Hombres lobo. LICÁNTROPOS Luna de Sangre

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Summary

Aquí se exploran nuevos orígenes de vampiros y Licántropos y el origen de la rivalidad

Genre
Fantasy
Author
Triple
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Firmamento de Sangre

PARTE 1

Año 900 d.c

Tribu de los Cuatro Colmillos — Alrededor de la fogata

Dos niños corrían alrededor de la fogata, uno persiguiendo al otro con una rama en la mano como si fuera una lanza.

—¡Soy un lobo! —gritó el más pequeño, con la cara manchada de ceniza.

—¡Y yo soy Lle! ¡Te voy a cazar! —respondió el otro, lanzándose sobre él con un rugido.

Rodaron por el suelo entre risas, levantando polvo y hojas secas. Una mujer los regañó desde una choza, pero ellos no escucharon.

Entonces, algo cayó del cielo.

El cuerpo de un lobo.

Pesado. Muerto.

Golpeó el suelo junto a la fogata.

Los niños se quedaron congelados. Uno de ellos gritó. Una mujer dejó caer el cuenco de barro que llevaba.

Me: ¡Jajaja! ¿Qué pasa? ¿Nunca han visto un lobo muerto?

Cre: ¡Este casi me arranca el brazo! Pero miren cómo terminó…

Tiró el suyo encima del primero. Luego Nu y Lle hicieron lo mismo. Cuatro lobos. Uno por cada uno. La sangre se filtraba por la tierra, humeando al contacto con las brasas.

Nu: ¡Cuatro lobos en una sola tarde! ¿Quién más puede decir eso?

Lle no decía nada. Caminaba detrás de los otros con una leve sonrisa.

La tribu los veía. Algunos reían. Otros miraban con incomodidad. Pero en general los felicitaban y saludaban como héroes del pueblo.

Los cuatro cazadores caminaban alejándose del fuego y caminaron hacia el rincón donde estaban los demás cazadores —los comunes, los que cazaban ciervos, jabalíes y otras especies— estaban sentados afilando sus lanzas.

Me: ¿Qué?, ¿no me digan que ustedes también se asustaron? Sé que están acostumbrados a cazar conejitos, pero no es para tanto.

Raf se puso de pie de inmediato.

Raf: ¿Se creen superiores por ser los únicos que cazan lobos? Te recuerdo quiénes acabaron con un oso en la primavera pasada.

Lle: ¿Hablas de cuando les costó traer un osito mientras nosotros trajimos dos? Aparte de los lobos que siempre traemos, claro y no recuerdo que se les prohibiera cazar lobos, más bien que cuando lo intentaron no les fue muy bien, ¿O no Dru? ¿Cómo está tú brazo?

Dru: Ustedes no son hombres. Son bestias. Creen que no los he visto bebiendo la sangre de los lobos.

Lle miró a Cre porque sabía que él era quien lo hacía, pero no dijo nada.

Lle: Es un privilegio de los que tenemos la fuerza y la valentía. ¿O no, Adel? Cierto… un lobo lo descuartizó.

Los otros cazadores se tensaron. Algunos se iban a abalanzar, pero Nu intervino.

Nu: Cazadores, cazadores... creo que no es muy prudente hacer esto frente a las mujeres. ¿Por qué no resolvemos esto como hombres? ¡Una pelea alrededor de la fogata!, Lle, líder de los mata-lobos… y Raf, líder de los conejitos.

Todos se burlaron. Raf, con enojo, dijo:

Raf: Acepto. Y cuando te deje en ridículo frente a todos, se verá quién es un cazador de verdad.

Choza de Lle — Preparativos para el combate

Esa noche, Lle se preparaba. Sentado en su choza, su esposa Na le aplicaba las pinturas ceremoniales de pelea. Trazos negros y rojos cruzaban su pecho y rostro.

Su hijo, El, entró corriendo.

El: ¡Papá, papá! Escuché que te vas a pelear, apuesto a que ganarás.

Lle: Claro que sí, hijo. Lo haré por ti… y por tu madre.

Na sonrió, pero fue una sonrisa tensa, más por compromiso que por orgullo. Lle lo notó.

El: Escuché que él usará la piel de un oso como protección.

Lle (mirando uno de los lobos que cazó): No me preocupa. ¿Por qué no me esperas con los demás, hijo?

El: ¡Descuartízalo, papá!

Na: ¡El! (le lanza una mirada penetrante)

El: Lo siento mamá.

Se va corriendo.

Lle: Na, solo es un niño que quiere ver a su padre ganar. No te enojes con él.

Na: No estoy enojada con él. Sino con otro.

Lle: ¿Es por lo de la pelea? Si es por eso…

Kri, uno de los Khurk, hombres grandes y fuertes, interrumpió desde la entrada.

Kri: Lle, terminé de afilar tu lanza.

Na: ¿Tú también estás metido en esto, Kri?

Kri: Es lo menos que puedo hacer. Su esposo salvó mi vida de esos lobos. Tal vez sea grande y fuerte, pero esos lobos eran más rápidos y feroces.

Lle: Aguantaste mejor que nadie esas mordidas. Yo por eso las evito… porque desgarran la carne y rompen huesos. Y por eso los cazo: para que no rompan los de mi familia. (mira a Na)

Na: ¿Y por eso iniciaste esta pelea?

Lle: Es solo para que entiendan. Para demostrarles quién es el lobo alfa de la tribu.

Na: Lobos… siempre es sobre los lobos. Ya terminé de alistarte. Si no te molesta, me uniré a los otros.

Lle: Na, no te pongas así… (la ve alejarse)

Kri: Tranquilo, Lle. Ya se le pasará.

Lle: Eso espero. Iré en un momento… debo hacer algo.

Lle tomó un cuchillo y se acercó al cuerpo del lobo. Comenzó a quitarle la piel. Luego se la colocó sobre los hombros, desde la cabeza hasta la espalda. Con los dos dedos manchados de sangre, se trazó una línea desde la frente hasta la barbilla.

Salió al claro.

La tribu ya se había reunido alrededor de la fogata. Raf lo esperaba, cubierto con la piel de oso.

Raf: No podía faltar… la piel de lobo. Cuando te gane, esa piel será mía.

Lle: Creo que tendrías más oportunidad con un lobo real. ¡JAJAJA!

Raf: Ya veremos.

Un anciano levantó el cuerno ceremonial.

Anciano: Bien, cazadores. Empezarán al sonar del cuerno.

Lle y Raf se miraron. Lle evocó una leve sonrisa.

El cuerno sonó.

Ambos se abalanzaron, chocando sus lanzas con fuerza. El sonido de la madera retumbó como un trueno. Se rodeaban, girando en círculos, sin despegar la punta de las lanzas de la mirada del otro.

Raf: ¿Qué pasa? ¿Ahora no hablas? ¿Te comió la lengua el lobo?

Se lanzó con furia, haciendo retroceder a Lle varios pasos.

Raf: Ahora que estás frente a todos, no demuestras ese supuesto salvajismo que tanto presumes, lobito.

Volvió a atacar. Lle lo interceptó, giró su lanza y contraatacó con precisión.

Lle: Sabes… escuché que la primera vez que atacaron los lobos, fuiste el primero en correr como un ciervo asustado.

Chocaron lanzas. Los palos quedaron trabados, y los dos quedaron frente a frente.

Raf: Es irónico que mencionaras la muerte de Adel… considerando que tu hermanito también fue devorado por uno.

Lle lo empujó con violencia. Dio un salto y descargó su lanza con furia. Raf intentó cubrirse, pero Lle partió su lanza a la mitad y le dio una patada que lo dejó en el suelo.

Lle: ¡¡¡VAMOS, LEVÁNTATE!!!

Tiró su lanza al suelo, dispuesto a terminar esto con sus propias manos. Raf se levantó tambaleante. Chocaron golpes. Lle era más rápido, más preciso. Un puñetazo en la cara dejó a Raf otra vez en el suelo.

Lle, de pie frente al fuego, alzó la voz:

Lle: ¡¡¡RÍNDETE YA!!! NO QUIERO DERRAMAR MÁS SANGRE.

Raf, jadeando, tomó un puñado de tierra y se lo lanzó a los ojos. Se abalanzó sobre Lle, intentando empujarlo hacia el fuego. Lle resistió. En un giro eficaz, lanzó a Raf hacia las llamas.

Raf gritó de dolor, pero Lle lo sacó rápidamente y usó tierra para apagar el fuego en su cuerpo.

Lle se agachó.

Lle: No mato hombres... mato bestias.

Se puso de pie. Alzó los brazos frente a su pueblo. Todos celebraron con gritos, tambores, aullidos.

Nu, Cre y Me lo cargaron en hombros. Comenzaron a bailar alrededor de la fogata, comiendo y bebiendo. Los cazadores tomaron los lobos y comenzaron a quitarles las pieles para vestirse igual que Lle.

Cre tomó la sangre de uno de los lobos en una vasija y la alzó.

Cre: ¡Lle es fuerte y feroz porque los lobos nos dan fuerza!

Bebió. Nu y Me se le unieron.

Nu y Me: ¡Por nuestro Lobo Alfa!

Bebieron.

Tomaron otra vasija. Un aldeano se acercó, queriendo probar. Cre lo detuvo.

Cre: Esto es solo para los cuatro cazadores que tienen la fuerza y destreza de cazar a estas bestias.

Extendió la vasija hacia Lle. Lle miró a lo lejos, entre la multitud. Vio a su esposa. Ella giró la cabeza, mirando todo con decepción, y se fue.

Lle la miró, desilusionado. Ella no celebraba su victoria.

Tomó la vasija con cierto enojo y orgullo. La alzó al cielo. Bebió.

Todos gritaron y celebraron hasta el amanecer.

PARTE 2

Tribu de los Cuatro Colmillos — Amanecer después del combate

El amanecer trajo una calma espesa, como si el aire mismo estuviera recuperándose de la noche anterior. El suelo aún olía a ceniza y sangre, pero la tribu se movía con la misma energía de cada día.

Los niños corrían entre las chozas, imitando la pelea de Lle y Raf. Uno de ellos llevaba una rama sobre los hombros como si fuera la piel de un lobo. Otro aullaba desde lo alto de una roca. Las mujeres reían mientras lavaban ropa en el arroyo. Los ancianos, sentados en círculo, tallaban madera y contaban historias de otras lunas.

Cre enseñaba a un grupo de niños a lanzar lanzas.

Cre: No se trata de fuerza, es el momento, el silencio antes del salto.

La lanza rompiendo una vasija de barro.

Su esposa al ver esto lo mira enojada.

Cre: Lo siento cariño.

Me corría con su hija sobre los hombros, haciendo rugidos exagerados mientras ella reía a carcajadas.

Nu ayudaba a su esposa a levantar una estructura de madera para secar carne. Bromeaba con los Khur que pasaban, haciendo gestos teatrales sobre cómo había vencido a su lobo con una sola mano.

Lle estaba sentado con su hijo, mostrándole cómo afilar una piedra.

Lle: Mira. Debes buscar buscar los puntos frágiles de la piedra. Sentir cuándo cede.

El: ¿Y si no quiere ceder?

Lle: Entonces la obligas a ceder.

Na los observaba desde la sombra de su choza.

Tribu de los Cuatro Colmillos — Tarde.

Más tarde, mientras el sol caía sobre las chozas, Na se acercó a Lle. Él estaba sentado solo, tallando la empuñadura de una lanza.

Na: Hoy todos parecen felices.

Lle: Lo están. La tribu se siente fuerte.

Na: ¿Y tú?

Lle: Yo… también.

Na: No pareces.

Lle: A veces la fuerza también cansa.

Na: No es la fuerza lo que cansa. Es lo que uno hace con ella.

Lle levantó la vista. Sus ojos se encontraron. No dijeron más. Ella se alejó.

PARTE 3

Choza de Babá – Borde del campamento

Na caminó por el borde del campamento, cruzando entre árboles bajos hasta llegar a una choza apartada, cubierta de ramas secas y colgantes de hueso.

Na: Babá, ¿está por aquí?

Babá: Por aquí estoy, Na. Pasa.

Na entró. El interior olía a hierbas. La anciana estaba sentada junto al fuego, moliendo raíces.

Na: Lamento molestarla, pero necesito hablar con usted.

Babá: No es ninguna molestia cariño, me encanta cuando me visitas, jajaja. Y dime… ¿otra vez son esos sueños?

Na: Esta vez son peores.

Babá: ¿Peores?

Na: Veo a cuatro lobos enormes devorando a los miembros de la tribu. Niños, mujeres, ancianos cayendo…

Babá dejó de moler. La miró con seriedad.

Babá: Ahora que lo mencionas… cada vez que ocurre una caza siento esta mala sensación. Como si algo se acercara. Algo que cambiará por completo a la tribu.

Na: Tengo miedo de que Lle y sus amigos hayan hecho enojar a la naturaleza con sus actos. Justo como usted me dijo.

Babá: ¿Y lo hablaste con Lle?

Na: He tratado. Pero se que solo me dirá que son sueños y que no significan nada. Usted debería decirle a él y al pueblo que estos actos no están bien. La escucharán. Usted es una de los sabios.

Babá: Ja. No soy una de los sabios desde que supieron que desciendo de las brujas. A esta tribu no le agrada nada que venga de ahí.

Na: Entonces… ¿qué debo hacer?

Babá: Si algo aprendí es que lo que tiene que pasar… debe pasar. Tal vez no sea algo que podamos evitar, pero jamás te diré que dejes de intentar.

Na se levantó, un poco desilusionada por no tener respuestas.

Babá: Na.

Na se detuvo en la puerta.

Babá: El día se acerca.

Na sintió un escalofrío. Salió de la choza. El viento soplaba con un murmullo extraño. Miró hacia el bosque.

Y allí, entre los árboles, vio la silueta de una mujer. Estaba de pie, inmóvil, mirando hacia la tribu.

Na se quedó helada.

Choza de Lle – Noche

La noche era espesa, sin viento. Dentro de la choza, Na dormía, pero su cuerpo se revolvía inquieto entre las pieles. Sus manos se cerraban con fuerza. Su respiración se agitaba.

Derrepente se despertó al escuchar gritos, miro a su lado y Lle y El no estaban, salió corriendo de la cabaña, vio personas corriendo y gritando, la aldea estaba envuelta en llamas, vio en medio de las chozas a El parado mirando todo, gritos, humo. Un niño corría con la cara cubierta de sangre. Del fuego de vio emerger cuatro sombras enormes que se movían entre las llamas: lobos, pero no como los que cazaban. Estos eran más grandes, más oscuros, con ojos como carbones encendidos. Uno de ellos se alzaba sobre dos patas como el Alfa, Na tomo a El y empezó a correr, este los perseguía, Na corrió pero se tropezó con una piedra, al voltear este se abalanzó sobre ella Na se quedó helada mientras se acercaban esos enormes dientes...

Na se desperto de golpe, jadeando. El sol ya entraba por la abertura de la choza. Se llevó una mano al pecho. Miró a su alrededor. Estaba sola.

Escuchó gritos afuera, salió corriendo, pero solo vió niños jugando.

Lle estaba con sus compañeros, revisando lo que se llevarían para la casa.

Na aún asustada se acercó a Lle.

Lle: Na, justo estábamos hablando de la caza de hoy…

Na: Tenemos que hablar.

Lle: Pero como te dije, estamos…

Na: Lle, es en serio.

Cre: Uy, creo que van a regañar al alfa.

Nu le dio un golpe en el pecho a Cre y luego le hizo una señal a los demás para que los dejaran solos. Se alejaron.

Lle: ¿Y qué es eso tan urgente?

Na: Sabes que no estoy de acuerdo con esto que haces con tus compañeros…

Lle: Na, ¿vas a empezar con eso otra vez?

Na: He estado teniendo sueños. La aldea siendo atacada por lobos gigantes...

Lle: ¿Lobos gigantes? El lobo más grande que he visto apenas y es más alto que nuestro hijo estando en sus cuatro patas.

Na: No estás escuchando. Cada noche he estado soñando con esto. Incluso hablé con la anciana Babá y ella…

Lle: Espera… ¿hablaste con la loca Babá?

Na: Ella no está loca. ¿Acaso crees que yo lo estoy?

Lle: No he dicho eso. Solo que… es descendiente de las brujas. No deberías andar hablando a solas con ella.

Na: Al menos ella sí me escucha.

Lle: Na, los lobos son animales como cualquier otro. Somos cazadores, y lo que hacemos es cazar. ¿Por qué para ti son tan sagrados? ¿Acaso ahora los adoras? ¿Acaso ahora son tus dioses?

Na: Lle los han cazado por años, me dijiste tú mismo que quieres extinguirlos y no solo los cazan. Se regocijan y ahora beben su sangre cada vez que traen a uno de ellos?, eso no es normal. Pareciera como si los animales fueran ustedes.

Lle: Solo fue Cre y los demás que inventaron eso de la sangre para emocionar a la tribu, además ¿Qué si bebemos su sangre? ¿Ellos nos van a maldecir? Los malditos no les importó beber la sangre de los de la tribu y mi hermano. ¿Por qué yo tendría que tenerles compasión a ellos?

Na: Lle, lamento mucho lo que le pasó a tu hermano. Pero lo que hacen va en contra del orden natural.

Lle: Na, ¿te estás escuchando? ¡SON ANIMALES! Estamos por encima de ellos en la cadena alimenticia. ¿Y me vienes a decir que está mal lo que hago? ¿Ahora qué? ¿Me dirás que deje de comer conejos o ciervos porque tus sueños te lo dijeron?

Me (desde lejos): ¡Lle, se nos hace tarde! ¡El sol está en su punto!

Lle: Debo irme. A traer la cena a esta familia.

Na: Lle...

Lle se alejó sin mirar atrás. Na se quedó de pie, con los ojos húmedos, el pecho apretado, y la mirada perdida en el bosque.

PARTE 4

Bosque Nevado – Camino hacia el claro

El bosque estaba cubierto por una capa de nieve reciente. Cada paso crujía bajo los pies de los cazadores. El aliento salía como humo helado, y el silencio era apenas interrumpido por el roce de las ramas y las risas de los cazadores por el camino.

Lle, Nu, Cre y Me caminaban al frente. Detrás de ellos, los Khurk, entre ellos iba Kri, con su lanza al hombro y una sonrisa.

Cre: ¿Se acuerdan de Raf cuando cayó al fuego? ¡JAJAJA! Gritaba como si le hubieran metido un palo encendido en el trasero.

Me: “¡Ay, me quemo, me quemo!” ¡JAJAJA! Parecía un conejito atrapado en una trampa.

Kri: Pensé que iba a empezar a correr en círculos como los jabalíes cuando les cortas la cola.

Nu: No se pasen. El tipo peleó, mal, pero peleó, jajaja.

Cre: ¡Tú solo lo defiendes porque tú también gritaste así cuando te mordió aquel lobo en la pierna!

Nu: Y tú gritaste peor cuando te orinaste encima la primera vez que viste uno.

Me: ¡JAJAJA! ¡Es cierto! ¡Cre se resbaló y dijo que era sangre!

Cre: ¡Mentira! ¡Era sangre! ¡Me había mordido!

Lle: Ya basta. Concéntrense.

Nu (acercándose a Lle): Oye, Lle… no quiero meterme, pero… ¿todo está bien con Na?

Lle: Sí. Ella solo está teniendo problemas con unos tontos sueños.

Nu: ¿Qué sueños?

Me (interrumpiendo): ¡Oigan! ¡Tienen que venir a ver esto!

Se acercaron. Me estaba agachado, señalando el suelo.

Lle: Huellas de lobos.

Nu: No… decenas de huellas.

Cre: Debe ser una manada grande.

Lle: Más grande que cualquiera que hayamos visto. Vamos.

Nu: Espera. ¿No piensas seguir esas huellas hacia su territorio? Somos mata-lobos, pero ni siquiera sabemos con cuántos nos vamos a encontrar.

Lle: Tranquilo. Solo observaremos qué tan grande es esa manada desde lejos. Además, es importante ver qué tan cerca están de la tribu. ¿O acaso quieres otro baño de sangre?

Cre: No me digas que Nu el saca colmillos ahora es un conejito asustado igual que Raf.

Nu (sereno): Tengo una piel de lobo en el suelo de mi entrada. Unos lobitos no me asustan.

Se rieron. Incluso Lle sonrió un poco. Luego se internaron más en el bosque, siguiendo las huellas.

Tribu de los Cuatro Colmillos – Límite del bosque

Na estaba de pie junto a un árbol, mirando hacia el límite del bosque. El mismo lugar donde había visto a la mujer. Su respiración era lenta, pero su mirada estaba fija, como si esperara que algo volviera a aparecer.

De pronto, una mano tocó su hombro. Na se sobresaltó.

Na: Babá, casi me mata del susto.

Babá: Te noto preocupada.

Na: Es por todo este asunto. Los sueños, Lle, esa mujer que nos observaba.

Babá: ¿Mujer?

Na: Cuando salía de su choza… vi a una mujer a lo lejos, en el bosque. Solo estaba allí, mirando fijamente hacia aquí. ¿Cree que sea de una tribu lejana?

Babá no respondió de inmediato. Sus ojos se entrecerraron como si supiera algo.

Na: ¿Babá?

Babá: Tengo que mostrarte algo. Sígueme.

Cueva de las Pinturas Antiguas

El aire era húmedo. Olía a tierra mojada y a raíces viejas. Cada paso de Na resonaba con eco en las paredes. Las antorchas se alborotaban con el viento, proyectando sombras que inquietaban a Na.

Las paredes estaban cubiertas de pinturas antiguas, hechas con pigmentos rojos.

Había escenas de caza, de fuego, de muerte y de rituales.

Y luego, más adelante, una imagen: lobos en dos patas, erguidos frente a una aldea. Algunos con ojos azules, rojos y morados. Y entre ellos, una figura femenina, solitaria, de pie entre los árboles, con el rostro oculto por una sombra.

Na se detuvo frente a esa imagen. Sintió un escalofrío.

La figura no se movía. Pero la sensación era clara: la estaba mirando.

Na: Esa… esa es ella.

Babá: La mujer que viste… es la Luna que ves en el cielo.

Na: ¿Ah?… No estoy entendiendo.

Babá: Esa mujer que viste es la manifestación de la Luna aquí en la tierra. Es la forma que toma para comunicarse directamente con nosotros. Por eso la viste antes de que saliera la luna en el cielo. Ella solo se manifiesta antes de ascender y dar paso a la noche.

Na: ¿Y qué es lo que quiere?

Babá: Avisarnos, guiarnos, castigarnos. Quién sabe. Solo sé que ella es parte de todo esto. O al menos eso me dijeron en la Tierra de la Luna, años atrás, pinté todo lo que pude recordar.

Na: ¿Y usted sabía de todo esto? ¿Sabía que soñé con esto y no me dijo nada?

Babá: Ya te lo dije, cariño. Lo que tiene que pasar… debe pasar.

Na: ¿Me está diciendo que vivimos bajo una profecía impuesta por la Luna, y que la tribu está condenada a morir y no podemos hacer nada?

Babá: Esto va más allá de la Luna y el Sol. Ambas fuerzas están igual de condenadas que nosotros.

Solo nos queda esperar… y ver qué nos depara.

Na: Al menos dígame cuándo sucederá todo esto.

Babá: No podría saberlo. La Luna no habla conmigo. Eres la primera persona que me dice que la ve.

Na se quedó en silencio. Su mirada se perdió entre las pinturas viendo la silueta de la mujer.

PARTE 5

Bosque Profundo – Al borde del territorio lobo

Lle avanzaba en silencio, con los ojos fijos en el suelo.

Lle: Caminen despacio. Creo que estamos cerca. Puedo olerlos.

Nu: Yo igual.

Se detuvieron al borde de un claro. Allí, entre las sombras, descansaban decenas de lobos. Más de los que habían visto en todas sus vidas. Más de los que la tribu había cazado en generaciones.

Nu: ¿Cómo es que, si los cazamos entre temporadas, han crecido más que nunca?

Lle: Los hemos cazado por años, deben saber que quedan pocos de ellos y se reunieron lejos para así crecer durante todos estos años, estoy seguro que está es la última manada que existe, la última caza apenas y encontramos 4 cerca de nuestro territorio.

Nu: Debemos convocar más cazadores. Acabarlos aquí, en su propio territorio, sin que se lo esperen.

Lle: Sí…

(Se detiene)

Espera.

Nu: ¿Qué?

Lle (señalando): Es ese…

Nu: ¿Ese qué?

Lle: Ese es el maldito lobo que se llevó a mi hermano esa noche.

Nu: ¿Cómo sabes que es él?

Lle: Mira su marca en el ojo. Le lancé mi lanza para intentar salvar a Del… pero solo rozó su ojo.

Nu: Podrás tener tu venganza cuando traigamos a los otros, créeme. Yo también tengo gente que vengar. Pero necesitamos más personas de la tribu.

Lle asintió en silencio.

Me: Vayamos por este otro camino. Escucho un río. Podremos perder nuestro rastro de ellos y así si despiertan no podrán seguirnos.

Tribu de los Cuatro Colmillos – Fogata de la tarde

Na estaba sentada junto a la fogata, con una vasija de té de hierbas entre las manos.

Raf se acercó, con el torso vendado y la mirada más tranquila que de costumbre.

Raf: Na, ¿cómo estás? te he notado muy preocupada.

Na: Sí… no es nada. ¿Cómo están tus quemaduras?

Raf: Están mejorando. La piel de conejo sobre la herida ayuda.

Na: Oye… lo siento por todo esto. No sé qué le está pasando a Lle últimamente.

Raf: Créeme que tu esposo es a la persona a quien más odio… pero él me sacó del fuego esa noche cuando pudo dejarme arder ahí. Yo planeé hacerlo con él incluso y aún así me salvó. Siento que le debo una.

Na: No creo que sea lo mejor confesarle a una mujer que trataste de matar a su esposo.

Raf (riendo): Sí... lo siento. Es que estaba enojado.

Admito que, en cierta forma, tenía envidia de él. Ese día… el día del ataque, no pude hacer nada.

Tantas personas se salvaron ese día gracias a Lle, Nu, Me y Cre…

Ese recuerdo solo me hace sentir como un inútil.

Na: Raf, todos pueden ayudar de alguna u otra forma. Tú hallarás la tuya.

Raf (mirando la fogata): Tal vez.

PARTE 6

Río de los Esqueletos – Orilla del silencio

Me: El río está por aquí… No puede ser.

Lle: ¿Qué pas…?

Cuando llegaron al río, no podían creer lo que veían. Cuerpos vueltos esqueletos yacían a la orilla, algunos aún con jirones de piel, otros desmembrados, dispersos entre piedras y raíces.

Cre: Esos malditos lobos guardaron a sus víctimas aquí.

Lle: No. Solo las desecharon. Para ellos no son nada, nisiquiera comieron los huesos.

Me: Son unas bestias...

Lle, paseando entre los restos, se detuvo. Algo brillaba entre las costillas de uno de los esqueletos. Se agachó. Lo tomó.

Lle: No…

Nu: ¿Qué pasa, Lle?

Lle, mirando el collar en su mano, apenas pudo hablar.

Lle: Del…

Todos se quedaron en silencio. La respiración de Lle se agitó. Su rostro se transformó en una máscara de rabia contenida. Y entonces, el recuerdo lo golpeó.

16 años atrás – Año 884 d.C.

Celebración de la Caza

La tribu celebraba bajo la luna. Tambores, risas, carne asada. La tribu danzaba entre el mover del fuego.

Joven Lle: ¡Otra buena caza, otro buen banquete!

Todos gritaban y celebraban.

Joven Lle: Y todo gracias a Deucalion, el líder de los cazadores, y el mejor maestro que podamos tener.

Todos gritan en ovación. Deucalion alzaba su copa.

Deucalion: Gracias, gracias. Pero todo esto es posible gracias a todos. Incluso Del, quien a su corta edad, demostró destreza al cazar conejitos.

Todos rieron. Deucalion comenzó a dar un discurso mientras Lle y Del hablaban al fondo.

Joven Lle: Pero ellos no vieron cómo corriste detrás de ese conejito.

Del: No trates de hacerlo ver como si no fue lo más tonto que viste.

Joven Lle: No… no lo fue. En serio. Para mí fue increíble.

Del: Para mí fue vergonzoso. Pero eso solo me motiva a mejorar. A ser más fuerte y feroz. Así como tú.

Joven Lle: ¿Como yo? No me sorprendería si dijeras igual que Deucalion. Pero ¿yo? Ja.

Del: Para mí eres el mejor. Y eres mi hermano. Realmente quiero ser como tú.

Lle, con una pequeña sonrisa: Padre estaría orgulloso de ti. Lo sabes. En sus últimos días solo me pedía que te proteja. Que el mundo tiene grandes cosas para ti.

Del (sonriendo): Hablando de grandes cosas… estuve haciendo un collar con los huesos de animales y esas rocas brillantes que me trajiste. Quiero que lo veas.

Joven Lle: Claro. Ve a traerlo.

Lle, sonriente, volteó para terminar de escuchar el discurso de Deucalion.

Deucalion: Y es por eso que debemos mantenernos unidos. Porque juntos somos más fuertes. No porque seamos grandes como osos, o indefensos como conejos que necesitan esconderse. No. Porque juntos somos una manada. Somos rápidos y fuertes, así como una manada de…

Voz (gritando): ¡LOBOOOOS!

Deucalion: Sí, como…

Voz (gritando de nuevo): ¡SE ACERCAN LOBOS! ¡VIENEN DEL BOSQUE!

Deucalion: ¿Lobos aquí…? ¡PREPÁRENSE, CAZADORES! ¡VAYAN A LA ENTRADA HACIA EL BOSQUE!

Caos, gritos, lanzas. Lle tomó la suya y se reunió con unos jovenes Cre, Nu y Me.

Joven Lle: Aseguren el área. Vean que las mujeres y niños estén a salvo.

Derrepente un lobo atacó a uno de los Khurk cerca de ellos, él trato de quitárselo de encima, pero el lobo quería destrozar su cara y no lo soltaba.

Lle con una de sus lanzas atravesó el cuello del lobo.

Le extendió la mano y lo ayudo a levantarse.

Joven Kri: Gracias Lle, te debo mí vida.

Joven Lle: Agradeceme ayudando a poner a los demás a salvo.

Kri asintió.

Otro lobo atacó de repente. Cre lo interceptó. Nu lo remató.

Joven Lle: ¡Maldita sea! Vienen de varios lados. Vayan por allá. Yo iré a buscar a mi hermano.

Corrió hacia su cabaña.

Joven Lle: ¡DEEEEL! ¡DEEL, ¿DÓNDE ESTÁS?!

Vio la lanza de Del rota y un rastro de sangre arrastrada.

Joven Lle: ¡NO, NO, NOOOO!

Corrió tras el rastro. El mundo ardía, pero Lle solo veía una cosa: a Del, inconsciente, siendo arrastrado por un lobo hacia el bosque.

Joven Lle: ¡DEEEEEEL!

Lanzó su lanza con toda su fuerza. Rozó el ojo del lobo, falló. El lobo huyó con Del.

Lle corrió. Un grupo de lobos lo interceptó protegiéndolo, como si de un alfa de tratará. Nu, Me y Cre llegaron.

Joven Nu: ¡Lle, toma!

Le lanzó una lanza. Lle se abrió paso. Se adentró en el bosque se tropezó pero se levantó rápidamente, corrió y corrió.

Hasta que no hubo más rastro. Solo árboles y un silencio, Lle miraba hacia alrededor alborotado con la respiración agitada, Lle solo se quedó ahí parado ya sin saber que hacer y con lágrimas en los ojos grito.

Joven Lle: ¡DEEEEEEEEEEEEEEEL!

Tribu de los Cuatro Colmillos – Después del ataque

Lle regresó destrozado hacia la aldea. La tribu estaba devastada. Por todos lados había heridos, muertos y llantos.

Nu viendo a Lle acercarse se acercó a él.

Joven Nu: ¿Del...?

Lle solo lo miro con lágrimas en los ojos, Ni comprendió al instante, bajo su cabeza y se hizo a un lado, Lle vio detras de Nu...

Deucalion yacía en el suelo, rodeado de los suyos. Lle se arrodilló. Puso su mano sobre la herida.

Deucalion (con sus últimos respiros): Lle… (Tose) porfavor...venganos.

Muriendo así en brazos de la tribu.

Lle alzó la vista al bosque su mirada ardía.

Presente

Lle quien ahora tenía esa misma mirada se puso de pie. Tomó su lanza y comenzó a caminar de regreso hacia el bosque.

Nu: ¡LLE! ¿A DÓNDE VAS?

Lle: No permitiré que se repita lo de aquella vez. Pueden regresar o seguirme.

Nu: Lle, sé que los recuerdos te llegaron de golpe y no estás pensando con claridad. Recuerda que volveríamos con…

Lle: ¡QUE VOLVERÍAMOS CON LOS DEMÁS, SÍ! ¿PERO Y SI CUANDO REGRESEMOS LOS LOBOS DESPIERTAN Y NOS ATACAN?

ESA VEZ NO PENSAMOS EN QUE NOS ATACARÍAN. ESTÁBAMOS COMO TONTOS, PENSANDO QUE TODO ESTABA BIEN.

NO ME ARRIESGARÉ A QUE PASE DE NUEVO. NO PERDERÉ A MI ESPOSA Y A MI HIJO. NO ME IMPORTA SI TENGO QUE MORIR MATANDO LOBOS.

Nu quedó en silencio.

Cre: Hay que hacer que paguen esos malditos. Además, ¿qué mejor forma de morir que clavando mi lanza en sus cabezas?

Me: Sí. Acabamos con ellos y terminamos todo esto de una vez por todas.

Kri: Lle, te debo mi vida. Yo te seguiré, no importa qué.

Los Khurk alzaron sus cuchillos, gritando con furia tribal.

Lle miró a Nu. Nu asintió.

Lle, mirándolos a todos: La extinción de los lobos comienza hoy.

Se adentraron en el bosque.

Y desde la sombra de los árboles, la mujer que vio Na los observaba.

PARTE 7

Tribu de los Cuatro Colmillos – Tarde

Raf afilaba su lanza con una piedra plana. El hueso de la punta raspaba contra la superficie. Sus ojos estaban fijos mientras su mente vagaba.

Los cazadores regresaban de la caza. Entre ellos venía Dru, con pieles al hombro y sangre fresca en los brazos.

Dru: Oye, Raf, ¿cómo van tus heridas?

Raf: Ya no duelen... Veo que les fue bien en la caza.

Dru: Sí. Cazamos tres osos. Eran una familia. Espera a que los mata-lobos lo vean.

Raf: ¿Que no han regresado? Ya va a caer la noche.

Dru: Seguro se los comieron los lobos, jajajaja.

Raf sonrió, pero su mirada se volvió distante.

Dru: Llevaremos esto con lo demás. Más te vale curar esas heridas.

Raf: Claro. Lo haré.

Dru se alejó. Raf siguió afilando su lanza. El sonido se desvaneció. Su mente lo arrastró hacia atrás.

16 años atras – Noche del ataque (Año 884 d.C.)

En medio de todo el desastre que había pasado, Raf sostenía el cuerpo sin vida de Adel, su amigo. La sangre aún tibia le manchaba los brazos. El caos había pasado, pero el silencio era peor.

A lo lejos, vio a Lle, de pie, mirando hacia el bosque.

Joven Raf: ¿Crees que regresen?… ¿Crees que ataquen de nuevo?

Joven Lle: No lo sé… pero sea lo que sea, ya no lo harán. Porque iremos hacia ellos primero.

Joven Raf: ¿Estás loco? ¡¿No viste lo que le hicieron a la tribu?! Es un suicidio lo que quieres hacer.

Lle lo miró. Sus ojos ya no eran los de un hombre. Eran los de algo más.

Joven Lle: ¿Crees que soy un cobarde al igual que tú?

Sí, te vi corriendo junto a las mujeres y niños, fingiendo que los protegías solo para esconderte junto con ellos.

Raf se puso de pie, furioso.

Joven Raf: ¿Crees que eso fue lo que hice?

Lle se acercó, rostro a rostro.

Joven Lle: No es solo lo que hiciste… sino lo que no hiciste.

Le dio un empujón. Raf se abalanzó sobre él. Comenzaron a forcejear y golpearse.

Lle quedó encima, a punto de golpearlo. Pero Nu y Me lo detuvieron. Los amigos de Raf llegaron también.

Joven Raf (jadeando): Estás demente. No eres diferente a esas bestias. Solo que tú caminas en dos patas.

Lle intentó soltarse para atacarlo de nuevo, pero lo sujetaron con fuerza.

Joven Lle (mirándolo con furia): Nunca has visto una bestia real.

Y se fue.

Joven Dru: ¿Estás bien amigo?

Joven Raf: Si, no fue nada...

Joven Dru: Iremos un momento a ayudar a los otros, ¿vienes?

Raf asintió.

Joven Raf: Los alcanzó en un momento.

Raf se quedó allí, respirando con dificultad, mirando cómo se alejaba Lle.

Regreso al presente

Raf parpadeó volviendo del recuerdo, se había hecho una pequeña cortada pero no se inmutó, su rostro estaba tenso.

Pero esta vez, no había rabia. Solo una pregunta sin respuesta.


PARTE 8

Corazón del Bosque nevado – Territorio de la manada

Uno de los lobos despertó, estirándose con pereza. Caminó entre los suyos, olfateando el aire húmedo del amanecer. Entonces, sin aviso, una lanza silbó desde las sombras y lo atravesó con violencia. Cayó con un gemido seco.

El silencio se quebró.

Los demás lobos despertaron de golpe. Un rugido de alerta recorrió la manada. Ojos encendidos, garras listas.

Desde los árboles, los cazadores irrumpieron como una tormenta. Lle, Nu, Me, Cre, Kri, los Khurk. Gritos de guerra, lanzas alzadas. El bosque se convirtió en un campo de sangre.

La batalla comenzó.

Los lobos arremetieron con furia. Tiraban mordidas, saltaban y desgarraban. Los cazadores respondían con lanzas, cuchillos y lanzas. Era un caos coreografiado por la muerte.

Un Khurk fue derribado por tres lobos. Sus gritos se apagaron en segundos. Kri enfurecido, levantó una piedra del tamaño de un cráneo y la lanzó con una fuerza brutal, aplastando a uno de los lobos.

Otros Khurk tomaron un tronco grueso y lo usaron como ariete, avanzando como una muralla viva, aplastando patas, costillas y hocicos. El suelo temblaba con cada impacto.

Me fue mordido en el brazo por un lobo que se le lanzó desde un árbol. Cayó de rodillas.

Cre lo vio y corrió hacia él, cortando al lobo con un tajo limpio.

Cre: ¡Vamos, amigo! ¡No mueras, apenas estamos empezando!

Me se incorporó con dolor pero con una sonrisa torcida, y volvió al combate.

Lle y Nu peleaban espalda con espalda, girando como un solo cuerpo, como si compartieran el mismo instinto. Cada lanza que caía era una sentencia. Cada grito, un eco de antiguas cazas.

Lle: ¡ENCIÉNDANLAS!

Los Khurk escuchando esto rápidamente encendieron lanzas de madera, sus puntas envueltas en trapos empapados en grasa. Las lanzaron como estrellas fugaces. El fuego cruzó el aire, iluminando los árboles con destellos anaranjados.

Algunos lobos intentaron huir, pero los cazadores los cercaron.

Lle: ¡Que ninguno escape!

Los troncos ardientes fueron arrastrados para cerrar el paso. Los lobos, acorralados, se lanzaban con desesperación, pero caían uno tras otro. El suelo se volvió un pantano de sangre y ceniza.

Los cuatro cazadores —Lle, Nu, Me, Cre— luchaban como si fueran uno solo. Una manada de hombres contra una manada de lobos. Cada uno cubría al otro. Cada herida era vengada. Cada caída, levantada.

El aire a sangre, la euforia cesó.

Solo quedaban los jadeos. Las lanzas goteando. El crujido de huesos bajo los pies.

Y entonces, un último lobo emergió de entre los cuerpos. El más grande. El de la cicatriz en el ojo.

Lle lo vio. Su cuerpo se tensó.

Lle: Este es mío.

El lobo no huyó. No retrocedió. Se quedó allí, firme, con la mirada fija en Lle.

La misma mirada.

La mirada de un asesino. La mirada de una bestia.

Lle avanzó. El lobo también. Paso a paso. Hasta que ambos corrieron.

El lobo saltó. Lle también.

En el aire, Lle giró su lanza con ambos brazos encima de su hombro mientras gritaba con todo, clavó la lanza con todas sus fuerza en la frente del lobo. El impacto fue seco. Cayeron juntos.

Lle se incorporó. El lobo yacía muerto. Le miró los ojos por última vez.

Lle: Eso fue por Del.

Sacó su cuchillo y le cortó la cabeza.

Se puso de pie. Puso un pie sobre el cuerpo del lobo y alzó la cabeza cortada lanzando un grito de alfa que estremeció los árboles. Luego, la alzó sobre su boca… y bebió de la sangre que aún goteaba.

Mientras... la luna observaba y susurrando dijo:

*Durante años llamaron bestias a los lobos…

cuando eran ustedes los verdaderos monstruos.

Han atentado contra el orden natural.

Y el orden natural les dará lo que tanto han pedido.*

*¿Quieren ser los mayores depredadores?

¿Quieren ser las bestias de estos territorios?

Lo serán.*

La mujer alzó su mano, apuntando hacia la sangre que bebía Lle.

A su alrededor, aún embriagados por la euforia, Cre, Nu y Me comenzaron a beber también. La sangre, sin que lo notaran, comenzó a tornarse de un rojo vivo, casi incandescente. Pero sus gargantas no lo sintieron.

Lle, extasiado: ¡Hemos vencido! ¡Ya no más bestias en nuestros territorios!

Tomen todos los lobos que puedan. Volveremos por los cuerpos de los Khurk caídos. Se les sepultará como lo merecen. Serán recordados por este día.

Clavó la cabeza del lobo en su lanza y la alzó al cielo. Los demás lo imitaron, gritando con furia y gloria.

La mujer se desvaneció.

Y justo entonces, la luna comenzó a salir.

PARTE 9

Tribu de los Cuatro Colmillos – Regreso de los cazadores

Los cazadores llegaron al pueblo. Cubiertos de sangre, heridos, pero con lobos sobre los hombros. El pueblo los vio llegar. Murmullos. Susurros.

—Miren…

Poco a poco, todos se fueron acercando.

Lle habló con voz firme:

Lle: Compañeros… esta noche acabamos definitivamente con aquella amenaza que nos aterrorizó hace tantos años. La que nos hizo alejarnos de los ríos.

Clavó su lanza en el suelo. La cabeza del lobo quedó expuesta ante todos.

Hubo silencio, todos estaban atónitos.

Hasta que uno gritó:

¡¡SIII, MATA LOBOOOOOS!!

Luego otro.

Y otro.

Hasta que todo el pueblo gritaba.

Lle: ¡CELEBREMOS ESTA VICTORIA CON UN GRAN BANQUETE!

Gritos y tambores. El pueblo comenzó a bailar alrededor de la fogata. A comer y a beber.

Na caminaba entre los festejos, buscando a Lle.

Lle, con una vasija en la mano, la vio.

Lle: ¡Mi hermosa esposa Na, la razón de mi victoria! ¿Dónde está El?…

Me lo interrumpió.

Me: ¡Lle, mira!

Lle: ¿Qué quieres que vea? ¿No ves que quiero celebrar con mi familia?

Nu: Lle… tal vez quieras mirar hacia el cielo.

Todos comenzaron a levantar la vista…

La luna era roja, como si estuviera cubierta de sangre, algo que jamás habían visto.

Lle (mirando al cielo sorprendido): ¿Pero qué?... ¡¡Ahhh!!

Lle comenzó a sentirse extraño. Su piel ardía desde adentro, comenzó a marearse y todo le empezó a dar vuelta, escupió sangre.

Nu: ¡¿Lle?!

Pero Nu también cayó. Tosió. Sangre brotó de su boca.

Me se dobló sobre sí mismo. Cre cayó de espaldas, temblando.

El pueblo los miraba, paralizados. Uno gritó:

—¡Busquen ayuda!

Na corrió hacia Lle, con el corazón en la garganta.

Na: ¡Lle! ¡¿qué pasa?!

Entonces, el horror comenzó.

Los huesos de Lle empezaron a romperse frente a Na, su piel se desgarró, sus s músculos se comenzaron a crecer. Una cola peluda brotó de su espalda baja. Colmillos emergieron de su boca. Garras reemplazaron sus dedos. Su rostro se alargó.

Na retrocedió. El pueblo también.

Nu, Me y Cre sufrían la misma transformación. Sus cuerpos se alzaban, creciendo hasta casi dos metros. El pelo les cubría el torso, los brazos, el rostro. Ya no eran hombres, eran algo más.

Uno entre la multitud, temblando, gritó:

—L… L… ¡LOBOOOOOS!

Uno de los lobos se lanzó sobre él, mordiendo su cabeza, lo sacudió como un trapo y lo arrojó contra una cabaña, destrozándolo.

El pánico estalló.

Gritos, llantos, cuerpos corriendo en todas direcciones. Los Khurk tomaron lanzas encendidas y trataron de atacar, pero fue inútil. Los lobos los destrozaron como si fueran ramas secas.

Dru se abalanzó sobre el lomo de uno, levanto su lanza para clavarla en su cabeza, pero fue arrojado fácilmente y en el aire fue destrozado.

Na corrió entre el caos, Buscando a El.

Na: ¡¡EEEEL!! ¡¡EEEEEL!! ¡¡¿DONDE ESTAS?!!

Lo encontró parado y paralizado, viendo todo el horror que ocurría. Lo tomó en brazos y corrió.

Pero uno de los lobos los había visto, Lle, el hombre que una vez fue su esposo.

Corrió hacia ellos, cada pisada era como un terremoto. Estaba a punto de alcanzarlos cuando una lanza salió desde la oscuridad y se clavó en su ojo.

El lobo rugió. Se sacudió con alboroto.

Raf apareció entre las sombras, jadeando, con otra lanza en mano.

Raf: ¡¡Na, sígueme!!

Kri los vio y se unió a ellos.

Ella fue con él y corrieron.

Na: ¡Espera, por aquí!

Lo tomó del brazo y lo guió entre los árboles, hasta la choza destruida de Babá.

Allí, entre cenizas y maderas rotas, yacía Babá, tendida en el suelo, moribunda.

Na (entre lágrimas): ¡Babá!

Kri levanto un trozo de la cabaña que estaba encima de ella.

Na se arrodilló junto a ella.

Na: Dígame cómo ayudarla, por favor…

Babá, con voz débil: Descuida, cariño… todo estará bien. Vayan a la cueva… la que te mostré… lleva a tantos como puedas…(Tose).

Na: ¡Raf, ayúdame a levantarla!

Babá sonrió, con los ojos nublados.

Babá: No… yo ya no estaré con ustedes… como siempre te dije…

(Tose)

Lo que tiene que pasar… debe pasar…

Y exhaló su último aliento.

Raf puso una mano en el hombro de Na.

Raf: Debemos irnos.

Na asintió, secándose las lágrimas.

Raf (gritando al pueblo): ¡POR AQUÍ! ¡SÍGANME! ¡NIÑOS Y MUJERES ADELANTE!

Las esposas de Nu, Cre y Me se unieron al grupo junto con sus hijos.

Corrieron entre los árboles, Na con El en brazos, con la aldea ardiendo a sus espaldas. Los gritos de la tribu se mezclaban con los aullidos. El cielo era rojo. La tierra, negra.

Lle, el lobo, logró arrancarse la lanza del ojo. Su rostro sangraba, pero su furia era mayor. Corrió tras ellos.

Algunos sobrevivientes cayeron en el camino. Lle los apartó como si fueran hojas. No los devoró ni los miró. Solo quería una cosa: a Raf.

Estaba a punto de alcanzarlo. Sus colmillos rozaban su espalda.

Y entonces, Raf cruzó la entrada de la cueva.

Lle se estrelló contra la roca. Rugió. Mordió el aire. Arañó la piedra. Pero no pudo entrar.

Dentro, los sobrevivientes temblaban. Nadie hablaba. Nadie respiraba.

Lle lanzó un último rugido… y se retiró, regresando a la aldea.

Raf (jadeando): ¿Están todos bien?

Miró a los rostros pálidos, a los cuerpos temblorosos y a los niños abrazando a sus madres.

Raf: Aqui estaremos bien.

Todos se asomaron por la entrada de la cueva.

Desde allí, vieron el pueblo arder.

Y a los lobos rondando entre las llamas, devorando los cuerpos.

PARTE 10

Cueva de las pinturas Antiguas – Amanecer

Una luz tenue comenzó a filtrarse por la entrada de la cueva. Poco a poco, los sobrevivientes fueron despertando, sus cuerpos estaban entumecidos aún temblando.

Na abrió los ojos y vio a Raf de pie, vigilante en la entrada.

Se acercó.

Na: ¿Raf?...

Raf (sin apartar la vista del exterior): Se quedaron dormidos durante la noche. Imagino que después de devorar a casi todo el pueblo con las barrigas llenas de sintieron satisfechos. Luego cayó la luna y empezaron a volver a la normalidad. Ahora están dormidos… o inconscientes.

Na: ¿Estuviste toda la noche despierto?

Raf: Alguien debía vigilar por todos.

Sus palabras despertaron el interés de una mujer. Se levantó y se acercó a la entrada.

Raf: Quédense aquí. Iré a revisar.

La mujer lo tomó del brazo.

Bea: Espera. Iré contigo.

Otro se levantó entre los demás.

—Yo también.

Luego otro. Y otro.

Raf: Es lo que amo de esta tribu. Siempre unidos, no importa qué. Pero tendré que negarme esta vez. Es muy peligroso que salgan conmigo.

Na: Iremos todos, Raf. Estamos juntos en esto.

Raf los miró. Sus ojos cansados se suavizaron. Asintió. Bea lo miró sonriendo, el le devolvió la sonrisa.

La tribu avanzó con paso lento. El bosque olía a ceniza y muerte. Al llegar al claro, vieron el desastre: chozas quemadas, cuerpos destrozados, sangre seca sobre la tierra.

Y allí, entre los restos, yacían los cuerpos de Lle, Nu, Me y Cre.

Al rededor de ellos un montón de cuerpos sin vida, entre ellos el de Dru, al Raf ver esto estallo en ira.

Raf levantó su lanza. Su mirada era de la de un cazador. Dio un paso al frente, dispuesto a clavársela a Lle, Na lo detiene.

Na: ¡¿QUÉ HACES?!

Raf: ¡Viste lo que hicieron! ¡Lo que le hicieron a la tribu! ¡Ese ya no es tu esposo!

Pero entonces, Lle empezó a despertar junto con los otros.

Todos retrocedieron asustados.

Na se acercó a Lle, temblando.

Kri: Na... espera...

Lle: Na… aléjate de mí.

Na: Está bien. Todo está bien.

Lle: ¡NO! ¡Aléjate! ¡No quiero lastimarte!

Raf: Na, hazle caso y…

Na lo detuvo con la mano. Siguió hablando.

Na: Lle, estás bien. Esto… esto era inevitable. Tenía que pasar.

Lle la miró con confusión. Con miedo.

Entonces, un viento fuerte sopló desde el bosque.

Kri: ¿Qué es eso?…

Na la vio. Caminando desde los árboles.

Na: Ella…

Era la luna nuevamente.

Lle, Nu, Me y Cre se pusieron de pie.

La Mujer llegó ante el pueblo. Estaba cubierta de sangre.

Mujer: La tribu de los Cuatro Colmillos… o debería decir… la tribu de los Cuatro Malditos.

Lle: ¿Fuiste tú quien nos hizo esto?

Mujer: ¿Yo? Ustedes se lo hicieron a sí mismos. ¿Acaso olvidaron lo que hicieron? Extinguir a una raza por venganza. El universo sintió cómo el balance era roto. Y me envió aquí como castigo por sus pecados. Ahora todos estamos condenados. Ustedes quisieron romper el balance… y el balance los rompió a ustedes.

Lle: ¿Y qué? ¿Los lobos podían cazarnos y nosotros no…?

Mujer (con voz celestial):

SILENCIO.

Todo en esta vida tiene un ciclo. Toda criatura tiene su fin. El día de los lobos llegaría, como el de cualquier ser sobre la tierra. Pero ese día llegaría en su momento. Ustedes tomaron ese día por mano propia, alterando todo. Ahora, por su sangre corre el grito de una raza. Y con ella cargarán ustedes… sus hijos… y los hijos de sus hijos. Así, el balance será restaurado.

Todos quedaron atónitos.

Na dio un paso al frente.

Na: ¿Y qué será de nosotros?

Mujer: Buscarán la forma de sobrevivir. La naturaleza no los quiere muertos. Los quiere castigados eternamente.

La Mujer comenzó a desvanecerse.

Na: ¡Esperaaa!

El silencio se rompió.

—¡Esto es su culpa!

—¡Ahora debemos cargar con esta maldición por ustedes!

—¡Muerte a los mata-lobos!

Na: ¡OIGAN!

Todos se callaron.

Na: Yo soñé con esto. Babá lo sabía. Sabía que todo esto iba a pasar. No se los dijo porque ustedes la veían como loca. La apartaron por venir de un linaje de brujas. Pero ella pudo advertirnos… si no la hubieran silenciado. Y ustedes… todos somos culpables. Todos celebramos cada caza. Todos callamos. Todos fuimos cómplices.

¿Dónde está el pueblo que los veía como héroes? ¿Dónde está el pueblo que celebraba cada victoria? ¿Ahora les darán la espalda? La luna lo dijo… somos las bestias. Todos. Aunque nos duela admitirlo.

Todos se quedaron callados.

Raf: Ella tiene razón. Los humanos somos tan bestias como cualquier animal. La ira, el enojo… siempre están ahí. Como un monstruo que quiere salir y destruirlo todo. Pero… no creo que la Mujer tenga razón del todo. No debemos cargar con esta maldición para siempre. Podemos cambiar, ser mejores, ser hombres en lugar de bestias.

El pueblo asintió. No con gritos. Sino con murmullos. Con vergüenza.

Lle salió de detrás de Na.

Lle: Nos iremos de la tribu.

Todos escucharon sorprendidos.

Na: ¿Qué? ¡No!

Lle: La luna tiene razón. Esto es una maldición. Debemos cargarla… o al menos comprenderla. No arriesgaremos a nadie más.

Na (llorando): No puedes dejarme…

Lle: Na…

Na: No puedes dejarme sola.

Lle: Na…

Na: ¿Y El? ¡Él te necesita!

Lle (tomándola de los hombros): Na... debo hacerlo. Tú me lo advertiste. Me dijiste que algo no estaba bien. Me hablaste de tus sueños y no te escuché ahora… debo pagar este castigo.

Na lo abrazó, llorando sobre su pecho.

Na: No quiero que me dejes…

Lle la tomó del rostro y beso su frente.

Lle: Volveré. Lo prometo.

Na, entre lágrimas, llamó a El. El niño se acercó y abrazó a su padre.

Lle (con la voz quebrada): Volveré pronto, hijo. Volveré pronto.

Nu, Me y Cre se despidieron de sus esposas.

Un abrazo, un último roce de frente con frente.

No hubo palabras. Solo miradas.

Tiempo más tarde Lle, Nu, Me y Cre se alistaron para partir.

Lle se acercó a Raf.

Lle: Aunque estaba transformado en esa cosa… desde dentro vi cómo protegiste a mi familia. Sé que, aunque me vaya, estarán en buenas manos.

Raf: Los cuidaré. Descuida.

Lle asintió. Dio media vuelta.

Raf: Espera.

Se acercó a Lle, lo miró a los ojos.

Raf: Mataste a mis amigos. A la tribu que tanto amo. Aquella noche del ataque me dijiste que el problema no era lo que hice… sino lo que no hice. Ahora sé lo que debo hacer.

Se inclinó hacia su oído.

Raf (en voz baja): Daré caza a ti y a tus amigos. Uno por uno. Ahí está la acción que tanto buscabas.

Lle lo miró. Y sonrió.

Lle: Cuento con eso.

Le extendió la mano. Raf, con seriedad, la estrechó.

Lle se volvió hacia Na y El.

Lle: Los extrañaré. Cada noche pensaré en ustedes antes de dormir.

Se agachó frente a su hijo.

Lle: El…

El: ¿Sí, padre?

Lle: Protege a tu madre.

El asintió, con los ojos llenos de lágrimas.

Nu, Me y Cre se despidieron de sus esposas e hijos.

Nu abrazó a la suya con fuerza, susurrándole algo al oído.

Me le entregó su collar a la suya, como promesa de regreso.

Cre simplemente la miró, y ella le acarició el rostro, en silencio.

Los cuatro se reunieron.

Lle miró por última vez a la tribu.

Y partieron.

Sus siluetas se perdieron entre los árboles, bajo la luz de una luna que ya no era enemiga…

sino madre, juez y carcelera.