Primer latido — Él desconocido ❤️

Lucy
Un dolor de cabeza intenso fue lo primero que sentí al abrir los ojos. La luz me atravesaba los párpados, y la resaca golpeaba con fuerza. Mi visión estaba borrosa, pero pude distinguir el mensaje en mi celular: “Primer día de trabajo”.
Abrí los ojos de golpe e intenté incorporarme… pero algo me detuvo. No estaba en mi cama.
Frente a mí, un espejo reflejaba mi imagen: despeinada, desnuda, con la piel todavía marcada por la noche anterior.
Miré a mi alrededor: ropa tirada por el suelo, sábanas revueltas… y lo que más me hizo perder el aliento fue la persona a mi lado.
—No puede ser… —susurré, temblando mientras intentaba cubrirme con la sábana.
Él estaba allí cubierto con la sábana de la cadera hacia abajo, alto, musculoso, increíblemente atractivo. Mis labios se separaron inconscientemente mientras los recuerdos comenzaban a desbordarse:
La fiesta de bienvenida del personal de enfermería.
Había logrado entrar al mejor hospital de Londres, y la celebración reunía a todo el equipo. Lo vi acercarse en la barra: cabello rubio oscuro, ojos verdes penetrantes, camisa azul que marcaba cada músculo; su altura imponía, su presencia atrapaba. Era mi tipo exacto.
—¿Te gustaría una copa? —recordé su voz grave que hizo eco en mi memoria
Nunca imaginé que una bebida nos llevaría a la cama. Sus labios, sus manos, cada caricia… todo seguía allí, vibrando en mi piel. La mirada juguetona que cambiaba de seductora a desafiante, como un depredador evaluando a su presa, me hizo estremecer. Los gemidos, la pasión, la cercanía… Un calor subió por mi cuerpo y me hizo morder el labio
Me sonrojé y respiré hondo, tratando de recomponerme. Extendí la mano para tocarlo, pero algo me detuvo.
Me levanté con cuidado, sintiendo cómo cada movimiento me recordaba la intensidad de la noche. Tenía que salir de ahí, por dos razones: la primera, llegaba tarde al trabajo; la segunda… no iba a esperar a que él se fuera primero. El recuerdo de otros chicos, de la misma historia, me quemó la piel.
Cuando estuve lista, lo miré por última vez. Físicamente era perfecto, pero negué con la cabeza y salí del cuarto.
Tomé el primer taxi hacia mi casa, con el corazón acelerado y la mente reviviendo cada instante. La ducha fue rápida, pero el recuerdo del desconocido seguía ardiendo en mi piel. Cuando terminé, supe que debía tomar la pastilla.
—Maldita sea… —murmuré con un hilo de frustración—. Era guapo, pero no usó protección.
Me vestí con rapidez y me apresuré al hospital. Mientras el taxi avanzaba entre las calles de Londres, no podía quitarlo de mi mente. Mi primer día de trabajo ya había comenzado, pero una parte de mí no podía dejar de preguntarse: ¿y si lo volvía a ver?
Algo me decía que esa noche no había sido solo un encuentro fugaz… y que, quizás, solo quizás, mi vida estaba a punto de cambiar para siempre.