Prologo: El Sueño de Anastasia
Era de noche. Salí de mi apartamento con la bolsa de basura en la mano. Bajé las escaleras sin fijarme en nada, vestida con una camiseta negra, pantalón negro y chancletas. Caminaba hacia el contenedor de basura al final del parking, perdida en mis pensamientos. Siempre lo mismo, la rutina que me asfixia. En el fondo de mi alma, anhelaba que por una vez todo fuera diferente… algo nuevo, excitante.
Tiré la basura. La penumbra del rincón donde estaba el contenedor me hizo estremecer; la luz de los postes no alcanzaba allí. Me di la vuelta para regresar al apartamento y entonces lo vi: dos puntos rojos brillando en la oscuridad junto al edificio.
El aire se me escapó de los pulmones. Un grito ahogado se quedó en mi garganta mientras mi cuerpo se debatía entre correr o quedarme quieta. El miedo hacia que mi corazon latiera erraticamente, el aire no me alcanzaba a los pulmones. Los puntos se movieron. La sangre me heló las venas. Cuando salieron de las sombras, se reveló la forma de un enorme lobo negro.
Lágrimas brotaron de mis ojos. Sabía que si corría me perseguiría, pero si me quedaba, quizá me devoraría. Me observaba, relamiéndose como un depredador saboreando a su presa. Miré a mi alrededor desesperada: buscando algo o alguien que viniera a rescatarme pero ninguna ventana se abría, ningún vecino curioso asomaba. Por primera vez, estaba sola de verdad.
La adrenalina exploto en mi cuerpo entero energia pura y sin pensar más, corrí. El corazón me retumbaba a cien por hora, la adrenalina quemando mis venas. Escuché el salto de la bestia detrás de mí. Me lancé entre los autos y me escondí. Un aullido cercano me erizó la piel entera; las lágrimas me nublaron la vista. Entonces, las luces de los postes se apagaron. Todo quedó en completa oscuridad. Sentia su presencia lo sentia acercandose a mi como el depredador jugando con su presa.
Ya no podia articular ningun pensamiento razonal, no veia nada, tengo miedo a la oscuridad, lo unico que escuchaba era mi corazon latiendo a todo pulmon y la sangre bloqueando mis oidos como un pitido.
Sentía su presencia encima, pero no me atrevía a mirar. Me cubrí el rostro con las manos. El suelo vibró bajo sus patas. Grité cuando sentí su aliento caliente sobre mi cara mi cuerpo temblaba descontroladamente,y en ese momento me resigne a lo peor cerre aun mas los ojos rogando que todo esto terminara rapido y sufriera lo menos posible, pero en lugar de colmillos, su lengua me lamió. Me quedé inmóvil, temblando, llorando. Intenté empujarlo, pero era demasiado grande. El lobo se recostó a mis pies, lamiéndome las manos. Respiré hondo, intentando calmarme. Esos ojos rojos carmesí me sostenían, hipnóticos.
No podia ver nada enla oscuridad solo veia los punto rojos.
—Lobito lindo… por favor, no me comas —murmuré, temblando de miedo y a la vez sintiéndome ridícula al instante.
El lobo emitio un quejido y se acosto mas a mis pies. Como si, pensar aquello fuera un error. Pasaron algunos minutos y aunque el miedo persistia empece a sentir cierta tranquiladad y comodidad en la presencia de aquel majestuoso animal.
El miedo se fue disipando con el calor de su cuerpo. Extendí una mano temblorosa para acariciarlo. Un cosquilleo subió por mis dedos. El lobo gimió, relajándose. Su piel era suave, cálida, como una manta peluda y tibia. Me incorporé un poco y lo acaricié entero, embriagándome con esa sensación.
Él se puso de pie y yo también. No veía nada, pero sentía que si caminaba sola tropezaría. Con el hocico me empujó suavemente hacia él. Lo seguí acariciando. De repente, se inclinó y, sin entender cómo, me vi montada en su lomo. Comenzó a caminar. Yo iba en un trance, envuelta en un olor rico, delicioso, adictivo. Perdí noción de a dónde íbamos hasta que, de pronto, estábamos frente a una casa rodeada de bosque.
Desperté de la burbuja en la que estaba. El pánico me invadió otra vez. Me bajé de su lomo con respiración entrecortada. A mi lado, el lobo gimió y se recostó, mirándome como invitándome a sentarme. Con desconfianza lo hice. Volvió a lamerme las manos y, sin saber por qué, me tranquilicé.
—¿Dónde estamos, lobito? —pregunté, como si me fuera a responder. Me reí de mí misma. No se que rareza tengo pero me comenze a sentir tranquila en la presencia de mi lobito. El moento magico se vio interrumpido por mi telefono que vibraba en mi bolsillo trasero del pantalon. Me puse de pie. Y al mirar y ver que era Pedro, Suspire profundamente. Me di la vuelta puse los ojos en blanco antes de contestar.
—¿Dónde diablos estás, Anastasia? —rugió su voz. Me despego el telefono de la oreja por lo alto que fue su grito.
—Estoy dando una vuelta, ya voy para allá —dije cortante, colgando al instante.
Me giré para despedirme del lobito… y entonces dos manos fuertes me rodearon la cintura. Solté un grito, intentando zafarme. Un aliento cálido me rozó la oreja.
—Tranquila, cariño. No te asustes… te tengo —susurró una voz profunda.
¿Que no me asuste? Dios mio pero…..
El olor que me embriagaba antes volvió a inundar mis sentidos. Me relajé sin poder evitarlo. Busqué al lobo, pero ya no estaba. Solo estaba él, ese mismo olor el de mi lobito.
Levanté la mirada. A la luz tenue, vi un hombre de belleza imposible: alto, fuerte, con el cabello platinado y los ojos azules más profundos que jamás había visto. Me miraban con deseo. Tragando saliva, sentí que me derretía en un charco. Ese aroma me excitaba, su presencia me desarmaba.
—¿Dónde se fue lobito? —pregunté con voz curiosa, más intrigada que asustada.
Él sonrió. Oh Dios su sonrisa, hace que su cara sea mas bella, y ese corte en la quijada. ¿Pero de donde ha salido este hombre tan bello?
—Solo una criatura tan bella como tú podría llamar “lobito” al lobo feroz —dijo, depositando un beso en mi mejilla.
Respiré hondo, y entonces lo entendí: donde antes había estado un lobo, ahora había un hombre, ademas los dos comparten el mismo aroma que me envuelve en una burbuja. Un hombre lobo. El corazón me golpeaba fuerte, pero no de terror, sino de fascinación. Toda mi vida había leído sobre estas criaturas, sobre el mundo sobrenatural, y ahora lo tenía frente a mí.
—Así que es cierto… —murmuré con un suspiro cargado de emoción—. Eres un hombre lobo.
Él me miró sorprendido, desconcertado tal vez. Creo que lo sorprendi. Tambien su cuerpo se tenso como si esperara miedo y huida. Pero yo solo lo contemplaba, con una media sonrisa que revelaba más curiosidad que temor.
Ahora si creo que me he vuelto loca dije para mi.
Su risa profunda me atravesó. Lo tomé por la cara y lo besé. Él correspondió al instante, un gruñido salio de su pecho que lo hizo temblar, con un beso intenso, hambriento. Sus manos dejaron mi cintura y me tomaron de las caderas. Pasé mis piernas alrededor de su cintura. Besé su cuello, dejándole marcas, frotándome contra él. Podia sentir su ereccion debajo de mis nalgas.
—Cariño, si sigues así… perdere el control, no lo pensare dos veces y te tendre toda para mi. —murmuró con voz grave apretando la mandibula, sus manos apretaban mis muslos.
No pude detenerme. Embriagada por su olor y la fuerza salvaje que despertaba en mí, hundí mis labios en su cuello dejando chupetones a lo largo de su cuello y luego sin pensarlo lo mordí. No era un beso, no era ternura: fue un reclamo. Su cuerpo se estremesio y un gruñido gutural salió de su boca. Su cuerpo temblaba debajo de mi, su miembro palapitaba entre mis nalgas.
Sus manos me apretaron con desesperación, sabia que me dejaria marcas pero no me importaba todo se sentia bien rico.
Me permiti, ser yo misma por primera vez, me permiti experimentar algo nuevo. Oh Dios solo yo se cuanto mi ser anhelaba algo asi.
Yo, una humana, lo había marcado como lo haría una loba. Sin comprender del todo lo que hacía, lo había reclamado. El sabor de su piel, el calor de su sangre bajo mis dientes, provocaron en él una ola de excitación brutal, y en mí un vértigo que me arrebató la razón.
Cuando me separé, le lamí suavemente la mordida, temblando todavía. Mis manos acariciaban su cuello como si pudiera borrar la huella, pero sus ojos negros, encendidos de deseo y poder, me dejaron claro que ya nada sería igual.
—Moya… (Mía.) —gruñó, reclamándome a su vez.
El sonido me atravesó como un latigazo. Mi cuerpo tembló, no de miedo, sino de algo más profundo: una certeza primitiva, imposible de negar. Yo ya le pertenecía.
Nos besamos otra vez. Me comenzo a besar el cuello y yo le di acceso a el queriendo que tambien me marcara. Lamia mi cuello y cada roce de sus labios en mi cuello enviaba una hola de poder a mi clitoris que palpitaba y se estremesia. Con mis uñas aruño su espalda mientras el se mueve entre mis piernas y gimo por el placer intenso que el me esta dando. Siento el roce de unos dientes en mi cuello y en un instante escucho mi piel romperce un dolor estalla por todo mi ser y es resplazado por un placer incomensurable, que me lleva directo al vacio en menos de treinta segundos. Me vengo, mi orgasmo azota como una ola expansiva de poder despues de una explosión, y grito y gimo mientras el sigue con sus dientes pegados a mi cuello.
Mi orgasmo se extiende, y todo mi cuerpo tiembla. Se siente com si hubiera tenido com diez de catazo literal. Puedo sentir lo empapada que estoy.
Al retirar sus colmillos de mi cuello, lame mi herida y me cuida. Mi cuerpo tiembla recuperandose el mas maravillosos orgasmo que jamas he tenido en mi vida y no se si tendre jamas. Se aparta y me mira y puedo ver que en las comisuras de su hermosa boca hay un poco de mi sangre y me acerco y lamo su boca probando mi propia sangre. Nuestras lenguas se encuentran y nos besamos con desesperación por un tiempo, al cabo de un rato nos separamos para respirar y nuestras frentes se unen, me aprieta con fuerza se aparta de mi y me mira, con adoración, con amor, con esos ojos azules que parecen leer mi alma y acontinuacion dijo:
—Duerme, cariño. Ahora soy tuyo…
Y mi mundo se sumergió en la oscuridad.