Capítulo 1
Desde que soy niña he tenido problemas para adaptarme a las demás personas. Siendo sincera, nunca entendí a las otras personas ni supe cómo relacionarme con ellas. Cuando entré a preescolar, traté de esforzarme por mamá y hacer amigos, acercándome a un grupo de niñas.
“Bien, bien, tú puedes, tú puedes hacerlo”, pensé nerviosa mientras caminaba hacia un grupo de niñas.
—Ah… Eh… Mucho gusto, So-So-Soy Ivette Parker —dije nerviosa mientras me salían lágrimas de los ojos debido al terror—.
Creía que no haría ningún amigo nunca, hasta que un día mi madre me regaló un dinosaurio de felpa, Dino; ella era una amiga que mamá me había dado para cuando estuviera sola. Esto se debía a que era una Idol cuando era niña y no tenía tanto tiempo para mí.
Su compañía era todo lo que me hacía feliz en los días que no tenía a nadie. Dino estuvo a mi lado todo el tiempo, ya fuera en las buenas o en las malas.
No obstante, no fue la única que me acompañó en las malas. Mamá también me puso un video de una chica en su celular; ella era Miely.
—¡Hoy! ¡Chicos! —gritó Miely al inicio de su video—. Jugaremos a Lil on, un juego inspirado en la película esa… la de la que fue asesinada en una casa. Bueno, jaja, puede ser cualquiera, pero ustedes me entienden.
Ella hacía videos de juegos, normalmente de terror, pero aunque no me gustara tanto, Miely me hacía mucha compañía cuando no estaba con mi mamá. Me sentía menos sola, y fue una relación parasocial que me dio un empujón para intentar ser lo que Miely fue para mí en mi soledad.
—¡Bueno! Chicos y chicas, hoy ya fue suficiente, tengo mucho sueño —bostecé sentada frente a mi computadora, terminando mi pequeño hobby con un simple botón—. Adiós.
Después de estar todo el día jugando videojuegos en mis directos, me desplomé en mi cama. Me estaba quedando dormida y, entre más cerraba los ojos, más veía la silueta de una niña en el fondo de mi habitación.
Sentía el cuerpo tan pesado que ni siquiera fui capaz de reaccionar a ella. Por momentos incluso sentí una pequeña manita acariciando mi cabeza con cariño y el tarareo de una canción.
Me desperté en cuanto escuché el llanto de mi sobrina. Ella era una bebé recién nacida que me dejaban a mi cargo de vez en cuando. La silueta que veía antes había desaparecido, dejando tan solo un olor rancio en mi habitación.
Para calmarla tuve que sacarla a dar un paseo fuera del apartamento. Salir no me gustaba, menos cuando mi madre y mi hermana mayor no estaban. Era común que esas dos no estuvieran. Esto se debía a que una era una cantante famosa y la otra se la pasaba en el hospital todo el día. Siendo honesta, que no estuvieran en casa me ponía nerviosa desde que era niña. Mi estómago se volvía tan sensible que un simple gas era una náusea más en el día a día. En simples palabras, estar sola o sin mi mamá era un infierno para mí.
Me ponía videos de Miely o mis canciones favoritas para escucharlos con mis audífonos en bucle. Todo con tal de calmar mis nervios y las burbujas en mi panza. Como era de noche, me sentía mucho más inquieta cada que daba un paso en los pasillos del edificio.
"Debes controlarte. Respira. Respira, respira, Dayana te necesita, ella te necesita ahora mismo", pensé, respirando hondo y caminando de un lado a otro para calmar a mi sobrina recién nacida.
—Eva —me llamó una mujer con un abrigo negro acercándose—.
—Es… es… es Ivette —me quejé en voz baja con un leve susurro—.
—Veo que Dayana sigue siendo tan hiperactiva como siempre.
—Ah… eh... se-señora Ma-Martha. S-sí, es una… una… bueno… ah… —tartamudeé bajando todo el volumen de mi celular para poder escucharla bien—.
—Jaja, no te preocupes, cariño —se rio la señora Martha, acercándose—. Y por cierto, tu padre me dijo que estabas buscando trabajo estos días. Por fin, después de casi 4 años de encierro, saldrás de casa a trabajar, ¿verdad?
—Mm. S-sí. Lo-lo estoy intentando.
—Tomaste mi consejo de respirar y contar hasta diez, ¿verdad? Jaja. Eso me ayudaba mucho a tu edad, cuando tenía ansiedad.
Me quedé en silencio, solo respondiendo con un asentimiento sin voltear a verla.
—Eva. Eres muy joven y aún tienes a tu madre contigo. Eso es más de lo que muchos de nosotros tuvimos. Así que no tengas miedo de salir, ¿sí?
—S-si.
"Soy patética. Tengo 23 años... y en unos meses cumpliré 24. Sigo sin... sin tener nada. No tengo pareja, soy virgen, no tengo casa propia y mis streams no me dan lo necesario para ayudar a mamá. Soy patética", pensé, suspirando y mordiendo mi labio para no llorar ahí mismo frente a la amiga de mi madre.
—Tienes una solicitud de trabajo ya llena para llevarla a mi trabajo. Es un puesto en el otro, mundo, Pandora. Así podrán contratarte y no te preocupes, Eva —mi vecina me agarró del hombro—. Haré lo que pueda para que mi jefa te pueda dar un trabajo cerca de tus cualidades para que no te sientas tan abrumada.
—Gra-Gracias. Y… sí, tengo… tengo una solicitud ya llena, iba a llevarla a un Oxxo, pero no pierdo nada dan-dándole la solicitud —le respondí entre tartamudeos—.
Esa noche le entregué la solicitud a la vecina para tener un trabajo antes de que llegara diciembre. Mi plan era conseguir suficiente dinero para comprarle un regalo a mamá por no haberme dejado sola cuando todo empeoró, no como mi padre y mi hermano. Ellos dejaron de hablarme desde que me encerré en mi habitación.
"Solo espero que no me llamen. No, no, debo esperar que ellos me contraten. Me he esforzado mucho para salir estos días a las fiestas familiares, para así prepararme y poder trabajar fuera —recostada en mi cama, abracé a Dino con fuerza—. Por mamá… debo hacerlo por ella…", pensé, cerrando los ojos, sintiendo cómo mi cuerpo temblaba, con la compañía de una sensación de querer gritar con todas mis fuerzas y con las burbujas en mi estómago doliendo cada vez más.
—¡¡Ivy!! ¡¡Ya llegamos!! ¡Y te traje una hamburguesa! —gritó mi mamá, entrando a mi habitación—.
—Ma… Mamá —jadeé levantándome de mi cama—. No ibas a quedarte esta noche también en el hospital.
—No. Eso fue el jueves y ya estamos a sábado, Ivy. Dime, ¿ya cenaste?
—No. Apenas estaba por ir a hacerme algo de comer. Y… —me mordí el labio para respirar hondo y agarrar valor—. Le di una solicitud a la señora Martha. Así que es posible que me llamen en unos días.
—¿En serio? ¿Y estás lista para salir e ir? ¿Quieres que te acompañe cuando te llamen de ese lugar? —me preguntó mamá, sentándose a mi lado para acariciar mi cabeza y mi mejilla con su mano—.
—S-Si, mamá.



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