Clases de historia*
Mucha gente cree que con el dedo en el gatillo basta. Presionas y la historia obedece. Pero basta una hoja siguiendo la brisa para alterar el resultado. Basta una cabeza que no marche alcompás de mi respiración, y todo se desordena.
Si la mariposa que ahora reposa en la punta de mi arma decide aletear en el momento menos deseado, podría provocar un huracán. Arruinar todo lo que se me ordenó cambiar.
Sacudo el cañón con cuidado, pero ella se queda quieta. Como si me hiciera jurar algo. De repente, escucho coches llegando y periodistas sobre las puertas. La mariposa emprende vuelo. Yo observo, con la garganta seca.
Busco entre hombres en trajes militares, con esas pañoletas rojas en el brazo, pero ninguno es él. Su presencia es distinta. Densa. Como si estuviera hecha de una fe que se pudrió demasiado pronto. La fe de alguien que tuvo sueños. Sueños que por un mal aleteo se volvieron estiércol y gusanos.
Pero… ¿por qué rendirse tan fácil? Tal vez haber seguido el sendero del arte hubiera salvado a millones de una muerte en pijamas… y a mí de gastar esta bala.
Todo mi iris cubre el pedestal. La mariposa está ahí, reposando. Pareciera querer hacerme la vida imposible hoy. ¡Vete de ahí, maldita! Nada puede impedir su nuevo destino. Su imagen vacía en el suelo, envuelta en gritos hipócritas.
¿Huh? ¡¡Se han sentado!! ¿Será él? La mariposa ya no está. ¿A dónde diablos se ha ido? Eso no importa ahora.
Los tibios han sacado sus cámaras. Veo de esquina a esquina, y no lo ubico. Pero una corriente me recorre el cuerpo. Es él. Está aquí.
¡Muévete de ahí! La mariposa se atraviesa en mi mira. Si cree que arruinará esto, la atravesaré con la misma bala. Sostengo demasiada agua en las palmas ahora mismo. Lo que haré cambiará todo. ¡Entiéndelo, maldito insecto!
Pero… ¿y si lo empeoro todo? ¿Y si usan esto como excusa para la masacre?
Mientras mis ojos siguen el vuelo, mi cabeza imagina las consecuencias. Los titulares dirán: “Joven brillante muere por pensar distinto.” Dios… esos ya no son mis problemas. La compañía pagará las excusas. Además, su mente ya tiene todo ese odio, ese rencor heredado…
¡¡Comenzaron a aplaudir!! Mi cuello se endereza. Los hombros se tensan. ¿Dónde está? La mariposa sigue a alguien. No logro verle la cara. ¿Será él? ¿Y si no lo es? ¿Por qué se dirige al estrado? Mi muñeca arde. ¿Y si le disparo a alguien inocente?
Sigo sus pasos. Ese vuelo azul me está advirtiendo algo. Inhalo la pregunta: ¿Cuánto llorará su esposa? ¿Cómo se consolarán sus hijos con esta miseria? ¿Cómo cuestionarán su ausencia? Culparán ideologías. Dirán que pensar distinto fue su crimen.
No hubo respuesta. Antes de preguntarle recordé que él nunca tuvo hijos. Mis manos ya no sujetaban el gatillo.
Él ya estaba tirado entre rosas de óleo. Allí descansaba la mariposa, reposando de su aleteo. Nunca existirá la certeza de lo que pasó. Salvo en mí, que vengo de ruinas. Y es más fácil así. Dirán que lo mataron por ir en contra del rebaño. Que lo devoró la intolerancia.
Tal vez hubiese sido más fácil darte apoyo como pintor y no regalarte esa perforación en el cráneo, ¿no?
Mi reloj parpadea. Sabe que debo irme. Esta hora no me pertenece. No tardarán en hallar estos escombros, pero solo encontrarán los casquillos y las huellas de alguien que aún no ha nacido. Siempre pasa.
Yo solo sé que fue mejor detenerte aquí. Antes de que te creciera ese horrible bigote con el que habrías condenado la historia. Ahora solo será recordado como un joven más que murió por pensar distinto.
