Capítulo I
Oscuridad.
Eso era todo lo que Ryn veía a través de la venda que cubría su cabeza y rodeaba sus ojos al despertar. Inmóvil, debido a las ataduras que limitaban sus movimientos y libertad, lo único que podía oír era un fuerte estruendo de algo chocando en la lejanía. O cerca. No se sentía lo suficientemente consiente para descifrarlo.
Trató de mover sus extremidades, únicamente logrando que la tirantez de lo que suponía que eran sogas que lo mantenían atrapado raspen su piel.
No sabía cuánto tiempo había pasado desde que fue tomado cautivo, ni tampoco donde se encontraba. Lo único que recordaba era la fuerza de quienes, mientras el dormía, lo capturaron.
Comenzó a desesperarse al tratar de librarse de la presión que lo mantenía paralizado, retorciéndose en el suelo cuando escuchó una puerta abriéndose con un alto rechinar, de lo que supuso sería la entrada de donde sea que estaba. Seguido, oyó pasos acercándose y voces masculinas emitiendo palabras que no supo identificar en su estado de desconcierto.
Pronto sintió unas manos sobre él, el agarre brusco y áspero, y sin cuidado la venda se le fue quitada. Rápidamente su visión se tornó blanca, resultado de no ver la luz después de quien sabe cuánto tiempo. Cuando su vista se enfocó, miró a su alrededor y noto que se encontraba en lo que parecía un calabozo, una habitación desgastada, con las paredes sucias; un nudo en su estómago se formó al advertir que las manchas parecían sangre. Cuando su mirada llegó al centro de la habitación notó a un hombre observándolo fijamente, con una expresión que denotaba aversión, se veía aterrador.
Ryn quiso preguntar dónde estaba, pero no supo si fue el miedo que sentía o la sequedad en su garganta que no lo dejó hablar. En su lugar se limitó a mirar a la persona que tenía enfrente. aún sin accionar. El hombre vestía una camisa blanca holgada, casi abierta en su totalidad.
Repentinamente, el extraño miró hacia un lado y soltó una corta risa amarga que hizo que corrieran escalofríos por el sistema de Ryn.
- Vaya... ¡Pero miren quien despertó!- Emitió con un tono sarcástico- Nadie más que el único y gran príncipe de Aetheria, ¿Qué sucede? ¿No te sientes cómodo en estos aposentos? ¿Demasiado sencillos para su Alteza real?
El veneno y la ironía en su voz asustaron aún más a Ryn, que tan solo pudo seguir observándolo no pudiendo soltar su voz.
—¿Qué pasa principito? Te han comido la lengua los ratones?
Luego de lo que parecieron minutos balbuceando mientras trataba de hablar, logro soltar un débil y titubeante "Dónde estoy" que se ganó otra risa del contrario.
—Bueno... - comenzó con una sonrisa burlona, como si se estuviera divirtiendo-Dejame decirte que en este momento estás en el medio del océano, lo suficientemente lejos como para que sea extremadamente difícil encontrarte.
Al escuchar esas palabras su corazón cayó a sus pies. No porque nadie podría encontrarlo ya que sabía que nadie lo buscaría para empezar, pero debido a que no sabía que depararía de él, ¿Por qué lo habían llevado? ¿Qué iban a hacerle?
Juntó toda su fuerza de voluntad para preguntar, inseguro de si quería saber la respuesta.
—¿Por qué estoy aquí?— soltó con voz temblorosa.
La mirada del hombre se oscureció.
—Mhm... Digamos que eres un precio a pagar por las acciones de tu querida familia. Y las tuyas por supuesto.
—...Mías?
— Vamos, no te hagas el tonto. — Dijo con un tono amenazante— Eres conocido en todo el reino, especialmente por tu "bella" personalidad.— Escupió con veneno.
Ryn no comprendió lo que quiso decir. Pocas personas sabían de su existencia, y aquellos que sí, no lo trataban con importancia, mucho menos, le daban la suficiente para ser merecedor de ser secuestrado para "pagar un precio."
—No entiendo.
Al oír su desentendimiento, furia inundó su semblante y de pronto el hombre se acercó con pasos rápidos y tomó sus cabellos rubios con su puño, sacándole un gemido de dolor al instante, haciendo que levante su cabeza.
—No juegues conmigo. Sabes exactamente quién eres.
Ryn quedó en blanco. A pesar de que el dolor no era desconocido para él, nunca se había sentido tan asustado, no pudiendo poner en palabras sus pensamientos para defenderse. Realmente no comprendía nada de la situación, no solo por su aturdimiento, sino porque no tenía sentido lo que esa persona reclamaba.
Repentinamente, el hombre lo soltó, provocando que cayera hacia atrás, sin la posibilidad de levantarse debido a los ataduras.
—Mierda...— Murmuró, pasando una mano por cabello azabache, que le llegaba hasta las orejas— Te salvas porque debo mantenerte en una pieza. Sin embargo no se qué haremos contigo.
Si fuera por mi...— Se interrumpió a sí mismo cuando pareció oír pasos desde afuera. Y así fue, una voz a través de la puerta exclamó: "Capitán, lo necesitan en cubierta."
Luego de oírlo, quien Ryn ahora sabía que era el capitán, volvió a aproximarse a él, sacando una daga de su cinturón. El rubio sintio una presión fría recorrerle el cuerpo ante la amenaza y su incapacidad de protegerse.
Cuando llegó frente a él, rápidamente y sin esfuerzo cortó las sogas que sostenían sus muñecas y sus tobillos, dejando ver la tersa piel lesionada por las ataduras y se alejó hacia la puerta, para salir sin una palabra más.
Ryn pudo volver a respirar, soltando el aire que no sabía que estaba conteniendo y comenzó a mover sus extremidades luego de tenerlas fijas por tanto tiempo, siseando ante el dolor que sintió. Trató de ponerse de pie sin éxito, cayendo nuevamente al piso y fue ahí cuando notó el profundo agotamiento que dominaba su cuerpo. Decidió simplemente quedarse quieto, recostado sobre el frío y rígido suelo de madera vieja y retomó las palabras del hombre; realmente no concebía a qué se refería con que era conocido en todos los reinos. Lo cierto era que su perpetuo confinamiento y aislamiento lo mantenían oculto de los ojos del mundo por lo que era imposible dicha situación.
A pesar de que quería llegar a una respuesta el cansancio que lo llenaba sometió su cerebro y la incertidumbre y temor de todo lo que aconteció en su vida en tan corto periodo de tiempo fue lo último que pasó por su cabeza antes de la inconsciencia.








