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Si le preguntaban a SeokMin cuál era la mejor parte de su trabajo, definitivamente respondería cada vez que lo premiaban con un pin de oro agradeciendo su gran trabajo en la agencia.
Aquella parte era tan satisfactoria, que no podía estar más orgulloso de sus reconocimientos para llenar su gran ego que tenía. Pensaba que nadie se podría igualar a él, por supuesto, era el mejor, y ninguno de sus otros compañeros le llenaban los zapatos.
Pero todo habría cambiado cuando un nuevo recluta ascendió de puesto a su nivel.
Todo había pasado tan rápido, según oyendo de oído ajeno, algunos supervisores dijeron que el recluta fue el mejor de su grupo de observación. Inclusive lo compraron con el legendario y antiguo agente S.Coups, específicamente aquel argumento, fue lo que le causó inmensos celos a SeokMin.
Nadie era mejor que él. En especial, menos un principiante.
Dos días después, SeokMin olvidó todo acerca del nuevo y fresco recluta. No fue hasta que la directora de su área requirió de su atención en su oficina cuando el tema volvió a su cabeza.
—Me niego. Estás loca si crees que voy a tener un compañero. Uno quien de seguro aún no sabe en lo que está por meterse.
La directora abrió sus ojos al escuchar la elocuencia del moreno —Agente Lee —Reprochó.
—No te estaban preguntando. Si decidieron emparejarnos, será por una causa.
Wen JunHui, quién presenció la entrada y desdicha de SeokMin, optó en hablar sin una pizca de vergüenza y sin estar intimidado por el hombre a su lado.
—Cállate, si no sabes de lo que hablas.
—Claro que sí, creo que alguien no está haciendo bien su trabajo, por lo que veo —se burló con una pizca de sarcasmo.
— ¡Basta los dos! —la mujer los interrumpió— JunHui tiene razón.
El castaño le alzó el mentón a SeokMin con una sonrisa ganadora.
—Me refiero a que el Líder asignó un compañero para ti, necesita verte en todos los ámbitos, y eso incluye trabajar en equipo. Yo no puedo hacer nada más que pasar el mensaje. Si el Líder lo decidió así, será como él diga —SeokMin apretó los dientes, mientras con sus ojos taladraba la fina y tierna cara de Jun— Lo siento.
Los agentes no discutieron más en la breve charla y salieron en silencio. Jun siguió al moreno con su pequeña maleta de mano colgada en su hombro.
—Deja de seguirme.
—Creí que estabas por mostrarme la habitación que compartiremos —SeokMin crispó al escuchar esa palabra; compartir.
—Aquí nadie es chaperón de nadie, así que, ve y búscalo por ti mismo.
Sin nada más que decir, tomo su propio rumbo, dejando solo a Jun en el pasillo.
Después de una larga sesión de entrenamiento, SeokMin regresó a su habitación olvidando que Jun estaría ahí. Y justo cuando entro, antes de poder quitarse su camisa empapada de sudor, se detuvo al percatarse de la presencia del otro individuo en su habitación.
Ya no era su habitación. Y creía que nunca podrá acostumbrarse.
Dio un fuerte suspiro desaprobando la elección que tomaron sin su consentimiento, tomó una toalla y sin darle una mirada al intruso, fue a la ducha.
Por otro lado, Jun no podía quitarle los ojos de encima, no cuando esa playera se pegaba a esos músculos definidos que fueron estimulados hace unos minutos atrás, y se encontraban hinchados.
Una semana después, los informes para la próxima misión llegó.
Era la primera vez que trabajaban juntos, había emoción, e incluso si en los últimos días nunca compartieron palabras, Jun no sentía incertidumbre ante la persona de SeokMin, después de todo será su compañero de ahora en adelante.
Tenían que confiar incondicionalmente uno del otro.
—Trata de no interferir en mi camino, al final, fue un plan hecho por mí. Solo tenemos que recoger unos datos —dijo antes de aterrizar cerca del área— Pude haber venido solo yo.
Sus pensamientos hablaron por si mismos, pero Jun no se llegó a sentir ofendido.
—Solo si dices la palabra mágica.
SeokMin miro de reojo al castaño cuando se desabrocho los cinturones, y pudo apreciar la tenue sonrisa en su bello rostro.
¿Bello? ¿Desde cuándo pensaba que era bello?
—Solo hazlo —mencionó entre dientes.
Dos horas habían demorado.
De regreso, el personal que debía recogerlos, los vieron discutir en su espera.
Pero Jun no podía quedarse callado, no cuando SeokMin no lo dejo trabajar, pudo ser de ayuda y salir cuanto antes, pero bajo el egoísmo y terquedad del moreno se habían ido las posibilidades.
Durante un mes más, se repitió la misma situación. La directora de su área habló con SeokMin unas cuantas veces, sin embargo, el agente estaba tan sumergido en su orgullo para querer aceptar que le asignaron un compañero.
Jun no podía hacer nada, solo esperar a que SeokMin se percatara de su error en no darle su lugar, ya se estaba cansando un poco en ir como un simple accesorio nada más, y no actuar como era debido.
SeokMin se paseaba por los pasillos, hasta que se topo con la sala de combate. Barrió su mirada por toda la habitación y en ella pudo encontrarse con la silueta familiar de su compañero.
Jun estaba practicando en el área de combate a mano.
En toda la estadía de Jun como su compañero, nunca antes lo había visto en acción. Tampoco sabía cuál era su especialidad, en definitiva estaba curioso al respecto.
Arriba en el escenario, pudo apreciar los movimientos mortales que Jun utilizaba al pelear con su contrincante, pero se pudo percatar que no eran los golpes comunes en una pelea, el extranjero utilizaba movimientos tradiciones de su origen.
SeokMin se quedó mirando unos minutos más, viendo como el sudor en la frente se resbalaba con sutileza por la cutis del joven y en como Jun analizaba los ataques de su adversario con esos grandes y brillantes ojos.
Unos segundos después, Jun derrotó con facilidad dando una genuina patada en el pecho a su oponente.
Cuando menos lo esperó, sus pies estaban caminando a dónde Jun. No estaba tan impresionado por lo que acaba de ver, pero pensaba (muy en el fondo de él) que los movimientos que utilizo se veían geniales.
— ¿Alguien más quiere practicar conmigo?
Preguntó con amabilidad a las personas que estaban debajo del escenario, pero éstas negaron de inmediato con la cabeza, sintiéndose amenazados por la linda sonrisa de Jun.
Una mano se alzó en silencio, unas cuantas personas jadearon de impresión, la próxima persona ¿a caso estaba buscando la muerte, o en su defecto, unas costillas rotas? Debe estar loco.
—Oh, agente Lee. Esto va a ser interesante —Jun se rio en su cara, y se posicionó— Seré gentil.
—Cállate. El que va a perder es otro —dijo con arrogancia.
—Cómo digas.
Los espectadores no estaban seguros de quién podría ganar. Ambos eran buenos respectivamente, pero si les preguntaran por quién apostaría, el cincuenta y tres por ciento se inclinarían por Jun.
SeokMin empezó lanzando puñetazos al aire, los cuales Jun no dudo en esquivarlos.
Comparando las habilidades de lucha entre los dos agentes, SeokMin parecía apresurado y presionado, en cambio Jun, luchaba con parsimonia, lleno de determinación, y como SeokMin lo había predicho, Jun era capaz de analizarte de pies a cabeza incluso sin romper el contacto visual.
Al distraerse con sus propios pensamientos y un poco por la profunda mirada de Jun, el extranjero tomó ventaja; golpeó el rostro de SeokMin con fuerza, y en un parpadeo, lo hizo tirar al suelo con sus piernas rodeando su cuello, apretando con fuerza.
Un brazo lo tenía inmóvil, por lo que tratar de zafarse de la fuerza de Jun, fue imposible en su momento. Cada vez Jun apretaba sus piernas, SeokMin estaba por quedarse sin aire en algún instante.
No tuvo de otra que aceptar su derrota, azotando la mano en el tapete con salvajismo.
Jun lo dejó ir, en cuanto dejo de sentir la presión en su conducto respiratorio. Tomo una gran bocanada de aire fresco y se levantó en seguida.
—Debes enseñarme eso —mencionó una vez que pudo hablar.
Jun se rio a lo bajo, alzó el mentón y le enseñó una coqueta sonrisa —Tal vez algún día.
El estómago de SeokMin se revolvió, o algo parecido.
Antes de bajar del escenario, vio la parte posterior de su compañero. Bajó los ojos por su espalda y llegó a los muslos definidos, esos que se habían envuelto en su cuello y casi lo asfixiaban. Pronto sintió una punzada en la parte inferior de cuerpo.
Agitó su cabeza y fue directo a las duchas. El baño frío no estaba ayudando demasiado, no podía bajar su estado. Dolía.
Y peor aún, no sabía por lo que estaba pasando.
No pasó mucho tiempo cuando volvieron a tener órdenes de una nueva misión. Esta vez Jun le rogó a SeokMin que lo dejara trabajar; los datos pasados habían salido falsos y pensaban que volver a investigar la externa base de los rebeldes, encontrarían los útiles y verdaderos datos.
— ¡SeokMin, tienes que dejar que interfiera!
¡No! Puedo hacerlo solo—pensó mientras tecleaba códigos.
—Se está acabando el tiempo. Si no tienes otro plan, deja que ayude.
La mente de SeokMin estaba exhausta, pensando en otra posibilidad de mantener su analogía egoísta, de inferioridad y altanera.
Pensaba que podía controlarlo, pero estaba siendo un tonto, no tenía un respaldo. Y Jun tenía razón, el tiempo estaba por acabarse.
—SeokMin —llegó a su lado tocando una de sus manos, llamó su atención con una mirada suplicante— Confía en mí.
Los ojos de Jun sacaron un destello. SeokMin quedó embobado ante los grandes ojos de Jun, ahora que lo veía con más detenimiento, una sensación agradable cubrió todo su pecho provocando que su corazón se agitara un poco.
—Por favor.
Le pidió con amabilidad, y fue el botón que lo hizo reaccionar.
—De, de acuerdo.
Accedió un tanto confundido.
Su mente se encontraba alborotada, ¿y si Jun no podía lograrlo? Con qué cara llegaría a la base después de que todos se enteraran de que había fallado con la misión, sería su primera misión fallida.
Pero Jun le había dicho que confiara en él, ¿por qué no estaba haciéndolo?, ¿por qué tenía tanto miedo de fallar?
SeokMin lo cubrió, a los cuantos minutos Jun aviso que tenía la copia de los archivos. El moreno asintió un tanto perplejo, y se fueron de la base matando a unos cuantos rebeldes.
—Eso fue magnífico —le halagó— lo que hiciste en la tarde. Fue sorprendente.
Jun, quién también se encontraba en su dormitorio arreglándose para dormir, lo escuchó con asombro.
SeokMin se miraba las manos, con facciones serenas, de arrepentimiento, y lo más importante, de honestidad. El mayor se acercó a él y se sentó a su lado, destinado a solo escuchar con detenimiento a SeokMin.
Lo vio arrugar la frente, apretando los puños del nerviosismo, casi podía saber lo que estaba pensando SeokMin, solo que esperó paciente hasta que el mismísimo agente Lee pudiera llegar al fondo de la situación por si mismo.
—Gracias —por fin dijo— Y... lo siento mucho, no debí subestimar tus habilidades.
Se disculpo mirando los grandes orbes de Jun. Si iba a disculparse, lo haría bien, incluso si eso ensuciaba su imagen y reputación del hombre más orgulloso y arrogante de la agencia. Pero por un momento, acepto ese gusto de disculparse, como una nueva persona.
Jun le dijo que estaba bien con una sincera sonrisa. Era más de lo que podía esperar, sin duda. Y ese hecho provocó que su corazón quisiera tomarlo con desespero.
— ¡Pero tenemos que esperar a que lleguen los demás!
— ¡No hay tiempo, Jun! ¡Van acabar con nosotros si seguimos esperando!
Se gritaron en medio del ruido de los balazos en dirección a ellos.
Cuando algunas provisiones que traían los rebeldes se agotaron, fue el momento en el que SeokMin y Jun decidieron salir a combate.
Y como, SeokMin lo predijo, Jun no tocaba ningún instrumento mortal para matar a su contrincante durante la batalla, solo se dedicaba a usar sus manos y piernas.
El moreno lo estuvo pensando anteriormente; Jun tenía buenas técnicas, sin embargo, sabía que en algún momento no iba a servir de nada pelear a mano con cada uno de los rebeldes, si estos portaban siempre armas de alto calibre en sus manos.
Por fin ese día había llegado. Por ello, SeokMin jamás dejo de pegar un ojo a su compañero.
Debía protegerlo a toda costa.
SeokMin escuchó un grito, uno que provenía de Jun, a unos cuantos metros de él.
Un loco que traía consigo un látigo con púas, había hecho gritar de una forma dolorosa a su Jun.
Aquello lo saco de quicio, y provocó que su adversario con el que luchaba muriera al instante apuñalando entre las primeras vértebras.
No lo pensó dos veces y fue directo al mayor.
— ¿Estás bien? —se hinco a su altura preguntando con preocupación.
—Solo duele un poco —formó una mueca al sentir un ardor en su espalda.
— ¡Ja! ¿También vienes a morir, chocolatito? —La áspera voz del hombre látigo sonó fanfarrón.
SeokMin saco una pistola de cartucho pequeño y empezó a disparar sin alejarse de Jun. El hombre látigo las pudo golpear con el largo de su acero mostrando una sádica risa. SeokMin era consciente de que las balas se acabarán al corto tiempo, no fue hasta que apretó el gatillo y las balas dejaron de salir.
Aventó la pistola al rostro del hombre, que había estado avanzado constantemente, este se rio en su cara al darse cuenta que estaban inofensivos.
Pero el hombre látigo no leía mentes y SeokMin solo estaba jugando con él.
El moreno saco de su chaqueta un cuchillo que brilló en el aire, cortando la respiración del hombre látigo, ya que, la punta del cuchillo se había hundido en su cuello con una fuerza impresionante.
No había sido todo. SeokMin no estaba satisfecho. Encontró a su lado una mini hacha y no dudo en hacerla volar apuntando entre las cejas del hombre látigo.
El asqueroso cuerpo del hombre látigo cayó como saco de papas, sin darle honor al espléndido látigo de acero que seguía en su mano.
— ¡Cuidado!
Un rebelde había salido de su escondite, pensando salir victorioso. Pero lo único que logró fue su propia muerte al ser apuñalado con una flecha en su pecho sin previo aviso, y explotado con un detonante que estaba en la punta de ésta.
SeokMin cubrió a Jun con su cuerpo, para que no se envolviera con aquella sangre sucia y lluvia de carne.
Jun pudo percibir el olor odorante de SeokMin.
Era la primera vez que estaban demasiado cerca. Estar enamorado no llenaba lo que Jun sentía en esos instantes, era mucho más fuerte.
Al llegar a la base y ser atendido por las enfermeras, Jun seguía atónito por lo que acaba de vivir. No era la primera experiencia sangrienta que tuvo, pero si su primera experiencia heroica; él como el corderito apunto de ser comido por el lobo y salvado por un apuesto guerrero olímpico.
—Nunca había escuchado que el agente Lee SeokMin defendiera a alguien. Eso es nuevo. ¿Seguro que no está mintiendo? —El enfermero que lo atendía, indagó después de escuchar la historia que Jun contó de esa tarde entre suspiros.
— ¿Cual era tú nombre?
—SeungKwan.
—Claro, SeungKwan. No olvides esto. Un día SeokMin defiende a alguien, y algún otro día anunciará fecha de boda. Cuando sea así, pon una cara de sorprendido incluso si ya lo pre-dije. ¡Así! Justo esa cara.
— ¿Me está diciendo que va a cortejar al agente Lee?
—No... —dejo algo de suspenso e hizo un pequeño mohín con sus labios— No es algo fugaz lo que busco, yo voy en serio. Solo espero que el agente SeokMin pueda deshacerse de esa venda en sus ojos y acepte la realidad en la que estamos.
—Como sea —SeungKwan apenas entendió a lo que se refería el agente y dejo el tema aparte— Las heridas no son graves. Ten esta pomada, colócala cada que cambies los vendajes.
Había pasado una semana para que la mayoría de sus heridas sanarán del todo, ahora solo eran como unos simples arañazos, pero no dejó de tratarse aún así.
Fue difícil ponerse la pomada, esperaba que SeokMin fuese de ayuda pero para su desgracia, el menor tuvo que partir para seguir trabajando, y aunque Jun seguía lesionado no impidió querer estar al lado del moreno, sin embargo, SeokMin le impidió dejando claro que todavía las heridas estaban frescas y que podía ser más arriesgado para él, dicho todo con un gesto de preocupación.
Jun no pudo negarse, el menor tenía razón, solo tenía esa necesidad de estar a su lado para poder sentirse mejor que ponerse esa pomada. Así que estuvo yendo con SeungKwan para no hacerlo con dificultades y de paso formar una nueva amistad.
Por otro lado, SeungKwan estaba decidido, si el agente SeokMin rechazaba a Jun, él estaba dispuesto a darle lo que el mayor buscaba.
Cuando SeokMin regresó, Jun había terminado de tomar un baño.
— ¿SeokMin?
—Jun, ¿ya estás... mejor?
SeokMin paró debajo del umbral al ver el torso desnudo de su compañero. Se delató un poco, ya que no estaba preparado en ver la imagen comprometedora.
—Sí, supongo que ya estoy mejor —le sonrió por el reflejo del espejo— Llegaste en un buen momento; ayúdame a untar la pomada.
SeokMin asintió, tomo el ungüento y se posicionó detrás del mayor.
Cómo lo había extrañado, pensó Jun, y en el fondo, SeokMin también lo pensaba.
El moreno unto un poco en las largas líneas que atravesaban la mayoría de las costillas posteriores. Jun se estremeció al sentir la fría pomada.
Mientras SeokMin cubría su dedo por las heridas, inconscientemente empezó a generar imaginaciones en su cabeza, dónde juntaba su nariz en la nuca de Jun, en el cuello y cerca de su mejilla; aquel olor del champú que el mayor utilizaba le volvía loco, cada noche de cada día que Jun tomaba una ducha larga.
No pudo dejar volar su imaginación, y pensar en poder coger de su cintura, tocando y admirando la tersa piel bajo su mano, y restregar su erección entre las abultadas nalgas de Jun.
Y sin siquiera olvidar imaginar lo maravilloso que sería tomar su boca fresca, y darle los más placenteros y apasionados besos que alguien podría ofrecer.
— ¡SeokMin!
El nombrado dirigió su mirada por el reflejo del espejo lo más rápido, después de escuchar el estruendoso grito.
—Es suficiente. Duele —SeokMin se disculpo, pero no se movió de lugar— Me refiero a eso.
Jun con las mejillas pintada, apunto sus ojos al verdadero problema junto y el menor lo comprendió. Le estaba encajando los dedos un poco arriba de la cadera, tan fuerte que Jun suplico en su mente que no dejara una gran marca en el futuro.
SeokMin lo soltó de inmediato, sorprendiéndose de si mismo por lo que acababa de hacer. ¿Por que había pensado en Jun de ese modo? Estaba confundido. ¿Y si Jun estaba asqueado por ello? SeokMin no quería que el mayor lo odiara.
El moreno se aclaró la garganta —Mañana hay una reunión para la siguiente fase del plan. La directora quiere saber si tienes algo en mente, así que ve.
La forma en que SeokMin evitaba sus ojos, le hizo dudar un poco. Seguro estaba delirando, no había forma de que SeokMin pudiera sentir algo por él.
Se prepararon por unas largas semanas para poder terminar aquella espina en el culo que no dejaba a la organización en paz.
En el transcurso de la preparación, SeokMin le enseñó a Jun utilizar armas. Era más que obvio, la preocupación en el moreno, no estaba seguro de que Jun jugara más como boxeador en un lugar lleno de explosivos y armas letales. No iba a dejar que volviera a pasar como la última vez, y dejar que lastimaran a Jun de nuevo.
La noche anterior para partir a la misión que podría tenerles un lugar seguro a un ascenso, SeokMin sorprendió a todos en la cena, al invitarle los platillos especiales a Jun después de tener una larga jornada de práctica en la sala de combate.
Aquella fue la primera vez, después de tanto tiempo, que SeokMin tenía una larga y profunda charla dentro de la organización, ocasionando que por poco mostrara una sonrisa de felicidad y no de sus típicas sonrisas sin alma.
Solo Jun podría ser el responsable.
SeokMin no sabía en qué momento empezó a pensar que trabajar con Jun no era tan malo después de todo.
Ambos se ven envueltos en una emboscada.
Después pasar una hora de enfrentamiento, lograron acabar con los adversos.
SeokMin se balanceó por aparentes mareos.
Ambos se regalaron una sonrisa esbelta y cansada.
Jun estaba dispuesto ayudarlo, envolviendo su brazo en el torso de SeokMin. Fue hasta ese momento que sintió la parte costal empapada.
En ese instante cayó en cuenta de algo que provocó que todo su cuerpo se estremeciera.
SeokMin había sido disparado por una bala silenciosa, una que había atravesado sus pulmones.
Todo el rostro de Jun cambió. SeokMin se percató.
— ¿Jun? —no se pudo sostener más sobre sus piernas y se desplomó en el suelo.
—Todo está bien, te voy a sacar de aquí —trató de enmascarar el miedo que sentía en ese instante— Solo tengo que... Tengo que...
SeokMin se dio cuenta que le costaba extender su diafragma, y lo comprendió.
—No hay nada que hacer —hizo su más grande esfuerzo en obtener el oxígeno suficiente —escúchame. Lo que sí tienes que hacer es acabar con la misión.
—No —agitó su cabeza— No, no, no, no. Estás loco si crees que voy a dejarte.
—Hazlo por mí, termina esto por mí. Cómo último deseo, ¿de acuerdo?
—Último deseo. No digas estupideces como esas, SeokMin. Eres más que esta misión, más que este tonto trabajo —su garganta se apretó.
—Jun —rogó. Trago en seco, refrescándose con la última porción de aire— Te amo.
Jun no pudo sostener más sus lágrimas —Eres un imbécil. Debiste habértelo guardado... Tú debiste...
Su voz se quebró. Vio como SeokMin gesticuló un lo siento sin sonido.
—Tam, también te amo.
Como última fuerza de voluntad, SeokMin lo tomo por su cuello y lo estampó en su boca, esperando que aquel dolor agonizante se pudiera cesar por el dulce sabor de Jun.
Al separarse, el moreno esbozo una fina mueca, queriendo interpretar la dicha de relevar por fin su secreto.
El corazón de Jun se quebró al ver cómo el gesto se desvanecía al igual que el aire en los pulmones de SeokMin y el ritmo cardíaco de su corazón. Viendo hasta el último de su aliento.
Jun lloró tan fuerte que su cabeza dolió.
Nada era más doloroso que perder a la persona que amaba, ni siquiera se comparaba con los castigos más tortuosos y sádicos.
Se aferró por unos cuantos minutos más al cuerpo sin vida de SeokMin.
Debía dejarlo ir, incluso si imploraba que regresara, ya no estaba ahí con él. Lo que amaba ya no estaba a su lado.
Aturdido y con demasiados mareos, logró levantarse.
Demasiadas clases de fluidos estaban postradas en su rostro, unas eran suyas y otras no. Pero qué importaba, no iba a parar hasta terminar.
Debía cumplir el último deseo de SeokMin.
Jun alcanzó la última flecha que cargaba. Apuntó directo a su objetivo, justo como SeokMin le había enseñado hace una semana atrás, y al percatarse que acertó perfectamente corrió lo más lejos que pudo, pero al final fue inevitable que las ondas de la grande explosión también lo arrasaran.
Cuando cayó al suelo, todo su alrededor se oía hueco. Todo menos esa voz llamándolo.
—Jun...
—JunHui...
— ¡Jun!
El castaño abrió los ojos sobresaltado. Su respiración estaba acelerada. Su vista acarició los rincones de la habitación, aquella que algún día compartió con SeokMin.
—Jun, vamos, tenemos que salir ahora. El jet despegará en menos de veinte minutos.
La voz madura de SeokMin sonó, dejándolo conmocionado.
— ¿A caso olvidaste que hoy era la misión? Después de todo, supongo que aún sigues estando verde.
La esbelta y a la vez robusta silueta de SeokMin salió del baño, mostrándose con el característico uniforme de la organización.
Jun crispó.
¿Todo había sido un sueño, a caso?
—SeokMin —mencionó su nombre, aún sin creerlo.
— ¿Qué?
— ¡SeokMin!
Al moreno se volteo a Jun y este enseguida se trepó en su cuerpo y lo envolvió, dejando caer sus labios en los de SeokMin por primera vez en la vida.
Después de que el castaño le robara un profundo beso, SeokMin se separó confundido.
—Dime que es una broma.
El rostro de Jun se encontraba sonrojado, más sin embargo, no estaba para nada avergonzado.
—Solo regresemos a la cama, ¿de acuerdo? —propuso mientras buscaba por debajo del pantalón de SeokMin.
Cuando encontró esa cosa ya dura y resbalosa, SeokMin lo escruto con la mirada, tensando la mandíbula.
— ¿Por qué haces esto?
— ¿Por qué, dices ? Porque me gustaste desde la primera vez que nos vimos, quería que me tomaras cuando tuvimos nuestra primera discusión, quería que te fijaras en mí. ¿Por qué más crees? Porque estoy tan enamorado de ti, Lee SeokMin.
El moreno suspiro de placer cuando Jun dejo besos húmedos en su cuello.
—Si perdemos esta misión, perdemos el ascenso —cerró los ojos al sentir la respiración de Jun en su boca.
—No soportaría estar lejos de ti —la tensión sexual entre los dos era demasiado fuerte, y desistir por sus sentimientos durante más tiempo, los consumiría por completo— regresemos a la cama.
No lo volvió a repetir, sino más bien, se preparó mentalmente para sentir la lengua de SeokMin hundirse hasta el fondo de su garganta, sin importar que le robara todo su aire.
Sus lugares fueron reemplazados en seguida después de que el agente vecino de la pareja, notificó su indisposición de ambos a la dirección, justo en seguida de escuchar sonidos lascivos que provenían de su habitación.
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