Eres mío, Kim Taehyung.

Summary

Kim Taehyung es un Omega de diecinueve años que, tras la repentina muerte de su madre, se ve obligado a casarse si quiere reclamar la herencia que le corresponde por derecho. Desesperado y sin saber en quién confiar, acude al abogado Jeon Seojoon. Este, en un intento de protegerlo, toma una decisión inesperada: obliga a su propio hijo a casarse con Taehyung. Lo que parecía un simple acuerdo legal pronto se convierte en una trampa de sentimientos, celos, posesión y ataduras que ninguno de los dos había previsto. Porque Jungkook no está dispuesto a dejar que nadie toque lo que ahora considera suyo. -Eres mío, Kim Taehyung... -Vas a entenderlo, aunque tenga que tatuarlo en tu piel con mis dientes... 🌸Shipp: KookTae. 🌸 Genero : Dark romance. 🌸 Omegaverso. 🐰 Jungkook: Topp. 🐻 Taehyung: Bottom.

Genre
Erotica
Author
NicolThJk
Status
Complete
Chapters
20
Rating
4.9 14 reviews
Age Rating
18+

🔥 (01) La herencia

Eres mío, Kim Taehyung.

🌸 Introducción.

Kim Taehyung: Omega, cabello azul, diecinueve años.

Rango: sumiso.

Aromas: chocolate amargo y dulce de leche.

Jeon Jungkook: Alfa, cabello azabache, veinticuatro años.

Rango: dominante.

Aromas: roble y menta.

Jeon Seojoon: Alfa, cabello azabache, cuarenta y ocho años.

Rango: dominante.

Aromas: pino y naranja.

~

Dominantes:

Las feromonas de los dominantes poseen una carga instintiva más fuerte. Suelen liberarlas con distintos fines: para consolar, atraer, inducir el celo o reafirmar su autoridad sobre los sumisos.

Sumisos:

Las feromonas de los sumisos son más sensibles y emocionales. Las liberan para consolar, manifestar su estado de ánimo —ya sea alegría, tristeza o ansiedad— o llamar la atención de aquellos por quienes sienten atracción.


🔥Capítulo 01. La herencia.

~

🛑 Aclaración:

Tae es SUMISO, por lo tanto, les pido por favor abstenerse de realizar comentarios negativos sobre su carácter o forma de actuar.

Recuerden que este es un Dark Romance, y dentro de ese género, los personajes y sus dinámicas están construidos bajo esa premisa.

Fin de la aclaración.

~

Tae revisaba aquel documento una y otra vez, con el ceño fruncido y las manos temblorosas. No lo podía creer… ¿acaso su madre lo había dejado solo y en la ruina? Su sueldo apenas alcanzaba para cubrir el diminuto dormitorio que alquilaba y pagar la matrícula de la universidad. Lo poco que comía eran sopas instantáneas que la dueña de la tienda, donde trabajaba, le regalaba de vez en cuando.

Se mordió el labio inferior, sintiendo la rabia subirle al pecho. ¿Por qué su madre había hecho aquello?

Su vida no siempre había sido así. Meses atrás vivía en una casa cómoda, junto a la florería que atendía con su madre. No era una vida perfecta, pero tampoco había sufrido grandes carencias. Ahora todo se había desmoronado y no entendía nada. ¿Acaso su madre había sido alguien distinta a lo que él conocía? Esa idea lo atormentaba cada vez que pensaba en ella.

El verdadero golpe llegó dos días después del funeral. Unos hombres vestidos de traje negro tocaron su puerta, mirándolo con frialdad mientras le anunciaban que la casa y la florería habían sido vendidas por decisión de su madre. Taehyung abrió los ojos de par en par, incrédulo. La garganta se le secó, pero aun así preguntó con brusquedad por el dinero de aquella venta.

Ellos no respondieron. Solo extendieron un sobre con una carta y le dieron dos días para mudarse.

El Omega abrió el sobre temblando y leyó entre lágrimas de rabia: "Todo lo que hice fue por tu bien. Acude al notario que te indico; él te leerá mi testamento y mi última voluntad." El nombre y la dirección estaban escritos en mayúsculas, como si fueran una orden ineludible.

Esa misma tarde corrió hasta la oficina del notario, con los ojos hinchados y el cabello azul desordenado por la prisa. El hombre, de mirada cansada, lo recibió en silencio antes de abrir la carpeta y leerlo con voz firme.

El testamento era claro: recibiría el dinero de la venta, además de unos ahorros que su madre había guardado durante años… pero solo si se casaba. El matrimonio debía durar un mínimo de tres años, y Taehyung tendría que vivir con su esposo durante ese tiempo.

El notario cerró la carpeta con un golpe seco.

—El conteo comienza desde el día en que firme el acta de matrimonio. Al terminar los tres años recibirá lo que le corresponde, y una carta que su madre dejó para usted.

Tae lo escuchó con el corazón retumbando en los oídos. Apretó los labios y bajó la mirada hacia el papel que temblaba en sus manos. Por más que lo releía, no lograba asimilarlo; las letras parecían burlarse de él, como si fueran cadenas que lo atrapaban.

Durante dos meses se negó a aceptar la voluntad de su madre. Pasaba las noches dando vueltas en la cama, con los ojos rojos y las manos apretadas contra las sábanas, resistiéndose a la idea de casarse con un desconocido. Pero el hambre, las cuentas y la desesperación fueron hundiéndolo más y más.

Al final, frustrado y con el orgullo roto, decidió buscar a un abogado. Tal vez alguien pudiera ayudarlo a romper esas condiciones. Tal vez… aún había una salida.

—No puedo hacer nada, el testamento es totalmente legal —dijo el abogado, apoyando la hoja sobre el escritorio.

—¿Por qué tres años? En dos ya seré mayor de edad, no entiendo… —preguntó Tae confundido y con un deje de enojo en la voz.

—Tal vez tu madre temía por tus finanzas. Aunque sí… es muy extraño lo que hizo. Aun así, no puedo desacreditar el testamento —respondió Seojoon, intentando apartar la vista del Omega, aunque cada vez que levantaba los ojos terminaba encontrándose con aquel rostro que lo cautivó desde el momento en que había entrado a su oficina.

—¿Qué hago? —la pregunta salió casi como una súplica, con la voz quebrada.

—Lo único que puedo recomendarte es que te cases con alguien solo para poder recibir ese dinero. Que sea legal, claro. Yo mismo podría redactar un contrato matrimonial para asegurar que, cuando se cumplan los tres años, tu esposo no reciba nada. Con los puntos aclarados no deberías tener problemas —explicó, inclinándose un poco hacia adelante. Su mirada, sin quererlo, se detuvo unos segundos en los labios del muchacho. Tosió para disimular—. Tal vez algún amigo podría ayudarte.

—No tengo a nadie de confianza… —suspiró el Omega, frustrado. De pronto, una idea cruzó fugaz por su mente.

"A problemas extremos, ¡soluciones extremas!" pensó, apretando los puños sobre su regazo. Alzó la vista con decisión—. ¿Usted está casado? —preguntó sin rodeos, notando perfectamente que el Alfa no había dejado de observarlo desde que se conocieron.

—¿Qué? —Seojoon abrió los ojos sorprendido, casi aturdido por la osadía de la pregunta—. Soy viudo —respondió, titubeando.

—Podría ayudarme y casarse conmigo. Prometo no molestar… yo trabajo y me haré cargo de mis deudas —dijo el peliazul, juntando sus manos en forma de ruego, sus ojos brillando de la desesperación.

—No, no… —el abogado se movió inquieto en su asiento, confundido por la propuesta que lo había tomado completamente en frío.

Tae apoyó su rostro entre sus manos y rompió en llanto.

—¿Es porque no le parezco lindo? —preguntó entre sollozos, con la voz ahogada.

—¡Ay, no! No es eso… —Seojoon se sobresaltó, nervioso, y sin poder controlarse liberó sus feromonas en un intento de calmarlo.

—Está bien… gracias de todos modos —susurró el Omega, secándose las lágrimas con la manga. Se puso de pie, cabizbajo, y comenzó a caminar hacia la salida.

El Alfa reaccionó enseguida. Se levantó con rapidez y lo alcanzó antes de que llegara a la puerta. Se colocó frente a él, impidiéndole avanzar, y con un gesto suave apoyó su dedo índice en el mentón del joven para levantarle la mirada.

—Eres hermoso… —murmuró con un deje de sinceridad que no pudo ocultar—. Pero podrías ser mi hijo. Si tan solo tuviera veinte años menos, juro que me casaría contigo sin dudarlo. Pero… tengo una reputación que mantener —explicó con voz baja, con dulzura. Sus ojos se demoraron más de lo necesario en aquel rostro, y en esos labios que parecían tentarlo sin querer—. Aun así, voy a ayudarte.

—¿De-de verdad? —preguntó Tae, con una lágrima rodando por su mejilla.

—Sí… —susurró Seojoon, acariciando suavemente el mentón del Omega con el pulgar, sin apartar la vista de él. Se obligó a sacudir la cabeza, intentando despejar los pensamientos que lo asaltaban. Pero aun así, no se alejó. Se estaba sintiendo demasiado cómodo en aquella cercanía—. A cambio, tú me ayudarás a mí.

—¿Cómo? —preguntó Tae, frunciendo el ceño.

—Te casarás con mi hijo. Es unos años mayor que tú… hace tiempo quiero que deje esa vida fácil —confesó.

El Omega ladeó un poco la cabeza, intentando procesar lo que escuchaba.

—Se recibió de abogado, pero vive de mi dinero. Prefiere pasar de fiesta en fiesta… Es hora de que aprenda una lección —explicó Seojoon, con un brillo extraño en los ojos al imaginar lo que podría suceder. Quizá su hijo caería rendido ante aquel hermoso Omega, tal como él mismo estaba luchando por no hacerlo.

—Él va a odiarme… —susurró Tae, bajando la mirada con tristeza.

—Yo voy a cuidarte. Y cuando el contrato termine, también te daré una remuneración económica.

El joven lo pensó unos segundos, mordiendo su labio con indecisión. No tenía muchas opciones, y un matrimonio arreglado parecía lo más sensato. "Tres años pasan rápido", pensó, intentando convencerse. Finalmente levantó el rostro con una pequeña sonrisa.

—Acepto. Pero solo quiero lo que me corresponde, lo que me dejó mi madre. No aceptaré más dinero.

—Está bien. Voy a arreglar todo, y en cuanto esté listo te llamaré. Dame tu número telefónico.

Tae asintió y se lo dictó con calma, mientras el Alfa lo apuntaba en su libreta, fijándose en cada detalle del rostro del muchacho al hablar.

—Gracias, señor Jeon —dijo el peliazul con una sonrisa aliviada.

—A ti… —respondió Seojoon, y finalmente se obligó a dar un paso atrás, aunque sus ojos tardaron un segundo más de lo debido en apartarse de él.

Esa misma tarde, el abogado se dirigió a la casa de su hijo. El joven alfa se encontraba en su gran mansión, hundido en el mullido sofá de pana, con las piernas abiertas y el móvil pegado al oído, mientras organizaba una de sus acostumbradas fiestas para el fin de semana. Su tono era relajado, casi arrogante, y la sonrisa ladina en su rostro dejaba claro que nada ni nadie solía perturbarlo.

—Llegó visita, luego te llamo. —murmuró al teléfono sin mucho interés, apenas lanzando una mirada fugaz por encima del hombro hacia su padre. Ni se molestó en levantarse.

El mayor se sentó en el sofá contiguo, cruzando una pierna sobre la otra con calma. Su porte contrastaba con la despreocupación de su hijo; SeoJoon siempre olía a control y disciplina, mientras que Jungkook desprendía menta y roble mezclados con un aire insolente.

—¿A qué debo el honor de tu visita, padre? —soltó Jungkook con ironía, esbozando una media sonrisa cargada de sarcasmo, sin apartar del todo la vista de su móvil.

—En unos días vas a casarte. —soltó SeoJoon sin rodeos, como quien dicta una sentencia.

El joven alfa arqueó una ceja y rió por la nariz, esa risa seca que usaba cuando algo le parecía absurdo. Se recostó aún más en el respaldo, cruzando los tobillos.

—Qué buena broma. —respondió, ladeando la cabeza con gesto burlón.

—No es una broma. Vas a casarte o perderás toda tu herencia, incluyendo esta casa que, por cierto, sigue estando a mi nombre. —la voz del mayor fue tranquila pero cortante.

El cambio en el rostro de Jungkook fue casi imperceptible al principio: su ceño se frunció apenas, la sonrisa burlona titubeó.

—Es más —continuó su padre— ya comencé a cortarte todos tus ingresos, empezando por las tarjetas de crédito y la cuenta bancaria.

Jungkook parpadeó lento, como si tratara de procesar la información. —¿Acaso te levantaste con ganas de joder a alguien y yo salí sorteado? —preguntó, intentando mantener su tono calmo, aunque el ligero tic en su mandíbula lo traicionaba.

—No, Jungkook. Te casas o te quedas en la calle. —advirtió SeoJoon, sin levantar la voz.

El azabache tragó grueso, aún incrédulo. Tomó su móvil, revisó su cuenta bancaria… los ceros en la pantalla lo golpearon como un puñetazo invisible. Su respiración se volvió más pesada.

—¿Pero qué mierda te pasa? ¿Por qué me haces esto? —se levantó furioso, tirando el móvil al sofá con un golpe seco.

—Me cansé de que seas un mantenido malcriado. Es hora de crecer, Jungkook. Vas a casarte y hacerte cargo de tu esposo. Solo te dejaré esta casa para que vivas con él. Y lo más importante: deberás comenzar a trabajar. —el mayor se puso de pie con calma, abotonándose el saco. —Tienes un lugar en mi bufete de abogados.

Jungkook bufó, incrédulo, solto una risa cortante, que más bien parecía un gruñido atorado en su pecho.

—No lo haré. No puedes obligarme.

—Como tú quieras, hijo. Entonces empaca tus cosas y vete de aquí. ¡Ah! Y la camioneta tampoco puedes llevártela. —la frase sonó como un tiro al corazón a su estilo de vida.

—¿¡Por qué me haces todo esto!? —rugió Jungkook, los puños cerrados.

—Porque no todo en la vida es fiestas y sexo. Es hora de que crezcas. No sé cuándo te volviste un malcriado. —SeoJoon lo miró con frialdad.

—Tampoco en esta vida todo es trabajar —respondió Jungkook con los ojos enrojecidos por la rabia —. Y quizás me volví así gracias a ti, que jamás estuviste para mí. Desde que mamá murió, solo te dedicaste a tu carrera.

—Entonces es mi culpa, perfecto. Es hora de enmendar mis errores. Tu vida de libertinaje termina aquí. Te casas o te vas de esta mansión. —se giró con elegancia, comenzando a caminar hacia la salida. —Tienes dos días para darme tu respuesta.

Jungkook apretó los dientes hasta que le dolió la mandíbula.

—¡Vete a la mierda! —gritó con rabia, su voz retumbando en las paredes.

Durante el resto del día, su rabia se volvió física: golpeó el respaldo del sofá, lanzó objetos, caminó en círculos por el salón como una fiera enjaulada. La idea del matrimonio lo revolvía por dentro, pero la sola imagen de perder su vida de lujos lo hacía chocar contra la pared de su realidad. Y en medio de su furia, una sombra de intriga se encendía: ¿quién demonios sería la persona con la que su padre quería amarrarlo?

Al otro día, Jungkook se levantó con la cabeza algo más fría y decidió hablar con su padre. Quería escuchar de su propia boca los detalles de aquel matrimonio arreglado que tanto lo fastidiaba.

SeoJoon lo recibió con la calma que lo caracterizaba. Ambos se acomodaron en la oficina del alfa; el mayor abrió un cajón de su escritorio de madera oscura y sacó una carpeta que dejó sobre la mesa con cuidado.

—Vas a casarte con un Omega. Será por contrato. El matrimonio debe durar, como mínimo, tres años —explicó sin rodeos—. Solo deben vivir juntos y llevarse bien. No es necesario que consuman el matrimonio.

Jungkook arqueó una ceja, inclinándose hacia adelante con el ceño fruncido.

—¿Entonces por qué me obligas a casarme? —preguntó, apretando la mandíbula.

—Por tu bien —contestó el mayor con serenidad, como si esa frase lo explicara todo—. También debes hacerte cargo de los gastos de la casa. Y no, él no trabajará, está estudiando.

El joven alfa dejó escapar una risa seca, apoyando un codo sobre el escritorio y ladeando la cabeza con burla.

—¿Acaso estás protegiendo a ese Omega? ¿Es tu amante, o qué?

SeoJoon soltó una carcajada breve, cargada de ironía.

—No todo en esta vida es sexo, Jungkook. Te lo dije ayer.

—De acuerdo, acepto que me obligues a casarme —dijo con sarcasmo, levantando las manos como si se rindiera—. Aun así, no esperes que le sea fiel. Seguiré con mi vida.

—Jamás esperé más de ti. —el mayor negó con la cabeza, decepcionado.— Otro punto del contrato: el Omega podrá pedir el divorcio una vez cumplidos los tres años de matrimonio, incluso si la otra parte...

El azabache lo interrumpió con fastidio.

—No me interesa, ve al grano.

—Como quieras —respondió el mayor con frialdad—, entonces el lunes van a casarse.

Jungkook rió por lo bajo, sin gracia.

—Okey, parece que te urge este matrimonio.

—Sí, definitivamente me urge que mi hijo deje de ser tan idiota.

—Gracias por el cumplido, padre. —replicó con una sonrisa, levantándose del asiento. —Envíame por mensaje la dirección del registro y la hora en la que debo estar. —Se retiró sin más, con pasos tranquilos que ocultaban la rabia que hervía bajo su piel.

Al otro día, el señor Jeon llamó al Omega para darle la noticia.

—Te tengo buenas noticias. ¿Podemos reunirnos para hablar?

—Sí, sí. —respondió Taehyung con entusiasmo, su voz cálida lo delató de inmediato.

—¿Paso por ti?

—No es necesario, deme la dirección y yo iré.

—De acuerdo. —le respondió el alfa, dictándole los datos.

Tae no lo dudó demasiado: tomó su bicicleta y comenzó el trayecto. Para su mala suerte, a mitad de camino empezó a llover con fuerza, pero no se detuvo. Sus manos se aferraban al manubrio, mientras el agua empapaba su cabello azul y le pegaba la ropa al cuerpo. Cuando entró en un barrio lujoso, no pudo evitar reírse entre dientes, hablando solo.

—Debí estudiar abogacía y no arte. — murmuró con una sonrisa, a pesar de estar mojado hasta los huesos.

Pocos minutos después, se encontró frente a una imponente mansión. Se sintió pequeño, casi invisible, ante aquella fachada intimidante. Respiró hondo antes de tocar el timbre.

SeoJoon abrió la puerta, y lo primero que vio fue al muchacho completamente empapado, temblando bajo la lluvia. Su corazón comenzó a latir más fuerte.

—Debí ir por ti. —murmuró con un dejo de culpa, y alzó la voz. —¡Susi! —Una mujer apareció enseguida. —Ve por unas toallas.

—Solo es agua. —dijo Tae, con una sonrisa tímida que iluminó su rostro, y que por un instante hizo tambalear al alfa mayor.

Susi regresó con varias toallas, pero antes de que el Omega las tomara, SeoJoon se adelantó. Se acercó demasiado y comenzó a secarle el cabello con cuidado, como si tuviera entre sus manos un objeto delicado.

Tae bajó un poco el rostro, riendo con timidez. —Parezco un cachorro.

SeoJoon descubrió por completo su rostro y, sin poder contenerse, murmuró con voz baja y soltando sus feromonas:

—Eres un lindo cachorrito. —Por un segundo perdió el control, y tuvo que apartar la mirada, carraspeando. —Será mejor que te preste algo de ropa para que no te enfermes.

—Estoy bien, lo prometo. —insistió, aunque su voz era suave. El alfa, sin embargo, tomó su muñeca con firmeza y lo guió a través de las escaleras hasta una habitación.

—Ese es mi guardarropa. Usa lo que necesites. —dijo con una sonrisa, cerrando la puerta tras de sí.

Taehyung suspiró resignado. No le había dado tiempo a negarse. Sin más remedio, eligió unas prendas; todo le quedaba enorme, parecía un niño jugando con la ropa de un adulto. Al mirarse al espejo, no pudo evitar reírse por lo bajo.

Finalmente, bajó a la sala con una gran chamarra gris y un pantalón deportivo azul. Llevaba la ropa mojada en las manos, que apretaba con fuerza para no gotear en el suelo.

—Susi, toma la ropa del joven. Quiero que la laves y la seques. —ordenó SeoJoon.

—Sí, señor. —respondió la mujer, tomando las prendas del Omega.

—De verdad, nada de esto es necesario. —dijo Taehyung con una sonrisa tímida, moviendo los hombros como si le incomodara tanta atención.

—No te preocupes, para mí no es una molestia. Ven, toma asiento. —SeoJoon palmeó el sofá, guiándolo con la mirada. Luego volvió a alzar la voz hacia la cocina. —Cuando termines con eso, tráenos té.

—Sí, señor. —contestó Susi con un tono cantado.

El Omega obedeció, caminando despacio hasta el sofá, sin sospechar que cada movimiento suyo; desde la forma en que sostenía la chamarra demasiado grande, hasta la sonrisa suave que le regalaba con inocencia, despertaba algo en el alfa mayor que no quería admitir ni siquiera en silencio.

—Te llamé porque mi hijo aceptó casarse contigo —informó el abogado, sintiendo un sabor amargo al pronunciar aquellas palabras.

—¿Cómo tomó la noticia?

—No voy a mentirte… al principio se enojó, pero al final lo aceptó —explicó. El Omega soltó un suspiro resignado—. No quiero que sigas trabajando en la tienda.

Tae lo miró sorprendido, frunciendo ligeramente el ceño.

—¿Cómo sabe que trabajo en una tienda?

—Emm… te investigué un poco —sonrió, rascándose la nuca con cierta vergüenza—. Quiero que termines tus estudios. Creo que tu madre lo tuvo en cuenta, ya que aún te faltan tres años para terminar tu carrera.

—Tengo que seguir trabajando, debo pagar mi matrícula…

El alfa lo interrumpió con firmeza.

—Yo me haré cargo de tus estudios.

Tae se levantó de golpe, sacudiendo la cabeza.

—No, creo que esto no va a funcionar.

El abogado reaccionó rápido y lo sujetó suavemente de la muñeca.

—Lo siento, no quise ofenderte —murmuró, levantándose también. Su otra mano subió despacio hasta la mejilla del Omega, acariciándola con cuidado—. Veo en ti una fuerza única, Tae… solo quiero ayudarte.

De pronto, un leve aroma de chocolate amargo con un toque a dulce de leche lo envolvió, haciendo que sus labios se curvaran con un instinto peligroso.

—Hueles delicioso —susurró, inclinándose hacia el cuello del Omega. Rozó la piel con la punta de su nariz, aspirando aquel perfume que lo enloquecía—. ¿Me perdonas? —añadió en voz baja, mientras su mano descendía hasta posarse con ternura en la espalda ajena.

—S-sí… lo perdono —respondió con su voz un tanto temblorosa.

El alfa se detuvo de golpe. Todo aquello estaba mal, lo reconocía. Le gustaba ese muchacho, pero era su futuro yerno… y todavía ni siquiera cumplía la mayoría de edad.

—No te vayas aún —pidió, apartando el rostro para mirarlo directamente a los ojos—. Espera a que tu ropa se seque, por favor.

—Está bien —asintió Tae, aunque intentó sentarse en otro sofá, más apartado. Sin embargo, Seojoon lo detuvo con un gesto.

—Me gusta tu aroma… solo déjame tenerte cerca.

El Omega lo pensó en silencio, observando cómo los ojos del alfa lo buscaban con un brillo extraño. Al final, aceptó quedarse a su lado.

El abogado le contó entonces que todo estaba listo para el lunes a la mañana y le mostró el contrato matrimonial. Tae se inclinó hacia adelante para leer el documento, dejando su cuello peligrosamente cerca del rostro del mayor. Seojoon tragó con dificultad, apartando apenas la vista para poder continuar hablando.

En ese momento, la mujer entró con una bandeja que traía dos tazas de té y algunas galletas dulces.

Ambos bebieron lentamente mientras seguían conversando y ajustando los detalles de la boda. Aunque sería algo sencillo y formal. Luego Seojoon le prometió que iría a verlo con frecuencia, asegurándose de que todo estuviera bien. También le habló sobre el carácter de su hijo y la vida desordenada que llevaba.

—No importa, sé que todo esto es solo para liberar la herencia que me dejó mi madre. Estaré bien —respondió Tae con una sonrisa inocente que desarmó al mayor.

—Ya está lista la ropa del joven —interrumpió la mujer desde la puerta.

—¡Oh! Gracias —Tae se puso de pie enseguida—. Ya no llueve, será mejor que regrese.

—Quisiera llevarte…

—Ya hizo demasiado por mí —lo interrumpió con suavidad, tomando la ropa seca—. No se preocupe, señor Jeon, estaré bien. Voy a cambiarme —anunció antes de subir las escaleras.

Al bajar, llevaba la ropa del abogado entre las manos.

—¿Dónde la dejo?

La mujer se adelantó para tomarla, pero Seojoon se apresuró a hablar.

—No la laves, Susi. Está limpia, solo guárdala —ordenó, recibiendo un asentimiento.

Tae se acercó al alfa, inclinando la cabeza en señal de respeto.

—Gracias de nuevo, señor Jeon.

—Ya no me llames así, por favor. Mejor dime Seo.

—Entonces… gracias, Seo —dijo con una sonrisa cálida.

El abogado no resistió y se inclinó para darle un beso en la mejilla.

—A ti.

Taehyung lo miró sin entender del todo aquellas palabras, pero decidió no preguntar. Salió de la casa y regreso a su apartamento, dispuesto a comenzar a empacar las pocas cosas que poseía.

Seojoon se dejó caer en el sofá, llevándose una mano al rostro. Una duda amarga lo carcomía: quizá se había equivocado. Quizá debió aceptar la propuesta de Taehyung y casarse él mismo con ese Omega. Pero ya era tarde… las fichas estaban sobre el tablero...


🌸Nikki