Especial MephSonic - "What if..."

Summary

Episodio especial basado en la novela SHADONIC "Un Matrimonio con las Horas Contadas" - ESTE EPISODIO NO PERTENCE AL CANON ORIGINAL DE LA NOVELA - Mephiles TOP Sonic BOTTOM - Contenido Explícito - Infidelidad - M-preg Si esta ship no te gusta, por favor abstenerse 💙

Genre
Drama
Author
UnCactus22
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo Único

Sonic…

Mi amado.

Mi esposo.

Mi vida entera.

¿Cómo es que eras tan hermoso?

¿Cómo yo tenía la dicha de tener cada parte de tí?

Eras completamente perfecto.

Tus ojos.

Tus labios.

Tu piel.

Tu sonrisa.

Tu mente.

Tú.

Todo tú.

No existía rincón tuyo que no haya tenido la bendición de conocer.

Era totalmente adicto a tí.

Tenías una manera única y maravillosa de animar a los demás.

Una forma de ver al mundo más alegre y positiva.

Un liderazgo nato y fortaleza que hacía flaquear a cualquiera.

¿Tienes idea de lo afortunado que me hacías estando a mi lado?

¿Sabrías del terrible poder que tenías sobre mí para que hicieses lo que quisieras conmigo?

Hacer el amor contigo era la experiencia más cercana que tenía al cielo.

Ver tu rostro.

Unir nuestras pieles.

Fundirnos y quedarnos atados uno al otro.

Joder, joder, joder.

¿Cómo podía decir que te amaba de una manera más fuerte e intensa?

Las palabras se quedaban cortas.

Mis actos también.

Te lo daba todo siempre y aún así no era suficiente.

Solo bastaba una afirmación tuya para que me arrancara el corazón y dártelo si así lo querías.

Nuestros días no podían ser más felices.

Teníamos un hogar lleno de risas y 2 pequeños niños idénticos a tí corriendo por toda la casa.

Dinero.

Lujos.

Poder.

Todo lo que hacía era estrictamente para nuestros hijos y para tí.

¿Qué más podía desear?

¿Qué más podía querer?

No era ni un poco digno de tenerte conmigo.

Aún así, mataría a quien sea que intentara alejarte de mi lado.

El día que nos unimos por primera vez, mi vida cambió por completo.

Era más joven.

Más torpe.

Pero podía reconocer lo que sentía al estar contigo.

Eras único.

Irrepetible.

Maravilloso.

¿Cómo mierda podría buscar a alguien “mejor” que tú?

Tuve miedo.

Ansiedad.

Terror de perderte.

Me habías elegido y yo debía agradecer la oportunidad que se abría ante mí.

La forma como me mirabas.

La manera que me tocabas.

Los momentos que teníamos juntos.

Todo estaba grabado con fuerza en mi corazón.

Ahora, mirándote, desnudo, justo debajo de mí, confirmaba que era el hombre más afortunado de la tierra.

¿Tienen idea de lo mágico que es intimar con el amor de tu vida?

- Mephs… me encantas…

Cada palabra que salía de tí me llevaba al paraíso.

Cada toque.

Cada beso.

Cada estocada.

Ya había perdido la cuenta de todas las veces que estuvimos así.

Donde nadie más existía.

Donde solo éramos nosotros amándonos.

Donde no necesitaba más.

Comencé a ir fuerte.

Tus manos se aferraron a mi espalda.

Tus piernas alrededor de mi cadera.

Mordí tu cuello mientras buscaba hacerte gritar.

Era temprano.

Estábamos en mi oficina.

Encima de mi escritorio.

Cualquiera podía vernos o escucharnos.

¿Pero qué mierda importaba?

Entraste hace unas horas visitándome un momento y…

Dios, ¿cómo me podría resistir a tu mirada llorosa y suplicante de atención?

Si lo querías, lo tenías.

Si lo pedías, te lo daba.

Si lo buscabas, lo encontrabas.

Nada jamás se te había negado y eso me incluía a mí y todo mi cuerpo.

Marqué tu pecho.

Tu abdomen.

Tus brazos, tus muslos, tu espalda.

Me pertenecías, pero siempre lo dejaría en claro igualmente.

El anillo más costoso del país iba en tu mano derecha.

Mi apellido iba justo al lado de tu nombre en todos los registros.

Nuestros niños eran la prueba viviente de que estaríamos eternamente unidos.

Sonic, maldita sea.

Por tí destruiría al mundo entero, pero principalmente a mí mismo.

- ¡Ah! ¡Ahh! ¡Más, más…!

Levanté tus caderas sobre la mesa.

Me acomodé haciendo más profunda la intromisión.

Varios papeles cayeron al suelo.

El mueble comenzó a chirriar.

Me jalaste la corbata haciendo que mi camisa resbalase.

Nuestros sexos estaban unidos al igual que nuestros ojos.

Todo, todo de mí.

Te daría siempre absolutamente todo sin ningún miedo.

Mis testículos rebotaban con fuerza en tu entrada.

Tus brazos me jalaban buscando más contacto.

Yo quería ser delicado, pero tú jamás lo permitías.

Amabas que fuese duro.

Fuerte.

Feroz.

Nuestros encuentros eran salvajes, no obstante, no significaban que no estuviesen llenos de amor.

Tomé tu miembro masturbándolo.

Comencé a ir al ritmo de mis estocadas estimulándote por completo.

Ver tus ojos en blanco y tu lengua buscándome era todo lo que necesitaba.

Había visto este paisaje miles de veces, pero siempre sería increíble volver a vivirlos.

Tu vientre se hinchaba ante cada embestida.

Tu pecho subía y bajaba.

Tu piel se iba marcando cada vez más de sudor.

La puerta de la oficina sonó.

No me detuve.

Continué yendo lo más profundo que pude.

- Amor… - susurraste intentando contenerte.

Te besé sosteniendo tus gemidos.

Era obvio que no iba a permitir que NADA nos separe.

Tomé tu cintura.

Te pegué más fuerte hacia mi miembro.

- Suéltalo todo… quiero oírte.

- ¡Mephs…!

- Grita, mi amor, que todos sepan que nos amamos…

- ¡Ahh! ¡Ah!

- Más fuerte, cariño… sabes que tú también eres dueño de todo…

- ¡Pero…!

- Yo también quiero esto contigo...

El sonido de la puerta insistió.

Me sostuve del escritorio poniendo casi todo mi peso encima de tuyo.

Vi tu miembro hinchado y listo para terminar, pero aún necesitábamos más de esto.

- Señor… - la voz de una empleada llamó afuera.

Algo se removió en mi estómago con ira.

Siempre odiaría la imprudencia de los demás.

- ¡LES DIJE QUE NO NOS MOLESTARAN! - grité sin separarme.

Te aferraste a mis hombros viéndome directamente a los ojos.

- Lo-Lo siento… es urgente…

- ¿QUÉ MIERDA QUIERES?

- Es… es el contacto que me pidió… está al teléfono…

Me detuve un poco.

Me aferré a tus labios atrayéndote hacia mí.

Te levanté rápido obligando que tus piernas se enredaran en mi cintura.

Te asustaste un poco por la nueva pose, pero te besé por todo el rostro haciéndote entender que todo estaba bien.

Me terminé de deshacer de mis pantalones.

Avancé hacia la entrada contigo encima de mí.

Mi pene seguía perfectamente encajado en tu interior.

- Mephs…

- Tranquilo, amor. Nadie nos verá…

- Siento que… voy a…

- Si tienes que hacerlo, solo hazlo.

- No… yo…

- Shh… NADA me alejará de tí…

Llegamos hacia la puerta.

Te acomodé justo al lado izquierdo pegándole contra la pared.

Ahí, dejé caer tu peso sobre mi sexo chocando con tu próstata.

Mordiste tus labios ansioso mientras te miraba profundamente a los ojos.

Abrí la puerta cubriendo tu cuerpo con el mío.

Recibí como sea el teléfono de mi estúpida secretaria y volví a cerrar.

Te acomodé bien contra el papel tapiz haciendo que sintieras todo el grosor de mi miembro.

- Te estuve llamando todo el día… - contesté.

Me viste entre satisfecho y divertido.

No era la primera vez que hacíamos algo así, pero siempre era emocionante.

Llevaste tus manos a tu boca reteniendo tus gemidos mientras comenzaba a moverme despacio.

- No me importa lo que tengas que hacer, solo hazlo… - susurré.

Tus ojos nuevamente se fueron perdiendo.

Controlar mi voz y lucir serio al teléfono en cualquier situación, era un don nato que siempre iba a explotar.

- ¡Solo obedece!

Verme enojado o fuera de mí siempre te excitaría más de lo normal.

Sentí tu interior contraerse.

Tu piel vibrar.

Delineé tu cuerpo comprendiendo que necesitabas acabar.

- Deja de ser un estorbo y cumple con tu deber… - gruñí.

Colgué la llamada.

Lancé el teléfono.

Me jalaste hacia tí deseoso porque lleguemos al final.

Nuestros labios se unieron.

Te coloqué sobre el primer sillón que vi levantando tus rodillas.

Golpeé justo en el punto que sabía que amabas.

Sonic, en este momento, unido a tí, siendo ambos uno solo, podía sentir que iba a morir.

Tu semen salió disparado.

Sentí tu cuerpo tembloroso deshacerse entre mis brazos.

Continué moviéndome hasta dejarte en blanco.

Al ver tu rostro rendido y completamente enamorado, mi propio clímax no lo resistió más.

Una terrible corriente eléctrica barrió mi abdomen y mi espalda.

Me vine en tu interior mordiendo tus labios.

Nuestras manos se aferraron.

Nuestros ojos se buscaron.

Solo éramos los 2.

Nada ni nadie merecía vivir lo mismo que nosotros.

- Te amo…

Escucharte decir eso fue lo último que necesité para terminar de caer.

- Sonic…

- Te amo muchísimo…

Reí contento.

Mi cuerpo se rindió en el tuyo.

Tomé tu rostro besándolo dulcemente.

Nuestras respiraciones se entrelazaron.

Acariciaste mis púas haciéndome suspirar.

- Amor…

- Perdón por interrumpir tu trabajo… - susurraste riendo.

- Nada importa más que tú…

- Pero…

- Lo sabes bien, si me necesitas, estaré…

Volviste a reír.

Me acomodé mejor sobre el mueble sin separarme de tí.

Ya estaba vaciado por completo, pero la sensación de mantenernos unidos seguía siendo increíble.

- Debo ir por los niños… - dijiste acariciando mi rostro.

- Que vaya el chófer.

- Ya hablamos de eso, Mephs…

- Iré contigo entonces.

- ¿Y tu trabajo?

- ¿Sonic, de verdad crees que me quedaría tranquilo en la oficina después de probarte así?

- No es la primera vez que…

- Necesito tenerte cerca lo que queda del día o enloqueceré.

Sonreíste satisfecho.

Te besé y me correspondiste de inmediato.

Sonic, yo era invencible.

Temido.

Odiado.

El criminal más fuerte y poderoso que había tenido el país en años.

Pero… a tu lado.

Ante tu cuerpo.

Ante tus caricias, tus besos, tu tacto…

Era el hombre más insignificante y débil del mundo.

Fin.