PLEDGE
Pledge
-¿Ya estarás contento? – esa voz, tan fría y modulada – ¿no?
-Kouyou – le observo – vete, ahora eres libre de la mafia…
-Dime Dazai – sonríe con amargura - ¿de que me sirve esta libertad si he perdido a Chuuya?
Sonrió, niego.
-No lo sé, Kouyou, no lo sé – niego – pero…. – analizó con rapidez mis posibilidades, debo ir por Chuuya pero solo no lo lograre – aun no todo esta perdido…
No me deja continuar, Konjiki Yasha surge atacándome directamente.
-Sabes que eso no funcionara – anulo su habilidad, apenas y logro esquivar el corte de su katana.
-Lo sé bien Osamu Dazai – sonríe - ¿pensabas que seria ilusa?
-Escucha Koyou, no quiero dañarte – enarca una ceja incrédula – Chuuya, no me lo perdonaría – alzo mis manos por sobre mi cabeza – solo déjame hablar un momento – asiente, aun empuñando la katana – Chuuya no está muerto… creo.
-Lo vi usar Corrupción, no mientas, no llegaste a tiempo – una lagrima corre por su bello rostro – pero no te importo, porque a ti no te importa nadie mas que tu mismo… solo lo usaste, lo rompiste tanto…
-Lo sé – la interrumpo, no planeo escuchar más verdades – se que lo he herido, pero – solo debo elegir las palabras adecuadas para tenerla como mi aliada – quiero salvarlo, aún puede tener una vida normal, lejos de la mafia… él lo merece – baja la espada – ayúdame a llevarlo a la luz.
-Se lo llevo el gobierno, lo cual no tiene sentido…
-Lo tiene porque de alguna forma aún existe una manera de mantenerlo con vida.
Su puño aprieta fuerte la espada, sus nudillos lucen más blancos.
-Experimentaran de nuevo con él.
-Debemos encontrarlo, solo quieren usarlo como arma, como un monstruo sin conciencia, tu y yo sabemos que Chuuya es más humano que cualquiera.
Por fin guarda su espada, su mirada siempre fría deja ver el dolor, la perdida anhelante de un hijo quizás, porque, aunque Chuuya siempre le dijo hermana, ella fue más una madre, siempre dándole consejos, lo entreno y educo.
-Bueno dado que eres un hombre muerto, vamos – comienza a caminar aún con su porte intacto – no tienes a donde ir, así que vamos a su casa…
Abro los ojos con verdadero asombro, de todos los lugares a los que pensé que me llevaría nunca me imaginé que propondría ir al departamento de Chuuya.
El camino lo hacemos en silencio, en una noche oscura, fría y lluviosa, la imagen de Kouyou es como de una muñeca de porcelana; mientras que yo solo soy un fantasma, una leyenda urbana de la oscuridad, salvé a mi mejor y único amigo, pero perdí a mi único amor.
-Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde – su voz rompe el silencio – eres débil…
-No lo soy – su mirada es de desprecio – lo eres, luces como un desperdicio humano, lo perdiste por no poder decirle lo que sientes – se detiene abruptamente, girando para encararme – te diré algo que no sabes demonio prodigio – sonríe – una vez que pierdes al amor no vuelve, no lo recuperas, no recibes de nuevo la luz…
-Eso no pasara, aún no lo pierdo….
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Llegamos al departamento, ella abre la puerta, sigue todo igual, excepto por un montón de botellas de vino vacías apiladas en un rincón.
-Ahora si habla, aquí no abra escuchas indeseados.
Suspiro, esta mujer es astuta, no dejara el dedo del renglón.
-Mi muerte era necesaria en este mundo, pero sé que Chuuya jamás lo hubiese permitido si lo sabía, y de hecho nadie lo sabía – me desplomo en el sillón – en teoría me iría lejos y no volvería a Yokohama, no pude hacerlo Kouyou… volví por él, no me imagine que intentaría tomar el mando de Port Mafia, después de todo yo lo metí en la mafia en contra de su voluntad.
-La mafia es su familia, somos sus amigos, y tiene más lealtad por nosotros de la que tendrás en tu vida.
-Lo sé, regrese por él, para irnos lejos… llegue tarde el desastre ya estaba hecho.
-Lloro mucho por ti – revela buscando cosas y comenzando a empacar – tu nunca estuviste para consolarlo, solo acepto esta alianza porque quiero recuperarlo.
-Se bien lo que he hecho no necesitas recordármelo – me levanto del sillón en busca del portátil de Chuuya, me acomodo e introduzco la clave, ella frunce el ceño – antes de que digas algo, debemos de buscar información, no se en donde se encuentra la base a la que lo llevaron.
En cuanto el equipo carga observo el fondo de pantalla, mi corazón se comprime de dolor; es una foto de varios años atrás, para se más precisos de hace unos seis años, una cita, la única que tuvimos, Chuuya vestía una playera blanca, una chamarra negra abierta y sus jeans ajustados, además de un horrible sombrero negro, esta sonriendo, sus ojos brillan feliz mientras sostiene un ramo de flores.
-Se ve realmente feliz, nunca quiso cambiar de fondo – agrega mi acompañante.
Asiento, comienzo a teclear, abriendo un montón de pestañas infiltrándome en el sistema del gobierno, para dar con Ango Sakaguchi, pierdo la noción del tiempo, de vez en cuando observo de reojo a Kouyou, habla por teléfono un par de veces, al parecer dando un par de órdenes. Sin duda, ella podría liderar la Port Mafia de forma eficiente.
-Toma – coloca una taza de café al lado del portátil – te ayudara un poco, aunque se bien que casi no duermes…
-Gracias – le doy un sorbo - ¿y tú?, ¿no iras a descansar?
-En un rato más – lleva el cabello suelto, y ya no trae el elegante kimono, tan solo un camisón blanco de seda – estoy tan desesperada como tu por rescatarlo, pero debes descansar Osamu, agotados no lograremos nada – se levanta – Lagarto Negro se esta reagrupando, ellos nos ayudaran.
-No creo que debamos involucrar a más, podrían traicionarnos.
-Sin duda a ti podrían traicionarte ahora que estas vulnerable, es una opción demasiado jugosa – me observa fijamente – pero ellos aprecian a Chuuya, a él no lo traicionaran ni lo abandonaran, están dispuestos a dar su vida por él.
No dice más simplemente se retira a la habitación de invitados del departamento de Chuuya.
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Todo es negro…
Todo es silencio…
Todo es frio…
Todo es un vacío….
Estoy muerto, estoy seguro de eso, ¿o quizás no?
Escucho voces, voces distantes, frías e impersonales. No reconozco ninguna, lo último que recuerdo es la voz de Dazai, sus manos aferrándome, y sus ojos, esos ojos que dicen tanto, estaban tristes, estaba tan roto; no pude aliviar su dolor, no pude importarle…
Un dolor intenso recorre mi cuerpo, todo duele, mis manos, apenas y logro sentirlas, están destrozadas no puedo mover ni un dedo, mi cuerpo se estremece de nuevo ese dolor, que comienza en mi pecho recorriendo el resto de mi cuerpo.
Un pitido, irrumpe el silencio breve que se había formado.
-El sujeto A5158 ha vuelto – soy Nakahara Chuuya, es lo que quiero decirles, pero no puedo.
Por mas que intento abrir mis ojos, no puedo, mis parpados pesan demasiado.
-Rápido inyéctale la droga – siento un pinchazo en mi brazo, arde, maldita sea arde como el infierno – si ese monstruo se despierta podríamos morir…
No soy un monstruo.
Soy humano…
¿O quizás si lo soy?
¿Por eso nadie me amo?
Preguntas al azar rondan mi mente, torturándome, hasta que llega el momento en que todo queda negro y en silencio nuevamente.
No tengo idea de cuánto tiempo ha pasado, mi cuerpo aun duele, aunque es más bien una sensación de adormecimiento lo que me ha invadido, lucho por abrir los ojos lo cual ha sido imposible, me siento tan pesado como si la gravedad se volviera en mi contra; escucho pasos acercándose, de nuevo las voces desconocidas y frías, toman uno de mis brazos, llevan guantes de látex lo siento al tacto.
Otros pasos más llegan a este lugar, un pinchazo de nuevo, el liquido quemando por mis venas.
-¿Cuál es el estado del sujeto A-5158? – mierda de nuevo me llaman así, lo que indica que he vuelto a ser una rata de laboratorio.
Recuerdo los buenos momentos de mi vida, a pesar de mi estado siento una lagrima correr, aunque Port Mafia es una asociación delictiva ellos me vieron realmente como un humano, como un amigo… así que, aunque perezca a manos del gobierno al menos se que mi sacrificio ha valido la pena si Ane-san y los demás están a salvo.
-Su cuerpo sigue destrozado, hemos logrado mantenerlo sedado, pero no sobrevivirá mucho más a menos que se encuentre una forma de reiniciarlo…
-No es una máquina.
-Es un contenedor – afirma otra voz – eso significa que con un poco de suerte una nueva creación podrá restaurarlo, pero aún se desconocen las consecuencias.
Lucho por abrir los ojos, aún a pesar de la pesadez, no dejare que me hagan lo que quieran, no sin luchar, esta vez no soy un niño indefenso.
Un gemido escapa de mis labios, me remuevo, requiero de toda mi fuerza, abro los ojos, observo mi entorno, un lugar estéril, lleno de frascos y aparatos médicos, tres hombres me observan, lo noto, el miedo, el pavor en sus miradas, excepto de uno que lleva lentes, estoy seguro de haberlo visto antes pero no logro ubicarlo.
-Rápido minístrenle otra dosis, su cuerpo se esta acostumbrando a la droga – ordena el de lentes, estoy concentrado, necesito activar mi habilidad – si A-5158 logra activar su habilidad podría pasar lo de hace años…
-N….n….no – logro medio articular, mi garganta esta seca, mi voz sale rasposa.
Quiero luchar, aunque me esta costando activar mi habilidad, quiero gritarles mi nombre, prefiero morir a perder mi identidad nuevamente, pero fracaso, soy un idiota, quizás Dazai siempre ha tenido razón, confió demasiado en mi poder que no me permite pensar, soy estúpido. Si no hubiera abierto los ojos podría haber fingido que dormía y recuperarme, ahora me han vuelto a tomar el brazo inyectándome mas de ese liquido que ahora noto tiene un color muy turbio, un morado iridiscente, nunca he visto algo así…
No, no es lo mismo, esto quema, arde, maldita sea, duele, un dolor que recorre mi cuerpo, me estremezco, un grito de dolor escapa de mi garganta seca, sueno más como una bestia a como lo haría un humano, y eso es todo, de nuevo la oscuridad me envuelve.
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Ha pasado más de una semana desde que lo perdimos, aunque apenas y duermo sigo en la búsqueda de más información, pero el gobierno es en extremo cauteloso con todo este asunto, son pocos datos los que he recolectado, a su vez Kouyou ha ido reuniendo a nuestros hombres, además de verificar lazos.
Nos movimos de Yokohama a un lugar cercano, hasta que todo no este en orden es mejor así.
De momento estamos en Kawasaki, eso en parte dificulta la búsqueda de pistas, pero ya encontré a un hacker que nos esta ayudando con el trabajo, por supuesto Kouyou tuvo que fingir ser una joven mujer que busca a su hermanito secuestrado sin revelar su identidad como miembro de la mafia.
El sonido de una notificación me llega, sonrió al abrirla y ver el contenido, por fin podremos actuar; me levanto para encontrarme con Kouyou, que está en el balcón apreciando la vista, estamos justo en el punto más álgido del atardecer.
-Kouyou… - ella deja su copa de vino a un lado, gira levemente su rostro – tenemos una pista, un nombre.
Su rostro permanece inexpresivo, pero en su cuello hay una leve tensión además de sus ojos sedientos de sangre.
-¿Quién?
-Mizuki Tsujimura – le muestro una foto de la chica, la recuerdo, ella esperaba a Ango – agente del Departamento de Habilidades Especiales…
Se levanta con rapidez.
-Le haremos una visita, ¿no es así Dazai?
-Por supuesto Ane-san – estoy tan de buen humor que se me escapa lo último, ella se tensa.
-No me vuelvas a llamar así – se comienza a peinar – no tienes derecho, solo Chuuya puede…
Se va sin siquiera dirigirme la mirada, tampoco busco seguirla para una conversación más profunda, tenemos muchos preparativos que hacer…