Looking Into Your Eyes, OS Larry Stylinson

All Rights Reserved ©

Summary

Harry es un chico que conoce gente por internet debido a sus inseguridades. Sabrá de dolor y felicidad, ¿podrá superar sus miedos? OS, vibras LT/HB, sin smut.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Frágil


—¿Cuándo te vas a separar de ese computador? Las personas se conocen cara a cara, hijo, no a través de una pantalla.

—Pero mamá, es solo para pasar el rato, —afirmó Harry. —Nada importante.

Emma lo miró, cansada de tener una vez más esa conversación. Sabía que su hijo le mentía, pero lo dejó en paz.

Harry entonces, se dedicó a esperar que su novio se conectara.

Su novio, Levi, vivía en Irlanda, en una ciudad llamada Kinsale, y estabanjuntoshace una semana, después de conversar cada noche durante dos meses. Nunca habían hablado por teléfono, siempre existía un obstáculo de parte de Levi. Que se había ido la luz, que se había quedado sin datos, que estaba enfermo, que no tenía batería. Y Harry siempre lo entendía, de vez en cuando sacaba el tema a colación, pero no insistía.

Sus noches estaban llenas de palabras dulces, de promesas, de contarse sus miedos, sus ideales, sus esperanzas y realidades.

Hace un poco más de dos meses, habían comentado la misma publicación en instagram. Harry sin ninguna intención más que revisar el perfil de ese chico que pensaba igual a él, quedó prendado con la foto de perfil que tenía. De inmediato le dio seguir, y a los dos minutos recibió la notificación de que el chico lo había seguido de vuelta. Comenzaron a hablar de inmediato, y noche tras noche, de diez a doce se conectaban para hablar.

Con la rutina llegaron los sentimientos de Harry, que estaba muy ilusionado y prendado de la imagen y la personalidad de Levi. Nunca le llamaron la atención las negativas a hablar por teléfono, ni que al parecer, siempre su ahora novio, tenía problemas económicos. Harry le había hecho algunos envíos de dinero para ayudarlo. También cuando la mamá de Levi estuvo enferma y no les alcanzaba para las medicinas o cuando le faltaba para algunas fotocopias de la universidad. Porque Levi era mayor que Harry por cuatro años, y estudiaba con mucha dificultad, pedagogía en historia. A sus veintidós años tampoco había podido encontrar un trabajo, según él, por cuidar a su abuelita.

Pero para Harry, todo era normal. No tenía problemas económicos, porque su mamá tenía un buen trabajo como enfermera en el hospital de Newcastle, donde vivían, y no le costaba nada ayudar a su novio, ¿verdad?

Lo único importante era que fueran felices, y era cuando Harry sabía que todo saldría mal. La gran mayoría de su inseguridad tenía que ver con su cuerpo y su manera de verse en el espejo. Tenía un poco de acné, estaba con sobrepeso, usaba brackets y su pelo, que llevaba en una pequeña coleta, siempre parecía grasoso. En la escuela fue víctima de las burlas de sus compañeros, que aprovecharon cualquier oportunidad para reírse de él y de llamarlo gordo, marica, y otras cosas más.

Sufrió en silencio, aguantó cada día y por fin ya había terminado la escuela hace dos días. Esperaba que la universidad lo tratara de manera más gentil, pero en ese momento, era lo que menos le importaba. Tener a Levi en su vida, lo reconciliaba con sus malos momentos, con sus temores. Pero no podía negar que tenía miedo de que al conocerse en persona, todo cambiara.

Porque Levi parecía ser el chico perfecto, tierno, atento, preocupado. Y que además se veía maravillosamente. Era fotogénico, iluminaba cada lugar donde estaba. Sus fotos parecían profesionales, y eso solo hacía sentir a Harry más inseguro.

Harry ni siquiera tenía una foto de perfil. Tan avergonzado estaba de cómo se veía, que su imagen era un reloj de bolsillo. Amaba esos detalles vintage, un poco anticuados quizás, pasados de moda, pero que le provocaban una nostalgia difícil de explicar. Como si extraña otra época, una que no había vivido.

Comenzó a ahorrar, y a hacer ejercicio. Dejó de comer golosinas, y aumentó el consumo de agua y de ensaladas. Necesitaba arreglar su imagen por si Levi lo sorprendía en cualquier momento y le pedía conocerse en persona.

Soñaba con ese momento, con poder mirarlo a los ojos, escuchar su voz, abrazarlo, tomar sus manos y pasear por la ciudad siendo uno. Conversar por horas viéndose directamente al alma, sin peros, sin preguntas, solo reconociendo al otro, a ese que ya conocían, pero con el que necesitaban volver a empezar.

Soñaba con escucharlo hablar, oír sus opiniones frente a tantos temas importantes y no importantes. Lo que tuviera para decir sobre lo que pasaba en el mundo y también su historia de vida antes de conocerse.

Soñaba con sentir su corazón cálido, repleto de mariposas su estómago, ansiosa su boca por un roce. Con bailar abrazados y sentir cómo sus latidos se sincronizaban y danzaban al mismo compás.

Soñaba con el día en que Levi le pidiera matrimonio, después de una cena especial, con un sencillo anillo de oro, y luego de aceptar, perderse en la cama que ya compartirían desde hace semanas.

Soñaba con el momento en que tuvieran que dar el sí, en una gran recepción, rodeados de mucha gente que los quería ver juntos y felices. Mucho arroz y pétalos de rosas cayendo sobre sus cabezas para desearles la mayor felicidad del mundo y una vida plena y maravillosa, porque es lo que merecían por amarse de esa manera.

Porque su amor sería de otro mundo, serían la envidia de todos los demás enamorados que jamás podrían amarse como ellos. Sus besos serían los más perfectos, su intimidad la más apasionada, sus peleas las más tontas, sus risas las más sinceras y sus miradas las únicas reales en medio de un mundo de mentiras y crueldad.

Porque Harry y Levi eran el sinónimo de amor, lo fueron desde ese primer “hola” y lo serían hasta el día en que murieran, uno al lado del otro, después de una vida juntos.

Con todo eso soñaba Harry cada día, durante todo el día. No existía en su mente nada ni nadie más que su novio.

Recordaba a cada momento cuando Levi le había dicho hace una semana que debían hablar seriamente, asustando al pobre corazón de Harry que casi se infartó al pensar en algo malo. Pero lo había sorprendido con un millón de emojis de corazón, y al final, un hermoso “¿quieres ser mi novio”, seguido de otro millón de corazones. Y sí. Los latidos de Harry se detuvieron por un momento y sin poder evitarlo, había llorado de felicidad. Demasiado rápido dio el sí, y no sabía qué hacer con tanta alegría en su cuerpo. Lo único que opacó ese momento, es que no tenía a nadie para contarle la increíble noticia, ni para gritar de emoción.

Sabía que su mamá no estaría de acuerdo con su relación, y eso lo apenaba mucho. Nunca Emma había entendido realmente lo difícil que fue para Harry formar lazos y relaciones con los demás. Todo debido a su imagen y sus inseguridades.

Porque Harry no podía darse cuenta de lo maravilloso que era, aun con sus kilos de más, sus dientes de plata, su pelo enmarañado y lo todo lo que le molestaba de si mismo. Porque siempre fue perfecto y suficiente, único, original y con un alma brillante; empático, dulce, alegre, con mucho amor para dar. Y no lo veía. Siempre terminaba buscando la aprobación de los demás.

Esa noche en especial, Harry se sentía muy vulnerable. Seguramente por el término de una etapa, que si bien no había sido buena, era un período que se estaba cerrando. Pero a pesar de ya ser las diez y media, Levi no se había conectado. Lo hizo a las once, preocupando demasiado a Harry.

“¿Está todo bien? ¿Por qué no te conectaste a las diez?”Preguntó Harry, ansioso de saber.

“Todo mal... Tuve que llevar a mi abuelita de urgencias al hospital...”Contestó Levi.

“¿Qué le pasó? ¿Ya está bien?”

“No... Dicen que le queda poco tiempo, y le dejaron un tratamiento con morfina, muy caro... Mi mamá está desesperada, no sabe de dónde sacar dinero... Estamos muy angustiados”.

“Pero Levi, yo te ayudo con algo. ¿Cuánto necesitan?”

“Es demasiado mi cielo... Son casi 80 libras...”

“Tengo 50 a tu disposición, dime si te sirven”.

“¿De verdad lo harías? No es necesario, bebé... De alguna manera debemos conseguirla”.

“No quiero que te preocupes, quiero que estés feliz Levi... Déjame ayudarte, ¿sí?”

“No puedo hacerlo, cariño. Siento que he abusado mucho de ti, siempre me ayudas con todo”.

“Pero quiero hacerlo... No tengas vergüenza conmigo, yo solo quiero que estés tranquilo y feliz dentro de lo que se pueda. Lamento mucho lo de tu abuelita”.

“Prometo que te lo voy a devolver apenas pueda... No sabes lo importante que es para mí el poder apoyarme en ti... Gracias, bebé“.

“Voy a hacer la transferencia de una vez”.

“Gracias, cariño, eres un sol”.

“Listo... Ahora cuéntame cómo estuvo tu día”.

“Bien, por fin salí de vacaciones. Ahora tendré más tiempo para conversar contigo”.

“Me encanta eso... ¿Cuándo podremos hablar por teléfono? Estoy bien con no hacer una video llamada, pero me gustaría mucho poder escuchar tu voz”

“Pronto, te lo prometo. Apenas logre conseguir para tener datos lo hacemos”.

“Mañana puedo conseguir más dinero si lo necesitas... Puedo hablar con mi mamá y te presto para que cargues tu teléfono”.

“No lo permitiría jamás. Ya suficiente has hecho por mí“.

“Tómalo como un regalo. Mi primer regalo como novios... Y si mi mamá no me puede dar, puedo vender algunas cosas, como vinilos o ropa nueva que tengo guardada”.

“Gracias, corazón. Eres un ángel, jamás podré devolverte todo lo que haces por mí. Algún día te retribuiré todo ese dinero y mucho más. Cuando nos casemos y vivamos juntos, te tendré como a un príncipe, mi príncipe”.

“¿Has pensado en eso? ¿En casarnos? ¿En vivir juntos? Porque yo sí...”

“¿De verdad, mi cielo? Sería el más feliz de que eso sucediera... Yo... Harry, creo que estoy enamorado de ti...”

Harry estaba con sus ojos llenos de lágrimas.“También yo... No te imaginas lo que significas para mí. Deseo tanto conocerte y que podamos estar juntos sin más misterios, sin ocultarnos, siendo libres...”

“Algún día podremos hacerlo, ya verás. Mucho antes de lo que piensas... Es una promesa, bebé, te lo juro... Ya debo irme, no puedo hacer ruido a esta hora. Descansa, bebé, sueña conmigo, y muchas gracias por pensar en mí... Te dejo un beso”.

“Descansa también. Hasta mañana, precioso mío”.

Luego de dejar de enviarse mensajes, Harry se quedaba un buen rato soñando, escuchando canciones de amor, buscando alguna que pudiera reflejar su amor por Levi. Cuando encontraba alguna que siquiera se acercara, de inmediato la aprendía y la guardaba en su playlist que se llamaba como su amor. Podía estar por horas en ese sopor que le entregaban los mensajes, hasta que aparecía su mamá para recordarle que debía dormir.

—Hijo, ¿está todo bien? —Preguntó Emma, esa madrugada, cuando fue a avisarle a Harry que era demasiado tarde para seguir despierto.

—Sí... Mamá, ¿crees que puedas darme un poco más de dinero?

—Hablemos mañana. Tengo turno de tarde y hace rato quiero que hablemos. Sé que están pasando cosas y quiero que me las cuentes, ¿está bien?

—Sí mamá...

—No me pongas esa cara y ya duérmete. Te amo, hijo.

—Te amo, mamá. Buenas noches.

Emma sonrió y se fue a dormir.

Al otro día, se levantaron tarde. Tenían que aprovechar que podían dormir un poco más.

—Buenos días... Hice panqueques.

—Huele muy bien, mamá... Tengo mucha hambre.

—Siéntate... ¿Quieres café o jugo de naranja?

—Quiero leche y cereales y jugo de naranja y panqueques... No, mejor solo un panqueque y el jugo de naranja...

—¿Y eso por qué? ¿Estás a dieta?

—Sí... No me siento bien conmigo mismo y creo que perder algunos kilos me puede hacer sentir mejor.

—¿No prefieres que te saque una hora con la nutricionista del hospital?

—Sí, mamá, por favor.

—Bien, hoy mismo lo haré. Y ahora cuéntame qué está pasando.

Harry suspiró. —Conocí a alguien.

—¿Por internet? —Preguntó Emma, sospechando algo.

—Sí.

—¿Y?

—Se llama Levi, tiene 22, estudia pedagogía y vive en Irlanda.

—¿Y hace cuánto son amigos?

—Hace más de dos meses, hablamos todas las noches.

—¿Son solo amigos?

—No, mamá... Hace una semana somos novios.

—Entiendo, ¿hay algo más que deba saber?

—Mmm... Sí, —confesó Harry. —Le he prestado dinero algunas veces.

—¿Cuántas y cuánto?

—No sé cuántas veces ni cuánto ha sido... Solo sé que la última vez fue anoche y fueron 50 libras...

—¡Tanto! ¿Y por qué?

—El cuida a su abuelita y ayer, en el hospital le dijeron que ya no había nada más que hacer y le dieron un tratamiento paliativo con morfina y tú debes saber lo caro que es eso.

—Si se atiende en el hospital público de su ciudad, la morfina es gratis, hijo.

—¿Estás segura? ¿Cómo lo sabes si nosotros no vivimos en Irlanda? —Preguntó, Harry, ofendido.

—Porque las políticas de salud son iguales. Y si quieres, puedo preguntar directamente al hospital de la ciudad donde vive este chico.

—¿Estás desconfiando de él?

—Sí, lo hago. Y tú también deberías hacerlo. Las estafas son algo muy común en estos tiempos y es muy fácil caer en ellas. No te estoy diciendo que tu novio sea un estafador, solo que deberías ir con más calma y limitar tu ayuda económica, a ver cómo va reaccionando.

—¿Me estás diciendo que lo ponga a prueba?

—Puede ser, puedes hacerlo de manera sutil. Si te llega a hablar de dinero dile que yo quedé sin trabajo y que ya no podrás enviarle más. En caso de que nadie cambie, siempre puedes decir que encontré trabajo rápidamente. Piénsalo.

—No sé en qué momento te volviste alguien tan desconfiada... Nunca lo pensé de ti...

Harry se levantó furioso, y se fue a su habitación.

Tirado en su cama, las palabras de su mamá le resonaban como una campana en sus oídos.

Sabía, con el dolor de su corazón, que las estafas eran reales la mayoría de las veces. Y lo sabía porque le había pasado un par de veces, con otros “amigos” que simplemente dejaron de hablarle cuando no tenía dinero para prestarles. Pero Levi era diferente, lo sabía, estaba seguro de eso. Porque sus conversaciones eras reales, sus sentimientos verdaderos, sus ganas de conocerse y poder estar juntos en persona era una promesa latente que se había vuelto su aire y su única motivación para seguir adelante.

Pero, si estaba tan seguro de Levi, ¿por qué estaba asustado de repente? Fácil. No quería imaginar, ni siquiera por un instante, qué sería de su vida si su novio resultaba ser un tipo de mentiras, que solo lo engañó para conseguir dinero fácil.

Y aunque le costó reconocerlo, sabía que la idea de su mamá no era descabellada. Pero no se sentía con fuerzas para hacerlo. Pensar en Levi y en estafa al mismo tiempo, le dolía mucho. Era mejor y más fácil vivir con una venda en los ojos que asumir una realidad que no nos gusta.

Al llegar la noche, Harry se conectó como cada día. Unos minutos después lo hizo Levi.

“Hola bebé, ¿cómo estás hoy?”

“Hola... Estoy bien, un poco descolocado porque esto de tener tanto tiempo libre es muy extraño. Creo que me voy a dar una semana de descanso y después voy a dedicarme a adelantar materias para la universidad”.

“Eso es muy bueno, bebé. Me alegro mucho de que puedas hacerlo...”

“¿Pasa algo? ¿Es mi idea o te siento triste?”

“Nada, no te preocupes...”

"☹”

“Ya sabes... Lo de mi abuelita me tiene mal”.

“¿Dónde se atiende? ¿En el hospital público?

“Sí... Atenderla por el sistema privado es imposible...”

“¿Y no les dan ayuda gratuita?”

Levi se demoró en contestar.

"Sí, pero solo en las consultas médicas. Las medicinas no están incluidas”

“Entiendo... Siento tanto que tengas que pasar por algo así, mi vida...”

“Sí... Y se siente tan mal no poder ayudarla más”.

“No puedo imaginarme cómo te sientes”.

“No hemos podido conseguir el resto del dinero para la morfina...”

Y Harry dudó. Y le quemó su corazón hacerlo, sabía que Emma estaba equivocada.

“Ya no podré ayudarte... Mi mamá quedó sin trabajo y no sabemos cuánto se demorará en encontrar algo... He pensado en buscar también, pero mi mamá prefiere que estudie...”

“Entiendo, no te preocupes. De alguna manera lo lograremos”.

“Claro que sí, ya verás que los milagros existen”.

“Los milagros no existen para la gente como nosotros”.

“¿Te enojaste?”

Un par de minutos pasaron sin ningún mensaje.

“Lo siento... Creo que voy a ir a la cama”.

“Está bien, haré lo mismo”.

Levi se desconectó sin una despedida.

El corazón de Harry se paralizó.

Pero no, no era por la mentira que le había dicho, era porque estaba inconsolable por su abuelita. No era para menos, su novio desde que lo conoció había tenido un pasar muy apretado porque su familia era de escasos recursos, y que además su abuelita esté enferma y no poder atenderla con un poco de dignidad, era realmente para estar de mal humor y muy triste.

Harry entendía.

Se fue a dormir apesadumbrado. Nunca en esos más de dos meses, se habían desconectado sin una despedida cursi y que parecía no terminar jamás. Eran del típico, “corta tú” tan cliché, pero tan real.

Fue a lavarse los dientes y se metió debajo de las cobijas. Le costó dormirse, no tenía esas mariposas revoloteando en su estómago como cada noche. Pero finalmente, se obligó a pensar que al día siguiente todo volvería a la normalidad, después de darle espacio a Levi.

El día siguiente encontró a Harry durmiendo hasta mediodía. Se levantó a desayunar y luego siguió durmiendo hasta las cinco. A esa hora se metió a la ducha, y luego preparó la cena, puso la ropa a lavar y ordenó para que su mamá pudiera llegar a descansar y no se preocupara por nada más.

Suspiraba mientras lavaba los platos sucios, no había segundo en que no pensara en Levi.

Mientras la comida estaba lista, fue a su habitación a revisar todo lo que tenía y que podría ser de valor.

Encontró unas chaquetas de cuero que no usaba hace años, y que estaban impecables. Quizás podría sacarles algo de dinero. Tenía unos cuantos vinilos, que eran su adoración porque se los había regalado su mamá y eran ediciones norteamericanas y japonesas, difíciles de encontrar. Pero por Levi las vendería y le enviaría ese dinero, aunque fuera poco. Le daría todo.

Quizás debería buscar un trabajo y así ayudar más a su novio, que lo necesitaba tanto en esos momentos. Estaba seguro, muy seguro de que Levi haría lo mismo con él si se diera el caso. Incluso, pensaba, Levi iría más lejos y dejaría todo por ir a acompañarlo, hasta Saturno si era necesario.

Tenía también unos zapatos elegantes, una mochila muy original, un reloj... Todo servía si de Levi se trataba.

Fue a revisar la cena, justo cuando llegaba Emma.

—Hola, mamá... ¿Cómo te fue?

—Bien, gracias.

—¿Estás enojada? Lo siento, no debí hablarte así.

—No estoy enojada. Estoy desilusionada porque piensas que soy una persona horrible por tener mis dudas y preocuparme por ti.

—De verdad lo siento... pero es que no me entiendes mamá... Yo me enamoré de Levi, lo amo tanto que no puedes imaginarlo.

—Claro que lo entiendo, pero eso no significa que tengas que cegarte. Tampoco que pienses que puedes enfrentarte a mí por cualquier aparecido. Y desde ahora te digo que si quieres dinero, empieza a trabajar. Yo no te voy a dar ni una libra, ni para un helado, y si sigues con esa actitud, vamos a tener que conversar sobre la universidad.

Harry palideció de golpe.

—¿Es en serio? Mamá, estás siendo muy injusta conmigo.

—No lo soy, solo estoy tratando de protegerte y no lo quieres ver.

—¿Y si te equivocas? ¿Si por una vez yo tuviera la razón?

—Tendría que asumirlo y ver cómo remediar mi error. Pero hasta que eso no pase, las cosas serán como yo digo. Y mira, hijo, no creas que yo soy tonta, no es primera vez que te pasa, lo sé. Este tema de prestar dinero no es nuevo.

—¿Cómo lo sabes? —Preguntó Harry bajando la cabeza.

—Porque te conozco, y nunca has necesitado más dinero del que te doy para el diario en la escuela. Y ha habido períodos de tiempo en que misteriosamente tus gastos suben. Y todo es por esa computadora, porque insistes en conocer gente que puede ser una farsa, y no lo quieres ver. Me voy a acostar, no tengo hambre ni ganas de seguir hablando contigo.

Harry se quedó de pie en la cocina, lamentando profundamente la situación con su mamá. Siempre habían tenido una relación tan bonita, que ahora se estaba destruyendo. Pero no era culpa de Levi, de eso sí estaba seguro.

Pero, sus dudas comenzaron a crecer, cuando esa noche, su novio no se conectó. Harry lo esperó hasta las once y media, y con su corazón destrozado, se fue a dormir.

La misma historia se repitió durante una semana, y Harry solo podía pensar en que segura y lamentablemente, la abuelita de su novio había muerto. Eso explicaría su ausencia, lo que de todas maneras le dolía, porque era su deber como novio entregarle contención.

Suspiraba mirando por la ventana, mientras buscaba trabajo. Pronto encontró en una pequeña disquería, todas las tardes, de lunes a viernes. Con eso se sintió un poco mejor.

Esa noche de jueves, no pudo más con la incertidumbre. Y a pesar de que le había enviado mensajes a Levi y no había tenido respuesta, lo volvió a intentar. Uno tras otro los envió, cerca de cincuenta mensajes, todos en la misma línea:

“Levi, ¿qué pasa? ¿Dónde estás?”

“¿Por qué no quieres hablar conmigo? ¿Pasó algo?”

“Te extraño tanto... Por favor contesta...”

“Levi, me haces mucha falta, puedes decirme cualquier cosa”.

“Déjame ayudarte, haría cualquier cosa por ti...”

Y no tuvo respuesta.

Una semana más pasó, y Harry insistió cada noche con muchos mensajes, hasta que un día viernes, cerca de la medianoche, recibió una respuesta.

“Deja de molestar, tú y yo no somos nada, abúrrete. Dejaste de servirme hace mucho, ojalá y para la próxima vez tengas más cuidado, no puedes confiar en cualquiera. Por favor, no vuelvas a escribirme”.

Y Harry no lo podía creer, todo perdió sentido en solo un segundo y las lágrimas simplemente se dejaban caer por sus mejillas, mojando su polera, sus manos, su mundo y su vida.

Tres días estuvo sin salir de su habitación, a pesar de la insistencia de su mamá.

Tres días en que pensó que sí era posible morir de amor, y que su corazón ya no latía porque no podía sentir sus palpitaciones.

Una vez más se daba cuenta de lo estúpido que era y que su poca seguridad, que había ganado con Levi, se había esfumado de golpe, devolviéndolo al mundo cruel e injusto donde vivía, donde la imagen es todo y sus sentimientos no importaban.

No había vuelto a llorar, era como si de alguna manera estuviera en un estado permanente de shock.

Su mamá tenía razón, no era primera vez que conocía a alguien por internet. Tampoco era la primera vez que “prestaba dinero” y tampoco era la primera vez que se desilusionaba porque lo habían utilizado. La gran diferencia, es que se había enamorado de Levi.

Levi era su primer amor, su primera ilusión, su primer intento por sentirse normal o parte de algo, de alguien. Y había salido todo mal, su castillo de naipes estaba en el suelo, mirándolo con lástima. No era capaz de levantarse, le pesaba el mundo, le dolía su vida.

Tampoco era capaz de mirar a su mamá, que tenía razón y a quién enfrentó por su ceguera absoluta en su novio... Y la necesitaba, mucho, con todo su ser. Quería acurrucarse entre sus brazos, sentir su calor, sentirse amado y protegido, pero al mismo tiempo, sentía que no lo merecía, porque había pasado el límite.

Al cuarto día, después de volver de su trabajo, sorpresivamente se encontró con su mamá, esperándolo.

—¿Qué haces aquí a esta hora? —Preguntó Harry, a modo de saludo.

—Vine por ti, no puedes seguir escondiéndote de mí. Debes dejar de portarte como un niño, no lo eres, y sé que me necesitas...

Harry la miró con sus ojos cargados de lágrimas, y sin poder evitarlo se lanzó a sus brazos.

—Lo siento... —dijo llorando con rabia, con angustia y con dolor. —Lo siento tanto...

Emma no habló, entendía que no era el momento, solo lo consoló con su calor y sus caricias. Largos minutos pasaron así, envueltos en el otro, en silencio.

—¿Quieres contarme qué pasó? —Preguntó delicadamente, Emma.

—Tenías razón... Solo me utilizó para sacarme dinero... Y también tenías razón cuando dijiste que no era primera vez que me pasaba...

—La diferencia es que de verdad te ilusionaste. Él logró enamorarte, por eso duele tanto...

El llanto de Harry se hacía más fuerte por momentos. —No sé cómo pude ser tan tonto, me odio...

—No debes hacerlo, corazón... Pero sí debes aprender de estas experiencias. ¿Por qué no buscas conocer gente en persona, o que por último tengan los mismos intereses que tú? Una vez que empieces la universidad, las cosas van a cambiar, vas a estar obligado a relacionarte con tus compañeros aunque no te guste.

—Van a molestarme igual que en la escuela... Por gordo, por mis espinillas, por mis brackets... Por mi estupidez... No quiero ir a ese tonto lugar...

—Tienes miedo, y lo entiendo, pero no tienes opción. Tu carrera no tiene clases online el primer año... Vas a tener que armarte de paciencia y ser fuerte. Te he ofrecido llevarte al dermatólogo, perdiste la hora con la nutricionista, los brackets son solo por seis meses más... Todo puede mejorar, hijo, pero tienes que darte la oportunidad.

Pero Harry ya no escuchaba, solo lloraba.

Emma lo tomó de la mano y lo llevó a su habitación. Se acostaron abrazados, y luego de unos minutos, se durmieron. Cuando despertaron, ya era hora de cenar. Prepararon algo ligero y después de eso, vieron una película juntos en el sofá.

Durante una semana, Harry no quiso conectarse a ningún grupo. Seguía muy lastimado por lo sucedido con Levi, por lo que se dedicó a dormir temprano, y en las mañanas a buscar material para la universidad. Fue cuando se dio cuenta de que las materias se leían horriblemente difíciles. Tenía claro que una ingeniería era complicada, pero además electrónica e informática le sumaba muchísima complejidad.

Pese a que no quería hacerlo, decidió buscar grupos de la carrera en diferentes redes sociales. Encontró un grupo muy amplio de todas las ingenierías y desde ahí pudo hacer un filtro, hasta llegar a uno mucho más reducido que era el que buscaba.

Viernes en la noche, su computador, una cerveza sin alcohol, algunas frituras y comenzó su ingreso al grupo.

“Hola a todos, soy nuevo aquí, me llamo Harry, y quería pedirles ayuda sobre la carrera. Empiezo este año y estoy un poco nervioso”.

De inmediato recibió varios mensajes de bienvenida y algunos tips para su primer año.

Estuvo casi una hora conversando con varias chicas y chicos, sobre todo con uno que parecía muy simpático y que tenía mucha buena voluntad para contestar sus dudas. Llegó un momento en el que decidieron seguir la conversación por mensajes privados.

“Puedes preguntarme todo lo que necesites, Harry”.

“Gracias, Louis. Estoy muy emocionado y muy nervioso también”.

“Los nervios son algo normal, pero intenta estar tranquilo. La universidad muchas veces nos intimida, pero la idea es que tengas un buen recuerdo de ella. Vas a conocer a gente increíble y a gente de mierda, pero importa con lo que te quieras quedar”.

“Tienes razón, pero es tan difícil... Sobre todo cuando eres inseguro...”

“¿Y puedo saber por qué lo eres?”

Harry no estaba muy seguro de contestar. Una vez más estaba abriendo su corazón a un desconocido.

“Tengo acné, sobrepeso, uso brackets y la mayor parte del tiempo soy bastante estúpido”.

“No tienes porqué tratarte así, Harry. Estoy seguro de que eres un chico increíble, y de que tienes muchas cualidades que no puedes ver”

“¿De verdad lo crees? Pero no saco nada con serlo, si la gente no se interesa en ti si no cumples con ciertos estándares de cómo deberías verte”.

“Tienes razón, pero no puedes vivir tu vida dependiendo de lo que la gente opine de ti. Sé que se escucha más fácil de lo que es, pero créeme que se aprende. Lamentablemente la mayoría del tiempo se aprende a la mala, pero debes intentarlo”.

“Es lo que quiero, por eso estoy hablando contigo. He tenido muy malas experiencias conociendo gente en grupos, pero decidí intentarlo una vez más, con personas que tengan mis mismo intereses”.

Louis se demoró en contestar un minuto completo, y Harry no pudo evitar recordar lo sucedido con Levi y esos días de silencio que seguían incrustados en su corazón.

“Perdón por la demora, me estaba hablando mi papá. Es una gran idea que te empieces a rodear de otras personas a las que les interese la ingeniería, sobre todo la informática. Este es un mundo maravilloso, aunque muchos quedan en el camino. Es una de las más complicadas, pero si te gusta y estudias, te puede ir muy bien”.

“¿A ti te va bien?”

“Sí. No es por ser engreído, pero soy de los mejores alumnos. Estudio mucho, casi no tengo vida social, a lo mucho participo de estos grupos que me hacen salir un poco de tanto número”.

“¿Y no extrañas salir o conocer gente?”

“La verdad es que a veces sí. Tengo un amigo con el que me veo una vez a la semana, y él me devuelve un poco a la tierra, pero en general estoy metido en el computador”.

“Me encantaría tener un amigo, pero no tengo ninguno. Creo que me haría bien”.

“Podemos ser amigos si tu quieres, y sí, sé que puede sonar descabellado, pero no perdemos nada con intentarlo”.

“Espero que no te conviertas en otro fraude, ya he tenido suficientes...”

“¿Lo dices en serio?”

“Sí, no te imaginas las veces que he caído en manos de gente que solo busca burlarse de los demás, pero no quiero hablar de eso”.

“Cuando te sientas listo, lo conversaremos. ¿Quieres que te dé una idea de cada ramo de la carrera?”

“Eso sería genial”.

Casi un hora estuvieron en eso, y luego se despidieron, quedando de acuerdo en hablar al día siguiente.

Sin embargo, al día siguiente Harry no pudo conectarse. Estaba muy vulnerable, se sentía muy frágil por lo de Levi. No dejaba de pensarlo, ni de imaginar cómo sería recibir un nuevo mensaje y creer que todo podría mejorar y cambiar con una disculpa. Y sabía que estaba mal pensar así, porque aunque eso sucediera, nada lo haría volver atrás.

Aferrado a su almohada, recordó cada conversación, esas que tenía guardadas y con las que se lastimaba una y otra vez. Enterraba la cabeza en su cama, buscando calor o algo que lo hiciera sentir un poco mejor, pero simplemente no pasaba.

Al día siguiente ya estaba más tranquilo. Durante la mañana salió con su mamá a la nutricionista, luego a control con el ortodoncista y finalmente con un dermatólogo. Estaba agotado, pero llegó a preparar el almuerzo y a ordenar un poco.

Mientras almorzaba, le extrañó tener un mensaje de Louis.

“Hola, ¿todo bien?”

Contestó de inmediato.

“Sí, ayer no me sentía bien y hoy tuve una mañana muy ocupada. ¿Qué tal tú?”

“Ayer vi a mi amigo, Zayn, fuimos al cine a ver la última película de terror”.

“¿La de la casa maldita?”

“Sí, esa”.

“¿Y cómo es? Quiero ir a verla también”.

“Zayn se rio de mí porque salí muy asustado :)”

“¿Da mucho miedo, o tú eres miedoso?”

“Las dos cosas. Zayn se ríe, pero me tenía agarrado del polerón todo el tiempo”.

“Jajajajaja, ya veo. Voy a intentar ir el fin de semana”.

“La recomiendo totalmente”.

“No te pregunté ayer, porque no tuvimos tiempo, pero ¿dónde vives?”

“Newcastle, ¿y tú?”

Harry ahogó un grito.“¡No puede ser! También yo. ¿De qué sector? Yo vivo a quince minutos del centro”.

“Yo vivo cerca de la universidad de Newcastle, a unos veinte minutos en bus”.

“¿Estudias en la universidad de Newcastle?"

“¡Sí! No me digas que estudiarás acá“.

“No lo puedo creer, ahora me siento más tranquilo. ¡Voy a conocer a alguien el primer día!”

“Podemos conocernos antes, ¿te gustaría?”

“No”.Los dedos de Harry fueron más rápidos que su mente.“Quiero decir, sí... Pero no todavía...”

“¿Tiene que ver con tus inseguridades?”Louis preguntó con temor de hacerlo sentir mal.

“Sí... Estoy haciendo cosas, fui a la nutricionista y a un dermatólogo...”

“¿Y qué te dijeron?”

“Me dieron una dieta especial, unas cremas y esas cosas... Espero que me hagan bien”.

“Ya verás que sí... Pero ¿sabes? Creo, de verdad, que tienes una personalidad hermosa, y que solo te hace falta creer más en ti”.

Harry se sintió un poco mal. No quería sentir que Louis le estaba coqueteando, no resistiría una nueva desilusión.

“Lo sé... Pero me cuesta mucho. Espero que con estos cambios con los que empezaré me sienta mejor conmigo mismo”.

“Espero lo mismo... Dime cuántos años tienes, ¿18?”

“Sí, ¿y tú?”

“Veinte. ¿Con quién vives?”

“Con mi mamá, nos llevamos muy bien”.

“Eso es tan importante... Yo vivo con los dos. Mis padres son una pareja maravillosa, me apoyan en todo”.

“Yo no recuerdo a mi papá. Mi mamá dice que se fue cuando yo tenía cinco años, y nunca más he sabido algo de él. Tampoco me interesa ahora”.

“¿Te ha marcado de alguna manera el no tenerlo en tu vida?”

“¿A qué te refieres?”

“No lo sé... He escuchado que, a veces, la falta de una figura paterna puede hacer que las personas busquen a alguien que cubra ese espacio. A veces un amigo, una pareja, alguien, y que por lo general pueden terminar en relaciones tóxicas”.

Y a Harry le hizo mucho sentido eso que leía. Demasiado. Siempre buscaba agradar, ahora se daba cuenta, ¿por qué? ¿Por qué sentía esa necesidad? ¿Por qué no se sentía suficiente? ¿Sería que el abandono de su papá estaba marcado en sus huesos?

Louis se espantó un poco del silencio de Harry. Quizás había cruzado la línea.

“Nunca lo pensé”, dijo por fin,“pero me hace tanto sentido ahora que lo dices”.

“Lamento si toqué una herida en ti... No quería hacerlo”.

“No lo hiciste, solo siento que pude entender algunas cosas”.

“Debo irme, hablamos más tarde. Es mi hora de estudio”.

“Hablamos, entonces”.

Harry, pese a todo, se sentía bien. Louis era diferente a los otros chicos con los que había hablado antes. Lo notaba a leguas de distancia. Sentía que Louis era mucho más genuino, más verdadero, pero se había hecho la promesa de no confiar tan rápidamente en los demás, pero le costaba mucho. Es como si estuviera necesitado de afecto, ¿sería por lo de su papá? ¿Y si buscaba un psicólogo?

Hablaría con su mamá en la noche.

Por mientras llegaba la hora de la cena, hizo una lista con los diferentes ramos de la malla curricular. Y decidió que a cada uno le dedicaría un par de días para entenderlo y dar un vistazo para ver de qué se trataba.

El primer curso era bastante difícil. Revisó en internet y en algunos libros que encontró, pero no entendió mucho. Decidió que hablar con Louis era una buena idea.

“Hola... Quería saber si me puedes ayudar con cálculo. Revisé varios libros, pero no termino de entender”.

Media hora después, tenía la respuesta de Louis.

“Suena peor de lo que es, te lo aseguro. Te puedo recomendar un texto super básico, pero que te va a ayudar mucho. Se llama “Introducción al mundo del cálculo I” y es muy bueno. Si no lo consigues en físico, avísame y te lo paso por PDF”.

“Voy a buscarlo de inmediato”

Harry se puso manos a la obra, y encontró un lugar donde lo vendían online, pero a un precio ridículamente alto.

Le sacó una foto y se la envió a Louis.

“¿Es broma? Pueden ponerle el precio que se les ocurra porque saben que hay pocas copias y que es un buen libro. Te lo mando en diez minutos”.

“Gracias Louis, ¿cómo podría pagarte?”

“De ninguna manera, no me cuesta nada, y es más, podemos revisarlo juntos. A mí me sirve para refrescar mis conocimientos y eso también me ayuda a entender mejor las bases de lo que veremos en este año, ¿qué te parece?”

Harry se quedó mudo. Por primera vez alguien le ofrecía algo de manera absolutamente genuina, y sin pedir nada a cambio. Y se sintió bonito.

“Gracias miles, es muy importante para mí“.

“¿Cuándo quieres que empecemos a estudiar?”

“Cuando tú lo digas, yo tengo tiempo todas las mañanas y las noches, porque trabajo en las tardes”

“Eso es genial, podría ir a verte a tu trabajo algún día”.

Harry palideció. “Quizás más adelante, por ahora me moriría de la vergüenza”.

“Tranquilo, no te sientas presionado, discúlpame si te incomodé“.

“Lo hiciste, pero te agradezco mucho que lo hayas notado... Eres muy especial, ¿sabías?”

¿Qué estaba haciendo? No quería que hubieran mal entendidos con Louis, y ahora estaba actuando como el tonto que era.

“Creo que todos somos especiales, Harry. Sobre todo aquellos que se niegan a ver su potencial... Pero no quiero que nos pongamos filosofales :D ¿Te parece si estudiamos desde mañana a las nueve?”

“Perfecto, nos encontramos a esa hora. Adiós, Louis”.

“Nos vemos”.

Dos días estuvieron dedicados al cálculo, hasta que Harry entendió de qué se trataba. Y así siguieron con las demás materias, por dos semanas. Pero no solo hablaban de universidad, también de sus pasados, de lo que hacían a diario, de lo que les gustaría en el futuro.

“¿Cómo han ido tus tratamientos?”Preguntaba Louis, comiendo un sándwich frente al computador.

“Bien... Bueno, más o menos... La dieta me ha costado mucho, aunque ha bajado mi ansiedad y lo noto en mi ropa, pero aún no es suficiente... Y lo mismo con el acné. está mejor, pero no bien”.

“Pero, Harry... ¿No ha pasado poco tiempo? Creo que estás muy acelerado”.

“Sí, no lo puedo evitar. Tengo muchas ganas de que las cosas cambien”.

“¿Y por qué?”

“Es algo que he pensado mucho, y la psicóloga me está ayudando a entender. Relaciono mi imagen con lo que me ha pasado, y querer cambiar cómo me veo es una necesidad para dejar de alguna manera todo atrás”.

“Entiendo, tiene mucho sentido... ¿Y cuándo me vas a contar eso que te ha pasado?”

“No es nada muy importante... Pero tiene que ver con conocer gente a través de internet. Muchas veces, más de cuatro, conocí chicos, o supongo que eran chicos, que primero se mostraban como amigos, preocupados y todo eso, pero al cabo de unos días empezaban a decirme que estaban mal de dinero, que su familia era muy pobre, que alguien estaba enfermo, que no les alcanzaba ni para los datos del teléfono...”

“Y tú los ayudabas...”

“Sí. Les enviaba dinero y cuando ya no tenía, simplemente desaparecían. Hasta que conocí a Levi y todo cambió“.

“¿Por qué?”

“Me enamoré“.

“¿Te enamoraste de alguien a quien nunca viste? No te estoy juzgando, solo quiero saber”.

“Lo hice. Me enamoré por primera vez de un desconocido. Hablamos durante dos meses, todas las noches, hasta que me pidió ser novios. Y sé que suena ridículo, pero yo era el más feliz de la tierra”.

“Me imagino”.

“Siempre me dijo que su familia era de escasos recursos, y que su abuela estaba muy enferma. Le enviaba todo lo que podía, pero un día, me enfrenté a mi mamá, y ella me dijo que lo pusiera a prueba y yo no quería, me parecía que Levi no se lo merecía, yo ponía mis manos al fuego por él”.

“Y te quemaste”.

“Lo hice... Y no solo me quemé las manos, me quemé entero. Apenas le dije que no podía ayudarlo más, desapareció“.

“¿Y cómo te sentiste?”

“Me quise morir, ha sido lo más horrible que me ha pasado”.

“¿Y aún te duele?”

“Sí... Hay días en que es más fácil, pero otros son una pesadilla”.

“¿Lo sigues amando?”

“Es una pregunta difícil... Podría decir rápidamente que sí, pero creo que la desilusión borra todo rastro del amor que sentí. Lo que si tengo es dolor, pero por mí, por haberme entregado así a una relación que era claramente una estafa”.

“Pero no podías saberlo, tú actuaste de buena fe, creíste en alguien que es una mierda de persona y que se dedica a estafar a otros. No puedes hacerte cargo de lo que es él, solo de lo que tú eres, y tú eres un chico maravilloso. Me lo has demostrado todo este tiempo, y con eso deberías quedarte”.

“Hablas igual que mi psicóloga”.

“Lo siento, pero es la verdad”.

“¿Estás seguro de que tienes veinte años, y no cincuenta? A ratos es como si fueras demasiado maduro para tu edad”.

“Siempre me lo dicen, pero la verdad es que creo que hablo solo por la teoría. Mi vida ha sido muy monótona, básicamente estudiar y no tener problemas. Una vez me enamoré de un chico mayor, y él nunca se enteró de que yo existía, porque tenía novia. Ha sido mi única decepción amorosa, entonces, creo que hablo desde la ignorancia”.

“Te entiendo, de verdad... Has tenido una vida tranquila, sin sobresaltos, sin grandes dolores ni pérdidas, ¿me equivoco?”

“No, no lo haces. Es tal como lo dices”.

“Como diría mi psicóloga, eres un chico sano que tiene relaciones sanas”.

“Suena bien”.

“¿Solo bien? No seas así, deberías estar feliz”.

“Lo estoy, lo soy... Pero eso no evita que tenga miedo de que todo se derrumbe de un momento a otro”.

“¿Por qué lo dices?”

“Por lo mismo, porque a veces siento que es todo tan perfecto que puede cambiar. Pero es eso, pecar de felicidad. En fin, cuéntame cómo vas en el trabajo”.

“Bien, me gusta mucho atender público, aunque hoy tuve un cliente muy difícil. Buscaba una edición que no teníamos y se enojó tanto que nos gritó. Nunca me había pasado”.

“¿Y qué estaba buscando?”

“Una edición francesa de un single de AC/DC, de la que de hecho, existen como diez copias en el mundo”.

“Imposible tenerla...”

“Eso le dije, que incluso de tenerla, alguno de los dueños se la hubiera dejado por el valor comercial que tiene. Se vendería a un precio muy alto”.

“Se frustró, pero nada justifica tratar mal a otra persona”.

“Eso le dije yo, pero no escuchaba”.

“¿Y qué pasó?”

“Tuvo que salir mi jefe y amenazarlo con llamar a la policía”.

“Qué estresante la situación”.

“Sí. Después de diez minutos seguía nervioso y tiritando”.

“¿Cómo no? Yo no sé cómo hubiera reaccionado”.

“Creo que no lo sabes hasta que te pasa. Pero cambiemos el tema, cuéntame, ¿conoces más gente por internet?”

“Sí, mucha. Me gusta mucho tener amigos en distintos lugares del mundo, es divertido”.

“¿En serio? ¿De dónde?”

“Tengo amigos en Londres, en Dublín, en Texas, en Roma, París, México, Brasil... Muchos lugares”.

“¿Y cómo lo hacen con el idioma y los horarios?”

“Los traductores funcionan bien, y nos escribimos cuando tenemos tiempo, sin esperar respuesta inmediata del otro. Hay que ser muy relajado en ese sentido”.

“Entiendo, suena entretenido. Yo creo que no sirvo para eso, siempre busco agradar y supongo que por eso me ha pasado todo... Ya lo estoy trabajando con mi psicóloga”.

“Es todo un aprendizaje, con intentarlo ya has ganado mucho. Estoy seguro que hace un mes no te veías en este lugar”.

“Es cierto. Nunca me imaginé esta nueva vida, y estoy muy feliz de que estés en ella”.

“Digo lo mismo. Soy muy feliz de que seamos amigos”.

Harry sonrió, igual que Louis.

Los días se fueron sucediendo rápidamente.

La relación de Harry y su mamá había vuelto a ser lo que era, profunda y de confidentes.

—Te he visto mucho mejor estos últimos días, ¿pasa algo en especial?

—No... Es decir, trabajar me ha hecho bien, ir con la psicóloga, la dieta... Han sido muchas cosas buenas, y también conocer a Louis.

—Ese chico me gusta mucho. Creo que es una buena influencia para ti, ¿cuándo se van a conocer?

—Decidimos hacerlo cuando yo me sienta preparado. Pero no sé si realmente me atreva a hacerlo. Mi inseguridad sigue presente y no quiero que me vea así...

—¿Así? ¿Cómo?

—Me siento feo... No sé...

—¿Quieres gustarle? —Preguntó Emma en un susurro.

Harry bajó la cabeza. —Sí, mamá... Eso quiero.

—¿Te gusta?

—Me encanta... Es tan diferente a todos los chicos que he conocido, que fue imposible no sentir algo especial por él.

—¿Y crees que a él le pase lo mismo?

—No. El es muy distinto, tiene muchos amigos en línea, y nunca se ha involucrado con ellos. Yo no soy diferente.

—Es una pena, se está perdiendo a un chico increíble, —aseguró, acercándose a abrazarlo.

—¿De verdad lo crees?

—Claro que sí. No es porque seas mi hijo, pero eres tan dulce, tierno, alegre... Solo que aún no te das cuenta.

—No es fácil...

—¿Se siente distinto a lo que pasó con Levi?

—Mucho. Con Levi siempre tenía miedo de que se alejara, de no hacer lo suficiente para mantenerlo feliz... Y creo que en ese momento no lo veía, pero vivía con angustia de que no se conectara, me sentía con la obligación de estar para él, aunque él no era así conmigo. Ahora lo veo, nuca se interesó realmente en mí ni en lo me pasaba...

—¿Y Louis?

—Siempre está pendiente de mis cosas... Se acuerda de cuando voy a la psicóloga, me pregunta por mis tratamientos, por mi trabajo, por ti... Y se ha vuelto fácil para mí poder abrirme con él, contarle mis cosas... Preguntarle por las de él... No sé mamá, no sabía que se sentía así.

—Es un sentimiento hermoso, ¿verdad?

—Lo es...

A casi treinta minutos del departamento de Harry, estaba Louis en una pequeño parque, esperando a Zayn.

—¡Por fin soltaste ese computador! —Saludó Zayn.

—No exageres. Nos hemos visto más de lo que quisieras, —rebatió Louis, riendo feliz.

—¿Vamos mañana al cine? Estrenan otra película de terror.

—Vamos, pero a la función de la tarde.

—Pero en la noche es mejor.

—Sabes que mis noches están ocupadas...

Zayn rodó los ojos. —¿Es en serio? Louis, ni siquiera lo conoces, no sabes cómo se ve, no sabes si lo que hablan es verdad... No sabes nada de ese chico. Ni siquiera sabes que es un chico. Puede ser un hombre abusador, una mujer, una niña... No sé porqué te estás arriesgando.

—No sé si explicártelo, porque no sé si me vas a entender... Simplemente siento que no me equivoco con él. Llevamos casi tres meses hablando y no lo sé...

—¿Qué tiene de diferente a los demás chicos que has conocido? —Preguntó Zayn mordiendo una manzana.

—Todo.

La cara de Zayn no admitía dudas.

—Explícate, —dijo molesto.

—¿Tiene sentido que lo haga? Estás en contra de lo que siento y ninguna de mis respuestas te va a dejar tranquilo. Pero está bien. No lo sé, esa es la respuesta. Siento que nunca conecté con alguien como lo hago con él, nunca me sentí con tanta seguridad ni tan interesado en lo que le pasaba. Mi corazón me dice que puedo confiar en él, y saber que lo puedo conocer en cualquier momento le suma todo lo bueno...

—¿Y si no te gusta como se ve? No me digas que no importa, porque siempre hay algo de eso.

—Sé cómo se ve. Usa brackets, tiene acné, algo de sobrepeso... Su pelo en una coleta, grasoso... —Contó sonriendo mientras miraba el piso.

—¿Y te gusta así? —Cuestionó Zayn, sin entender.

—Claro que sí. Somos más que una imagen, somos sentimientos y actitudes, somos seres capaces de amar y eso debería ser suficiente para acercarnos a los demás.

—Hablas tan bonito, pero insisto. No sé cómo te va a llamar la atención esa imagen de un chico.

—Él está trabajando en sí mismo, porque le molestan esas cosas de él. Y todo eso, según sus palabras, tiene arreglo. A mí me daría lo mismo verlo así, solo quiero poder mirarlo a los ojos y contarle todo lo que me hace sentir... Que sepa cómo late mi corazón cuando veo sus mensajes, cuando lo veo en línea y comenzamos a hablar... Que entienda cómo sonrío frente a la pantalla, cómo me duermo sonriendo... Como sonrío sin parar durante todo el día, —suspiró mientras veía a los niños jugar.

—Creo que definitivamente, te perdí. Hablas como si estuvieras enamorado y dudo que eso pueda pasar. No puedes enamorarte de quien no conoces.

—No necesito verlo, es lo que te cuesta entender. Me enamoré, sí, de lo que es. De sus historias, de su pasado, de sus sueños, de lo que le divierte y lo que lo angustia... De sus miedos y sus incertidumbres, me enamoré de un chico sencillo que es complejo en su simplicidad...

Zayn se quedó mirando a Louis seriamente.

—Ya entendí. Hasta hablas diferente, parece que estuvieras recitando poesía cursi.

Y Louis volvió a sonreír.

El primer día de universidad apareció inevitablemente, y Harry estaba horriblemente nervioso. Había bajado diez kilos durante las vacaciones, pero aún le faltaban diez más para estar en su peso. Sus acné había vuelto a brotar debido al estrés que estuvo sintiendo y había comprado un nuevo shampoo para su pelo graso que parecía dar mejor resultado que los demás que había probado. Pero nada lo hacía sentir seguro. Y para empeorar todo, tenía miedo de que Louis lo reconociera y se decepcionara de lo que veían sus ojos.

Harry solo quería gustarle; quería que Louis se enamorara, que soñara con él, que se desesperara si no lo tenía envuelto entre sus brazos. Quería acurrucarse en su pecho, y sentir sus manos acariciando su espalda.

Porque a Harry no le importaba cómo se veía Louis. Le daba igual el color de sus ojos, el largo de su pelo, el peso de su cuerpo, la forma de boca. Solo sabía que era un chico tan dulce y preocupado, tan generoso y libre que le bastaba y le sobraba.

Miró casi con insistencia a la mayoría de los estudiantes de ingeniería, pero no pudo cruzar miradas con ninguno. Era demasiado tímido para mantener sus ojos en alguien.

Suspirando entró a su primera clase. Quedó al lado de un lindo chico, de preciosos ojos.

—Hola, soy Liam, —saludó el desconocido.

—Harry...

—¿Muy nervioso? Yo sí.

—Estoy aterrado. Todo es tan nuevo y diferente a la escuela, que me da miedo no rendir.

—Es exactamente lo que siento. Pero ahora nos encontramos y podemos ser amigos.

—Sí, —contestó Harry sonriendo, más tranquilo.

Las primeras clases pasaron sin nada novedoso. Solo anotar algunas fechas y teniendo introducciones a las materias que verían. Y fue cuando Harry agradeció haber conocido a Louis y haber estudiado en sus vacaciones, porque ya conocía todo lo necesario y más.

—Me da miedo cálculo, —dijo Liam, cuando salieron camino a la cafetería.

—Es más fácil de lo que parece. Estudié en mis vacaciones y te puedo ayudar.

—¿En serio? ¿Quién estudia en las vacaciones?

—Yo... No tengo amigos reales, solo por internet...

—Yo tampoco tengo más amigos, y si paso mucho tiempo frente al computador, pero en videojuegos. Nunca se me ocurrió estudiar, soy muy tonto, —rio, mostrando unos dientes muy bonitos.

—No lo eres... Yo lo hice porque el miedo de llegar a la universidad y no entender nada fue más fuerte.

—Tiene sentido. ¿Tomas café? Hace frío, —dijo Liam abrazándose, a pesar de andar bien abrigado.

—Sí, pidamos un café para calentar el cuerpo. Yo invito.

—Solo si el próximo lo invito yo. Y cuéntame de estos amigos por internet, ¿no te da miedo de que sean estafadores?

—Nunca tuve miedo hasta que me pasó...

—¿Te estafaron? —Preguntó Liam, asombrado.

—Algo así...

—¿Quieres que nos sentemos y me cuentas?

Harry dudó, pero decidió que, si bien era una etapa que lo avergonzaba, era una lección que podía servirle a otros.

—Sentémonos en esa esquina.

—Te escucho.

—Conocí a algunos chicos, que ahora dudo que lo hayan sido, que siempre me contaban historias tristes.

—¿Cómo cuáles?

—Que apenas les alcanzaba para cargar sus teléfonos, que incluso no habían almorzado, que no habían podido encontrar trabajo.

—Y entonces les enviabas dinero.

—Sí... Nunca fue mucho, pero lo hice. Todo cambió cuando conocí a Levi. Fueron dos meses hablando todas las noches... Él era increíble, como un sueño.

—Pero...

—Él me decía que tenían un muy mal pasar, que cuidaba a su abuelita que estaba muy enferma, que no les alcanzaba para las medicinas. Yo lo ayudaba con el teléfono, le di hasta mi última libra, tuve problemas con mi mamá... Y el día que lo puse a prueba y le dije que ya no lo podría ayudar más, simplemente desapareció. Días después me envió un mensaje contestando los miles que le mandé, diciéndome que yo ya no le servía y que lo dejara en paz...

—Oh... Lo siento mucho... Supongo que sufriste mucho.

—La última semana que hablamos, nos habíamos hecho novios, porque yo me sentía enamorado...

—¿En serio? ¿De un desconocido?

—Sí... Sufrí demasiado, días sin comer, noches llorando.

—¿Y aprendiste la lección?

—A medias...

—¿Cómo así?

—Cuando decidí estudiar en las vacaciones, busqué grupos de ingenieros para hacer consultas y que me respondieran mis dudas. Ahí conocí a Louis y, sí, sé que parece la mayor idiotez del mundo, pero ahora sé cómo se siente el amor de verdad. Él es tan preocupado, me ha ayudado mucho, estudiamos juntos todas las noches, jamás hemos hablado de dinero, él es un chico sano, sin traumas... La diferencia es abismal...

—¿Y piensan conocerse?

—Él estudia aquí... Por eso ando tan nervioso, él sabe cómo soy, me describí... Pero yo no sé nada de su imagen, no sé cómo se ve...

—¡Tenemos que averiguarlo!

—No... O sea, es decir, sí... Pero no todavía. No puedo con las clases y con conocerlo al mismo tiempo.

—¿En qué año está?

—En tercero.

—Tenemos que saber en qué salón hacen sus clases, y podemos ir a mirar, sin acercarnos. ¿Qué te parece?

—¿Y si solo vas tú? —Respondió Harry, muy tímido.

—Yo lo hago, qué entretenido.

Y aunque quedaron de acuerdo en que Liam investigaría, no pudieron hacerlo. Harry apenas terminaban las clases, debía correr para llegar a trabajar, y Liam estaba igual. Conversaban en los descansos, si es que no estaban estudiando, porque desde el primer día, los profesores fueron muy exigentes.

Durante el primer año, había en promedio 35 alumnos. En el curso de Louis eran 17. La exigencia era tanta que muchos abandonaban la carrera.

Pero las noches, seguían siendo de Harry y Louis.

“El señor Wintress me da miedo”,escribía Harry una noche cualquiera.

“Es de los más exigentes, pero el secreto está en ser super participativo en su clase. Le da lo mismo si te equivocas, quiere escucharte. Con eso estás al otro lado”.

“¿Te puedo preguntar algo?”

“Lo que quieras”,respondió Louis, sospechando hacia donde se dirigía la conversación.

“¿Me has buscado?”

“Debería decirte que no, pero la verdad es que lo hago inconscientemente... Siempre”.

“¿Y si nunca nos conocemos? ¿Si nunca logro terminar con mis inseguridades? ¿Te vas a aburrir de que solo conversemos?”

“Nunca me aburriría de hablar contigo, de eso estoy seguro... Y si nunca nos conocemos, no lo sé. Podríamos hablar por teléfono tal vez, y eso nos acercaría un poco más”.

“¿De verdad te gustaría que habláramos por teléfono? Me muero de nervios, pero me encantaría hacerlo”.

“¿Hagámoslo mañana? Se nos pasó la hora, y tenemos que madrugar”.

“Siempre se me pasa muy rápido la hora cuando se trata de ti”.

Harry se arrepintió de su mensaje, y Louis sonrió, feliz e ilusionado.

Al día siguiente, estaba Louis y Zayn en la cafetería, comiendo un sándwich.

—¿Cómo va todo con Harry? —Preguntó Zayn.

—Bien, —suspiró. —Seguimos enviándonos mensajes todas las noches, y decidimos que hoy en la noche vamos a hablar por teléfono... Y eso me tiene tan nervioso por un lado, y tan ilusionado por otro... Solo quiero que llegue la noche.

—Aww, qué lindo. Confieso que en este punto, te envidio. Me encantaría sentir esas mariposas en el estómago y tener en quien pensar fuera de mis clases de periodismo. Nuestro proyecto final del primer trimestre, es un artículo libre sobre algún tema de actualidad. Y creo que los voy a usar a ustedes, a las relaciones en línea, a los fraudes y a las verdaderas identidades que logran superar las adversidades. Pero para que sea realista y fidedigno, necesito que se conozcan y se hagan novios.

—Aunque nos conociéramos mañana, no podríamos ser novios. Primero tengo que conquistarlo, y luego, si tengo la suerte de que se enamore de mi, podría recién pensar en pedirle que sea mi novio...

—Ya basta... Se te sale el amor por los poros.

—No puedo evitarlo... ¿Y si me pongo en evidencia cuando escuche mi voz?

—Solo lo sabrás en la noche. No voy a poder dormir sin saber cómo te fue.

—Tendrás que aguantar hasta mañana... Dame toda tu energía para que me vaya bien, por favor.

—La tienes, te lo mereces. Ahora me estás pegando lo cursi, mejor vamos a clases.

Al llegar la noche, los dos estaban en exceso ansiosos. Ninguno se atrevía a marcar, tenían miedo de que sus voces no reflejaran lo que eran, o que al otro no les gustara. Sentían presión, mucha presión.

Y Louis, como el mayor y el más nervioso, apretó el botón de llamar.

Harry vio la pantalla de su celular encenderse, y el dolor en el estómago se hizo más fuerte. tanto que se le cayó el teléfono al piso. Se agachó a recogerlo y contestó.

Hola...

Hola...—Contestó Louis.

¿Estás nervioso?

Sí, un poco... ¿Tú?

Mucho.

Tienes una voz hermosa...

La tuya lo es más...

Me siento como un tonto, no sé qué decirte, —se disculpó Louis.

No te preocupes, me pasa lo mismo... Cuéntame cómo estuvo tu día.

Bien. Hoy la clase de álgebra fue un dolor de cabeza. Si no hubiese repasado contigo, no hubiera entendido nada. Mis compañeros quedaron completamente colgados. Tengo examen en una semana y ya estoy sudando.

—Yo hoy tuve un examen sorpresa de cálculo, y me fue increíble. Todo gracias a ti...

—Eres bueno para los números, solo que no lo sabías.

Louis caminaba por su habitación, solo con la luz de la pantalla del computador iluminándolo. Harry estaba acostado en su cama, mirando al techo y jugando con la almohada.

—Eres un gran profesor también, no podemos negarlo.

—Tienes razón, —dijo Louis, provocando que los dos rieran, y que se les fuera el aire.

Escuchar la risa del otro fue lo mejor que les pasó en sus vidas.

—¿Has conocido más amigos en la universidad?—Preguntó Harry.

No, solo me veo con Zayn cuando podemos. Él estudia periodismo y también está en tercer año.

Es bueno tener a alguien. Yo conocí a Liam, y lo agradezco tanto, no te lo imaginas.

Y eso a Louis le dolió. Le dolió en lo más profundo de su corazón.

Ah... Qué bien... ¿Se llevan bien?

Increíble. Es como el hermano que nunca tuve.

Louis se sintió el más tonto.

Me alegro que no estés solo. La universidad a veces es muy abrumadora, y es más fácil con amigos. Con buenos amigos.

Lo voy entendiendo, es un mundo completamente nuevo.

Lo es. ¿Cómo te iba en la escuela?

Mis calificaciones siempre fueron buenas, porque mi refugio era estudiar y leer. Pero sufrí mucho por las burlas.

¿Burlas? ¿Por qué se burlaban?—Preguntó Louis, molesto.

Por lo mismo que te he contado.

¿Lo pasaste muy mal?

Mucho,—respondió, cambiando el tono de su voz, y recordando algunas escenas muy dolorosas.

Lo siento, no quise hacerte sentir mal...

No lo hiciste, solo recordé algunas cosas, por eso mi tono de voz. ¿Y tú en la escuela?

Desordenado, mis calificaciones un desastre... Pero si estudiaba me iba bien, así es que eso hacía en los exámenes. Mis padres nunca me exigieron, me dejaban ser, siempre y cuando pasara, —contó Louis.

No puedo imaginarte siendo desordenado, me hubiese gustado verte...

Pero puedes verme ahora...

Tengo miedo... —susurró Harry, cerrando los ojos.

Hazlo con miedo...

¿Y si nos conocemos en las vacaciones de navidad? No queda mucho...

—¿De verdad? ¡Me encantaría! Ahora no voy a poder dormir de la emoción.

—¿Por qué te emociona tanto que nos conozcamos?

—Porque... Eh... Porque vas a ser mi primer amigo online que conozca en persona. Va a ser especial.

Y Harry se desilusionó. No era lo que quería escuchar.

—Tienes razón, va a ser especial... Pero creo, que ya debemos despedirnos. Se nos pasó la hora y mañana no nos levanta nadie...—Dijo Harry riendo.

—Se me pasó demasiado rápido el tiempo. Entonces descansa... Hasta mañana, Harry...

—Hasta mañana, Louis...

Sin levantarse de su cama, Harry se sentía triste. Si bien la conversación por teléfono había superado sus expectativas, no sentir ningún detalle de parte de Louis le dolía. Estaba entrando en una desesperación por no poder gritarle todo lo que estaba sintiendo, por no decirle que estaba descubriendo un mundo nuevo.

Y por primera vez pensó, que quizás, antes de que las cosas avanzaran, lo mejor era de una vez terminar con todo. Decirle a Louis que se juntaran, y que las expectativas murieran en un imposible, en un nunca pudo ser.

Porque aunque le doliera, no podía soportar más incertidumbre, le estaba haciendo mal. Le estaba costando concentrarse en sus materias, su acné empeoraba con el estrés y la dieta se iba a la basura de tantos nervios y de tanto no saber qué esperar.

No tenía cómo saber que Louis estaba igual. La diferencia es que Louis estaba preparado y listo para que se vieran, pero no dependía de él. Y por eso le daba espacio a Harry, porque sabía que para alguien con tanta inseguridad era muy difícil mostrarse. Le había costado casi la vida no ir a buscarlo al salón de primer año, pero era una promesa esperar a Harry, no echaría a perder la confianza que habían construido.

A la noche siguiente, y juntando todo su valor, Harry marcó el número de Louis. Se habían estado mensajeando por unos minutos, cuando Harry se angustió demasiado y le dijo a Louis que no podía seguir escribiendo, que se sentía mal.

Hola...—Saludó con timidez, a punto de llorar.

Harry... Me tienes preocupado, ¿qué pasa? ¿Te sientes mal? ¿Puedo ayudarte?—Preguntó, Louis.

—Yo... No puedo seguir con esto, me hace mal...

—No entiendo... ¿Qué es lo que te hace mal?

—Tú.

—¿Yo? Harry... ¿Puedo saber por qué?—Quiso saber, Louis, con su corazón completamente roto.

—Porque... Porque necesito concentrarme en estudiar y...

—Pero estudiamos juntos,—interrumpió Louis.

—Sí, y te lo agradezco tanto, no te imaginas... Pero, por favor, no me hagas más preguntas...

—Es que no entiendo, no sé qué hice mal...

—Nada, absolutamente nada... Soy yo, yo que no puedo con mis inseguridades, que siento que te hago perder el tiempo, que pienso que nunca nos conoceremos y que te aburrirás... Tantas cosas...—Explicó Harry, sintiéndose como la peor basura del universo.

—¿Puedes dejar que tome mis propias decisiones? Yo sé que no me voy a aburrir de esperarte, que puedo darte todo el tiempo que necesites, que no me merezco que me alejes de esta manera...

Y Harry se rompió, y comenzó a llorar. Le dolía todo, su vida, su cuerpo y su alma, su incapacidad de mostrarse frente a quien se había vuelto su motivo. Y se odiaba por haber caído otra vez, con alguien a quien nunca había visto a los ojos. Estaba entrando en crisis, y solo logró terminar la llamada, mientras descargaba su pena en su almohada.

Y Louis sencillamente se derrumbó. Le hacía mal a Harry, no dejaba de escuchar esas palabras que lo herían como nada nunca antes, que no salían de su cabeza, que se le clavaban como puñales en su espalda. Jamás había sentido tanto dolor, jamás imaginó que amar se sintiera así, jamás pasó por su mente que Harry lo dejaría de esa manera... ¿Dejarlo? Nunca lo dejó, porque nunca lo tuvo. Nunca le permitió dar un paso más.

Ninguno pudo descansar, durmieron a ratos. Algunas horas que solo llevaban pesadillas en sus minutos, que los hacían querer desaparecer del planeta.

La mañana los encontró tristes y desolados, con necesidad de un abrazo, con ganas de dejarse envolver por el calor de alguien. Pero la mamá de Harry se había ido temprano, y los padres de Louis también. Intentaron desayunar en soledad, pero la verdad es que ni un pedazo de pan pasaba por sus gargantas.

Harry apenas llegó a la universidad, buscó a Liam, y encerrados en el baño le contó lo que había pasado, siéndole imposible no llorar. Se le notaba el dolor en sus bonitos ojos verdes.

Y Louis conversaba con Zayn en uno de los patios, en el mismo estado desolado.

A media mañana, tuvieron una reunión todos los alumnos de ingeniería en el salón principal de la universidad, para darles una tardía bienvenida. El resto de las clases estarían suspendidas por ese día, por lo que Liam y Harry se fueron al baño para seguir conversando.

—¿Por qué hiciste eso? —Preguntaba Liam, sin entender.

—Porque no puedo más con la incertidumbre... Prefiero que todo termine así, porque de lo contrario, no podría soportar que yo no le gustara... Además, sería muy incómodo encontrarlo por los pasillos... mejor dejarlo así, sin que podamos reconocernos.

—Pues no lo entiendo, ¿te imaginas y se gustan? Te puedes estar perdiendo de la mejor historia de amor del siglo.

—Esas cosas no me pasan a mí. ¿Vamos a la cafetería? Necesito comer algo...

—Vamos.

Iban saliendo del baño, cuando Harry se tropezó con un precioso chico de ojos azules hermosos.

—Lo siento... —Se disculpó.

—Fue mi culpa...

Se quedaron mirando un par de segundos más de lo normal, como reconociendo al otro, pero siguieron sus caminos.

En la cafetería, Liam y Harry se sentaron al fondo, después de pedir un café y un sándwich para cada uno.

Unos minutos después, entraban Louis y Zayn, que se sentaron a un lado del lugar, en el sitio más escondido cada uno con un café.

—¿Y si lo llamas? ¿Si lo intentas? Quizás te conteste.

—¿Y si no lo hace? No sé si pueda con algo más.

Para Zayn era muy difícil ver así a Louis. Su mirada estaba apagada, tenía ojeras, parecía que no había dormido por días.

—Hazlo, no pierdes nada. No puede ser peor.

Louis sacó su celular, y buscó el contacto. Apretó el botón de llamar.

Todo en su ser se paralizó cuando sintió un teléfono sonar no muy lejos de donde estaba. Zayn también lo notó, y por el lugar de su asiento, tenía mejor visión.

Harry miró la pantalla, y por un minuto se alegró.

—Contesta, por favor, —pidió Liam. —Se lo merecen.

Y Harry contestó.

—Hola...

—Hola, ¿cómo estás?

—¿La verdad? No muy bien... ¿Y tú?—Preguntó Harry.

—Ahora mejor.

Harry sintió una presencia a su lado, y cerró los ojos. No podía ser verdad, no quería abrirlos y darse cuenta de que todo había terminado definitivamente.

Se sentía avergonzado, era incapaz de levantar la cabeza. Escuchó a Liam hablar.

—Hola, soy Liam.

—Liam, por fin te conozco. Soy Louis, y él es Zayn.

—Creo que lo mejor es dejarlos solos, —dijo Zayn, sin dejar de mirar a Liam, que le sonreía coquetamente, y quien le hizo temblar todo su cuerpo. —Estamos sentados allá.

—Vamos, te sigo.

Apenas se fueron, Louis se sentó frente a Harry. No podía creer lo bonito que era, no podía ver el acné, ni el sobrepeso, ni nada de lo que decía Harry que estaba mal.

—Mírame, ¿por favor? —pidió en un susurro, siendo lo más dulce que podía.

Y a Harry le costaba respirar, pero sabía que no tenía opción. Levantó la cabeza y abrió los ojos.

—Hola... —saludó, tímidamente.

—Hola, —sonrió Louis.

—No sé qué decir... Estoy muy nervioso, —explicó un poco más tranquilo.

—No tienes por qué estarlo... Estás seguro.

—¿Qué piensas de mí?

—Que no sé dónde está ese Harry que describiste. Yo solo puedo ver un chico hermoso...

Y Harry se sonrojó, dándole calidez al corazón de Louis.

—¿De verdad? ¿No crees que soy horrible?

—No veo el pelo grasoso, ni el acné... Menos el sobrepeso... Eres precioso, mucho más de lo que imaginé cuando hablábamos. Eres especial, el más especial para mí.

Harry no podía creer lo que estaba pasando. Su timidez empezaba a evaporarse lentamente, no quería sonreír y mostrar sus dientes con brackets, pero no pudo evitarlo. Louis era el chico más perfecto que vio alguna vez.

—Tú sí eres lindo... Y eres mucho más especial... Tú... Louis...

—¿Yo? —Preguntó Louis, sin dejar de sonreír como un tonto.

—Olvídalo... Debo irme, se me hace tarde para ir a trabajar...

—¿Te puedo acompañar?

Harry rió. —No sabía que eras tan intenso.

—No te tenía cerca...

Las piernas de Harry temblaron.

—Quizás otro día.

—Pero aún es temprano, ¿no podemos quedarnos a conversar un poco más? Tengo tanto para decirte...

—¿Algo malo?

—Solo cosas buenas... Harry, yo sé que no es el momento ni el modo, pero ¿te gustaría tener una cita conmigo?

—¿Una cita? ¿De verdad? ¿Por qué querrías tener una cita conmigo?

—¿No te has dado cuenta? Harry...

—Quiero... —Interrumpió. —Quiero tener muchas citas contigo.

—Tendremos las mejores citas, porque todas serán mirándote a los ojos... Esos ojos hermosos que me dicen muchas cosas...

—¿Cómo qué?

—Que sientes lo mismo que yo.

Los dos sonrieron, sin dejar de mirarse, descubriéndose por fin, frente a frente, sin más secretos, sin más miedos ni inseguridades. Simplemente dos chicos enamorados que se veían por primera vez.