Bajo la sombra de tus héroes.
Realmente jamás he tenido un héroe en la vida; he vivido en el borde del abismo desde que tengo memoria, aunque si tuviera que decir que tengo un héroe, la verdad es que sería realmente deprimente. Los héroes suelen ser personas buenas, aquellas que salvan a los demás, aquellos que... Son idolatrados, no un simple ladrón; ellos son los que están destinados a ser pisoteados, escupidos, incluso asesinados por la propia sociedad... ¿Y cómo no hacerlo? Son bestias sin corazón a fin de todo.
Después de leer aquellas palabras, un gran silencio permaneció en el ambiente, antes de ser reemplazado por una enorme cantidad de carcajadas, las cuales iban intercalandose, aumentando el ruido de manera progresiva, in crescendo. Entre risas, el joven que tenía el diario lo agarró y jaló la página que estaba leyendo, lanzando esta hacia la hoguera, alimentando aún más el fuego de lo que ya era. Con esa misma sonrisa agarró una manzana de la mesa y la llevó a su boca, clavándole un mordisco antes de ver por la ventana, algo que se detuvo cuando alguien se acercó, posándole una mano sobre su hombro. Instintivamente, giró.
—¡Buena cacería la que me mostraste esta noche, chico! ─comentó el recién llegado con un tono de orgullo en la voz.
—Ya sabes,Mekrain, no por nada siempre he sido el favorito de todos, mejor que cualquiera de todos estos patéticos bastardos mantenidos ─El joven miró de manera sarcástica a los demás ladrones.
—¡Cierra el puto culo! ─respondieron en coro, indignados.
—Seh, yo también te quiero, gordote. En fin, ¿agarraron todas las cosas? ─este encogió sus hombros, mirando al hombre.
—No tenían demasiadas, pero las joyas que conseguimos nos darán para comer y vender unas cuantas cosas por algunas semanas, nada mal, lengua dulce, nada mal.
El hombre mayor palmeó la espalda del joven, este le dio otro mordisco a la manzana y tiró el resto sin terminar por la ventana antes de darse media vuelta encontrándose con las victimas, era una familia completa, una madre aterrorizada y sentada en una esquina mientras abrazaba a su retoño en las mismas condiciones. El joven bajó la mirada, mirando al padre de familia quien estaba inconsciente, con una mancha de sangre escurriendo por la cabeza. Sin dudar posó su pie derecho encima del cuerpo inmovil, y como si fuese basura lo pateó para que aterrizara junto a su familia, levantó dos de sus dedos, entre sus falanges se encontraba el hermoso collar robado de la menor. Ella intentó atraparlo, pero fue detenida por su figura materna.
El sonrió antes de cubrirse el rostro con una máscara, el giro ayudó al movimiento de su capa larga y frondosa. La vida es tan sencilla cuando se depende de otros, el hecho de que alguien se esfuerce tanto para conseguir las cosas solo para perderlo en un segundo, es la cruel realidad del ser humano...Tacaño, pero tan frágil por naturaleza.
─¡Atrapen a ese hijo de perra! ─gritó uno de los pueblerinos.
—¡Mátenlo y quemenlo! ─agregó otro al segundo.
—¿Qué carajos está pasando ahí adentro? ─preguntó uno de los ladrones, preocupado por el bullicio.
—¡Mikey!, ese maldito estúpido. Le dije que abandonara la vivienda y ese hijo de perra presumido... ¡Azin, ve a por él! ─ordenó Mekrain señalando a la enfurecida turba.
—¿Yo? Por favor, que le den, no obedeció las reglas, que la policía se lo coja y lo metan a la hoguera, nadie lo echará de menos.
Antes de continuar su camino, Azin fue detenido por Mekrain. No hicieron falta palabras: una sola mirada de aquellos ojos oscuros como la misma noche lo dijo todo. Bajo esa barba frondosa, de la que ni siquiera un muchacho rebelde como él podía escapar, se escondía una orden imposible de discutir. Azin soltó un suspiro aburrido, se cubrió el cuerpo con la capa y, sin mirar atrás, se lanzó por el risco donde se encontraban, comenzando a deslizarse montaña abajo, moviendo los escombros bajo sus pies.
Al llegar al suelo saltó con precisión, su silueta recortándose bajo la luz de la luna, asemejándose por un instante a un enorme murciélago. Fue más que suficiente para captar la atención de los oficiales antes de que cayera sobre ambos con todo su peso. Ya en el suelo, los hombres comenzaron a agitarse desesperadamente, intentando librarse del peso de encima suya. Al momento en que la presión se disipó la desgracia los golpeó de lleno: sus compañeros yacían tendidos a su alrededor, completamente derrotados, inmóviles.
—¡Mi caballo!
El grito desesperado del hombre alertó al resto de los oficiales, que no pudieron hacer más que observar, impotentes, cómo la nube de polvo se alejaba al ritmo del galope de los caballos. Azin levantó el cuerpo de Mikey, que sangraba mientras rebotaba en el aire con cada sacudida; con una sola mano lo sostuvo hasta alzarlo por completo y arrojarlo sobre el caballo que tenía al lado. Con una nalgada seca, el animal tomó su propio camino.
Azin giró la cabeza hacia atrás y se encontró con dos oficiales pisándole los talones. Redujo la velocidad lo justo para dejar que se le acercaran y quedar entre ambos. En ese instante saltó hacia el oficial de la derecha. Cayó a su espalda, lo sujetó del casco y se lo arrancó de un tirón. Con el mismo casco le golpeó la cabeza y, de una patada en la espalda, lo lanzó fuera del camino. El otro oficial alzó el brazo, blandió su pistola y disparó; la bala fue detenida por el casco aún en las manos del joven, que lo lanzó de inmediato, golpeando al segundo hombre antes de lanzarse contra él. Ya sobre el mismo caballo, Azin le clavó un rodillazo brutal en el abdomen, seguido de otro directo al mentón. Tomó la macana y, como si fuera un bate..
¡Bang!
El golpe derribó al oficial. Sin perder tiempo, Azin saltó de vuelta a su caballo original y aceleró, dejando que los otros dos quedaran atrás, cada vez más pequeños entre el polvo y la oscuridad.
—¡Pssh... Azin, jpish!
La cabalgata continuaba por unos minutos mas, algo que se terminó cuando alguien susurró su nombre escondido en la parte trasera de la taberna. Este bajó del caballo, repitiendo el proceso de la nalgada para que tomara su camino. Una vez en el suelo caminó acercándose donde provenía el curioso susurro, hasta encontrarse en medio de la oscuridad a Mikey quien le sonrió mostrando que le faltaban los dos dientes de las paletas, Azin suspiró y retiró su mascara.
—¡Amigo, eres lo mejor que parió esta tierra! La vagina de tu mamá tuvo que estar bendecida por algo, porque no jodas ─Mikey alardeó con una gran sonrisa.
—Deja de hablar de mi madre o te hago un agujero entre las piernas y llamo a un vagabundo para que te convierta en una ─Azin respondió con un agresivo empujón.
—¡Eh, eh! Vamos, hombre, estaba bromeando. —Alzó sus manos en busca de evitar el conflicto—. Oye... gracias por salvarme el trasero ahí fuera, en serio. No te preocupes, encontraré la forma de que mi contacto oculte nuestros pasos. Ten.
Mikey se alejó dejándole los dos objetos: la llave de la habitación y el collar.
─Quédate con este collar, parece caro. Además, te conseguí una habitación para que duermas cómodo. Gracias, Tribilín.
Azin los tomó sin decir nada y caminó hacia la cabaña situada al costado del bar. Era realmente pequeña. Ignoró el cuerpo de un hombre tirado en la parte trasera del local; después de todo, podía ser cualquier borracho que no supo cuándo parar. Dentro de la cabaña se quitó el saco junto a la capa, luego los guantes y finalmente la camisa, dejando al descubierto su cuerpo marcado por el polvo, cicatrices y los golpes de la noche.
Ya estaba por desabrocharse los pantalones cuando una voz lo detuvo.
─¿Querido?..Oh, llegaste mas temprano de lo que pensaba, juraba que dijiste que ibas a beber con tus amigos toda la noche, ¿sucedió algo? ─preocupada y confundida la mujer entró a la cabaña.
─(¡Mikey hijo de perra!)
Azin se quedó en silencio mientras algunas gotas de sudor comenzaban a rondar por su cabeza, cerró sus ojos y en un hábil movimiento soltó un aplauso con suficiente fuerza para apagar la vela que mantenía encendida el farol en aquella casa. La mujer quedó confundida, más aún estando en oscuras; solo escuchó los pasos acercándose y sus labios siendo callados con un beso que sin dudar correspondió.
─Jajaja... Oh Fhari..¿Que pasa contigo, el alcohol te emocionó?..Me alegra tanto.
Las palabras de la fémina eran intercaladas entre algunos jadeos y gemidos que provenían de la forma en como su cuello estaba siendo atendido, entre chupetones y besos, antes de finalmente escucharse el sonido del colchón recibiendo el peso de los dos, seguido de los gritos de placer de la desconocida junto al ruido de la cama golpeando la pared de aquella cabaña. Sin saber que su propio marido se encontraba inconsciente en esos instantes, a la mañana siguiente la mujer, desnuda y solo cubierta con su sábana, despertó producto del golpe en la puerta; somnolienta, agarró la sábana y la usó como bata para así abrir.
─¿Pudo ayudarle..? ¿¡Fhari, qué cosa!? ─Su cuerpo casi que se desmaya ante él hombre frente a ella, ¿Su marido?
—Cariño, hola... Lo siento, ayer me quedé dormido... Desperté en la calle...─Respondió Fhari con una sonrisa apenada.
—¿¡Q-..que tú qué cosa..!?..¡Mis anillos, mi espejo..M-..Mi collar de perlas..Nos robaron!
Curioso, los mismos objetos que estaba diciendo la mujer eran los que estaban siendo depositados en una bandeja por parte de Azin quien se quitaba las marcas de labial que yacían repartidas tanto por la mejilla como por el cuello, al terminar de depositar lo objetos la mujer que tenia la bandeja la golpeó, en protesta de mas cosas.
—¿Qué, quieres que me la saque y la ponga sobre la mesa... aquí? ─Azin guiñó burlón.
—Ja ja, gracioso, déjate de estupideces y pon el resto de la cuota, o le diré a Mekrain que te bote a la calle donde te encontró, perro sarnoso ─respondió la mujer con la voz llena de veneno.
—Escucha, linda, dile a Mekrain... Que aún me falta, y que me dé tiempo; soy el preferido, me dará inclusive un añ--
—Ese es el detalle, ″nene″, mañana es el último día que tienes, dicho por EL mismo ─esta interrumpió con un golpe a la pared, suave pero contundente.
─¿Que cosa?
El shock era evidente en sus ojos. ¿Mekrain, el mismo que lo había rescatado de las calles, ahora no tenía paciencia ni con aquel que incluso coordinaba sus propias operaciones? Azin no pudo decir una sola palabra más; hasta las manos le temblaban. Era como si alguien lo sujetara de las amígdalas, impidiéndole expresar cualquier cosa. En lugar de responder, frunció el ceño, dio media vuelta y abandonó el lugar con la cabeza hecha un desastre, revuelta como un rompecabezas mal armado.
Cuando por fin llegó a un sitio más tranquilo se sentó en el suelo, contemplando el río surcando tan tranquilo, tan hermoso, sacó de su bolsillo un extraño anillo de tono azulado. Jugó con él entre los dedos como un niño, deslizándolo de una mano a otra como si fuera un truco de magia, haciéndolo desaparecer y reaparecer con naturalidad.
—¿Mañana, uh?
Tras murmurar aquellas palabras, frunció apenas el ceño y guardó el anillo en el bolsillo pequeño de su camisa azulada. Luego entrelazó las manos tras la cabeza y dejó escapar un largo suspiro. Se cubrió el rostro con una parte de su capa y, ya protegido del sol, tomó aire con calma... sin saber que terminaría quedándose dormido en ese mismo instante.