La paternidad que te quedó grande
Si no querías ser padre,
solo debiste ser claro,
llegar a un acuerdo
y no jugar con mi vida ni con la de ella.
Si no querías ser padre,
¿para qué me ilusionaste con casarnos,
con hablar de familia,
con jurar un “para siempre” que jamás pensabas cumplir?
¿Por qué rompiste mi corazón
solo por tu ego,
por salir a decir que estuviste con ella,
y llenarte la boca diciendo que eres “padre”
cuando lo único que haces es desaparecer?
No te bastó con abandonarnos,
con humillarme,
con poner en duda la sangre que llevas en tus venas.
Me señalaste como infiel
mientras eras tú quien se revolcaba en mentiras,
cuando más te necesitábamos,
cuando éramos tu ancla y aún así nos tiraste al vacío.
Fuimos impulso para tu progreso,
y ahora que ya no nos necesitas
nos dejas como desecho,
nos llamas solo para aparentar,
y después vuelves a borrarte como si nada.
Me di cuenta:
la paternidad te quedó muy grande.
Y está bien…
nadie puede obligar a sentir lo que nunca nació.
Pero escucha bien:
que la vida nunca te dé la oportunidad
de negar lo que es tuyo otra vez.
Que nunca más te llenes la boca de “soy padre”
cuando jamás supiste serlo.
Porque yo, aunque dolida,
aunque rota a ratos,
sigo aquí, firme,
y tu hija no crecerá con tu vacío,
sino con mi fuerza.
Frase de reflexión:
A una madre pueden romperle el corazón, pero jamás podrán apagar la fuerza con la que cría a sus hijos.