Divorciada

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Summary

Ella es Rebbeca, una mujer con su vida ordenada y creada pero llega un tsunami que se lleva todo a su paso llamado divorcio. Ella no sabe que hacer ahora on su familia dividida en pedazos y sintiendo ese ego roto por ser abandonada por una mujer mas joven. Decidía a rehacer su vida, decide comenzar a conocer personas pero un día acepta una invitacion a una fiesta y se da cuenta que fue su peor error al enterarse que él ya la tenia en la mira.

Genre
Erotica
Author
Cacha
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

Llevaba años esperando este momento. Por primera vez en mucho tiempo, estaba sola.

Sentada en una silla del bar, con el cuerpo inclinado hacia la barra, observaba mi segundo whisky de la noche. El vaso sudaba lentamente bajo la luz tenue. Tenía tres meses de estar divorciada, legalmente libre, aunque todavía cargaba los restos del naufragio.

Por fin salí de ese infierno, me repetía para consolarme por la pérdida de un matrimonio de diez años, de una vida entera construida a pulso. Dos hijos. Una familia. Todo sacrificado por otra mujer y por la estupidez caliente de mi esposo. Sabía desde hacía dos años que me engañaba, pero nunca imaginé que sería tan idiota como para dejarme, como si no hubiera tenido ya todo conmigo.

Fui buena madre. Buena esposa. Buena ama de casa.

Lo tenía todo... y aun así no fui suficiente.

Al parecer, una mujer de veinticinco años sí lo era.

Cuando vino a decirme que estaba haciendo los papeles del divorcio, que esperaba que todo fuera en paz por los niños y por los años compartidos, entendí algo con brutal claridad: él nunca pensó en eso. ¿Por qué debía hacerlo yo?

Levanto la mirada y me doy cuenta de que Kris está frente a mí, observándome con atención. Apoya el mentón en la palma de su mano, como si llevara un rato estudiándome.

-¿Qué pasa? -le doy un sorbo a mi copa-. ¿Te gusto o qué?

-Ni muerto, cariño -dice, acariciándome la mano sobre la barra-, pero me preocupa verte así... tan apagada.

Hago una mueca. Es la misma frase que he escuchado de mi familia y amigos desde que firmé el divorcio. Kris, sin embargo, no juzga. Lo conocí en este bar cuando tenía veinte años. Aquella noche vine con Henry y él se incomodó porque Kris no dejaba de hablar conmigo. Luego entendí que no coqueteaba: era gay y pensaba que Henry era solo un amigo. Así nos comportábamos entonces, como dos personas sin futuro planeado.

Con los años, Kris se volvió mi refugio. Mi confidente. El único que escuchaba sin reproches mientras yo ahogaba la decepción en alcohol y palabras.

-Rebecca, deberías divertirte -dice con suavidad-. Aún eres joven. Hay cosas que no viviste en tus veintes.

-Es complicado -suspiro-. Yo tenía toda una vida planeada... -me detengo antes de quebrarme-. Todo lo que quise.

-Lo sé, cariño. Y sé que suena hipócrita decirlo, pero tienes que seguir-

Una voz masculina interrumpe la conversación.

-Oye, Kris, cinco Laguna Azul.

Me giro. El hombre que me observa es grande, imponente. Barba roja. Ojos verdes.

-Hola -dice, sonriendo.

-Hola -respondo, y vuelvo a mi trago.

Cuando Kris entrega las bebidas, el hombre se marcha, pero deja una invitación sobre la barra. Su mirada me recorre sin disimulo. Kris la toma, incrédulo.

-¿Qué mierda acaba de pasar? -pregunta-. ¿Cómo lo haces?

Le quito la invitación.

-No seas tonto. Cree que soy una presa fácil -doy otro sorbo-. Cara de despechada, alcohol encima... el combo perfecto.

-Deberías ir -dice, tomándome la cara con ambas manos-. Y contarme todo. Ese tipo es la mano derecha de Arthur, el magnate petrolero.

-¡Para! -me quejo-. Apenas lo conozco.

-Por eso iré contigo -susurra-. Me contrataron ahí hace dos semanas. Por favor.

-Tengo que pensarlo.

Tres horas después, el bar está vacío. El frío de la noche se me mete en los huesos mientras espero a Kris afuera. Antes, no sentía este cansancio. Ahora tengo treinta y dos años y el cuerpo me lo recuerda.

Un auto negro pasa frente a mí. Se detiene. Permanece quieto unos segundos. Luego se va.

Un escalofrío me recorre.

-¿Rebecca? -Kris aparece a mi lado-. Vámonos.

En casa, entro en silencio. Me quito los tacones. Reviso la habitación de mis hijos. Rose duerme profundamente. Harry también. Les doy un beso a cada uno y cierro la puerta.

Me dejo caer en la cama. Me cambio sin cuidado.

Aún por mi cabeza pasaba ese hombre del bar y el auto que paró de la nada delante de mí. Por un momento siento un ligero calor y humedad entre mis piernas. Sonrío y voy en busca de mi amiguito. Abro la gaveta de la mesita de noche a mi derecha y lo tomo. El zumbido del juguete en mi mano parece retumbar dentro de mi cabeza, mezclándose con el mareo del vino.

Me abro de piernas sin ninguna delicadeza, dejando que el aire frío de la habitación golpee mi intimidad, que ya se siente empapada y palpitante. No hay rastro de timidez; el alcohol ha borrado cualquier filtro, dejando solo un hambre voraz de placer.

Deslizo la punta vibrante por mis labios internos, que están hinchados y calientes. El primer contacto directo me hace soltar un jadeo ronco que retumba en la habitación vacía. Mis dedos libres se entierran en mi pecho, apretando mis pezones erizados mientras el juguete trabaja abajo, recorriendo mi clítoris con una presión firme y constante. La sensación es tan aguda que mis muslos tiemblan incontrolablemente, tensándose con cada vibración.

Con un movimiento fluido y cargado de urgencia, empujo el consolador hacia adentro. La entrada es estrecha, pero cede ante la humedad, y el roce de la superficie texturizada, llenándome por completo, me hace arquear la espalda hasta que mi nuca se clava en el colchón. Empiezo a embestir contra él, moviendo las caderas con un ritmo errático y desesperado. Cada vez que el juguete llega al fondo, siento un calambre de placer que me sube por la columna.

Estoy sudando; las sábanas se enredan entre mis piernas mientras sigo acelerando.

El mundo exterior no existe; solo existe el peso de la vibración dentro de mí y esa presión que se acumula en mi vientre como una tormenta a punto de estallar. Mis gemidos se vuelven más altos, más sucios, mientras me pierdo por completo en la neblina del alcohol y el éxtasis. Suelto un último gemido antes de quedarme agotada en la cama. El sueño me gana y me quedo dormida.

(...)

-Mamá... mamá...

Abro los ojos. Harry salta sobre la cama. Rose intenta detenerlo.

-Harry, para -dice con paciencia mientras le tira una almohada a la cabeza.

Sonrío.

Rose tiene mi carácter.

Tomo mi teléfono de la mesa de noche y veo que me ha llegado un mensaje, es de Kris...parece asustado: "Llámame, es urgente".