O1
—¿Qué te parece si tenemos un bebé, Jungkook?
La mayoría de los hombres habrían sufrido un infarto ante una pregunta como ésa, pero Jeon Jungkook no era como el resto. Gracias a su posición social y económica, se había acostumbrado a recibir proposiciones de todo tipo de mujeres, aunque ésa era la primera vez que se la hacían. Casi todas las féminas con las que salía estaban interesadas en los beneficios de la consumación en sí, sin consecuencias.
Pero Eliana O'Brien, abogada y hermana de su mejor amigo, era distinta. Había sido su compañera de piso durante cuatro meses y no lo adulaba constantemente, ni le importaba cuánto dinero tuviese. Lo único que le gustaba, casi a diario, era quejarse. Se imaginó que la sugerencia no era sino otra estratagema más para conseguir su atención.
Jungkook siguió mirando la sección de deportes del periódico.
—Sí, me encantaría un poco más de té. Con azúcar, por favor —murmuró él.
—No he dicho té, sino bebé.
Jungkook podía hacer varias cosas a la vez sin problemas, estaba acostumbrado. Podía leer los resultados de la liga de béisbol y seguirle la corriente.
—Ya, claro. Pero es que mi agenda está bastante llena ahora mismo —dijo mirando un momento al techo como si estuviera pensando—. Veamos… Sí, creo que podríamos hacerlo durante el almuerzo del martes, sobre la mesa de conferencias, justo después de que firme el acuerdo para el diseño de la central de Barclay. Le diré a mi secretaria que lo anote en el calendario.
Y con esas palabras, dirigió de nuevo su atención al periódico, intentando eludir las tórridas imágenes que comenzaban a llenarle la cabeza. Pero Eliana agarró el diario, lo arrugó y lanzó al otro extremo de la habitación.
—Jeon Jungkook, ¿no puedes escucharme aunque sólo sea un segundo?
Alzó la mirada y se encontró con ella de pie. Se encontró con una mujer de metro setenta y cinco de altura, llena de curvas, pelo castaño rojizo que le llegaba hasta los hombros y una mirada transparente y verde que lo apuntalaba con dureza en ese instante. Llevaba sus anchos pijamas de corazones. La parte de arriba era breve y los pantalones le caían alrededor de la cadera, dando a Jungkook un plano inmejorable de su ombligo.
Se arrepintió de haberle regalado esa prenda por su cumpleaños. No pudo evitar recordar lo ocurrido la semana anterior. Sabía que no debería haber entrado como lo hizo, sin llamar a la puerta, pero se justificó pensando que era imposible que él supiera que a Eliana le gustaba echarse loción corporal mientras se sentaba desnuda en la cama.
Había sido un error, sobre todo porque llevaba meses sin salir con una mujer. Por algún motivo, no había tenido la necesidad de ver a otras féminas desde que Eliana se trasladó a su casa. Lo achacó a que quería establecer una buena relación con su compañera de piso, porque no tenía ningún interés en ser célibe ni tampoco en que su relación con ella fuera más allá de una amistad. Al menos, eso creía. Intentaba no pensar mucho en ello. No más de dos veces al día.
Sabía que tenía que terminar con su sequía de conquistas o terminaría por hacer algo estúpido, como intentar seducirla. Lo que acabaría con su amistad, otro posible error.
Y ese posible error siguió mirándolo como si fuera un criminal, lo que no le extrañaba dado lo primitivo de sus pensamientos.
Jungkook la miró con el ceño fruncido. No le costó. Estaba más enfadado con él mismo que con ella, por no poder dejar de mirarle al gran corazón rojo dibujado entre sus pechos. Decidió que al año siguiente le compraría una batidora, que era un regalo mucho más seguro para los dos.
—Muy bien, O'Brien. Tienes mi atención. ¿Es que se me ha olvidado fregar mi jarra de cerveza?
Ella se dejó caer en el sofá frente a él, se abrazó a las piernas y apoyó la barbilla en sus rodillas.
—No has hecho nada malo. Hoy. Pero hablo en serio. Quiero tener un bebé. Contigo.
Por fin entendió el sentido de sus palabras y la conmoción le dio de lleno. De no haber estado sentado, se habría caído al suelo en ese instante.
—¿Te has vuelto loca?
—No, estoy decidida —repuso ella bajando las piernas y mirándolo.
—Pero, ¿por qué demonios ibas a querer tener un bebé conmigo?
—Porque confío en ti, Jungkook. Porque eres mi amigo. Y me das seguridad.
—A lo mejor soy un poco lento, Eliana, pero aún no me has explicado de dónde sale esta idea tuya tan descalabrada.
Ella se estremeció, tomó un cojín y lo abrazó. Su pecho quedó así cubierto y Jungkook pudo concentrarse mejor en ella.
—Tengo treinta años. Ha llegado el momento. Mi reloj biológico está sonando…
—Pues apágalo. Yo tengo treinta y tres y no he pensado ni por un segundo en ser padre.
—Los hombres sois distintos. Podéis concebir hasta los ochenta. Nosotras no nos podemos permitir ese lujo. Mis óvulos están envejeciendo, tu esperma seguirá joven durante muchos años.