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SeokMin volvió abrir los ojos esperando que las paredes blancas fueran solo un sueño.
Desde la esquina vio su panorama, aquel color le estaba volviendo loco.
« Sólo diles que quieres ir al baño, fácil te dejarán salir »
—Quiero ir al sanitario —Alzó la voz ronca.
«Diles»
—Por favor, déjenme ir —Rogó mientras pasaba los dedos entre sus hebras negras.
Se estaba exasperando.
«¡Diles!»
— ¡Ya les dije! —Gritó haciendo que las venas en su cuello resaltaran— Ellos no me quieren escuchar.
Detrás de la ventana polarizada, dos pares de ojos observaban a Lee SeokMin haciendo rabieta.
— ¿Cuál es el diagnóstico del paciente?
—Depresión y esquizofrenia, señor.
El médico analizó con los ojos entrecerrados como el pelinegro lloraba con desesperación de un momento al otro.
—Estarás a cargo de él, Jun.
El rubio asintió pegando el expediente a su pecho. Cuando quedó solo en el lugar, miró de nuevo al frente, su semblante se ablandó.
Se acercó al vidrio grueso que los separaba y lo tocó con la yema de sus dedos.
SeokMin no paraba de hablar a la nada.
—Te sacaré de aquí, mi amor.