primeros humanos. Era la solución para la sobrevivencia de su especie, era algo maravilloso por sí mismo, sin embargo, a medida que los minutos pasaban y ella reflexionaba desde fuera de la mampara, la luz dentro de la unidad comenzó a volverse azul, en un intento de replicar lo que se conocía como luz nocturna, el tono reflejaba lo que alguna vez fue la luz del sol rebotando en una única luna y traspasando la atmósfera desde la cual probablemente esta planta estaba cruzada con una semilla originaria de ese mundo.
Comenzó a brillar.
Por sí misma, parecía moverse lentamente a medida que el tono azul se acentuaba, y mostró unos hermosos pétalos.
Se sintió profundamente fascinada por lo que acababa de ver y sintió acuosidad en sus ojos. Se recordó a sí misma recomponerse y respiró profundo. Esta vez con mayor convicción de su misión.
Ya sentía el peso del viaje en la espalda y el hormigueo incómodo del cansancio en las piernas. Su cuerpo pedía descanso, pero antes de rendirse al agotamiento decidió intentar reportarse con el Comandante Vael una vez más… o, al menos, dirigirse a la Oficina de Balance Interno.
Al llegar a su Unidad —justo frente a la entrada del invernadero y la zona común—, notó que algo era distinto. El murmullo de voces la recibió antes que la imagen: la sala, que antes estaba vacía, ahora rebosaba de gente.
En cuanto cruzó el umbral, la conversación cesó como si alguien hubiera bajado un interruptor. Un par de codazos. Algunas miradas rápidas. Cierta tensión.
Otra Bienvenida, Perfecto.
–Espero que su tour haya sido divertido. – dijo Siona con una sonrisa sin dientes – Les comentaba a mis amigos sobre la recién llegada y ellos quisieron venir a saludarla.
–Me honran tus atenciones —respondió ella, sin variar el tono—. Y yo que creía que no te había caído bien.
–Encantada –respondió con ironía.
Un hombre corpulento, con barba rala y lentes empañados, dio un paso adelante.
–¿Por qué una Federal viene a meterse en nuestro invernadero? – El tono fue más rudo de lo que probablemente esperaba. Al notar su propia agresividad, bajó ligeramente la mirada. – Nos va bien sin la intervención de los de la Cúpula, no necesitamos Federales.
Ella lo sostuvo con la mirada, sin moverse. Luego respondió con calma:
–Estoy bien enterada de lo bien que le va a Colonia Ámbar. Por eso pedí esta asignación. Admiro lo que han logrado en ambiente y salubridad. Sus avances biológicos superan a muchos sistemas de filtrado que conozco.
El hombre pareció desarmado por la respuesta. No era fácil mantener la rabia ante un elogio sincero.
–Señorita —dijo entonces otra voz, cargada de veneno—, dígale a sus superiores que estamos “bien”. Tan bien como hace diez años, cuando moríamos de hambre y en ese entonces no nos mandaron ningún uniforme. Mucho menos con intenciones de “admiración”.
La mujer vestía un overol manchado y llevaba las manos en la cintura. En su placa se leía: Jardinera, Maris L.
Justo entonces, su mascarilla emitió un pitido suave. Tres notas agudas. Silencio. Luego, otra vez.
Suspiró. El proceso de adaptación al aire local había terminado. Rápido. Mal momento.
–Hace diez años yo aún era una cadete de la Academia de suboficiales, fue una época difícil para todos. –Dijo mientras se quitaba la máscara.
El gesto expuso su rostro. Las reacciones no se hicieron esperar: una pausa sutil, algunas miradas desviadas. Maris entrecerró los ojos, con expresión menos hostil.
–Hoy estoy aquí para aprender. Si me permiten, también para ayudar. No soy su enemiga, y entiendo los recelos. Pero si existe una oportunidad de colaboración, me gustaría que la tomáramos.
Unas pocas cabezas se giraron hacia el piso. Otras intercambiaron miradas, aún tensas.
–Demonios –dijo Siona con un tono mordaz–, ¿Qué te pasó en la cara?
Una risa ahogada. Una mirada reprobadora de otro técnico. Ella no se inmutó.
–Es evidencia de los riesgos de trabajar con químicos que hoy purifican el aire de varias colonias.
–¿Y la milicia no tiene fondos para… arreglarte? –insistió Siona, cruzando la línea con una sonrisa torcida.
–Ya está reconstruida. Es lo que se pudo salvar.
Un silencio más tenso esta vez. No tanto por lástima como por incomodidad. Ella dejó que la incomodidad pesara por un momento.
–¿Alguna otra pregunta que quieran hacerme?
Fue entonces cuando lo escuchó.
–Me parece que ya es suficiente –dijo una voz desde el fondo.
No gritó. No alzó la voz. Y, sin embargo, todos se callaron como si lo hubiera hecho. La figura del hombre que se acercaba parecía no tener prisa, pero nadie se atrevía a interponerse en su camino.
Se abrió paso con naturalidad. Todos lo notaban. Todos reaccionaron. Y ella lo notó, también.
Era él. Aunque no supiera su nombre, aunque no lo hubiera leído en los archivos, aquella comunidad orbitaba en torno a él.
–Disculpe nuestra falta de cortesía, Mayor – dijo cuando estuvo frente a ella –. No estamos acostumbrados a recibir visitas condecoradas. Siéntase bienvenida. Y si necesita ayuda, Siona y Nira estarán encantadas de colaborar. ¿Verdad?
Las dos asintieron, forzadamente. Nira más que Siona.
–¿Y usted es?
–Sólo un técnico más.
Sí, Claro. Y yo nací ayer.
Pasó junto a ella sin esperar respuesta, sin mirarla una segunda vez. Pero su paso marcó el final del encuentro. Las personas comenzaron a dispersarse en silencio. La escena había cambiado, y él solo había dicho una frase.
Antes de cerrar la puerta, ella alcanzó a ver cómo Nira y Siona intercambiaban una mirada oscura. Aún la observaban, como si esperaran su primer error.
Al cerrar la puerta tras de sí, dejó escapar un suspiro contenido. El aire dentro de su Unidad era más fresco y la iluminación suave, lo justo para que su cuerpo comenzara a relajarse.
Sobre la mesa metálica descansaban los planos y folletos que había solicitado. Supuso que el Teniente Relkar había sido más eficiente de lo que aparentaba. Desplegó los documentos. Algunos eran triviales, lo que entregaban a los niños durante las excursiones educativas, pero uno, al fondo de la pila, llamó su atención.
Era un mapa técnico del invernadero central, con anotaciones precisas en lápiz negro. No parecía una copia oficial, sino un plano de trabajo, usado, con marcas sutiles en zonas que aún no le habían mostrado.
En la esquina inferior, casi como un gesto accidental, una rúbrica discreta:
–Autorizado R.Z.
No era un nombre completo, pero sí una pista. El gesto la sorprendió. ¿Por qué alguien que no se había presentado a la reunión querría dejarle esto? ¿Por qué validar su acceso?
Releyó el documento. Le mostraba las zonas que había visitado y marcaba un sí en apenas un tercio de las Unidades. Como si le indicaran, sin decirlo, hasta dónde podía mirar.
¿Era una cortesía... o una advertencia?
Aún no sabía si debía sentirse bienvenida o vigilada.