Mi Buen Cachorro

Summary

Agustín, nacido en los barrios bajos de Argentina, siempre se vio como un monstruo: un hombre marcado por la violencia, los errores y un pasado que se niega a revelar. Cuando la vida lo empuja hacia lo inesperado, se encuentra con una oportunidad única: escalar en la Task Force 141, la unidad más peligrosa y selecta del mundo. Bajo la guía del Capitán Price, la sombra de Ghost, el filo de Soap, la dureza de König y la astucia de Alejandro, Rudy y Nikto, Agustín no es tratado como un soldado más, sino como un cachorro de lobo al que todos, de un modo u otro, quieren reclamar, moldear y probar. Entre ellos surge una mezcla de respeto, rivalidad y una cercanía intensa que roza lo prohibido, donde la lealtad se confunde con algo más profundo y difícil de nombrar. En cada misión, Agustín lucha no solo contra enemigos externos, sino contra la pregunta que lo consume: ¿puede un monstruo ser aceptado en la manada... o terminará devorado por ella?

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1 - La Reunión

La sala de conferencias de la base militar estaba iluminada por fluorescentes fríos que resaltaban cada línea de estrés en los rostros de los presentes. Era temprano, pero nadie parecía sentir sueño. Al fondo, sobre la gran mesa de madera oscura, se encontraban el Capitán John Price y su segundo, Alejandro Vargas, revisando un expediente que parecía pesar más que ellos mismos. Frente a ellos, varios capitanes de distintos equipos de operaciones especiales, junto con un superior de rango general, debatían con voz firme sobre la asignación de los nuevos reclutas extranjeros.

—Tenemos disponibles cinco joyas internacionales —dijo el superior, su voz resonando en la sala—. Cada una ha sido evaluada rigurosamente por nuestra inteligencia. Algunos son extremadamente talentosos, otros… peligrosos. Es su decisión, Capitanes.

Price arqueó una ceja, con su habitual expresión cansada pero alerta. Alejandro a su lado cruzaba los brazos, con los labios apretados en una línea recta.

—Explíquese, general —pidió Price, con su tono seco, británico, directo—. ¿Qué quiere decir con “peligrosos”?

El superior respiró hondo y comenzó a desplegar los perfiles en la pantalla holográfica. Entre ellos, apareció el de un joven argentino de 20 años, con un historial que hacía que más de un militar en la sala frunciera el ceño.

—Este recluta —dijo señalando la pantalla— tiene antecedentes de violencia extrema: intentos de asesinato, agresión física grave, incluso intento de violación. Ha dejado cuerpos en los hospitales por ataques brutales, y no esconde su historial de comportamiento problemático.

Un murmullo recorrió la sala. Algunos capitanes intercambiaron miradas de incredulidad. Alejandro frunció el ceño.

—¿Está diciendo que quieren que lo asignemos a nuestro equipo? —preguntó, incrédulo—. Con ese historial, lo lógico sería que permaneciera en observación o fuera descartado.

El general alzó una mano para detener la discusión.

—Ese es precisamente el punto —dijo, con voz firme—. No se trata solo de su peligro. Se trata de su potencial. Con el entrenamiento adecuado y supervisión, podría convertirse en un activo invaluable. Estamos hablando de un talento puro, crudo, listo para moldearse en la Task Force 141. Price, Alejandro… saben de lo que hablo.

Price permaneció en silencio unos segundos, observando la hoja de antecedentes con detalle. Su mirada se endureció. Sabía que cualquier error podría costarle caro, no solo a él, sino a todo el equipo.

—General, esto no es un juego —respondió finalmente—. No podemos simplemente meter a un tipo con un historial así en nuestro equipo y esperar que funcione. Hay protocolos, reglas, seguridad. No es cuestión de potencial, es cuestión de confianza en mi equipo.

—Y ahí es donde usted se equivoca, Capitán —replicó el superior, firme—. Este joven tiene capacidad para adaptarse bajo presión. Lo que necesita es un tutor legal dentro del equipo, alguien que supervise su integración. Price, Alejandro… eso sería responsabilidad de ustedes.

Alejandro arqueó una ceja, sorprendido por la magnitud de la tarea.

—¿Tutor legal? ¿Apadrinarlo? ¿Está sugiriendo que nos hagamos responsables de alguien que podría volverse contra nosotros en cualquier momento? —preguntó, con voz baja pero cortante.

—Exactamente —respondió el general—. Usted conoce el sistema, Price. Sabe que algunos de estos reclutas aún no han alcanzado la mayoría de edad legal para ciertos procedimientos en Estados Unidos. Este joven tiene veinte, por lo que se requiere que tenga un representante en su equipo, alguien que sea responsable de su conducta y supervisión.

Price soltó un suspiro pesado, recostándose en su silla. Observó la pantalla donde los antecedentes del joven se mostraban: lesiones, peleas callejeras, robos, y un historial que incluía ataques con armas blancas. La violencia parecía implacable, casi mecánica. Su instinto le decía que tenía frente a sí a alguien capaz de sobrevivir en condiciones extremas… pero a un precio.

—Seamos claros —dijo Price, su voz grave cortando el murmullo de la sala—. No estoy diciendo que no vea el potencial del chico. Lo que digo es que su integración es un riesgo enorme. Lo ponemos en nuestras manos, lo apadrinamos legalmente, pero si rompe el equipo o hiere a alguien, la responsabilidad es nuestra.

El general lo miró fijamente, evaluando cada palabra.

—Ese es precisamente el desafío —replicó—. La Task Force 141 no busca soldados comunes. Busca soldados que puedan superar cualquier límite, incluso los que parecen incontrolables. Usted lo llevará por buen camino, Price. Sé que puede hacerlo.

Price frunció el ceño, y luego giró su mirada hacia Alejandro, quien asintió lentamente.

—¿Y qué pasa si hace, mierdas desde el primer día? —preguntó Alejandro, con su característico pragmatismo—. No podemos permitirnos una baja antes de siquiera integrarlo.

—Entonces lo controlarán —dijo el general—. Por eso se necesita un tutor legal. Nadie más puede supervisarlo adecuadamente. Todos en el equipo asumirán parte de la responsabilidad. No hay excepciones.

Price apretó los puños, sopesando la magnitud de lo que implicaba aceptar al joven. Sabía que la mayoría de los reclutas con talento crudo terminaban siendo un peligro… o una joya invaluable. La línea era fina, casi invisible.

—Está bien —dijo finalmente, con voz firme—. Lo aceptaremos. Pero dejaré claro algo: este tipo entra bajo nuestra supervisión estricta. Si rompe cualquier regla, si hiere a alguien, si no sigue nuestras órdenes… no habrá misericordia.

El general asintió, satisfecho con la decisión, y el resto de la sala comenzó a dispersarse, entregando los últimos expedientes de otros reclutas a distintos equipos. Price permaneció un momento en silencio, mirando otra vez la pantalla donde los antecedentes del joven parecían cobrar vida. Todo un historial sangriento que gritaba peligro y supervivencia al mismo tiempo.

—Alejandro —dijo Price en voz baja, mientras los demás se retiraban—. Tenemos que hablar de esto a solas. Quiero tu opinión. ¿Vale la pena arriesgarnos con este tipo?

Alejandro asintió, mirando los documentos con atención.

—No es un chico cualquiera —respondió—. Lo que tiene es instinto puro, supervivencia en estado bruto. Si lo entrenamos correctamente, puede ser un buen soldado… pero también puede ser un problema enorme.

—Lo sé —dijo Price—. Y eso es lo que me preocupa. La Task Force 141 no puede permitirse errores. Pero… si lo moldeamos, si lo supervisamos y lo entrenamos desde el principio, podría ser más útil de lo que cualquier otro recluta ha sido.

—Entonces es nuestra responsabilidad —replicó Alejandro—. Apadrinarlo, supervisarlo… asegurarnos de que no se convierta en un riesgo.

Price asintió lentamente, con esa mirada dura que solo los veteranos de guerra poseen.

—Está hecho —dijo, con un dejo de ironía—. Bienvenido a la familia, aunque aún no lo conozcamos.

Ambos hombres se miraron, conscientes de que habían aceptado una carga pesada: un joven cuya historia estaba marcada por la violencia, la sangre y la supervivencia en los barrios más peligrosos de Argentina. Un chico que podría ser un monstruo… o una joya invaluable para el equipo.

La reunión terminó, y mientras los demás capitanes abandonaban la sala, Price y Alejandro permanecieron un momento más, en silencio, pensando en el desafío que tenían por delante. Sabían que a partir de ese día, cada acción, cada decisión, cada entrenamiento, sería una prueba para controlar a esa fuerza salvaje que estaba a punto de entrar en la Task Force 141.

El joven aún no sabía nada de esto. Todavía estaba en su país, inconsciente de que su vida estaba a punto de cambiar, de que iba a ser seleccionado, supervisado y, de alguna manera, moldeado para formar parte de uno de los equipos de operaciones especiales más letales del mundo.

Y así, mientras la base se vaciaba y los documentos eran archivados, Price y Alejandro quedaron solos, con la responsabilidad de un destino que podría salvar o destruir al joven argentino. Una joya sangrienta y cruda, lista para ser pulida o dejarla romperlo todo.