Operaciones Clasificadas

Summary

Los Pingüinos de Madagascar versión humana señores. Recopile mis antiguos escritos de la secundaria para complementar esta historia, espero la disfruten :3 Cuatro sujetos, misiones por doquier como ordenes de comida al día, fantasmas de pasados enterrados bajo tierra, enemigos característicos. Una vida normal piensan, pero lo que no saben es que esos mismos cuatro son el mayor desastre que salva vidas y quizás el mundo. Sin siquiera querer reconocimiento... Pero, ¿valdrá la pena tanto sacrificio por aquellos corazones que, además de beber la acción como café, deseen en si algo mas que solo hacer el deber?

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1 Archienemigos

La lluvia en Manhattan mojaba los suelos de las calles de concreto, los charcos reflejaban las luces de neón de los clubes nocturnos, hoteles y faroles de la ciudad. Muy pocos autos pasan como fantasmas, perdiéndose entre las curvas y esquinas de las calles Neoyorquinas. Eran las 23:45 de la noche, un auto negro sin matrícula se detiene enfrente de un club privado que usualmente permanece cerrada. Dentro del auto la radio emite un sonido de interferencia hasta que la señal se establece, en el canal interno la voz didáctica y científica de Kowalski habla.

–Capitán, el maletín está en el interior del club, hacia el norte del edificio, justo en la sala VIP.

–¿Hay personal?

–Dos guardias en cada esquina. Rico ya se encargó de dormir los con dardos sedantes, tienes aproximadamente de 15 a 20 minutos para actuar.

–Él está ahí, ¿verdad?

–Si señor. En esa sala infernal como si fuera su trono.

–Bien –respondió decidido.

Esa figura salió del auto ajustándose el cuello de su abrigo, sus pasos fueron lentos, pero como si de una pisada rompiera un cuello. Ese edificio estaba siendo usado para contrabando, solo quienes tienen para pagar lo suficiente o por ofrecer algo valioso podían acceder a él, aunque eso ya acabó. Sin dudar cruzo la calle hasta llegar a una entrada que sencillamente se escabulló cual sombra táctica. El aroma a humo de cigarro, copas y botellas de vino y whisky sobre las mesas, la música resonando de fondo como dando señales de lo por venir, como un perfume flotando en el aire. Sus botas hacen añicos los restos de una botella rota con las ultimas gotas del licor manchando el suelo. Se dirigió hacia la parte norte, donde estaba esa puerta custodiada por guardias que ya estaban en el suelo bien dormidos por los dardos narcóticos. Cortesía de Rico. Las cámaras fueron apagadas por Kowalski qué con códigos de hackeo logro tener control de esa zona restringida. Un suave click de la manija de la puerta fue suficiente para que todo sonido sea silenciado, entonces sus ojos lo vieron... a él.

–Aaah, Skipper. Que agradable es verte –Hans. Impecable, cabello oscuro con algunos mechones ligeramente más claros, casi grises, peinado hacia atrás con esa sonrisa cínica tan característica de él. Su ropa, sus zapatos, accesorios, todo a la perfección. Sentado en un sillón con copa de vino en mano como si hubiera estado esperando aquella visita de su archienemigo. –Siempre tan tenso, viejo amigo. ¿Gustas? –descaradamente le ofreció una copa de vino.

–No tengo tu maldito tiempo. El maletín, ¿en dónde está, canalla? –mascullo frunciendo el ceño, casi apretando los puños para no querer golpearlo con una silla.

Hans con toda la calma del mundo, bebió un sorbo del vino, humedeciendo sus labios, saboreando el exquisito licor que quema su garganta. Luego fijo sus ojos hacia Skipper, dándole ese brillo, ese aire de peligro.

–Siempre tan directo con tus ridículas misiones. Tan... aburrido. Solías charlar antes con tu viejo amigo, ¿qué ocurrió?

–¿Y te atreves a preguntar? No somos amigos, lo sabes –espeto, avanzando lentamente hasta quedar delante de él, sus ojos brillan entre la leve penumbra de la habitación. –¿Dónde está ese maletín, Hans?

–Mmm, quizás está por ahí en algún lugar –lo dijo con ese desinterés, haciendo un además de fastidio con su mano, hasta que su sonrisa se asomó como una cuchilla afilada a punto de cortar carne. –Como esa pelirroja que conociste hace tiempo. ¿Cuál era su nombre?

–No juegues con fuego...

–Ah, ¿Kitka, ¿verdad? Que historia, parecían ser el uno para el otro, miradas de fuego, roces tan cálidos como el verano, casi... perfecto. Hasta que todo voló a otro rumbo.

Skipper apenas tenso la mandíbula, si bien ese romance parecía ir más lejos, hasta que todo acabó entre ellos. Hans no se detendría, seguiría hasta picarle donde más le ardería a su enemigo.

–¿Y esa morena? No recuerdo totalmente su nombre, pero vaya que tienes un don con las mujeres. Fue lenta la interacción, pero había algo ahí, ¿no es verdad?

–Hans... estás entrando en terreno minado.

–Lo sé, ¿no es divertido tocar temas personales de tu archienemigo? –sínicamente le sonrió, con esa mirada malvada de quien piensa tiene a su objetivo justo donde quiere. –Con esa morena había una cercanía entre camaradería y algo más, breve pero dulce, ooow ¿qué paso? Fue todo tan fugaz que se desvaneció ese lazo que los unía. Tch, es una lástima.

–Simplemente no paso a más... –mascullo entre dientes. Lo siguiente sería el colmo de su paciencia, lo que quería Hans.

–¿Y qué me dices de... ella? –miro su copa disimuladamente para ver el licor oscuro, al pronunciar el pronombre femenino su sonrisa se asoma suavemente en la comisura de sus labios, esos ojos malditos lo miraron de reojo, ahí fue el quiebre. –Sabes de quién estoy hablando, Skipper, no lo niegues.

El capitán al escuchar esas venenosas palabras sus ojos apenas se abrieron por segundos, sus puños eran capaces de romper el vidrio de una copa. Hans por un momento lo tenía a su merced, pero todo ese control se esfumó. Skipper en un paso llegó a su asiento tomando bruscamente del cuello de su ropa, sus rostros cerca casi como si de una mirada fuera capaz de matarlo. La copa de vino cayó al suelo rompiéndose a trozos, esparciendo el vino tinto al suelo.

–Ah, ahí está esa determinación, ese fuego que arde en ti casa vez que la menciono.

–Te lo advertí, maldito. No menciones ni su nombre, no me interesa en absoluto.

–Aaah, Skipper, apenas estoy empezando. Desde hace años.

Su sonrisa jamás desapareció, pero Skipper no está para juegos estúpidos de manipulación. Entre empujones la mesa cayó de lado de ellos, botellas, cigarros, incluso documentos o simplemente papel vacío sin tinta plasmada en él volaron por los suelos. El capitán dio el primer golpe, limpio y preciso, Hans le devolvió el gesto con tanta fuerza como en elegancia. Los golpes eran una sinfonía de brutalidad, de defensa y coordinación, una batalla sangrienta. Un golpe directo al rostro de Skipper le hizo sangrar por el labio, escupió la sangre hacia un lado, la alfombra llena de trozos de vidrio y cigarros deshechos, solo sumaba más a la lista suciedad y manchones carmesí. Un cabezazo de Skipper que le dio a Hans lo hizo tambalearse un poco, aprovechando para que el mismo capitán tomara de la nuca a su contrincante y estrelle el rostro cínico contra un buro, la nariz le sangro a Hans. Pero no se permitiría retroceder, respondió con fuerza con un rodillazo hacia el abdomen de su enemigo. Le había sacado el aire suficiente para poder darle otro golpe a un costado de su cara.

Skipper se aferró contra un mueble ahí tomo una botella y con un giro lo rompió sobre la cabeza de Hans. Lo tomo de su cuello con una mano y con la otra remato con un golpe fuerte. Lo dejo tumbado ahí entre muebles deshechos y ese sillón donde estaba sentado, inmovilizado por cuerdas, atado como un jabalí en su “trono”. Encontró el maletín oculto en uno de los muebles de madera, con paso decidido se dio la vuelta con el objeto en mano.

–Nos vemos en el infierno, Hans. O si es que logras escapar en algún momento… nos veremos en este condenado mundo otra vez.

–Créeme que tengo un lugar VIP para nosotros en ese lugar, viejo amigo.

Hans seguía jadeando por la pelea recién, si hacia el mínimo esfuerzo, o se derrumba por el dolor o Skipper lo noquea, sea cual sea saldría perdiendo. El capitán se pasó una mano por su cabello revuelto, intentando peinar lo mejor que podía (inútilmente), salió del club hecho un desastre a casi derrumbarse (por cortesía de Rico que le coloco en todos lados dinamita para hacerlo volar a pedazos). Una vez dentro del auto la calidad voz de Cabo sonó en el canal principal del comunicador.

–¿Lo tenemos, Skipper?

–Misión cumplida, muchachos. Estaré en la base en 15 minutos. Vayan pidiendo una pizza.

–¿Con queso y salami? –dijo animadamente el pequeño soldado.

–Si, Cabo. Con queso y salami y otra con tocino.


Depeche Mode - Policy of Truth