Capítulo 1: El proyecto
1. Génesis
Ana llegó a su casa en el barrio de Palermo y se encontró con sus papás, Alfonso y Marisa, quienes la estaban esperando para anunciarle una sorpresa.
Desde hacía 3 años, Alfonso se encontraba desocupado luego de que la empresa en donde trabajaba cerrara por haber fallecido su dueño. Y cerró, no porque fuera deficitaria, ya que por el contrario era líder en su rubro, sino porque simplemente sus hijos no quisieron asumir la responsabilidad de continuarla. Prefirieron poner fin y venderla ya que las edificaciones, mobiliario y maquinarias tenían un altísimo valor económico.
Cómo, mientras trabajaba, él tenía el cargo de sub gerente de producción, la indemnización que recibió por el despido fue muy cuantiosa y eso permitió que su familia mantuviera el mismo nivel de vida que tenían en ese entonces.
Sin embargo, poco a poco las preocupaciones comenzaron a aflorar ya que, tal vez por la edad, tal vez por la situación del país, no lograba conseguir un nuevo empleo.
Marisa siempre se ocupó de la casa.
Ella había estudiado para ser chef, pero como nunca necesitó trabajar no hizo una carrera laboral de ello, por el contrario, a modo de hobbie, ejercía ese oficio en su propia casa.
Desde la óptica de Ana, ella era la mamá perfecta pues la consentía en todo y la ayudaba en sus tareas escolares. Más de una vez, Marisa, se pasó noches enteras haciéndole algún trabajo práctico mientras ella salía a bailar con sus amigas. Además, debido a su gusto por la cocina, cada comida en la casa era una verdadera sorpresa, una exquisitez atrás de otra. Le gustaba innovar y hacer sus propias creaciones basadas siempre en la premisa de comida variada pero por sobre todo, sana. Tal era el nivel que demostraba, que las amigas de Ana cada vez que arreglaban para salir a cenar a algún restaurante, bromeaban diciendo que irían a su casa ya que ahí los platos eran los más ricos, sanos y baratos de toda la ciudad.
Pero no todo era de color rosa. Alfonso ya tenía 50 años y veía con malos ojos el hecho de no conseguir trabajo y que los ahorros se fueran acabando. La Argentina del año 2022, no estaba atravesando un buen momento económico y las expectativas de encontrar un trabajo estable y que le permitiera recuperar sus ahorros y continuar teniendo el mismo nivel de vida que tenían, lo veía cada vez más difícil.
Por eso, todos los días invertía dinero en lo que él llamaba "activos" que lo ayudaran a generar dinero para, al menos, tratar de que sus ahorros duraran la mayor cantidad de tiempo posible. Lo que en realidad hacía todos los días, era comprar y vender CEDEAR -acciones de empresas que cotizan en la bolsa de EEUU pero que replican el mercado local (Merval)- y eso lo hacía a través de un broker online que le permitía tener el control, minuto a minuto, de los movimientos que realizaba, como también las ganancias y pérdidas que tenía. Al mismo tiempo que hacía eso, realizaba cursos relacionados con su actividad pues, un buen amigo suyo de la profesión, le sugirió que, con la experiencia y conocimientos que él tenía, si lograba mantenerse actualizado en cuanto al conocimiento de los últimos avances tecnológicos, podría montar una consultoría y ofrecer sus servicios desde su propia casa. Si bien nunca le gustaron esos asesoramientos externos, ya que cuando estaba en actividad los veía como si se tratara de mercenarios sin valores que daban su opinión a cambio de dinero y sin tener puesta la camiseta de la empresa, ciertamente ahora, y en la situación en que se encontraba, esa podría llegar a ser una solución si es que no conseguía un trabajo formal.
La cuestión es que, mientras la vida le pasaba por delante, un día prestó atención a una noticia que estaban dando en la televisión y, como por arte de magia, le surgió una idea que podría poner fin a sus preocupaciones. En ese programa se anunciaba una marcha de protesta de inquilinos, ya que la ley de alquileres vigente era sumamente perjudicial para quien buscaba alquilar pero también para quien ofrecía viviendas en alquiler y, de este modo, éstos últimos preferían realizar alquileres temporarios a turistas, ya que el ingreso triplicaba el monto de un alquiler normal y así no se ataban a un contrato que debía tener una duración mínima de tres años.
Y eso tenía lógica debido a la situación del país, en donde el peso argentino estaba muy devaluado, y, por ende, les resultaba muy económico a los extranjeros venir a la Argentina, lo que redundaba en que había una cantidad récord de turistas visitando el país, con dólares y/o euros dispuestos a ser gastados.
Así, junto a su mujer tomó la decisión de no vender la casona que heredó de sus padres, la cual estaba a la venta desde hacía dos años y, en su lugar, poner una Hostería.
La idea parecía perfecta. Marisa podría encargarse de la cocina y Ana de la atención de los huéspedes.
Era una manera de invertir su patrimonio en algo que le daría trabajo a varias personas y lo más importante, podía servir para obtener esas ganancias que no lograba alcanzar tras la pérdida de su trabajo. Al mismo tiempo, permitiría que su mujer y su hija tengan un trabajo acorde con sus gustos, lo que las haría sentir más útiles, felices y plenas.
Él no sabía bien cuál sería su función, pero en los primeros tiempos, se ocuparía de todas las cuestiones de papeles, como conseguir la habilitación comercial, la habilitación turística, la publicación en sitios web, la contratación de empleados, etc....
La vida de Ana era bastante tranquila. Con sus 23 años de edad solamente había realizado cursos ligados a la hotelería, pero nunca quiso había querido cursar una carrera terciaria o universitaria. Cuando terminó el colegio, se fue a realizar un intercambio escolar a Bélgica, junto con su mejor amiga Luciana. La duración del viaje teóricamente era de tres meses pero, sin embargo, terminaron quedándose en Europa dos años. Durante todo ese tiempo experimentaron no sólo ir a colegios de diferente países de Europa, sino que también se preocuparon por conocer la historia y cultura de cada ciudad en donde estuvieron. Fue algo muy positivo y nutritivo para ellas, pero sin embargo, cuando Ana regresó, al ver que sus antiguas compañeras ya estaban en segundo o tercer año de sus carreras, sintió que si empezaba en primer año, se vería atrasada, lo que la llevó a engañarse a sí misma y convencer a sus padres de que prefería ir haciendo cursos hasta descubrir la carrera que más le gustara toda vez que aún no lo tenía del todo claro. Si bien Alfonso y Marisa no estaban de acuerdo con esa decisión, lo cierto es que ella ya era mayor de edad y no podían forzarla.
Por tal motivo, la idea de la Hostería le cerraba a Alfonso por todo lados. Así, lograría que Ana trabajara en algo que -supuestamente- le gustaba.
Esa noche, cuando Ana llegó, sus padres prepararon la reunión familiar a la hora de la cena y ahí fue que le comunicaron esta sorpresa.
Ella estaba feliz. No era vaga, en absoluto, pero muchas veces así se sentía. Por su cabeza pasaban pensamientos de que tal vez, por tener unos padres con un buen pasar económico, ella hacía cosas que en realidad la perjudicaban. Por ejemplo, el hecho de que sus padres la hayan enviado, a pedido suyo, a realizar el intercambio a Europa, y que luego no se hayan opuesto a que se quedara allí durante dos años, si bien le aportó un valor impagable para su cultura, también produjo que ella se atrasara en sus estudios y su orgullo no le permitiría que sus amigas la vieran dos o tres años por debajo de ellas. Y ese combo de decisiones, la dejaron sin una ocupación, ya sea estudio o trabajo, que le aportara algo de valor a su vida.
Por eso, al escuchar la noticia estaba feliz.
Ni bien se fue a su cuarto para acostarse, comenzó a proyectar en su mente la nueva vida que tendría, a la vez que pensaba que ahora sí, había llegado el momento de encarar alguna carrera universitaria que le sirviera para acompañar el nuevo emprendimiento familiar.
En la charla que tuvieron durante la cena, Alfonso le dijo que había contratado a Roberto, el marido de Lina -quien realizaba las tareas de limpieza en la casa-, para que se ocupara de dejar la casa con forma de Hostería. Él tenía mucha experiencia en tareas generales de construcción, plomería, electricidad y gas, lo que lo convertía en un elemento primordial. Asimismo, su primera actividad – la de Ana- sería la de ocuparse de la decoración y de la compra de todo lo que haga falta para poner en funcionamiento la Hostería.