Chapter 1
El cielo de su mundo ya no era azul; era un lienzo de ceniza y azufre, surcado por las siluetas colosales de los dragones que habían decidido que la humanidad era una plaga a extinguir.
Elsie se encontraba en el centro de lo que alguna vez fue una capital gloriosa. A su alrededor, solo quedaban escombros. Sus compañeros habían caído, y el fuego que consumía las casas no era el suyo, sino el aliento destructor de las bestias.
Con el cuerpo cubierto de cortes y su magia al límite, Elsie invocó la armadura de la emperatriz del fuego. Sus ojos escarlatas reflejaban una determinación inquebrantable.
–¡Si este es el fin, me iré con el rugido de una guerrera, no con el silencio de una víctima!– lanzó un grito que desgarró el aire y se impulsó hacia el cielo. En un despliegue de maestría táctica, comenzó su Re-equipamiento en cadena. Pasó a la armadura de vuelo para esquivar una llamarada de 1000 grados. Cambió instantáneamente a la armadura del gigante para descargar un golpe que fracturó el cráneo del dragón líder. Finalmente, aterrizó usando la armadura de destrucción, liberando una onda de choque que barrió con las crías que la rodeaban.
Pero eran demasiados. Una explosión de energía antigua la envolvió, y mientras cerraba los ojos aceptando su destino, una voz profunda y resonante, una que no pertenecía a los mortales, vibró en su alma: “Tu voluntad es demasiado brillante para apagarse aquí, pequeña llama. Ve, y que tu fuego ilumine un mundo que aún tenga futuro.”
Elsie despertó con el rostro sobre la hierba fresca. El olor a azufre había sido reemplazado por el aroma de los pinos y la tierra húmeda después de la lluvia. Se incorporó de un salto, instintivamente buscando su espada, pero se detuvo al notar la ligereza de su cuerpo.
Llevaba puesto el manto de yūen, sus ropajes de tela ligera y tonos rojizos que ondeaban con una brisa suave. A sus pies, una pequeña nota de papel antiguo brillaba con una luz dorada antes de desvanecerse: "Vive tu nueva vida en este mundo, tu eres el futuro de este mundo."
Elsie leyó las palabras y una calidez que no era mágica, sino emocional, inundó su pecho. Una sonrisa radiante y genuina, libre del peso de la guerra, iluminó su rostro.
— Gracias... quienquiera que seas– susurró, guardando el mensaje en su corazón.
Al levantar la vista, Elsie divisó a lo lejos las imponentes agujas de un castillo que parecía sacado de un sueño: el reino de Feendrache. Decidida, comenzó a caminar hacia la civilización, sin saber que su presencia ya había sido detectada por los sensores mágicos del reino.
A unos pocos kilómetros, un hombre de cabello rojizo y armadura impecable, Percival, detuvo su marcha. Sintió una perturbación en el flujo del fuego ambiental; era una firma mágica que se sentía como un sol naciente.
— Esa energía... no es de un monstruo.– murmuró Percival, ajustando su capa con una sonrisa de suficiencia. –Es la energía de alguien que posee una nobleza indomable. Veamos quién se atreve a brillar tanto en mis dominios.–
El destino estaba sellado: la guerrera que lo perdió todo estaba a punto de encontrar al hombre que lo quería todo.
Elsie caminaba con paso firme por el sendero boscoso que conducía a las grandes puertas de Feendrache. A pesar de la paz que respiraba este nuevo mundo, sus sentidos estaban alerta, agudizados por años de supervivencia extrema. El manto de yūen ondeaba suavemente a su alrededor, una vestimenta cómoda pero que ella sabía que no ofrecía protección real.
De repente, la atmósfera cambió. El aire se volvió denso y una presión mágica abrumadora barrió el sendero. No era la magia caótica y destructiva de los dragones, sino una energía refinada, ardiente y peligrosamente controlada.
Su instinto de batalla, forjado en el apocalipsis de su hogar, reaccionó antes que su mente.
— ¡Re-equipar!— exclamó Elsie, su voz resonando con autoridad.
En un destello de luz mágica, el manto de yūen desapareció. Cuando la luz se disipó, Elsie estaba de pie en una postura defensiva perfecta, vistiendo la armadura de la rueda del cielo lo. El blindaje plateado cubría su cuerpo, y grandes alas de metal se expandían a sus espaldas. A su alrededor, un círculo de espadas mágicas flotaba, listas para atacar a la menor provocación. Sus ojos escarlatas escudriñaban la arboleda, buscando la fuente de la presión.
De entre los árboles, emergió una figura que la dejó sin aliento por un instante, obligando a su personalidad tsundere a entrar en conflicto inmediato con sus ojos. Era un hombre alto, de porte real, con una armadura dorada y carmesí que gritaba nobleza. Su cabello rojizo brillaba bajo el sol y su rostro era… exasperantemente perfecto.
Percival se detuvo a pocos metros, clavando su espada Lohenwolf en el suelo con elegancia mientras cruzaba los brazos. No parecía asustado por las espadas flotantes de Elsie; al contrario, parecía… divertido.
— Vaya— dijo Percival, con esa sonrisa de suficiencia característica. –Esperaba encontrar a una bestia mágica por la intensidad de la energía, pero en su lugar encuentro a una dama con un arsenal flotante. Interesante.–
Elsie sintió que el calor subía por su cuello, no por la magia de él, sino por la intensidad de su mirada. Rápidamente intentó recuperar su compostura severa.
— ¡Identifícate, extraño!– exclamó ella, aunque su voz tembló ligeramente. –He sentido tu magia. Si buscas pelea, la armadura de la rueda del cielo no tendrá piedad.–
Percival soltó una carcajada suave, un sonido que hizo que el corazón de Elsie diera un vuelco, para su propio horror interno. Él avanzó un paso, la presión de su magia de fuego envolviéndola, no como un ataque, sino como una presentación de poder.
—Soy Percival, Lord de Wales y Caballero de Feendrache.– declaró con un tono que no admitía réplica. –Estás en mis dominios, jovencita. Y aunque tu control sobre esas espadas es… aceptable, noto que tu magia es de naturaleza ígnea, al igual que la mía.–
Percival extendió una mano, y una llama pura y dorada danzó sobre su palma.
—Esa armadura es impresionante, una magia de cambio rápido que nunca había visto. Pero...– sus ojos brillaron con un desafío juguetón. –me pregunto si eres tan buena manejando el fuego como lo eres manejando el metal.–
Elsie se quedó helada. “¿Percival… Lord de Wales? Es… es increíblemente guapo… ¡No, concéntrate, Elsie!”, pensó, mientras su rostro se ponía de un tono rojo que rivalizaba con su cabello.
— ¡P-pues claro que lo soy!– tartamudeó, intentando fruncir el ceño. – ¡Mi magia de fuego es superior a la de cualquiera!–
— ¿Ah, sí?— Percival enarcó una ceja, claramente disfrutando de su reacción. –Demuéstramelo. Si ganas, te escoltaré personalmente al castillo. Si pierdo… bueno, yo nunca pierdo.–
Elsie, picada en su orgullo de guerrera y con el corazón latiendo a mil por hora, tomó una decisión instantánea. Quería impresionarlo, y sabía exactamente cuál armadura usar. — ¡Re-equipar: Armadura de la emperatriz del fuego!–
El blindaje plateado fue reemplazado por una armadura de tonos rojizos y dorados, con alas que parecían llamas solidificadas. En su mano apareció una espada llameante. La temperatura en el sendero subió drásticamente cuando Elsie liberó su propia magia.
Percival abrió los ojos ligeramente, genuinamente impresionado por la velocidad del cambio y la pureza de las llamas de Elsie. Su sonrisa de suficiencia se transformó en una de respeto genuino.
— Una emperatriz del fuego, ¿eh?– murmuró Percival, desenvainando a Lohenwolf, que comenzó a brillar intensamente. –Esto será más divertido de lo que pensaba. Ven, guerrera escarlata. Muéstrame el poder de tu mundo.–
Elsie, con el rostro ardiente de vergüenza y emoción, se lanzó al ataque, dando inicio a una batalla que sería el comienzo de algo mucho más grande que un simple duelo de entrenamiento.
El sendero del bosque se transformó instantáneamente en un coliseo de calor. Percival, sosteniendo a Lohenwolf con una elegancia casual, observó la transformación de Elsie. La armadura de la emperatriz del fuego no era solo estética; Percival podía sentir cómo las llamas ambientales de la zona eran atraídas hacia ella, obedeciendo a su nueva dueña.
— Un control impresionante.— admitió Percival, su voz tranquila pero resonando con poder. –Pero el fuego debe ser gobernado con mano firme, no solo contenido. ¡Enséñame tu convicción!–
Elsie, cuyo rostro ya estaba rojomitad por la armadura, mitad por la intensa mirada de Percival, apretó los dientes. “¡Es tan exasperantemente apuesto y arrogante! ¡Tengo que demostrarle quién soy!”, pensó.
— ¡Fuego de la emperatriz: Corte flamígero lamígero!– gritó Elsie.
Se impulsó hacia adelante, una estela de fuego rojo intenso siguiéndola. Su espada llameante descendió en un arco devastador hacia Percival.
Percival no se movió hasta el último segundo. Con un movimiento fluido, bloqueó el ataque de Elsie con la hoja de Lohenwolf. El choque provocó una explosión de chispas que quemó la hierba a sus pies. Percival no retrocedió ni un centímetro.
— Fuerza aceptable. Pero predecible.– dijo él, con una sonrisa de suficiencia.
Con un giro de su muñeca, Percival desvió la espada de Elsie y lanzó una estocada rápida, no para herirla, sino para probar sus reflejos.
Elsie reaccionó por instinto. – ¡Re-equipar: Armadura de Vuelo!– exclamó.
En un parpadeo, la pesada armadura de fuego desapareció, reemplazada por el atuendo ligero de leopardo y las espadas dobles. Su velocidad se triplicó. Esquivó la estocada de Percival con un movimiento acrobático en el aire y apareció detrás de él, lanzando un tajo cruzado.
Percival enarcó una ceja, genuinamente sorprendido por la velocidad del cambio. Usando su habilidad Traumerei, su cuerpo se envolvió en un aura dorada, aumentando sus propias capacidades físicas. Giró a una velocidad sobrehumana y bloqueó las espadas dobles de Elsie justo a tiempo.
— Interesante. Cambias tu táctica según la necesidad. Tienes mente de estratega.– la elogió Percival, mientras empujaba a Elsie hacia atrás, obligándola a tomar distancia. –Pero estás cometiendo un error: estás luchando para impresionarme, no para vencerme.–
Elsie sintió que su corazón daba un vuelco. Él la había calado perfectamente. Sus mejillas ardieron aún más. “¿Cómo puede saberlo? ¡Es tan… tan… agh!”
— ¡N-no seas ridículo!– exclamó Elsie, aterrizando y cancelando la armadura de vuelo para volver al manto de yūen, buscando una defensa rápida mientras recuperaba el aliento. –¡Solo estaba probando tus defensas!–
— Ya veo. Entonces déjame probar las tuyas.— dijo Percival, su tono volviéndose serio.
Percival levantó a Lohenwolf hacia el cielo. El aire alrededor de la espada comenzó a distorsionarse por el calor extremo.
— ¡Zweiflamme!— rugió Percival.
No lanzó un ataque directo, sino que liberó una ola masiva de energía ígnea dorada que se expandió en todas direcciones. No pretendía incinerarla, sino abrumarla con la pura nobleza y presión de su fuego. Era la magia de un rey que dobla la voluntad de sus súbditos.
Elsie, cansada por el uso continuo de re-equipamiento y abrumada por la presión y la presencia de Percival, intentó invocar la armadura de adamanio para defenderse, pero su magia flaqueó por un instante debido al agotamiento.
La onda de choque de Percival la alcanzó, no haciéndole daño físico, pero disipando su intento de re-equipamiento y empujándola suavemente hacia atrás hasta que cayó sentada en la hierba, respirando entrecortadamente. Su espada mágica desapareció.
Percival envainó a Lohenwolf con un sonido metálico y satisfactorio y caminó hacia ella. La batalla había terminado. Percival se detuvo frente a ella y extendió su mano dorada.
— Tienes un talento excepcional, guerrera escarlata. Nunca había visto a nadie cambiar de armamento tan rápido. Tu fuego tiene la pureza de la convicción. Te vendría bien unirte a mi causa.–
Elsie miró la mano extendida de Percival. Su corazón latía con fuerza. Él era fuerte, noble, y la había felicitado sinceramente. Pero su orgullo de guerrera y su naturaleza tsundere no podía aceptar una derrota tan directa frente al hombre de sus sueños.
Se puso de pie de un salto por sí misma, ignorando la mano de Percival, y se cruzó de brazos, apartando la mirada con el rostro completamente rojo, como un tomate maduro.
— ¡Hmph!– resopló Elsie, con una voz temblorosa pero intentando sonar digna. –¡No creas que has ganado, Percival Lord de Wales o como te llames! ¡Te dejé ganar a propósito!–
Percival parpadeó, confundido por el cambio repentino de actitud. —¿Ah, sí?–
— ¡Sí!— continuó Elsie, sin mirarlo y jugando nerviosamente con un mechón de su cabello escarlata. –Solo estaba… eh… evaluando la fuerza de los caballeros de este reino. Mi… mi magia de re-equipamiento consume mucha energía y… y decidí que no valía la pena usar mi ataque final contra ti hoy. ¡Considera esto como un empate técnico! ¡La próxima vez que nos enfrentemos, la emperatriz del fuego no tendrá piedad!–
Percival observó a la joven guerrera. Estaba claramente exhausta, su rostro ardía de vergüenza y sus excusas eran poco convincentes. Pero había algo en su terquedad y en la forma en que defendía su orgullo que le pareció extrañamente… encantador.
Sostuvo su mirada por un momento y luego soltó una carcajada genuina y baja.
— Un empate técnico, ¿eh?— dijo Percival, divertido. – Muy bien. Acepto los términos de la Emperatriz. Es refrescante encontrar a alguien con tanto espíritu.–
Percival hizo una leve reverencia, el tipo de reverencia que un rey hace a una igual.
— Entonces, ya que es un "empate", ¿me harías el honor de permitirme escoltarte al Reino de Feendrache? Un talento como el tuyo no debe vagar solo por los bosques.–
Elsie volvió a mirarlo, sus ojos brillando con una mezcla de vergüenza y alegría contenida. Al ver la sonrisa sincera y exasperantemente guapa de Percival, su corazón se derritió.
— S-supongo que… si insistes tanto… no puedo negarme.— murmuró Elsie, intentando mantener su tono severo pero fallando estrepitosamente mientras una sonrisa radiante, similar a la que puso al leer la nota, iluminaba su rostro. –Pero que quede claro: ¡yo camino al frente!








