Chapter Uno | Alas De Duelo || Fanfic! by Evan W ★ at Inkitt
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Alas de Duelo || FANFIC!

Summary

Riorson, Garnokh y Penthros eran conocidas como las tres familias pilares de la rebelión: los principales traidores contra Navarre. Cuando Riorson cayó, arrastró consigo al resto de las casas, incluidas las dos que aún permanecían en pie. La historia los cubrió con desprecio, retratándolos como un intento fallido de llevar a Navarre a la ruina, como conspiradores aliados del reino de Poromiel. Traidores cuyos nombres, según algunos, deberían ser borrados de los registros. Pero... ¿creían que todo había terminado ahí? Sus descendientes -hijos, sobrinos, nietos- fueron marcados en la piel, un recordatorio perpetuo de su linaje y de lo que jamás debían repetir: rebelarse contra las autoridades supremas de Navarre. Una reliquia impuesta, diseñada para que sintieran vergüenza de sus raíces, de aquellos ancestros que todos detestaban. Y ellos, su sangre, sus herederos, debían cargar con la humillación de portar aquel apellido. Pero para Elaren y Kamara, nunca fue así. Elaren Garnokh, nieto del infame Jandor Garnokh. Kamara Penthros, nieta del traidor Rhaemir Penthros. Ambas familias, Penthros y Garnokh, habían sido unidas por una profunda amistad forjada entre Jandor y Rhaemir. Elaren y Kamara no vivían con vergüenza ni con humillación. Amaban pronunciar sus apellidos, que todos supieran quiénes eran y de dónde venían. Para ellos, la reliquia nunca fue símbolo de deshonra, sino de fortaleza. Sabían que podían ser tan poderosos como sus abuelos... o incluso más. Tal vez, estaban destinados a continuar lo que sus familias no lograron terminar. ────────────────── Inicio: 27/10/2025 Publicada: 04/04/2026 Terminada: Finalizada:

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

Uno

El Parapeto no es solo un puente de piedra suspendido sobre el mismísimo abismo. Cruzarlo durante el Reclutamiento no te convierte, por sí solo, en alguien especial ni en un cadete capaz. Incluso si sobrevives al Parapeto, es muy probable que mueras en cualquiera de las pruebas enfermas del Cuadrante de Jinetes.

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—Correspondencia extraída del libro del traidor Jandor Garnokh.

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ELAREN.

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De niño, solía imaginarme rodeado de pergaminos, con olor a tinta y libros envejeciendo junto a mí. Comprender la historia y redactar el presente, como si fuera un registro sin fin donde hasta lo más mínimo debía ser escrito.

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Qué irónico que solo haya quedado como un sueño, el más oculto dentro de mí.

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Removí mis cosas. Mi habitación estaba llena de cajas por todas partes, donde todo lo mío permanecía guardado.

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Mi mochila estaba abierta, con mis pertenencias dentro, aunque faltaba una: la más importante para mí. Mi amuleto de la suerte... o algo así.

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Saqué todo lo que había en las cajas, intentando no entrar en pánico mientras buscaba. ¿Dónde demonios podía estar?

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—Se hace tarde —dijo Sloane, desde el umbral de mi puerta.

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—¡No lo encuentro! —respondí desesperado. Todo empezaba a convertirse en un desastre—. ¡No recuerdo dónde lo dejé!

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Sloane me miró con pesar.

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—¿De verdad no lo recuerdas? ¡Por los dioses, Elaren, eres tan despistado!

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Entró en la habitación y comenzó a ayudarme con la búsqueda.

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—¿Cuándo fue la última vez que lo tuviste contigo? —preguntó.

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—Fue cuando me lo quité para ir a entrenar y... —mordí mi labio inferior—. Recuerdo que lo dejé cerca del escritorio... —giré el rostro para echar un vistazo.

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Sobre el escritorio estaba el diario de mi abuelo, el que había guardado conmigo desde los trece años.

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Me levanté del suelo y caminé hacia él. Era un cuaderno de cuero, grueso por la cantidad de hojas, todas escritas, aunque algunas estaban quemadas o rotas.

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Ese diario lo había usado mi abuelo cuando llegó a Basgiath e ingresó al Examinal. Ahí estaba escrita toda su experiencia como estudiante y cadete.

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Lo abrí, y en una de las páginas, ahí estaba: mi broche.

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—Gracias a los dioses —suspiré aliviado. Lo tomé y lo presioné contra mi pecho.

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Era muy especial para mí. No podía perderlo.

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—¿Listo? Entonces vámonos. Kamara seguro ya nos está esperando, y probablemente esté estresada —Sloane se dio la vuelta y salió.

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Guardé el broche en una abertura de mi traje, tomé mi mochila y la seguí.

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Caminamos por los pasillos del Examinal. Todos los estudiantes graduados salían de sus habitaciones. Hoy era el día del Reclutamiento: los cuatro Cuadrantes de Basgiath abrían sus puertas a los candidatos que aspiraban a unirse a ellos. Yo, por mi parte, debía unirme al Cuadrante de Jinetes. No por gusto, sino por deber.

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Reconocí varias caras: excompañeros que habían estudiado conmigo en primer y segundo año del Examinal. A varios los detestaba, y el sentimiento era mutuo.

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Y ahí estaban: el grupo de idiotas. Dos llevaban prendas menos ajustadas, probablemente se unirían al Cuadrante de Infantería. Los otros dos vestían ropa ceñida, probablemente de cuero, presumían sus dagas y hablaban en voz alta sobre lo buenos que eran con ellas. Por supuesto, candidatos para el Cuadrante de Jinetes.

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Jorvax Averion y Arnaxis Aelorai. Los insoportables.

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¿Esto es en serio? ¿Quieren ser jinetes? Maldición, no quiero soportarlos tres años más. ¡Ojalá no me toque estar junto a ellos otra vez!

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Ojalá ni siquiera logren cruzar el Parapeto.

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Vi a Kamara a lo lejos. Estaba recostada contra la pared. Se veía... decaída, cansada, tal vez dormida. ¿O era mi imaginación?

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—¡Kam! —levanté la mano en señal de saludo, con una enorme sonrisa.

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Kamara alzó el rostro, y sus ojos bicolor se fijaron en mí.

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Llegamos junto a ella, Sloane y yo.

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—Disculpa la tardanza, Kami, pero hubo alguien que no sabe dónde deja sus cosas —dijo Sloane, lanzándome una mirada como si yo fuera el único culpable.

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—Tsk, ¡No me acordaba que lo había dejado ahí! Estaba ocupado, ¿bien? Me preparaba para los exámenes de agilidad y escritura, intentando ser considerado un candidato más —bufé.

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Sloane rodó los ojos.

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—¡Kam! ¿Viste? Los idiotas de Averion y Aelorai van al reclutamiento. Es una mierda. No quiero pasar más años con esos imbéciles —me crucé de brazos.

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—No lo harás. El Parapeto se encargará de eliminarlos —dijo Kamara, sin emoción alguna en su voz—. Vámonos, se nos está haciendo tarde.

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Y como si todo conspirara a favor de Kam, la campana sonó, indicando que faltaban treinta minutos. Sí, se nos estaba haciendo tarde. Así que nos fuimos, saliendo hacia los campos verdes.

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El aire fresco de la mañana golpeó mi rostro apenas salimos al campo. El cielo estaba despejado, pero el ambiente cargado de tensión.

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Los campos que rodeaban el Examinal se extendían como un mar de posibilidades... o de condenas.

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A lo lejos, la multitud se dirigían al Cuadrante de sus sueños. El de los Jinetes parecía más intimidante que inspirador. No era un símbolo de libertad, sino de exigencia. De sacrificio.

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Kamara caminaba en silencio, con pasos firmes. Sloane, en cambio, no paraba de mirar a su alrededor, como si esperara que algo saltara de entre las personas. Yo solo intentaba mantener la calma.

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—¿Crees que nos toque juntos? —pregunté, rompiendo el silencio.

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Kamara no respondió de inmediato. Sus ojos seguían fijos en el horizonte.

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—No lo sé —dijo al fin—. El Parapeto decide.

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Sloane soltó una risa seca.

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—El Parapeto y sus caprichos. Es una maldita carnicería disfrazada de tradición.

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—Es ambas cosas —respondió Kamara, sin emoción—. Y aún así, todos vienen hasta aquí.

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La multitud nos rodeó apenas dimos unos pasos más. Ahora estábamos entre ellos. Todos eran familiares de los candidatos que se unirían a los distintos Cuadrantes, y se despedían de ellos: algunos alegres porque sus hijos serían curanderos, escribas o infantes; otros llorando. La gran mayoría lloraba por los candidatos del Cuadrante de Jinetes.

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Qué divertido. Ojalá tuviera algún familiar que se preocupara por mí ante mi "decisión".

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—¡Chicos! —Oh, bueno, creo que hablé antes.

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A lo lejos se acercaba Velysaar. Había dejado atrás a su madre y a su hermana menor solo para saludarnos.

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Vely llevaba el cabello atado y vestía prendas simples y holgadas, de colores sutiles. Probablemente se uniría al Cuadrante de Curanderos.

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—¡Vely! Me alegra mucho verte. ¿Preparada para convertirte en curandera? —La abracé con fuerza, como si fuera la última vez que nos veríamos.

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Velysaar Zarnakor. fue una de las primeras amigas fieles y sinceras que Kamara y yo tuvimos al iniciar el Examinal. A Vely no le importaba que fuéramos marcados, le daba igual. Era la única que se juntaba con nosotros. Y también...

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—¿Y a mí no me vas a saludar?

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Mi sonrisa se hizo más grande.

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Me solté de los brazos de Vely para ver a la chica que esperaba por mí: Crysaleth Cephalyon.

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—¡Ven aquí! —Me lancé sobre ella en un abrazo que no quería soltar.

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Cry. Una de mis mejores amigas, junto con Vely y Kam. También la conocí en el Examinal, y tampoco le importó que fuera un marcado más.

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Llevaba el cabello rubio suelto y prendas beige, lo más cómodo que pudo conseguir. Se uniría al Cuadrante de Escribas.

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Qué envidia.

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—¡Ay! ¡Vely! ¡No tan fuerte! —se quejaba Kamara al otro lado, mientras era abrazada por Vely. Al parecer, la estaba apretando demasiado.

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—¡Te extrañaré mucho, Kami! ¡Por favor, no te vayas! ¡No se vayan ninguno de ustedes! —Vely montó un pequeño drama, sin querer despegarse de Kam, pero al final lo hizo.

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La campana sonó otra vez. Nos quedaba menos tiempo.

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Ambas amigas se despidieron de nosotros y de Sloane. Ya debíamos irnos a nuestros respectivos Cuadrantes para ser aceptados.

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Aceleré el paso, esquivando a las personas que seguían de pie o caminaban igual de apuradas que nosotros.

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Nos acercamos al registro, donde había una fila de candidatos. Eran muchos este año.

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Al frente, había un jinete y un escriba, aunque no pude verlos bien.

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—Me siento nervioso —murmuré, mirando a mi alrededor—. ¿Ustedes no?

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Sloane soltó un suspiro pesado.

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—¿Tú qué crees?

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Volteé hacia Kamara, quien miraba hacia otro lado, sin prestarnos atención.

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Seguí su mirada, pero solo vi un pequeño grupo de candidatos para el Cuadrante de Jinetes. No vi nada especial.

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O tal vez no vi lo mismo que ella.

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—¿Sabe dónde queda el Examinal? —Una voz desconocida se escuchó detrás de mí. Por simple curiosidad, me giré.

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Era un chico. Le estaba preguntando a un jinete.

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El chico me resultaba familiar. Era más bajo que yo, de tez morena y cabello castaño oscuro. Tenía sombra alrededor de todo el párpado superior e inferior, como si hubiera usado solo el color negro de una paleta de maquillaje. Y en uno de sus brazos ascendía una marca que reconocería en cualquier parte.

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La reliquia de la Rebelión.

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Era uno de los nuestros.

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—¿Cuál es tu nombre? —preguntó el jinete.

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—Eshkar —hizo una pausa—. Eshkar Garnokh.

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Y el mundo se me vino abajo.

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Los ojos del jinete se volvieron sombríos, pero no dijo nada. Aún.

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—Te llevaré.

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—¡Espera! —Me congelé. Se me había escapado, y ahora tenía la atención de ambos.

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Eshkar me miró con curiosidad, como si me conociera igual que yo a él, como si intentara recordar.

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Y luego de mucho pensar, lo hizo.

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—¿Elaren?

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—Vámonos. Se te hace tarde y tengo cosas que hacer —dijo el jinete, llevándose a Eshkar con él.

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Mi primo. Me había reconocido.

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—¿Ese no era...? —Kam no pudo ni formular bien la pregunta. Estaba tan impactada como yo.

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—Sí. Eshkar. Mi primo.

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—¡¿Qué?! —soltó Sloane—. ¿Aún tienes familia con vida?

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Solté una risa seca.

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—Mucha, en realidad. Eshkar es el primero de ellos que llega aquí después de mí —desvié la mirada—. Tenía años sin verlo.

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Sloane apretó los labios.

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—¿Desde cuándo no lo ves?

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—Desde que él tenía once y yo trece.

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Sloane quedó muda, mirándome con lástima. Aunque me entendía. Ella también pasó por lo mismo con Liam.

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«Liam...»

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Toqué con suavidad la abertura de mi traje, donde guardaba el broche. Lo único que me quedaba de él.

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Eshkar y yo fuimos separados cuando asesinaron a nuestra familia. Nos enviaron a diferentes casas de acogida, igual que al resto de mis primos.

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Mis hermanos... es otra historia.

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—Siguiente —Debíamos avanzar. El último candidato que quedaba frente a nosotros ya había subido al torreón.

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Sloane pasó de primera, dio su nombre y avanzó. Yo la seguí.

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—Nombre —dijo el jinete, junto a un escriba.

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—Elaren Garnokh.

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El jinete levantó la mirada; pude notar la sorpresa en su rostro. Echó un vistazo a la marca de mi brazo, esos cruces y curvas que comenzaban desde la muñeca, como si quisiera asegurarse de que realmente soy quien cree que soy.

0


Un Garnokh. El mismísimo Garnokh.

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El nieto del traidor Jandor Garnokh.

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El escriba anotó mi nombre, y el jinete me hizo una señal con la cabeza para que siguiera mi camino.

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Sloane nos esperaba frente al torreón.

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Avancé, y vi cómo Kamara decía su nombre tal como se lo pedían. Luego caminó nuevamente hacia mí, y así los tres entramos juntos.

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Preparados para el mismísimo infierno en el que debíamos sobrevivir.

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El torreón nos tragó con su sombra. Kamara caminaba a mi lado en silencio, pero su mirada estaba afilada, como si pudiera cortar el aire.

0

Ahora debíamos subir todos los escalones en forma de caracol para así llegar a la cima, parecía que no tenía fin.

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Ví como varios candidatos avanzaban sin necesidad de detenerse, eran varios, bastantes.

0

Incluso había dos chicos caminando casi a la par de nosotros.

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—¿Estás bien? —preguntó Kamara, sin mirarme.

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Pude darme cuenta a qué venía eso. Era por Eshkar, ella sabía que eso me tenía perdido.

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—No. Pero eso no importa ahora.

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Subimos las escaleras de piedra, cada paso resonando como un eco de todo lo que habíamos dejado atrás. El interior del torreón era frío, húmedo, y olía a hierro viejo.

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—¿Crees que lo volverás a ver? —preguntó de pronto.

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—¿A Eshkar?

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Asintió.

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—No lo sé. Pero si lo hago, no pienso dejarlo ir otra vez.

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Kamara bajó la mirada. Por un momento, pareció más joven, más frágil. Como si el peso de su apellido también la estuviera aplastando.

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—¿Y si no pasamos? —susurró.

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—Entonces no merecíamos estar aquí.

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—¿Y si sí pasamos?

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—Entonces empieza la verdadera guerra.

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El silencio volvió a instalarse entre nosotros, denso como la niebla.

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—Tengo miedo —susurró Sloane a nuestro lado—. Me siento abrumada, mierda... ¿Cuántas personas mueren intentando cruzar esa cosa? —Su voz era pesada—. No quiero morir. No quiero que ustedes mueran.

0


El miedo en sus ojos era evidente, y podía ver que era el mismo reflejo de los míos.

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Todos teníamos miedo. Ninguno quería morir ahí.

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—Es inútil tener miedo. Después de todo, no lograrán ni llegar a la mitad —se burló el idiota de atrás, Averion—. Morirán.

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Aelorai soltó una risilla irritante.

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—¿Puedes callar tu sucia boca? —dijo el chico de adelante, mirando por encima del hombro hacia nosotros—. Si sigues alegando así, es más probable que tú mueras más rápido.

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No lo vi, pero pude sentir cómo Averion apretaba la mandíbula de rabia.

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—¿Eso dices? Veremos quién muere primero. Tal vez seas tú, imbécil.

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—¡Cállense todos! Probablemente mueran sin siquiera llegar a la mitad —intervino el chico que iba unos escalones más adelante. Había estado escuchando todo.

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Era el más alto de todos nosotros —o al menos de los que estábamos detrás de él—. Fuerte, con cabello castaño claro, según pude distinguir por la escasa luz. Pero en ningún momento se giró a vernos.

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El otro chico que nos había defendido chasqueó la lengua.

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Todos guardamos silencio, concentrados en lo nuestro, aunque los escalones ya comenzaban a cansarme.

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—¿Cuánto falta? —susurré.

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—No tengo idea —Kamara se notaba igual de cansada que yo.

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Tal vez nos faltó un poco más de entrenamiento.

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—Sigan, no se detengan —alentó Sloane, con la mirada al frente.

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La luz de la mañana empezaba a asomarse al final del torreón, que quedaba arriba. Aún debíamos seguir.

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Debíamos lograrlo. Unas escaleras no eran nada para nosotros.

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—Ustedes pueden —dijo el chico de adelante. Era de baja estatura, probablemente medía lo mismo que yo, ni siquiera alcanzaba la altura promedio de un hombre—. Sé que pueden —nos regaló una sonrisa radiante.

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¿Qué hace una persona tan amable como él en este lugar?

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—Me llamo Alevandros. ¿Ustedes? —preguntó.

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—Elaren.

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—Kamara.

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—Sloane.

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Contestamos casi al mismo tiempo. La sonrisa de Alevandros se hizo más grande, tal vez emocionado de conocer nuevas personas en este lugar.

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Es el primero de todos que no se fija en nuestra reliquia de la rebelión. Ni siquiera le dio importancia.

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—¿Diciendo sus nombres para recordarlos cuando uno de ustedes muera? —dijo el tipo de adelante, volteando a vernos con frialdad.

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Sus ojos eran verdes. No sé por qué sentía que lo había visto en algún lado.

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—¿Cuál es el problema? Al menos así recordamos que conocimos a personas maravillosas —respondió Alevandros, sin miedo alguno ante el tipo que le doblaba el tamaño.

0


El amargado rodó los ojos, sujetando su mochila.

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—Ridículo.

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La luz del final empezó a iluminar lo que nos quedaba del camino, y ya podía notar cómo varios candidatos salían del torreón.

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Los nervios recorrieron todo mi cuerpo al sentir las ráfagas de viento.

0


Entramos a la luz, saliendo del torreón, y pude notar cómo varios de los candidatos empezaban a cruzar el Parapeto. Cuatro jinetes nos esperaban.

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Tres chicas y un chico.

0


El amargado pasó primero, dando su nombre a los jinetes que nos registraban. Ahí pude oírlo.

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«Aaric Graycastle», así se llamaba.

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Aaric avanzó, y la siguiente fue Sloane. Mientras Kamara y yo esperábamos, pude ver mejor a la jinete que preguntaba su nombre.

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Tenía ojos claros, igual que su piel. Su cabello castaño se teñía de plateado hacia las puntas, recogido en una especie de trenza en forma de corona.

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«Hubiera hecho eso con el mío».

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Pude notar cómo la chica se interesó de forma extraña en Sloane, diciéndole algunas cosas que no pude oír. Llevaba dos estrellas en el uniforme: era de segundo año. Algunas particularidades en ella me hacían pensar que la había visto antes.

0

Maldición, ¿acaso ella es...?

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—Es una Sorrengail —susurró Kamara a mi costado. Carajo, ¿qué hace una Sorrengail aquí? No sabía que la puta general tenía otra hija, aparte de la graduada y el muerto—. Se rumorea que tuvo muchas cosas que ver con Riorson.

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—¿Riorson la detesta? No me sorprendería. Su madre asesinó al señor Riorson y a toda nuestra familia —la ira en mi voz era evidente, por lo cual Kamara tomó mi brazo, como recordatorio de que debía mantenerme al margen.

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—No, ella es la mujer de Riorson —añadió, provocando que mis ojos se abrieran como platos.

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—Siguiente —llamó la Sorrengail. Quien avanzó fue Alevandros.

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—¿Se acostó con Riorson? —susurré, sintiendo acidez en mi boca solo de pensarlo. Qué asco—. Ya sabía que Xaden tenía gustos malos con lo de Catriona, pero... ¿una Sorrengail? Debe estar loco —solté con burla, viendo cómo Alevandros daba su nombre y avanzaba.

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«Alevandros Zymora». No mueras. Eres demasiado luz para morir en el Parapeto.

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—Siguiente —llamó la jinete. Era mi turno.

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Avancé, viéndola mejor de cerca.

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Sí. Es una maldita Sorrengail.

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—Nombre —levantó la mirada, y no pudo evitar ver la reliquia que ascendía desde mi mano.

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—¿Sorrengail, no?

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Pude notar la sorpresa en su rostro, pero la ocultó rápidamente. Tal vez se sorprendía de que la reconociera. O tal vez no.

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Ella sabe sus pecados. Sabe lo que ha hecho y lo que su madre nos hizo a todos.

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Ella es la culpable de que Liam esté muerto.

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—Tu nombre —insistió, y pude sentir la mirada afilada de la jinete que estaba a su lado, la que anotaba todos los nombres.

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Me incliné, bajando la voz, como si quisiera que solo ella me escuchara.

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—No creas que por ocultarte detrás de Riorson vas a salvarte de mí. Me vengaré. Es una amenaza. Vengaré todo lo que tu madre ha hecho —susurré—. Por tu culpa, Liam ya no está aquí.

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—¡Elaren! —Kamara me jaló del brazo, alejándome.

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Apreté la mandíbula, y sentí cómo mis venas se dilataban. La jinete que estaba al lado se levantó, como si yo fuera una amenaza.

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Malditos todos.

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—¿Qué carajos haces? —dijo el jinete de tercer año, acercándose a mí, como si pudiera matarme ahí mismo sin problema alguno.

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—¡Dain, detente! —reprendió Sorrengail, levantándose y empujando al de tercer año a un lado.

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Dain. Dain Aetos. Qué linda bienvenida.

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La chica nos miró a Kamara y a mí, como si fuéramos un código que no sabía descifrar.

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Apretó sus labios y luego suspiró, tomando un semblante firme.

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—Trenza tu cabello. Será un estorbo al cruzar por culpa del viento —dijo, mirando a Kamara. Luego me miró a mí—. Mantén el equilibrio, los brazos extendidos. No mires hacia abajo. Fija la mirada en las rocas siguientes —bajó la vista a mis botas—. Esas te servirán.

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Fruncí el ceño. ¿Me estaba ayudando? Por los dioses, la acabo de amenazar de muerte y lo que hace es aconsejarnos a Kamara y a mí sobre cómo cruzar el Parapeto.

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Qué ingenua.

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Kamara me jaló del brazo y avanzamos, como si quisiera cruzar el Parapeto de una vez y no perder más tiempo. Ni siquiera le hizo caso a la Sorrengail, aunque las ráfagas de viento empezaron a golpear nuestros rostros.

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—¡Alto ahí! —nos detuvo la otra jinete, de tez oscura y cabello trenzado. Me gustaban sus trenzas.

0

Nos detuvimos, volteando a ver a aquel grupo de idiotas con fastidio.

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—Sus nombres —repitió la Sorrengail.

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Rodamos los ojos, como si estuviéramos sincronizados.

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—Kamara Penthros.

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—Elaren Garnokh.

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Y la expresión de la Sorrengail pareció como si le cayera un balde de agua fría.

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Ya sabía quiénes éramos. Nos reconoció al instante. ¿Cómo no podría hacerlo?

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Somos los descendientes de las familias pilares de la rebelión.

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Penthros y Garnokh.

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