Disociamiento del abismo

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Summary

Una tierra orinica en el estado más puro de la palabra, un lugar que solo podía ser creado y gobernado por personas que solo deseaban salvar a las personas más únicas de la sociedad, con una religión y unas reglas, las cuales se siguen al pie de la letra con el objetivo de preservar lo que para ellos era su paraíso… La realidad era porque tenían a su propio Dios en tierra y este no era exactamente una persona plenamente cuerda; era una persona emocionalmente distante y con un desorden mental que lo hace ser comparable a un arma biológica que podría hundir un país solo por un disgusto, siendo ese el caso y la vida de todos peligra, había una pregunta que todos se hacían cuánto más pasara el tiempo. ¿Por qué no paran de provocarlo?

Genre
Scifi
Author
Night
Status
Complete
Chapters
48
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

—Muy bien, señor Willow, ¿qué tiene ante usted?—.

—¿Con exactitud o siempre?—.

—Mmhp, lo que te parezca más resaltante, eso que consideres una constante en tus sueños y pesadillas —señala haciendo un sonido de corta viento con el bolígrafo—el centro de todo lo que tu mente te ofrece—.

—constante…—.

Mantuvo los ojos cerrados y apretó las manos mientras respiraba profundamente, haciendo un breve intento por visualizar lo que necesitaba el médico; aun si lo había visto incontables veces, seguía siendo algo difícil de explicar sin sonar como un demente, lógico a estas alturas de la vida.

—Veo un árbol de hojas doradas y tronco torcido, emitiendo un brillo como si estuviera cubierto con cada hoja de una luz intensa y cegadora—.

—¿Qué haces con ese árbol? ¿Habla? ¿Qué lo hace especial para ti?—.

—No me habla o yo no lo escucho, solo es un lugar donde parezco conservar mi conciencia cada que voy a dormir—.

—¿No descansas? ¿Cómo estás seguro de que eres consciente?—.

—No estoy seguro en sí, solo puedo sentir el paso lento del tiempo y cómo las cosas avanzan fuera de ese pequeño espacio en mis sueños—.

Hubo una breve pausa en la que el sonido del bolígrafo contra el papel fue lo único que se escuchaba dentro de la habitación cerrada del exterior, un silencio adecuado para evitar distracciones innecesarias en la sección, aunque esto último era complicado para el médico cuando se trataba de este paciente en particular.

—Señor Willow, dígame, ¿qué ve ahora mismo? ¿Escucha voces?—.

—No veo nada y escucho dos voces, una es la suya y la otra de una mujer murmurando—.

—…ya veo, eso es mejor a comparación de la vez anterior, así que no es necesario aumentar dosis— .

Y con esas palabras el doctor se levantó de su lugar dando por finalizada la sección, permitiendo que el caso 379, es decir, el señor Willow, pudiera abrir los ojos para salir de la habitación hacia el pasillo con su acompañante de esta vez, sin mediar más palabras y manteniendo una tranquilidad imperturbable en cada uno de sus movimientos, como si estuviera frente a alguien que interpretara un acto en una obra, cuidadoso y meticuloso incluso al momento de agarrar una hoja de papel.

Salió a largas zancadas por sus piernas largas y se unió al seguidor religioso que había sido impuesto para registrar la seguridad de este. A los ojos del doctor que tenía 2 meses tratando al señor Willow, seguía siendo extraño cómo una persona así, con una mente tan afectada, era considerada una personalidad importante en una religión/secta de un pueblo a kilómetros de su consultorio; ni siquiera entendía cómo le permitían recibir tratamiento cuando supuestamente era una deidad, pero no estaba en su área atender a otros que no fueran el propio paciente.

El señor Willow era un hombre muy amable y una persona que claramente tiene gente que, por encima de temas religiosos, lo amaba mucho.

———

Cyrus Eden Willow Onix, un hombre con un nombre tan específico solo para él.

Un hombre de altura superior al promedio, sin exagerar, de una contextura delgada, reconocida como la de alguien que mantiene una dieta adecuada y una vida lo suficientemente activa para mantenerlo en forma, la piel de un tono pálido que resaltaba los tonos rosas de sus labios y punta de las orejas y dedos, con unos ojos grises profundos decorados con unas pestañas negras como el resto del cabello del dueño, una persona que a sus 56 parecía un joven en la flor de sus 30, como si el mundo se hubiera detenido para él en algún momento de la vida.

Un campo nevado que no recibe mayores cambios más allá de los realizados por el cambio de la noche al día, tan pacífico e indiscriminatorio con quien sea que trate con él, recibiendo el mismo trato helado.

Ese era Cyrus hoy en día y desde que apareció en Moonville hace un año sin recordar nada de cómo llegó o cuánto tiempo había pasado desde que tenía entre 13 y 14 años, siendo su último recuerdo estar en el bosque pasando el tiempo acompañado de unos pájaros. De 15 años a 56 era un gran tramo en que no había ni una sola memoria en su lugar, siendo atribuido a un resultado de un trauma severo en que nació un caso de trastorno disociativo rayando a esquizofrenia en breves ocasiones, en el que, sin el tratamiento proporcionado, sus emociones causaban estragos a sus más allegados.

¿Por qué era así? Cyrus era uno de los últimos magos en Moonville con la magia más pura y destructiva desde la caída del espejo.

Una fuerza imposible de ignorar por mucho que intenten mantenerlo oculto.