PRÓLOGO: EL SWITCH
ADIS POV
El sonido era lo primero en llegar. Un crujido espeluznante de la puerta abriéndose al final del pasillo, un corredor oscuro, largo y familiar.
Yo estaba en el suelo, despertando de un desmayo. Mi cabeza palpitaba. Intentaba incorporarme, pero el pánico me paralizaba. No era el miedo a la oscuridad, sino a la temperatura del piso: húmedo y viscoso.
Una gruesa alfombra roja se extendía desde la entrada de la casa hacia mí. No era terciopelo. Era sangre. La sangre brotaba del umbral, una marea silenciosa y espesa. Yo sabía lo que significaba; era la prueba del abandono que mi madre me había dejado.
La puerta abierta al final era una invitación fría y mortal. Mi madre me había dejado sola en ese corredor, en medio de la culpa y la herida. Mi madre no gritó. Nunca lo hizo.
No. No aquí.
Cerré los ojos con fuerza, buscando el botón, el interruptor. Yo ya conocía el camino de regreso. Lo había perfeccionado desde los dieciséis años. El SWITCH. Un mecanismo mental para apagar los sentimientos, anular el trauma y enfocarme.
La herida podía quedarse en el corredor ensangrentado; mi carrera profesional exigía luz total.
Clic.
Abrí los ojos. El cuarto estaba oscuro, pero la pesadilla se había esfumado. La sangre desapareció. El SWITCH había funcionado. El pulso martilleaba en mis sienes, recordándome el precio. El cuerpo, tenso y sudando frío.
Tomé el móvil de la mesita de noche. 7:00 AM. ¡Pánico! Había dormido demasiado.
Me levanté de golpe de la cama. Hoy era la entrega final. Tenía que llegar a la oficina al menos media hora antes, y me quedaba menos de una hora para prepararme.
Vamos, Adís. Concéntrate. Unas horas más de presión, y luego tendrás tu recompensa.
Me repetí la frase como un mantra. La playa, el mar. Esa era mi meta, mi verdadero fetiche, mi havre de paix. El alivio de pasar todo el fin de semana sin ataduras. Pero primero, tenía que sobrevivir al día. Y a esa entrega de proyecto que ya tenía netamente dominada.
MARCOS POV
El vestíbulo era de un blanco clínico, inmaculado, como me gustaba. Al acercarme a la recepción, me recibió una rubia de ojos azules y melosa voz que intentó coquetear conmigo de inmediato. Era evidente que mi traje de doctor y mi presencia la habían desarmado. Detuve sus fallidos intentos con mi mirada fría.
-Estoy aquí por una reunión con la Jefa de Proyectos, la señora Virgen Alomá -declaré, sin concederle más atención.
En ese instante, la rubia se distrajo. Un borrón pasó velozmente por detrás de mí.
-Solo tiene que seguir a la chica del vestido azul, señor. Ella se dirige hacia allá -señaló la recepcionista con el mentón.
Me volteé, molesto. Lo único que alcancé a ver fue un rastro azul, el bajo de un vestido doblando a toda velocidad por el corredor. Magnífico. Qué forma tan caótica de empezar la mañana, pensé.
Aceleré el paso. La chica de largos crespos negros y vestido largo azul volaba escaleras arriba. Me sorprendió la agilidad con la que subía los escalones en sandalias bajas, sin tropezar.
Llegó a una oficina compartida, un hervidero de planos y papeles. El caos palpable de una entrega en curso. La vi recorrer la sala, pidiendo disculpas por su retraso mientras se preocupaba por la fase de la entrega de cada uno de sus subordinados.
No era profesional, pero sí endemoniadamente eficiente y cálida.
Me presenté al secretario de Virgen.
-La señora Virgen está en una reunión con el director -me dijo-. No tardará. Tome asiento aquí, por favor - me señaló su propia silla de escritorio-. Disculpenos el caos, estamos teniendo una entrega de proyecto.
Me dio la espalda para dirigirse hacia la chica, quien le daba instrucciones a un joven en una PC.
-¡Eso está genial! Has hecho un buen trabajo. Manda a imprimir ya que estamos contra reloj -le decía la chica, dándole palmas alentadoras en el hombro.
-Adis, por favor ven a mi escritorio que tienes aún un montón de planos por firmar -la interrumpió el secretario, tomándola del brazo.
-Por cierto, ¡ese vestido está de infarto! -le comenta el chico sonriente.
-¿Infarto? Infarto te daría ver mi cesta de colada. Llevo tres días sin peinarme y solo he tenido dos horas de sueño. Créeme que este vestido es la única opción que tenía -le responde la chica en una ráfaga y casi sin respirar-. Pero por suerte, luego de hoy tendré mi recompensa: mis merecidas vacaciones y mi fin de semana en la playa -cerró los ojos con un suspiro ilusionado.
El caos de la oficina se fundió en un solo ruido de fondo. Mis cinco sentidos se centraron en Adis. Mi olfato se inundó de su esencia floral con jazmín, un aroma prohibido en mi vida. Mis ojos la visualizaban en alta definición, dejando al resto en un borrón. Ella era una distracción descarada en ese ambiente. No era profesional, era caos puro.
Y por primera vez en mi vida inmaculada, el caos me parecía lo más atractivo.
La vi llegar al escritorio, dobló su cuerpo por la cintura para apoyar sus brazos sobre los planos a firmar. Sus largos crespos cayeron en cámara lenta, derramándose sobre el escritorio y creando la más perfecta composición abstracta. Quise levantarme para ofrecerle mi asiento.
Pero solo levantó el dedo índice de su diestra para decirme, sin alzar la vista:
-No. No se levante por favor, estoy cómoda así, gracias.
"NO." Su primera palabra hacia mí. Una palabra que reinició todo mi sistema y me devolvió a mi yo habitual. En ese instante, supe que no solo me había negado un asiento; me había negado la paz.
-¡Buenos días doctor! -Giré mi rostro para entonces y finalmente iniciar mi encuentro con Virgen, la directora de proyectos.
Ese fue el día en el que perdí el control... y todo comenzó con un "No."