Primer choque
El silbato sonó, y el balón rodó por la cancha con un sonido que me hizo latir el corazón más rápido. Cada partido, cada entrenamiento, era una oportunidad de demostrar que no solo estaba ahí por el equipo, sino por mí misma. Y ese día, algo cambió.
Lo vi por primera vez en el otro extremo de la cancha. Alto, ágil, con esa manera de moverse que parecía que el balón respondía a sus pies como si fueran una extensión de su cuerpo. Y, sin entender cómo, sentí que todo el aire de alrededor se comprimía cuando nuestras miradas se cruzaron.
—Cuidado con ese pase —me advirtió una compañera mientras me empujaba suavemente hacia la acción—. Ese tipo no es fácil.
No necesitaba que me lo dijera. Lo sentí en el primer toque que hizo al balón: precisión, velocidad, un instinto que me hizo dudar si podía ganarle.
—Prepárate —me dije mientras corría hacia él, decidida—. Hoy no voy a perder.
El primer choque fue literal. Nuestros cuerpos se encontraron mientras competíamos por el balón, y por un instante, el mundo desapareció. La cancha, las gradas, los espectadores… nada importaba excepto él y yo.
—¡Oye! —gruñí entre dientes mientras recuperaba el balón—. No esperaba que fueras tan… intenso.
—¿Intenso? —respondió con una sonrisa ladeada que hizo que mi corazón se acelerara—. Solo estoy jugando. Y tú… eres más rápida de lo que parece.
Cada pase que intercambiamos, cada roce accidental mientras corríamos, era un recordatorio de que había algo más que fútbol en ese encuentro. La tensión entre nosotros era eléctrica, y no podía decidir si quería ignorarla o dejar que me arrastrara.
Cuando terminó la práctica, él se acercó, respirando pesado, con esa sonrisa que no se borraba de su rostro.
—Sabes —dijo, bajando un poco la voz—, creo que vamos a encontrarnos mucho más de lo que imaginamos.
Sentí un escalofrío recorrerme. Algo me decía que no era solo la cancha lo que nos unía, sino algo que aún no podía entender.
Mientras caminaba hacia los vestuarios, el eco de su voz seguía resonando en mi cabeza. Cada palabra, cada mirada, cada roce… todo parecía señalar que este torneo sería mucho más que fútbol.
Cliffhanger: Y justo cuando pensaba que podía concentrarme en el entrenamiento del día siguiente, escuché un murmullo que me hizo detenerme: alguien mencionó su nombre junto a secretos que no debía conocer. Mi corazón latió con fuerza; algo me decía que este encuentro apenas comenzaba, y que la verdadera partida estaba a punto de empezar.