JungKook * Leeme y te lo haré
Nunca me interesaron mucho los libros hasta que la vi leer uno con las piernas abiertas, el ceño fruncido y los labios entreabiertos como si lo que estaba pasando en esas pĂĄginas la estuviera tocando por dentro.ï»ż
Desde ese momento, supe que querĂa que me leyera.
Y no cualquier cosa.
âÂżQuĂ© parte te calienta mĂĄs? âle preguntĂ© una noche, mientras se sentaba en mi cama con una taza de tĂ© que no se iba a terminar.
âÂżEn el libro?
AsentĂ, apoyado contra la cabecera, desnudo de cintura para arriba, con las sĂĄbanas apenas cubriĂ©ndome el abdomen.
Ella bajĂł la mirada, fingiendo pensar, pero sabĂa que ya lo tenĂa marcado. El capĂtulo exacto. La pĂĄgina exacta. El pĂĄrrafo que la hacĂa cerrar las piernas, como si intentara atraparse la humedad.
âCapĂtulo nueve âsusurrĂł.
âTrĂĄelo.
Ella dudĂł, pero se levantĂł. Y volviĂł con el libro apretado contra el pecho, como si fuera algo prohibido. Me encantaba verla asĂ. Con esa vergĂŒenza cargada de ganas.
âQuiero que me lo leas. En voz alta.
âÂżTodo?
âSolo la parte caliente. Y quiero que entiendas algo, nena... âLe tomĂ© la muñeca y la atraje hacia mĂ, sentĂĄndola sobre mis piernasâ. Todo lo que digas, voy a hacĂ©rtelo. Tal como estĂĄ escrito.
Ella tragĂł saliva.
Y empezĂł a leer.
âĂl la acorralĂł contra la pared, tomĂĄndole la mandĂbula con una sola mano. El calor de su cuerpo la envolviĂł al instante. Sus labios rozaron los de ella, sin besarla, solo respirĂĄndola, como si el aire entre ambos fuese demasiado denso para ignorarlo...â
âVen aquĂ âmurmurĂ©, quitĂĄndole el libro de las manosâ. PĂĄrate.
Se puso de pie frente a mĂ. Me levantĂ©. TomĂ© su mandĂbula como lo decĂa el texto, sujetĂĄndola con firmeza. Mi pulgar trazĂł su labio inferior. No la besĂ©. Solo respirĂ© su aliento. Su olor. Su expectativa.
âÂżAsĂ?
AsintiĂł.
VolviĂł a tomar el libro con manos temblorosas y leyĂł:
âLa besĂł. Fuerte. Con hambre. Con esa urgencia que no pide permiso, que arranca el aliento y lo deja temblando.â
La besĂ©. Fuerte. MordĂ su labio, lamĂ su lengua, la atrapĂ© por el cuello con una mano y la cadera con la otra. La apretĂ© contra mĂ, como si su cuerpo fuera el Ășnico aire que pudiera respirar.
Ella gimiĂł. Cortito. Contra mi boca.
âĂl le levantĂł la blusa sin romper el beso. Le acariciĂł los senos por encima del encaje. No tuvo paciencia para el sostĂ©n.â
No la tuve.
Le subà la polera y metà la mano por debajo. Sus pezones ya estaban duros, esperåndome. La empujé hacia la cama. Se dejó caer. Despacio.
Me quité el pantalón de pijama. Mi erección golpeó contra mi abdomen cuando quedé completamente desnudo. Ella me miraba con los muslos apretados y la respiración temblando.
TomĂł el libro y siguiĂł:
âElla jadeĂł cuando sintiĂł su lengua bajar por su pecho, su estĂłmago, su entrepierna. Ăl no le quitĂł la ropa interior. Solo la corriĂł a un lado. Y la lamiĂł como si fuera la primera vez que probaba algo asĂ de delicioso.â
âAbre las piernas âordenĂ©, con la voz rasposa por lo duro que estaba.
Ella obedeció. Su ropa interior estaba empapada. Corrà la tela, la dejé expuesta y bajé la cabeza.
La lamĂ. Lento al principio, saboreando cada lĂnea de su humedad. Luego mĂĄs profundo. MĂĄs sucio. Ella se arqueĂł con un gemido entre dientes. La sujetĂ© de las caderas para que no se moviera y hundĂ la lengua como si quisiera marcar territorio.
âSabe mejor que lo que imaginaba âsusurrĂ© contra su clĂtoris, y ella soltĂł un âfuckâ que me hizo mĂĄs duro aĂșn.
âSigue leyendo.
âCuando ella estaba a punto de correrse, Ă©l se detuvo. SubiĂł por su cuerpo y la penetrĂł de una sola estocada. No fue suave. No fue dulce. Fue hambre, pura y brutal. El sonido de sus cuerpos chocando llenĂł la habitaciĂłn.â
Me arranqué el condón del cajón y lo puse råpido.
âÂżEstĂĄs lista para eso?
âSĂ âjadeĂłâ. Hazlo, Kook.
La levanté por la cintura y la giré boca abajo sobre la cama. Le abrà las piernas, la tomé de la cadera y la penetré de una sola embestida.
Gemimos al mismo tiempo.
Estaba tan hĂșmeda que entrĂ© hasta el fondo sin resistencia. Me quedĂ© quieto un segundo, solo sintiendo cĂłmo me apretaba por dentro.
Y luego la cogĂ como dice el libro.
Como un animal.
Las embestidas eran secas, rudas, rĂĄpidas. El sonido de piel contra piel era brutal. La habitaciĂłn olĂa a sexo, a sudor, a ella.
Sus gemidos ya no eran suaves. Eran rotos. De esos que no se pueden controlar.
Le tomĂ© el cabello y tirĂ© de Ă©l hacia atrĂĄs, arqueĂĄndola para mĂ.
âMĂrame mientras te follo.
Ella girĂł la cara hacia atrĂĄs. Sus ojos brillaban. Sus labios estaban hĂșmedos. VolvĂ a embestir, mĂĄs profundo. MĂĄs sucio.
Le escupĂ la espalda baja y dejĂ© que resbalara por su piel antes de meterla mĂĄs duro aĂșn.
âEres tan jodidamente deliciosa âgruñĂ.
âĂl le dio una nalgada fuerte. Luego otra. Y otra. Hasta que la piel quedĂł marcada, caliente. Hasta que ella suplicĂł por mĂĄs.â
Le di una. SonĂł fuerte. Ella gimiĂł.
Otra. Esta vez se quejĂł, pero empujĂł la cadera hacia mĂ. La querĂa toda.
Otra.
Sus jadeos eran desesperados.
âDime que quieres mĂĄs.
âQuiero mĂĄs, Jungkook... por favor...
Me sentĂa al borde. Pero no iba a venirme todavĂa.
Le di vuelta como si no pesara nada. Boca arriba de nuevo. Su pelo desordenado sobre las sĂĄbanas. Sus labios rojos. Las piernas abiertas para mĂ.
La volvĂ a meter. Ahora mĂĄs lento. Pero mĂĄs profundo.
Se retorciĂł.
âMĂrame mientras te rompo en dos âle ordenĂ©.
Sus ojos se clavaron en los mĂos.
Le levanté una pierna al hombro. Entré mås profundo. Ella gritó. Me apretó fuerte por dentro. Le tomé el cuello con una mano. No fuerte. Solo lo suficiente para sentir su pulso bajo mis dedos.
âTan mojada... tan perfecta para mĂ.
Mis caderas golpeaban contra ella sin piedad. El colchĂłn crujĂa.
âElla se vino gritando su nombre, temblando, mientras Ă©l la miraba con devociĂłn y deseo salvaje. Y no parĂł. No hasta correrse tambiĂ©n. Dentro de ella. Hundido hasta el fondo.â
âCĂłrrete para mĂ âle dijeâ. Hazlo ahora.
Le metĂ dos dedos mientras la follaba, presionando su clĂtoris sin descanso. Ella se vino con un grito agudo, arañåndome los hombros, convulsionando alrededor de mĂ.
No paré.
SeguĂ dĂĄndole.
QuerĂa llenarla.
Y cuando sentà que el orgasmo me arrastraba, la tomé del rostro con ambas manos y la besé con violencia.
Me corrĂ con un gemido gutural. Hundido. Preso. Entero.
Mi cuerpo temblĂł contra el suyo. El sudor nos pegaba la piel.
CaĂ sobre ella, jadeando.
El libro yacĂa al borde de la cama, abierto por la mitad.
Nos quedamos en silencio, envueltos en el olor de lo que acabĂĄbamos de hacer.
Pero ni siquiera me habĂa calmado del todo.
Mi mano volviĂł a recorrer su vientre, bajando entre sus muslos, lento, como si aĂșn buscara mĂĄs de ella.
Ella temblĂł bajo mi palma.
âOtra vez no âmurmurĂł, sonriendo apenasâ. Voy a derretirme.
âEse es el punto âsusurrĂ© contra su cuelloâ. AĂșn no termino contigo.
Mis dedos estaban hĂșmedos otra vez. Su cuerpo seguĂa respondiendo, incluso agotado. Ella abriĂł los ojos, jadeando.
âJungkook...
La besé, esta vez mås suave. Pero igual de deseoso.
La querĂa exhausta. Desnuda. Desarmada.La querĂa cada noche.
Y ahora tambiĂ©n querĂa algo mĂĄs.
âÂżMe lees mañana el capĂtulo diez?
Ella riĂł, sin aire.
âÂżY quĂ© vas a hacerme si lo hago?
Le lamĂ el lĂłbulo.
âLo que venga escrito... y lo que me invente.








