Nuestros Besos (Pete y Kao)

Summary

¿Cómo es una relación cuando nadie puede verla? Inspirada en la serie The Kiss, esta historia se adentra en la relación secreta de Pete y Kao, una pareja que, aunque lleva tiempo junta, solo puede existir a puerta cerrada. Entre la universidad, el grupo de amigos y las apariencias, su vínculo se construye en la intimidad: deseo, ternura, celos, reconciliaciones y esa necesidad constante de encontrarse cuando el mundo obliga a fingir. Una mirada a lo que no se muestra en pantalla: lo cotidiano, lo íntimo y lo que pesa cuando amar también significa esconderse.

Status
Complete
Chapters
16
Rating
n/a
Age Rating
18+

1. A Puerta Cerrada

(Narra Pete)

═══════ 🖤 ═══════

El partido de futbito acaba hace apenas unos minutos. El equipo lo componemos mis mejores amigos Thada y June, dos chicos de otro curso, y yo. Mientras nos quitamos las camisetas sudadas y sucias por el ejercicio realizado —que valió la pena, ya que ganamos—, nos acercamos a la mesa donde están estudiando las otras dos personas que completan el grupo con el que suelo andar: Sandee, una chica muy divertida, una más de nosotros; y un chico muy guapo que no solo es mi mejor amigo, también es mi novio, Kao.

Como siempre, Thada y June empiezan a molestar a Sandee. Yo solo quiero que Kao se dé la vuelta y me mire. Mientras me río de sus bromas, le echo un par de miradas, a la espera de que vuelva a verme. Como no lo hace, extiendo el brazo y me apoyo en la mesa, con el cuerpo inclinado sobre el de Kao para mirar qué hace. Por fin alza los ojos y me mira; le sonrío, ya más tranquilo tras conseguir lo que quería.

Vuelvo a incorporarme para seguir riendo de las tonterías que están diciendo, mientras Kao va girando la cabeza hacia mí, intentando no llamar la atención. Parece que conseguí su atención, por fin. Sonrío de manera más amplia mientras sus ojos recorren mi cuerpo con descaro contenido.

El partido había terminado, pero la sensación seguía ahí, latiendo bajo la piel. Sabía que la noche no había hecho más que empezar, aunque todavía tocara fingir normalidad.

Esa normalidad dura lo justo.



No pasa mucho tiempo antes de que todos estemos duchados y con todas las cosas listas. Nos dirigimos a mi coche y les voy dejando a cada uno en su casa. Han acabado las clases por hoy y esta noche nos volveremos a ver todos para celebrar mi cumpleaños.

—Kao, vamos primero a mi casa un rato —le digo sin mirarle, mientras sigo conduciendo.

—Me parece bien.

Eso me hace mirarlo extrañado. Normalmente se queja, protesta y se hace de rogar un poco antes de acceder a venir conmigo. Esta docilidad repentina me gusta.

Durante el trayecto apenas hablamos. El silencio no es incómodo, pero sí denso, cargado de algo que no terminamos de nombrar.


Cuando paro frente a mi casa, ese algo sigue ahí.

Aparco directamente en la puerta; no voy a guardar el coche, en unas horas saldremos de nuevo. Entramos en mi casa tranquilamente, no hay nadie. Estaremos completamente solos durante varias horas, antes de que regrese mi padre. Kao sube las escaleras hasta mi habitación, dejándome aún más intrigado. Le sigo, esperando saber qué es lo que pasa.

—Pete, tengo calor. ¿Puedo darme una ducha?

—Sí, claro. Toma una toalla y algo de ropa.

Algo no encaja. Su sonrisa y su forma de actuar no son normales. Mientras él va al baño para refrescarse, yo ya me duché en los vestuarios de la universidad. Simplemente me quito la ropa y me pongo un pantalón corto y suelto; no me pongo camiseta, ya que mi ropa desaparecerá nada más salga Kao del baño. No se me va a escapar.

No sé qué está tramando, pero no pienso cortar el juego.

La espera se me hace corta mientras juego un rato con el móvil. Escucho un ruido y elevo la vista. Kao está frente a mí, completamente desnudo, con unas cintas largas rojas amarradas a sus muñecas. Lleva puestas las gafas de pasta, dándole un aspecto tímido que desentona con la forma en que se presenta ante mí. Me quedo en blanco; al mirarle, siento que ardo bajo su mirada. Estoy completamente excitado.

—¡Feliz cumpleaños, amor! Yo seré tu regalo.

Su sonrisa me promete tanto placer como el que sea capaz de sacar de su cuerpo. Me acerco con lentitud; estoy completamente duro.

—Estas cintas son para que me amarres a la cama y hagas conmigo lo que desees. Es más, aquí tienes otra cinta por si quieres taparme los ojos.

Me la da mientras yo le miro alucinando. Es cierto que somos novios desde hace tiempo y que mantenemos relaciones sexuales muy a menudo, pero siempre soy yo quien le busca. Es tímido y nunca toma la iniciativa; hoy no solo la está tomando, me está ofreciendo su cuerpo sin reservas.

—Es el mejor regalo de cumpleaños que he tenido nunca. Soy consciente de todo lo que te ha tenido que costar acercarte así y proponer todo esto, pero te juro que ha valido la pena.

—Ya me doy cuenta, tu entrepierna lo proclama.

Me acerco a Kao y comienzo a besar sus labios; deseaba hacerlo desde hacía ya rato. Mientras profundizo el beso, acaricio sus musculosos brazos, bajando con suavidad las manos por ellos. Agarro las cintas y tiro de ellas, acercándonos a mi cama.

Le miro a los ojos mientras sigo acariciando su piel fresca. Le quito las gafas y le coloco con suavidad la venda, también roja. Una vez así, queda completamente a mi merced. Le ayudo a acostarse en la cama y ato las cintas al cabezal para evitar sus movimientos.

Me pongo de pie frente a él, totalmente desnudo. Su piel blanca, sus músculos tensos a la espera de lo que le haré, los labios entreabiertos. Es un hombre viril y hermoso: sus pectorales suben y bajan al ritmo de su respiración agitada, los abdominales tensos, la polla dura, las piernas musculosas cerradas.

—Bebé, abre las piernas, por favor.

—¿Qué?

—Las piernas.

—No, no puedo.

—Sí que puedes, es mi regalo.

—Estoy muriendo de vergüenza, ni siquiera sé qué estás haciendo.

—Te estoy mirando. Abre las piernas, por favor, regalo lindo.

Uso mi voz de ruego; siempre me funciona y ahora también. Sus piernas poco a poco empiezan a abrirse, dejándolo todo a mi vista.

—¿Te preparaste para mí en el baño?

—Sí.

Está muy rojo y se muerde el labio. No quiero torturarlo más. Me quito el pantalón y comienzo a disfrutar de mi mejor regalo de cumpleaños.

Beso esos labios llenos con ardor, haciendo que se abran para mí y pudiendo jugar con su lengua, mientras profano su dulce boca. Mis manos acarician sus brazos estirados; su piel se va poniendo de gallina. Mis labios recorren su cuello con cuidado, mucho cuidado: se marca con facilidad.

Desciendo hasta provocar y torturar sus pezones. Kao respira con dificultad y se estremece bajo mis atenciones; me gusta verle así, incapaz de moverse ni de ver lo que estoy haciendo. Solo sintiendo. Mientras bajo por su cuerpo, recorriéndolo sin demasiado cuidado, no me importa dejar alguna marca.

Mis manos acarician sus piernas y hacen que las separe más para dejarme espacio. Cuando ya estoy cómodamente instalado entre ellas, introduzco su dureza en mi boca. Se tensa, provocando mi risa. Chupo y devoro su vara dura y húmeda como si fuera la más rica de las piruletas. Cuanta más presión y velocidad pongo en mi trabajo, su cuerpo tiembla y se estremece, acercándose al orgasmo.

—Pete… no pares… sigue… me corro.

Mientras sus caderas se mueven contra mi boca, llegando hasta la campanilla, deja escapar un grito ahogado, llenándome la boca de su esencia. No es la primera vez ni será la última.

Abro el cajón y saco el lubricante. Me coloco junto a su cuerpo y, mientras le lamo los pezones, voy introduciendo un dedo en su calor para prepararle. Lo noto tenso, atento a cada movimiento; sé que él ya lo ha hecho en el baño, así que rápidamente tengo ya tres en su interior.

Seguro de que no le haré daño, me coloco sobre su cuerpo y comienzo a insertar mi ardiente miembro en su estrechez. Me detengo un segundo, solo para sentir cómo me aprieta, antes de que me engulla del todo. Mientras embisto buscando su punto dulce, le quito la venda; deseo ver sus ojos llenos de pasión. Me mira sonriendo, muy satisfecho, y ese gesto me empuja a seguir.

Me abrazo a él y le devuelvo sus besos mientras doy más velocidad y profundidad a mis empujones. Sus piernas me rodean; sus manos aprietan las cintas de sus muñecas. Sudo sobre su piel y me dejo llevar por cómo responde. Mi mano va a su dureza; nada más tocarla, se corre. Mientras su cuerpo se arquea, su esfínter se cierra sobre mí, arrastrándome con él, provocando mi orgasmo y llenándole de mi esencia.

—Eres increíble, no sabes lo que me gusta tu regalo.

Le beso de nuevo y lo libero de las cintas antes de abrazarnos en la cama.

—Me siento muy contento de que te haya gustado tanto. No sabes lo que me costó salir del baño.

—Lo imagino, bebé.

Nos quedamos así un rato, sin prisa, hablando y besándonos un rato más en la cama. Solo mi padre y Sandee saben de nuestra relación. Mi padre nos pidió que no lo contáramos hasta que dejáramos la universidad, y así lo hemos hecho. Lo de Sandee es otro tema: ella nos descubrió, pero guarda el secreto muy bien. Por eso estos momentos de soledad son tan preciados para nosotros.

—Bebé, me apetece otra ronda. ¿Te pondrías sobre mí?

—Tus deseos son órdenes, solo por hoy.

Sé que no es así; siempre se pliega a mis deseos.

Como llevamos rato tocándonos y jugando, estamos los dos más que preparados. Le ayudo a colocarse sobre mí mientras veo cómo va desapareciendo mi polla en el interior de ese sexy culo que tiene mi novio. Me tomo mi tiempo, dejo que marque el ritmo, y cuando estoy totalmente dentro, comienza a moverse.

Lo veo esforzarse por los dos. Mientras se contonea, empiezo a masturbar su miembro. Me concentro en cómo pierde el control; acelera, y en poco tiempo llega al éxtasis, pringando nuestros cuerpos. Le cuesta moverse; agarro su culo y me empalo con fuerza. En unas pocas estocadas le lleno de mí.

—Kao, podría estar así por siempre.

La carcajada que suelta me llena el corazón.

El tiempo había pasado sin que nos diéramos cuenta. Afuera seguía existiendo el mundo, y esta noche aún no había terminado para nosotros.


Más tarde, cuando salimos de nuevo, la noche sigue su curso. Estamos en el bar bebiendo Kao y yo con Sandee. June está ligando con unas chicas y Thada anda por ahí. Kao y yo nos burlamos de él y reímos juntos. El pobre está muy cansado tras darme mi regalo de cumpleaños y no deja de bostezar.

Para cuando me doy cuenta, están todos bastante embriagados. Yo apenas he bebido, porque tengo que dejarles en sus casas. Dejo a Kao primero; está demasiado cansado y me preocupa. Me da lo mismo lo que digan los demás, aunque esté dando un rodeo enorme, ya que después tendré que regresar a esta zona. Vivimos cerca; los otros viven más alejados. Tras asegurarme de que está bien, dejo a June y decido que Sandee duerma en casa de Thada: está demasiado borracha como para permitir que su familia la vea así.

Aquella noche termina de forma caótica, como suelen hacerlo las celebraciones que se alargan más de la cuenta.

No recuerdo a qué hora me meto en la cama.

Al día siguiente, vuelvo a casa de Thada para ver cómo se encuentra. Para mi sorpresa, Sandee sigue allí y, por lo visto, ha habido sexo entre ellos. Les prometo que no contaré nada y me marcho.


Después de eso, el fin de semana se esfuma sin avisar y, antes de darme cuenta, la rutina volvió a imponerse como si nada hubiera pasado.

—Odio los lunes y tener que venir a clase.

—Vamos, June, tú odias las clases —se burla Kao.

—¿Dónde están Thada y Sandee? Llegan tarde.

—No seas chismoso, June, estarán al caer.

—Vale, Kao, no he dicho nada.

Poco después, llegan los dos juntos, dando pie a toda clase de bromas por parte de nosotros tres. Siempre somos así: nos unimos para reírnos de los demás. Kao está frente a mí, feliz y contento. Cada vez que nuestras miradas se cruzan, sonreímos con más ganas. Esta tarde tenemos planes y ya queremos que se acaben las clases para estar juntos y poder demostrarnos afecto sin preocuparnos de la gente alrededor.

La sonrisa que me devuelve me hace pensar que él está pensando lo mismo. Mi tímido novio se está convirtiendo cada vez más en un pervertido, cosa que me encanta.