La fusión - Adaptación Kookv (2)

Summary

Jeon Jungkook siempre consigue lo que quiere… Y ahora me quiere a mí. Conocí a Jeon Jungkook cuando me hizo una oferta para comprar mi empresa. La rechacé. Luego me invitó a cenar. Lo rechacé. Seis meses después, nos reencontramos en Francia. Aunque he intentado rechazarlo de nuevo, hemos pasado el mejor fin de semana de mi vida. Pero lo nuestro no tiene futuro. Soy viudo y tengo tres hijos pequeños, y seguro que Jungkook no busca nada serio, ¿verdad?

Genre
Erotica
Author
Annie
Status
Complete
Chapters
25
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1


Suena el teléfono de mi mesa.

—Hola —digo.

—Hola, Jeon Jungkook por la línea dos —⁠responde Minji.

—Dile que estoy ocupado.

—Tae. —Hace una pausa—. Es la tercera vez que llama esta semana.

—¿Y?

—Pues que, a este paso, no tardará mucho en cansarse de llamar.

—¿A dónde quieres llegar? —⁠pregunto.

—Esta semana hemos entrado en déficit para pagar a los empleados. Y sé que no vas a reconocerlo, pero tenemos un problema, Tae. Deberías hablar con él.

Exhalo con pesadez y me froto la cara con una mano. Sé que tiene razón: nuestra empresa, Kim Media, está en las últimas. Hemos reducido la plantilla a la mitad, de seiscientos empleados a trescientos. Desde hace meses, Jeon´s Media y el resto de la competencia nos acechan como lobos, nos observan, a la espera del momento idóneo para atacar. Jeon Jungkook es el jefe de compras y el archienemigo de cualquier empresa con problemas económicos en el mundo. Como una sanguijuela, se adueña de las empresas que han tocado fondo, las arruina y, entonces, con su inagotable fortuna, las hace resurgir de sus cenizas. Es la víbora más grande del nido. Se aprovecha del punto débil de cada compañía y cada año se embolsa millones de dólares por su cara bonita. Es un ricachón consentido con fama de ser extremadamente inteligente y frío como el hielo, además de no tener remordimientos.

Encarna todo lo que detesto de un empresario.

—Simplemente, escucha su propuesta. Nunca se sabe lo que podría ofrecer —⁠suplica Minji.

—Venga ya —me burlo—. Los dos sabemos lo que quiere.

—Por favor, Tae. No puedes renunciar a la empresa de tu familia. No voy a permitírtelo.

Me embarga la tristeza. Odio haberme metido en este embrollo.

—De acuerdo, escucharé lo que tenga que decir, pero nada más —⁠concedo⁠—. Organiza una reunión.

—Estupendo.

—No te emociones. —Sonrío con suficiencia⁠—. Lo hago para que dejes de darme la tabarra de una vez.

—Vale. De ahora en adelante, no diré ni una palabra. Lo juro.

—Ojalá. —Sonrío—. ¿Vendrás conmigo?

—Pues claro. El señoritingo puede meterse su dinero por donde le quepa.

Imaginar la escena me hace reír.

—Perfecto. Pues quedamos así.

Cuelgo y vuelvo a sumergirme en el informe. Ojalá fuera viernes y no tuviera que preocuparme por Kim Media y las facturas durante un tiempo.

Solo faltan cuatro días.






El jueves por la mañana, Minjo y yo nos dirigimos a la reunión con Jungkook.

—¿Qué hacemos aquí otra vez? —⁠pregunto.

—Quería que fuera en un lugar que conocierais los dos. Ha reservado una mesa en Bryant Park Grill.

—Qué tío más raro. Esto no es una cita —⁠me burlo.

—Seguro que forma parte de su plan infalible. —⁠Dibuja un arcoíris en el aire⁠—. Estamos en terreno neutral. —⁠De repente, abre los ojos a modo de broma⁠—. Mientras tanto, intenta darnos por culo.

—Con una sonrisa en la cara. —⁠Imito el gesto con suficiencia⁠—. Espero que al menos sea agradable.

Minji se ríe y, a continuación, vuelve a actuar como si fuera mi consejera.

—No olvides la estrategia —⁠me instruye mientras caminamos más deprisa.

—Sí.

—Repítemela para que me acuerde —⁠dice.

Sonrío. Qué tonta es Minji, pero qué gracia me hace.

—Mantén la calma. No dejes que te saque de quicio —⁠le aconsejo⁠—. Escucha lo que tenga que decir con la mente abierta sin oponerte desde el principio, déjalo hablar como si te vendiera una póliza de seguros.

—Exacto. Qué buen plan.

—Eso espero, se te ha ocurrido a ti. —⁠Llegamos al restaurante y esperamos en la esquina. Saco mi neceser del bolso y me retoco el pintalabios. Me he hecho un moño despeinado. Llevo un traje de pantalón azul marino con una blusa de seda color crema, unos zapatos de charol de tacón alto con la puntera cerrada y mis pendientes de perlas. Un atuendo apropiado. Quiero que me tome en serio⁠—. ¿Qué tal estoy?

—Estás cañón.

Me cambia la expresión.

—No quiero estar cañón, Minji. Quiero parecer una tía dura.

Frunce el ceño y me sigue la corriente.

—Durísima. —Se da un puñetazo en la palma⁠—. Pareces un miembro de Iron Maiden.

Dedico una sonrisa a mi maravillosa amiga. Lleva el pelo punki teñido de un llamativo color rojo y unas gafas rosas de ojos de gato a la última moda.

Sus zapatos rojos hacen juego con su vestido, del mismo tono, y lo acompaña con una camiseta amarillo chillón y unas medias. Intenta ir tan moderna que, en realidad, parece desfasada. Minji es mi mejor amiga, mi confidente y la mejor empleada de la empresa. Lleva cinco años a mi lado. Su amistad es un regalo. No sé dónde estaría si no fuese por ella.

—¿Preparado? —pregunta.

—Sí. Todavía faltan veinte minutos. Quería ser el primero en llegar para tener ventaja.

Hunde los hombros.

—Cuando te pregunto si estás preparado, en realidad espero que contestes «nací preparado».

La rozo al pasar por su lado.

—Pongamos fin a esto de una vez, anda.

Cuadramos los hombros, nos armamos de valor y entramos al vestíbulo.

El camarero sonríe.

—Buenos días, señoritas. ¿En qué puedo ayudarlos?

—Pues… —Miro a Minji—. Hemos quedado con otra persona.

—¿Con Jeon Jungkook? —pregunta.

Frunzo el ceño. ¿Cómo lo sabe?

—Pues… sí.

—Ha reservado el comedor privado de arriba. —⁠Señala las escaleras.

—Cómo no —mascullo en voz baja.

Minji hace una muesca asqueada y subimos las escaleras. La planta de arriba está desierta. Miramos a nuestro alrededor y reparo en el hombre que habla por teléfono en la terraza. Traje azul perfectamente entallado, camisa blanca de almidón, complexión alta y musculosa. Tiene el pelo castaño ondulado y lo lleva más corto por los lados que por arriba. No parece una víbora, sino un modelo.

—Joder, qué bueno está —susurra Minji.

—C-Calla… —tartamudeo. Me da miedo que la oiga⁠—. Tú actúa como si nada, ¿vale?

—Sí, sí. —Me da una palmadita en el muslo y yo le doy otra en la espalda.

Jungkook se da la vuelta y esboza una gran sonrisa mientras levanta un dedo para pedirnos que esperemos un momento. Dibujo una sonrisa totalmente falsa. Se gira para terminar la llamada y lo fulmino con la mirada, cada vez más furioso. ¿Cómo se atreve a hacernos esperar?

—No hables —le susurro a Minji.

—¿Puedo emitir algún sonido? —⁠murmura mientras lo mira de arriba abajo⁠—. Porque tengo muchas ganas de silbarle. Sea o no sea un capullo.

Me pellizco el puente de la nariz. Menudo desastre.

—No hables, porfa —insisto.

—Vale, vale. —Hace un gesto con la mano para fingir que se cierra los labios con una cremallera imaginaria.

Jungkook cuelga y se acerca a nosotros. Es la confianza personificada.

Sonríe de oreja a oreja y nos tiende la mano.

—Hola, soy Jeon Jungkook. —⁠Hoyuelos, mandíbula cuadrada, dientes blancos…

Le estrecho la mano. Es fuerte y grande. Al instante reparo en la sensualidad que desprende. Un pensamiento me hace retroceder enseguida: no puede saber que lo encuentro atractivo.

—Hola, soy Kim Taehyung. Encantado de conocerle. —⁠Luego señalo a Minji⁠—. Le presento a Park Minji, mi asistente.

—Hola, Minji. —Sonríe—. Encantado de conocerte. —⁠Hace un gesto con la mano para indicar la mesa⁠—. Tomad asiento, por favor.

Me acomodo con el corazón en la garganta. Estupendo. Como si no estuviera alterado por la reunión, además tenía que ser guapo.

—¿Café? ¿Té? —Señala la bandeja⁠—. Me he tomado la libertad de pedirnos el té de la casa.

—Café, por favor —digo—. Con leche.

—Lo mismo para mí —añade Minji.

Nos sirve los cafés con cuidado y nos los tiende junto con un plato de pasteles.

Tenso la mandíbula para no hacer ningún comentario sarcástico y, al fin, se sienta frente a nosotros. Se desabrocha la chaqueta del traje con una mano y se acomoda en el asiento. Me mira.

—Me alegro de conocerte por fin, Taehyung. He oído hablar mucho de ti.

Arqueo una ceja, molesto. Odio que tenga una voz grave tan sexy.

—Lo mismo digo —contesto.

Me fijo en los gemelos de ónice negro y oro que lleva en el traje y su enorme Rolex; este tío huele a dinero. El aroma de su loción para después del afeitado flota en el ambiente. Hago todo lo posible por no inhalar esa fragancia que me resulta de otro mundo. Miro a Minji, que sonríe como una tonta mientras lo mira… absolutamente embobada.

Genial.

Jungkook se reclina en la silla con actitud relajada, confiada, y una expresión serena y calculadora en el rostro.

—¿Qué tal la semana?

—Bien, gracias —contesto. Está poniendo a prueba mi paciencia⁠—. Vayamos al grano, señor Jeon, ¿le parece?

—Jungkook —me corrige—. Y tutéame.

—Jungkook —rectifico—. ¿A qué se debe tanto interés en que nos reunamos? Me has llamado cada día durante todo el mes.

Se da unos toquecitos con el dedo en los labios carnosos como si mi comentario le hiciera gracia y me mira a los ojos.

—Llevo un tiempo pendiente de Kim Media.

Arqueo una ceja.

—Ajá. ¿Y qué has descubierto?

—Que todos los meses despides a parte del personal.

—Estoy reduciendo la plantilla.

—Pero no quieres hacerlo.

Este hombre tiene algo que me molesta.

—No me interesa su oferta, señor Jeon —⁠espeto. Alguien me da una patada en la espinilla y hago una mueca de dolor. ¡Ay, qué daño! Miro a Minji, que abre mucho los ojos para pedirme que me calle.

—¿Por qué crees que voy a hacerte una oferta? —⁠replica con calma.

¿Cuántas veces habrá mantenido esta conversación?

—¿No es así?

—No. —Da un sorbo al café—. Me gustaría adquirir tu empresa, pero no estoy ofreciendo un pase gratuito.

—Un pase gratuito —repito, incrédulo.

Minji me da otra patada. ¡Au, qué daño! Lo miro enfadado y ella esboza una amplia sonrisa para pedirme que haga lo mismo. «Sonríe, sonríe».

—¿Y a qué se refiere cuando habla de «pase gratuito», señor Jeon?

—Jungkook —me corrige de nuevo—. Y tutéame, por favor.

—Voy a llamarlo como me dé la gana.

Me obsequia con otra sonrisa atractiva que esboza lentamente, como si estuviera disfrutando cada segundo de la conversación.

—Está claro que eres un doncel apasionado, Taehyung, y es admirable, pero hablemos con seriedad de una vez, por favor.

Frunzo los labios y me obligo a guardar silencio.

—Durante los últimos tres años, tu empresa ha sufrido pérdidas notables. Muchos de tus anunciantes han dejado de confiar en ti. —⁠Se lleva la mano a la sien sin dejar de mirarme⁠—. Cuadrar las cuentas debe de ser una auténtica pesadilla.

Trago saliva para deshacer el nudo que se me ha formado en la garganta mientras nos miramos fijamente.

—Yo podría encargarme de todo y, por fin, disfrutarías de un descanso más que merecido.

Me hierve la sangre de rabia.

—Eso te encantaría, ¿verdad? Jugar al buen samaritano y encargarte de todo. Acudir al rescate montado en tu corcel blanco y salvarme como todo un caballero.

Me mira a los ojos. Un atisbo de sonrisa le cruza el rostro.

—Voy a mantener a flote mi empresa, aunque sea lo último que haga. —⁠Recibo otra patada y doy un respingo. Se me ha acabado la paciencia⁠—. Minji, deja de darme patadas —⁠susurro.

Jungkook nos mira con cierta diversión.

—Eso, Minji, tú dale —la anima⁠—. A ver si, de paso, le infundes algo de sentido común.

Pongo los ojos en blanco, avergonzado de que mi asistente se haya cebado con mis espinillas.

Se inclina hacia delante para atacar de nuevo.

—Voy a dejar clara una cosa: yo siempre consigo lo que quiero. Y lo que quiero ahora es Kim Media. Puedo comprarte la empresa en este mismo instante por un buen pellizco que te cubrirá las espaldas. O… —⁠Se encoge de hombros como si no pasara nada⁠—… puedo esperar a que los liquidadores intervengan dentro de seis meses, me la quedo a precio de saldo y tú te declaras en bancarrota. —⁠Junta las manos por encima de la mesa⁠—. Ambos sabemos que se acerca el final y no hay escapatoria.

—Chulito de mierda —musito.

Alza el mentón y se regodea con una mueca de orgullo.

—Los chicos buenos no se comen una rosca, Taehyung.

Cuanto más me esfuerzo por mantener la calma, más me aumentan las pulsaciones cardíacas.

—Piénsatelo. —Saca su tarjeta y me la ofrece.

Jeon Jungkook

Jeon´s Media

212-884-4946

—Sé que no es así como te gustaría vender tu empresa, pero debes ser realista —⁠prosigue.

Lo veo ahí sentado, tan frío y despiadado, y presagio que estoy a punto de explotar.

Nos miramos fijamente.

—Acepta la oferta, Taehyung. Esta tarde te mandaré una propuesta por correo electrónico. Me ocuparé de ti.

Se acabó. He perdido la paciencia y me echo hacia delante, con el cuerpo más cerca de él.

—¿Y quién se ocupará de la memoria de mi difunto marido, señor Jeon? —⁠Me burlo⁠—. Seguro que Jeon´s Media no.

Hace una mueca con los labios, incómodo por primera vez.

—¿Sabe algo de mí y de mi empresa?

—Sí.

—Entonces sabrá que mi marido la fundó porque era su sueño. Trabajó durante diez años para hacerla crecer. Su sueño era cedérsela a sus tres hijos.

Continúa con la mirada puesta en mí.

—Así que ni se le ocurra… —⁠Doy un manotazo en la mesa mientras se me llenan los ojos de lágrimas⁠— mirarme con esa cara de chulito y amenazarme. Porque, señor Jeon, le aseguro…, le aseguro que nada de lo que usted pueda hacer me dolerá tanto como la muerte de mi marido. —⁠Me pongo en pie⁠—. He estado en el infierno y sé lo que es eso, y no voy a permitir que un ricachón mimado me humille de esta manera.

Sus labios forman una línea recta y se muestra impasible.

—No vuelva a llamarme —espeto mientras echo la silla hacia atrás con brusquedad.

—Piénsatelo, Taehyung.

—Váyase a hacer puñetas —exclamo. Acto seguido, me doy la vuelta y, hecho una furia, me dirijo hacia la puerta.

—Hoy tiene un mal día. Sin duda, lo pensaremos —⁠balbucea Minji,, avergonzada⁠—. Gracias por la tarta, estaba riquísima.

Los ojos se me empañan. Enfadado, me seco las lágrimas mientras bajo a toda prisa por las escaleras y salgo por la puerta principal. No puedo creer lo poco profesional que he sido. Bueno, al menos le he plantado cara, o eso creo.

Minji acelera el paso para alcanzarme. Tiene la prudencia de guardar silencio. Entonces, mira a un lado y al otro, y dice:

—¡A la mierda el trabajo, Tae! Lo mejor que podemos hacer ahora mismo es cogernos una buena borrachera.



Jungkook


Me planto junto a la ventana y contemplo Nueva York con las manos en los bolsillos. Una extraña sensación me roe las entrañas.

Kim Taehyung.

Guapo, inteligente y orgulloso.

No importa cuántas veces haya intentado olvidarme de el desde nuestra reunión de hace tres días, no puedo.

Su aspecto, su aroma, cómo se le marcaban los pechos con esa camisa de seda. El fuego de su mirada.

Es el doncel más bello que he visto en mucho tiempo. No dejo de pensar en sus palabras. Una y otra vez.

«Así que ni se le ocurra mirarme con esa cara de chulito y amenazarme. Porque, señor Jeon, le aseguro…, le aseguro que nada de lo que usted pueda hacer me dolerá tanto como la muerte de mi marido. He estado en el infierno y sé lo que es eso, y no voy a permitir que un ricachón mimado me humille de esta manera».

Me siento en mi silla y jugueteo con un boli entre los dedos mientras repaso mentalmente lo que voy a decir. Debería llamarlo y concertar otra reunión con el. Tengo miedo. Exhalo con pesadez y marco su número.

—Despacho de Kim Taehyung.

—Hola, Minji, soy Jeon Jungkook.

—Ah, hola, Jungkook —responde, con un tono de voz que delata lo contenta que se ha puesto con mi llamada⁠—. ¿Quieres hablar con Tae?

—Sí, ¿está disponible?

—Te paso con el.

—Gracias.

Espero y, entonces, contesta.

—Hola, soy Kim Taehyung ¿Qué desea?

Cierro los ojos al oír su voz: sexy, grave, seductor.

—Hola, Taehyung. Soy Jungkook.

—Ah. —Guarda silencio.

Mierda, Minji no le ha dicho que era yo.

Me invade una sensación desconocida.

—Solo quería comprobar si estabas bien después de la reunión del otro día. No quería ofenderte. Perdona si lo hice. —⁠Tuerzo el gesto en una mueca.

¿Qué hago? Esto no estaba planeado.

—Mis sentimientos no son de su incumbencia, señor Jeon.

—Jungkook —lo corrijo.

—¿En qué puedo ayudarle? —exclama con impaciencia.

Me he quedado en blanco.

—¿Jungkook? —me exhorta.

—Me preguntaba si te gustaría cenar conmigo el sábado por la noche. —⁠Cierro los ojos, horrorizado. ¿Qué diantres estoy haciendo?

Se queda callado un instante y, entonces, pregunta, sorprendido:

—¿Me estás pidiendo que salga contigo a cenar?

Estoy confundido.

—No me gustó cómo nos conocimos. Preferiría hacer borrón y cuenta nueva.

Taehyung ríe con desdén.

—Esto tiene que ser una broma. No saldría contigo ni aunque fueras el último hombre vivo sobre la faz de la Tierra. —⁠Y añade en un susurro⁠—: El dinero y la apariencia no me impresionan, señor Jeon.

Me muerdo el labio inferior. Ay.

—Nuestra reunión no fue nada personal, Taehyung.

—Para mí, sí. Y mucho. Búscate a una muñequita sin cerebro a la que engatusar, Jungkook. No tengo ningún interés en salir con un chupóptero como tú. —⁠Se oye un pitido y cuelga.

Absorto, me quedo mirando el auricular durante un buen rato. Sus palabras combativas han hecho que se me dispare la adrenalina.

No sé si estoy sorprendido o impresionado.

Quizá ambas cosas.

Nunca me habían rechazado y, desde luego, jamás me habían hablado en ese tono.

Me planto frente a mi ordenador y busco en Google: «¿Quién es Kim Taehyun?».