Vida
La vida no es amarga ni sombría por sí misma.
Es, en realidad, una maravilla:
la libertad empujando contra las paredes de la existencia.
Pero la humanidad la vuelve miserable…
al menos, la mía.
Por la humanidad existo, a ella me debo,
y aun así es la que ha marcado mis traumas,
el océano sangrante que a veces desborda mi corazón,
el deseo de escapar a otro plano cuando cierro los ojos.
Prefiero entonces a los fantasmas de mi alma.
Ellos me aman.
Danzan en mi conciencia, lejos de esta vida,
en un sueño.
Una nube de paz y silencio
donde me escondo del mundo,
en los brazos del dador del espíritu,
donde siento que pertenezco.
Y allí todo es ligero…
hasta que despierto.
-No me culpo por mi oscuridad, ni huyo de ella, es lo que me hace humano.