Capítulo 1: Donde el tiempo empieza a olvidar
El martes tenía un sonido particular.
Ni lunes, ni miércoles, sino un hueco en la semana donde el mundo parecía respirar más lento.
Ella lo notó por primera vez cuando entró al café de la esquina, el mismo de siempre, y sintió que algo la esperaba.
Pidió un café.
No sabía por qué miraba la puerta cada vez que se abría, como si esperara una coincidencia.
Y entonces, él entró.
No se miraron directamente.
Fue apenas un roce de mirada, un segundo en que el aire pareció reconocerse.
Nadie habló. Nadie sonrió. Pero los dos supieron que algo había pasado.
Desde ese día, cada martes coincidían sin querer.
Nunca acordaban hora, nunca se citaban.
Simplemente ocurría.
El resto de la semana, nada.
Ni mensajes, ni recuerdos, ni rostros que evocaran algo.
Pero el martes... el martes era otra vida.