I.T.E World: Neo-Tokyo Vigilants

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Summary

⚡🕷️ Thunder–Spider: Neo–Tokyo Vigilants Una historia del Thunderverse Sinopsis: En las calles lluviosas de Neo–Tokyo, donde los rascacielos tapan el cielo y las luces de neón ocultan la oscuridad, los héroes no llevan capas… sino cicatrices. Ryūji Ishida, un estudiante común del Instituto Keisatsu, vive una doble vida. De día, apenas logra mantenerse despierto en clase; de noche, se convierte en Thunder–Spider, el misterioso vigilante que patrulla los callejones eléctricos de la ciudad. Tras ser mordido por una araña bio–eléctrica durante un accidente en una filial de CYGNUS Labs, su cuerpo se fusionó con la energía del rayo, otorgándole poderes que desafían la lógica de los quirks conocidos. Pero Ryūji no es el único con un secreto. Su compañero de clase, el reservado Hiro Tanaka, es en realidad Shogūn Fire, un héroe urbano que combate el crimen armado con una armadura de fuego y tradición samurái. Cuando una nueva organización criminal —Raijin Syndicate— empieza a robar tecnología de CYGNUS para crear soldados eléctricos, ambos deberán unir fuerzas para proteger una ciudad que los considera mitos urbanos. Entre cables, lluvia y relámpagos, Ryūji aprenderá que no se necesita un título de héroe para marcar la diferencia… solo el coraje de encender la tormenta.

Status
Ongoing
Chapters
14
Rating
n/a
Age Rating
13+

La Mordida Eléctrica

Capítulo 1: La Mordida Eléctrica

La lluvia caía como un velo de mercurio sobre Neo-Tokyo, transformando las calles en ríos de neón reflectante. Ryūji Ishida corría con el cuello de su chaqueta escolar empapado, esquivando charcos que chispeaban bajo las luces de los anuncios holográficos. "¡Maldita sea, otra vez tarde!", murmuró para sí mismo, acelerando el paso hacia el Instituto Keisatsu. El timbre ya había sonado en su mente, un eco fantasma de la campana que marcaba el inicio de otra jornada de fingir normalidad.

Pero la normalidad era un lujo que Ryūji había perdido hacía tres meses, en esa fatídica noche en CYGNUS Labs. Recordaba cada detalle como un flash de memoria quemada: el laboratorio subterráneo, el zumbido de los generadores cuánticos, y luego... el caos. Una alarma estridente, vidrios rotos, y una araña —no una cualquiera, sino una abominación bio-eléctrica, un experimento fallido de los científicos de CYGNUS— que se escabulló de su contenedor y se lanzó sobre su brazo. La mordida no dolió al principio; fue como un beso de corriente estática. Pero después... después vino el fuego en sus venas, el relámpago que reescribió su ADN.

Ahora, sus venas brillaban tenuemente bajo la piel cuando la adrenalina subía, como circuitos vivos. Podía trepar paredes con garras que generaban impulsos eléctricos, lanzar telarañas cargadas de voltaje que paralizaban a los matones, y moverse a velocidades que hacían que el mundo se ralentizara en un parpadeo azul. Thunder-Spider había nacido en la oscuridad de un callejón, probando sus poderes contra un grupo de yakuza que traficaban con implantes ilegales. Desde entonces, era su sombra nocturna, el rumor que aterrorizaba a los criminales.

El instituto apareció ante él, un monolito de acero y vidrio que se erguía como un centinela indiferente. Ryūji se coló por una entrada lateral, jadeando, y se deslizó en su asiento justo cuando el profesor de Historia de los Quirk comenzaba su monólogo sobre la "Era de la Mutación Post-Segunda Guerra". Al lado suyo, Hiro Tanaka ya estaba allí, con la cabeza gacha sobre su cuaderno, garabateando algo que parecía un diagrama de armadura antigua. Hiro era el tipo de chico que pasaba desapercibido: alto, delgado, con ojos que parecían absorber la luz en lugar de reflejarla. Nunca hablaba mucho, pero Ryūji lo había visto una vez, en un entrenamiento de kendo del club, moverse con una precisión que rozaba lo inhumano.

—Oye, Tanaka —susurró Ryūji, sacudiendo el agua de su cabello—. ¿Viste las noticias anoche? Ese incendio en el distrito de Shibuya... raro, ¿no? Parecía... intencional.

Hiro levantó la vista por un segundo, sus ojos oscuros como pozos de obsidiana. —Rumores —dijo con voz baja, casi un gruñido—. Solo rumores de mitos urbanos. Como ese vigilante araña que dicen que salta entre los cables del metro.

Ryūji sintió un cosquilleo en la nuca, un pulso eléctrico que subió por su espina dorsal. ¿Sabría algo? No, imposible. Nadie conocía su secreto. Ni siquiera su madre, que trabajaba turnos dobles en una fábrica de drones para pagar sus "estudios". Se rió nervioso, fingiendo desinterés. —Sí, claro. Mitos. Como si Neo-Tokyo necesitara más cuentos para dormir.

La clase continuó, un borrón de fechas y teorías sobre cómo los quirk —esas anomalías genéticas que definían a la sociedad— habían cambiado el mundo. Pero Ryūji no escuchaba. Su mente vagaba hacia la noche anterior: un tip anónimo sobre un robo en un almacén de CYGNUS, en las afueras. Había llegado tarde, solo para encontrar el lugar en llamas, con contenedores de prototipos bio-eléctricos robados. Y en las sombras, un símbolo chamuscado en la pared: un rayo estilizado, rodeado de nubes de tormenta. Raijin Syndicate. El nombre le erizaba la piel. ¿Quiénes eran? ¿Por qué CYGNUS? Y peor aún, ¿por qué sentía que lo estaban cazando a él?

El timbre final lo sacó de su trance. Mientras recogía sus cosas, Hiro se levantó con una gracia felina, ajustándose la correa de su mochila. —Ishida —dijo de repente, deteniéndose en la puerta—. Si ves algo... extraño en la ciudad, no lo ignores. Los mitos a veces sangran.

Ryūji parpadeó, confundido. —¿Qué?

Pero Hiro ya se había ido, fundiéndose con la multitud de estudiantes como humo en la niebla.

Esa noche, bajo un cielo que rugía con truenos lejanos, Thunder-Spider se columpiaba entre los rascacielos, sus telarañas crepitando con chispas azules. La ciudad era un laberinto de cables expuestos y anuncios parpadeantes, un playground para alguien como él. Siguiendo un rastro de energía residual —un pulso que solo él podía sentir, como un latido en el éter—, aterrizó en el techo de un edificio abandonado en el bajo mundo de Akihabara.

Allí, en el interior, oyó voces. Voces con acento gutural, hablando de "el próximo cargamento" y "el sujeto alfa". Se asomó por una ventana rota, su corazón latiendo al ritmo de un generador cercano. Un grupo de hombres con tatuajes de rayos —Raijin, sin duda— custodiaban cajones marcados con el logo de CYGNUS. Dentro de uno, vio un brillo: viales de suero bio-eléctrico, el mismo que lo había cambiado a él. Estaban fabricando algo. Soldados. Monstruos como él, pero sin alma.

Antes de que pudiera actuar, una sombra se movió en el callejón de abajo. Una figura envuelta en llamas controladas, armadura roja y negra que parecía forjada en el infierno de un dojo ancestral. La katana en su mano ardía sin consumir el metal, y con un movimiento fluido, el intruso —no, el héroe— saltó al tejado opuesto, lanzando una ráfaga de fuego que iluminó la noche.

Shogun Fire. Ryūji lo reconoció al instante de los rumores. El samurái de las sombras, el que quemaba corrupción sin dejar cenizas. Sus caminos nunca se habían cruzado... hasta ahora.

Un grito desde el almacén rompió el momento: "¡Intrusos! ¡El Sindicato no perdona!"

Los hombres de Raijin se armaron, sus armas zumbando con energía robada. Ryūji sintió el pulso en sus venas intensificarse. Era hora de encender la tormenta.

Con un salto cargado de relámpagos, Thunder-Spider se lanzó al vacío, telarañas extendiéndose como venas de trueno. Abajo, Shogun Fire giró su espada, el fuego danzando en desafío. Dos mitos, a punto de colisionar en la lluvia.

ÂżUnidos por el destino... o destinados a electrocutarse mutuamente?