El incidente. Parte I
Aterrador. Confuso. Extraño. Frustrante.
Mil y un palabras se le venían mientras divagaba, la escena se repetía en su cabeza y las dudas lo abrumaban como cada asunto que giraba en torno a ese tema.
Esto pasó más o menos así.
Desde que su mejor amigo trabajaba en aquella tienda de ropa, las quejas sobre su odioso compañero de trabajo no dejaban de llegar. No eran más que roces, o choques entre caracteres. Lalo ahora trabajaba en la misma plaza que él y Nathan, entonces no había manera en que dejara el empleo por eso.
Y aquella vez, cuando EJ atendió esa llamada, Lalo le había pedido un favor. Era rápido, sólo tenia que entrar, buscar la billetera de su mejor amigo, quizá saludar a quien estuviera de turno y ya. Pero cuando llegó a la tienda en cuestión, ésta estaba sola, sin un sólo indicio de que estuviera cerrada, pero sin un sólo dependiente tampoco. EJ ingresó, iba a gritar un “Buenas tardes” al notar que la puerta de la sala de empleados estaba abierta. Igual, no lo pensó tanto. Era entrar, tomar la billetera y salir. No se veía en los cajones del mostrador ni el suelo. Entonces atravesó aquella puerta.
La sala de empleados era un cuarto muy chico, con otras dos puertas, ambas estaban cerradas al entrar. “Si no lo dejé en el mostrador está en mi locker, no está cerrado, nada más lo abres” Lalo le había dicho. Buscó con la mirada el mentado locker, y, al dar con él, también dio con la billetera.
Entonces lo escuchó.
Un suspiro, apenas un susurro alto, que estando tan, pero tan bajo, EJ lo hubiera ignorado de no ser porque pareció venir acompañado de su nombre. Ahí sí, dio un sobresalto, porque aún con todo, EJ reconocía aquella voz susurrante. Del desconcierto la billetera casi se le cae, porque con aquellos jadeos, sólo había una persona ahí que pudiera ser. Y en otro momento, EJ se hubiera quejado o preguntado, ahora no se atrevía a acercarse, casi no se conocían.
Su primer pensamiento era que quizá el alfa que estaba tras esa otra puerta necesitaba ayuda. Sólo que a medida en que se acercaba tal posibilidad se volvía más absurda en su cabeza. ¿Cómo era que sabría que él estaba ahí, para empezar? ¿O era que…?
Lo volvió a escuchar.
-¡Eidan! - ¿Era su nombre? Definitivamente era su nombre. Eliot sabía cómo se llamaba. Sabía que odiaba que le dijeran así, y en alguna ocasión, lo llegó a molestar con ello. ¿Eliot conocía a otros Eidan? No lo creía, ¿cuántas personas tendrían tan mala suerte? Estaba imaginando, ¿O es que el alfa ya sabía que estaba él ahí? Su espalda se erizó, su interior se encogió al oírlo tan lleno de urgencia. Fuera como fuere el caso, EJ nunca había escuchado su nombre ser pronunciado de esa manera. Viniendo de absolutamente nadie.
Su mente se encontraba perdida, sus pasos se movieron inconscientes. La mano de EJ estaba ya en el picaporte, con una pregunta en el dintel de los labios: “¿Estaba todo bien?”. Pero lo sintió. Y lo entendió.
Se supone que los betas no pueden oler el aroma de los otros dos géneros, pero EJ podía jurar que de esa habitación sobresalía un olor amargo, no lo podía identificar, era muy tenue para sus malditamente simples fosas nasales, lo más seguro era que el aroma fuese ya parte del ambiente y él no podría saberlo. Se rindió antes de siquiera pensar en tocar esa puerta.
Cuando salió chocó con otro compañero de Lalo al entrar. - ¿Qué haces tú a…? – El otro beta se quedó a medias con sus palabras, EJ salió corriendo presa del pánico. Con tantas o más preguntas de las que aquel dependiente pudiera tener para él.
Lalo le dijo que iría a su casa por la billetera. EJ lo sabía. Fue por ello que, ni bien llegó, se dirigió al cuarto donde el otro que ya estaría esperándolo. Lalo estaba durmiendo en la cama de EJ. Cuando lo despertó, comenzó contarle al somnoliento muchacho lo ocurrido. No mencionó lo del nombre, de pronto ese dato le pareció demasiado absurdo mientras lo veía frotarse los ojos y sentarse en la cama. Lalo era omega, por lo que suponía que, desde conocerse, ya podía identificar perfectamente el aroma de aquel alfa, y entender mejor lo que EJ no podía. Aquella idea navegó entre preguntas y dudas sin sentido. La cara del omega se frunció como diciendo “¿Por qué interesa tanto?
-Cacao y café – Habló el otro en tanto EJ terminó, con voz de sueño y aburrimiento.
- ¿Qué?
-Es el aroma que sentiste, el amargo – Explicó – Cacao y café, es el aroma de ese alfa.
- ¿Siempre huele así? – Quiso saber después, viéndolo acomodarse mejor en el colchón, él sentado en el piso. Lalo carraspeó.
-Ajá - Asintió. - A veces es más fuerte, a veces menos. – Se quejó, aunque algo pareció darle gracia. - Para que tú lo hayas podido sentir, debe haber entrado en celo. ¿Lo dejaste ahí solo?
EJ sintió la sangre huir de su cara. - ¿Tenía que hacerle compañía? – Preguntó escandalizado, aún más, teniendo en cuenta la información que omitió. EJ no sabía cómo era el periodo de celo alfa (omega sí, lo llevaba viendo muy seguido gracias a su mejor amigo), pero ni siquiera se lo había preguntado a Nathan, no hallaba las palabras tampoco para ello. Suponía que era muy fuerte; aunque no olió nada, vaya que pudo sentir la pesada e imponente presencia de ese chico en todo el ambiente. Lalo lo regañó por eso, entonces tuvo que aclarar. – Alguien llegó después de mí, era otro de tus compañeros.
– Qué fastidio… - Había dicho Lalo al tumbarse de nuevo en la cama. — Si Eliot entra en celo, nos van a repartir sus turnos a Martín y a mí — Le entregó la billetera, antes de acostarse a su lado.
EJ rio por lo bajo, si era por gracia o por nervios era difícil saberlo. Entonces aquel alfa olía a café y cacao. ¿Cómo era siquiera esa combinación? Pensar en ese instante, y quererlo mezclar con algo que él no podía sentir era extraño. Recordó también otras ocasiones, cuando él sin entender veía a Lalo frotarse la nariz o ladear la cabeza en su dirección si Eliot llegaba a la tienda de discos donde él trabajaba para preguntarle algo al omega. O cómo a veces el alfa cerraba de golpe la puerta de la sala de empleados si ellos dos llegaban. ¿Sería tema de los olores?
- Oye, ¿y tú a qué hueles? – Inquirió. Haber estado en uno que otro celo de su amigo le había permitido percibir humedad en el ambiente, más era lo único que podía identificar.
Lalo lo miró de forma indescifrable, lo que lo avergonzó. Después de tanto tiempo, EJ lo venía a preguntar (¿O es que era de mala educación?). No tenía manera de saber el rumbo de los pensamientos del otro al decir – Vainilla – A lo que EJ asintió con una disculpa.
Sólo que esa información le hizo pensar en otras cosas. Ese… era un aroma muy tentador, ¿cierto? ¿Lo era también para los alfas? El omega le lanzó el peluche de Taz que tenía en su cama, quejándose por lo ruidoso que era y lo mucho que necesitaba dormir. – No quiero llegar a mi casa… - Le había dicho al darle la espalda, jalando la almohada de EJ para ponérsela.
EJ suponía la razón, pero sólo lo dejó estar.
Desde entonces todo aquello no hacía más que darle vueltas y vueltas en la mente. Con el paso de los días, los sucesos iban volviéndose difusos. ¿Qué probabilidad había de que ese alfa lo hubiera llamado? Seguro había escuchado mal. Seguro nombró a otra persona, a un omega, o a una chica beta. O capaz ni siquiera nombró a nadie, y EJ estaba tan nervioso que ya estaba alucinando cosas.
No sería la primera vez que veía o escuchaba gestos que nunca estuvieron ahí, para empezar.
—Es un pendejo – Lalo se quejó a principios de octubre, varias semanas después. EJ y Nathan lo escuchaban curiosos, riéndose por su situación. – ¡Una vez! Vio que dejé mi mochila abierta en la sala de empleados una vez. ¿Saben qué me dijo? “¿Tienes que llevar tus supresores y esas cosas a todas partes? Están a la vista de todos”.
—Como debe ser — Nathan asintió mientras que EJ se reía, y sus palillos picotearon el sushi de su plato antes de escuchar las quejas de Lalo. El omega hacia muecas y un tono mezquino al hablar. Nathan en cambio, levantó sus palillos al puntualizar – Con los alfas hay que ser considerado, omega. No vaya a ser que alguien entre, vea los supresores y piense que son suyos.
—¿Qué le dijiste tú? – Era una combinación extraña, no podía imaginar la cara que Lalo hizo frente a tal comentario viniendo de un alfa.
Este se recargó en la mesa, poniendo su mano sobre la frente y el pelo — ¿Qué le iba a decir? Que estaba bien, no era para tanto. Él ya no insistió, yo no insistí. Pensé que hasta ahí quedó, pero hoy me dio esto — Sacó de su mochila el objeto en cuestión; era una bolsa negra, que al tomarla, EJ notó que se trataba de una especie de neceser.
- ¿Para qué es? ¿Para tus cosas? — Nathan se acomodó los lentes, EJ se lo enseñó mejor, acto seguido, el alfa se aguantó la carcajada. – No mames, puto ridículo.
—¿Van sus amigos a la tienda o algo así? — EJ quiso saber, cubriéndose la boca con una mano al hablar y masticar. Lalo volvió a negar, fastidiado.
—No, y ruego a Dios que siga así. Ah, hablando del rey de Roma… — Aquello último fue más discreto. EJ volteó en la dirección que su amigo señalaba con la barbilla.
A varios metros de distancia, el alfa se reía de algo con varias personas al ingresar a la cafetería de aquella plaza. No los olería, pero sabía reconocer cuando se trataba de alfas, y al menos cinco de ellos lo eran. Cuando el alfa en cuestión se fijó en la mesa donde estaban, su sonrisa se volvió una mueca. EJ sintió la urgencia de guardar el neceser que seguía entre sus manos y que Eliot estaba viendo. -Déjalo.- Alcanzó a oír que Lalo decía, al cruzarse de brazos - Que vea que estoy contando sus chingaderas.
—¿Piensas usar la bolsita? — Nathan preguntó sin mucho interés. El otro le contestó, sólo que EJ no prestó atención. Algo sobre ser observado así hizo que se cohibiera. Sabía desde un principio que Lalo y su compañero de trabajo, a pesar de ser compañeros, y de estar en la misma carrera, no eran amigos, ni siquiera eran cercanos. Las pocas veces que coincidían en un espacio, no se saludaban, y en todas esas ocasiones, EJ lo veía acompañado de más o menos las mismas personas, sino es que de algún omega.
Casi siempre, estaba con uno. Él tendría que dejar de pensar en algo tan absurdo como aquel incidente. Lalo le había contado que, efectivamente, Eliot no estuvo trabajando un par de semanas por el celo. Lo contó como si fuera nada. Esta vez del sushi y el neceser, era la primera vez luego de eso que lo volvía a ver. Y Eliot ni siquiera lo miró por mucho tiempo, ni siquiera sabía que EJ lo escuchó. Pero él ahí estaba, viéndolo platicar en lugar de prestarle atención a sus propios amigos. Siguiendo con la mirada al alfa que reía rodeado de otras personas y abrazaba a una chica omega a su lado. Con el paso de aquellos días, el problema ya había pasado también a segundo plano. Para todo el mundo, excepto él. Quería decir que eso había comenzado con esa vez, así podría hacerse el ofendido. O, por el contrario, sólo restarle importancia y olvidarlo de una como Lalo o el propio Eliot lo hicieron. Estaba viendo otra vez cosas donde no las había. ¿Lo peor del caso? Ya era muy tarde para siquiera decir algo.
En realidad, esto comenzó mucho tiempo atrás.