¡Sehun, pervertido!

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Summary

La historia sigue a Luhan, un joven omega que se ve envuelto en un romance atrevido con su jefe Oh Sehun, un apuesto alfa, conocido por ser... un pervertido.

Genre
Drama
Author
nchyx
Status
Complete
Chapters
43
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Es lunes en la mañana. Hoy he amanecido de un muy buen humor, porque, por fin después de tanto esforzarme en la empresa, mi jefe me ha ascendido a un mejor puesto. Ahora, soy jefe del departamento de recursos humanos y tengo mi propia oficina. Estoy muy contento e, incluso, he traído unas cuantas fotografías de casa para ponerlas en mi nuevo escritorio. Fotos de Soo, su hermano, Baek, mi hermano Seok y yo. 

La sociedad ha cambiado drásticamente, es decir, hace algunos años, los omegas no teníamos derecho a absolutamente nada. Nada. Estábamos destinados a quedarnos en casa, esperando por nuestros alfas o betas para que nos follasen y tuviéramos mil crías, pero hoy en día, eso ha cambiado. Ahora podemos escoger si queremos hacerlo o no.

Yo por supuesto, he elegido que no. No me apetece engordar hasta reventar, tener bochornos y mucho menos que alguien me dé su nudo. Estoy bien solo.

Una vez que me he duchado, salgo del cuarto de baño y camino a mi armario, donde cojo un elegante, pero sin ser tan extravagante, traje de color azul rey que brilla un poco. No sé cómo se llama esa tela, pero es muy bonita y me encanta. La gente siempre está diciéndome que a mi piel le queda magnifica. Peino mis mechones rubios después de secarlos con la secadora, dando un resultado perfecto. ¡Joder, que guapo soy!

Salgo de mi habitación rumbo a la cocina, donde apenas asomo un poco, ya huele delicioso. Minseok, mi hermano mayor, está haciendo el desayuno. Él y yo vivimos juntos desde que él tenía 17 y yo 16 años. Fueron momentos difíciles, pero con esfuerzo, ambos pudimos salir adelante.

—¡Buen día Minnie! —entro campante a la cocina y lo abrazo por detrás, dándole un besito en la mejilla. —Huele delicioso.

—Buenos días, Lu, espero que te guste. Te he preparado tu platillo favorito. —sonríe y me recuerda a su parte animal.

Minseok es un hermoso conejo color naranja, como sus cabellos. Tiene la sonrisa más bonita del universo, es simplemente perfecto. —Seguro lo hará, cocinas de maravilla. —me siento en uno de los taburetes, frente a la barra de la cocina y tomo el plato que me ofrece. — ¿A qué hora entras hoy a trabajar?

—Hoy, hasta las ocho. —contesta sentándose frente a mí, del otro lado de la barra. —Los niños me la han llevado fácil, son muy monos. —Minseok es profesor en un jardín de niños. Le gustan demasiado los niños. —Pero llegaré tarde hoy a casa. Come sin mí.

Frunzo el ceño. Minseok siempre está aquí antes de que llegue del trabajo. — ¿Por qué, ocurre algo?

—No, no. —niega con la cabeza y la mano. —Todo está bien solo… tengo algo que hacer.

—¿Con quién? ¿Tú solo?

—Yo… no, saldré con Baek. —responde sonriente.

—Oh ya veo. —me llevo otra cucharada a la boca. —Salúdalo de mi parte.

Asiente. Veinte minutos más tarde, estoy frente a mi nueva oficina. Mi jefe me ha dejado las llevas sobre mi anterior escritorio, felicitándome por el ascenso y comunicándome que el jefe de la empresa, Oh Sehun, viene de visita hoy a la delegación de aquí, en Pekín. Estoy un poco nervioso, aunque no tanto porque yo no tengo que hablar de nada con él. Tan solo soy un trabajador social, el que se encarga de revisar que los cheques lleguen a los empleados y de… despedir al personal innecesario. Es un trabajo maravilloso. De todas formas, veré en que me puedo ocupar para no topármelo en los pasillos. He escuchado que es un alfa soltera, o sea, que está en busca de pareja. Quizás. No soy presumido, pero tengo un buen físico, aunque tampoco creo que logre llamar su atención. En fin, acomodo todas mis pertenencias en mi nueva oficina y cuando el resultado me gusta, le tomo una foto y una selfie, y me siento en mi nueva silla giratoria.

Dios, ¡No me lo puedo creer! Esto es hermoso, ¡Bellísimo! Doy un par de vueltas en la silla, riendo mientras al girar, veo todo a mí alrededor. He trabajado mucho por esto y al fin, puedo decir que lo he logrado. No es el mejor trabajo del mundo, ni el mayor pagado, pero me alcanza para mí, para complacerme en mis gustos y caprichos, que puedo decir que soy feliz con lo que tengo.

Por fin, después de reír un poco más y mirar por el pequeño, pero suficiente grande, ventanal la ciudad, me pongo a trabajar. Checo algunas cuentas pendientes y cuando por fin he acabado, son las doce, mi hora de comer ha llegado. Cojo mi celular y cartera y salgo de mi oficina.

Hay, que bonito suena, ¡Mi oficina!

Afuera, me cruzo con Kyungsoo, uno de mis mejores amigos y hermano de Baek. Este me sonríe y camina colocándose a mi lado.

—¿Qué tal la nueva oficina?

—Oh Kyung, ¡Es perfecta!

Sonríe. —Me alegro de que te guste, muchas felicidades por el ascenso, te lo mereces. —palmea mi hombro y sonrió.

—Muchas gracias, de verdad. —estoy tan feliz que lo envuelvo en un abrazo. — ¡Lo siento! —me separo de inmediato. A Soo no le gustan los abrazos.

—Descuida. —se acomoda el traje y me sonríe. —Por ser tu día especial, está bien.

—Gracias.

Los dos caminamos juntos al ascensor. Las puertas se abren y nos adentramos. Conforme bajamos, más gente se nos une y Kyung se despide de mí en el piso ocho. Irá a ver a su novio, Kim Jongin, un alfa de piel chocolate que es el jefe de las cámaras de vigilancia del edificio. Buena suerte por él. Ahí mismo, un hombre alto se sube, Kyungsoo le hace una venia y le sonríe. No lo conozco. Seguro es un nuevo empleado o algún posible socio. Da igual. Miro a mi reflejo a través de las paredes metálicas del ascensor y me acomodo un poco el cabello. Me despeine por estar jugando en mi oficina.

¡Dios, no me canso de decirlo!

—Hola. —de pronto, escucho una fuerte voz detrás de mí.

Dejo de hacer labios de pato y me doy la vuelta para encararlo, cuando me topo contra un pecho fuerte. Huele muy bien, perfume de marca, algo que nunca tendré. O bueno, por lo menos no de un día a otro. N abonos y pagos chiquitos, sí. Doy un paso hacia atrás, porque el tipo me gana con una cabeza, y lo miro. Es de piel pálida, labios rosados y cabello oscuro. Es guapo.

—Ho…—apenas voy a contestar cuando el ascensor se sacude salvajemente.

Doy un gritillo mamón y me sostengo de algo, lo primero que encuentro. Los demás a mí alrededor gritan igual que yo y algunos se caen de culo al piso. Entonces, el ascensor deja de sacudirse y todo se pone oscuro. Mala idea, me asusta la oscuridad. Aprieto más fuertemente el objeto por donde me sostengo y muerdo mis labios para no gritar. Cierro los ojos y me pego contra la pared. Pero, no es la pared.

—Me estas lastimando. —dice una voz gruesa.

Las luces rojas aparecen, parpadeando un poco para después quedarse iluminando la estancia. No es la pared y mucho menos es un objeto. Es el tipo alto que antes me ha saludado.

—Por dios, ¡Lo siento! —lo libero de inmediato.

—Descuida. —me sujeta por la cintura y se acerca, demasiado debo decir, a mi rostro. — ¿Te encuentras bien?

Asiento. —S-si… estoy bien.

Sonríe de medio lado. —Bien. —me mira por un buen rato. —Me alegro que te haya gustado, la escogí yo personalmente.

—¿Qué?

—La oficina. La he mandado a pintar hace unos días porque sabía que ibas a ir allí. Me alegra que te haya gustado. Te has visto muy mono riendo y dando vueltas en la silla, lo he visto por las cámaras hace poco. — ¡Por dios, qué vergüenza! —La has dejado muy linda, por cierto.

—Tú… ¿Lo has visto… por las cámaras? —estoy seguro de que mi rostro es un tomate ahora mismo. —Por… ¡¿Por qué?! —no puedo evitarlo y le suelto un golpe en el pecho, que, aunque sé que ha sido inútil para él, a mí me hace sentir bien.

—Lo siento. —dice con una sonrisa. —Solo he estado revisando las cámaras y cuando he topado con la tuya no he podido resistirme a mirarte. Lucias muy feliz.

Me acomodo el traje cuando me suelta. —Eso es porque es una oficina nueva, me la he ganado yo solito, sin la ayuda de nadie. —levanto el mentón, creído.

Él ríe bajito y me mira. —Me alegro. Me gusta tu espíritu, ojalá tuviéramos más personas así en la empresa.

Lo miro raro. — ¿De qué hablas? —ladeo la cabeza. —Tenemos mucha gente que se esfuerza y que son de los mejores. Por ejemplo, esta Chanyeol, que hace muy bien su trabajo en la administración del papeleo, lástima que solo sea recepcionista. —niego con la cabeza por ello. —Y esta Yixing, que es un perfecto negociador, es encantador y… ¡Atrae a todos con sus pláticas y confianzas amenas! —elevo mi puño con poder. —Si yo fuera el jefe, lo ascendería de inmediato a negociante, seguro tendríamos muchos más ingresos con su ayuda.

—¿Tú crees?

—¡Por supuesto que lo creo! —el ascensor vuelve a tambalearse y grito como niña, sosteniéndome fuertemente de su brazo de nuevo. —Lo siento. —la plancho la manga del traje. —Soy muy gritón, y, aquí entre nos…—me acerco a él, provocando que se ponga a mi altura. —Le temo a la oscuridad.

De nuevo, me toma por la cintura. —Descuida, estoy aquí.

—Gracias. —sonrío incómodo.

No volvemos a hablar, tan solo mantengo mis manos sobre su pecho, mirando fijamente el nudo de su corbata frente a mí. Puedo sentir su respiración sobre mi cabeza, y ya comienzo a enfadarme. Entonces, el ascensor vuelve a iluminarse y echa a andar de nuevo. Todos aplauden, incluido yo, mientras puedo sentir como bajamos despacio. Las mujeres se limpian las lágrimas y yo solo sonrió feliz. Creí que iba a morir aquí. Me libero del agarre del tipo y salgo volando cuando las puertas se abren. Me giro para darle las gracias, pero algo me detiene.

—¡Sehun, creí que algo malo te había pasado! —grita una voz femenina mientras se abalanza al tipo que antes me ha sujetado por la cintura.

Sehun.

¿Dónde he escuchado ese nombre antes? Pongo los ojos como platos cuando me doy cuenta. ¡Sehun es el jefazo de la empresa y yo, como tonto, le he tirado un golpe en el pecho! Joder, incluso le dije que era tonto por no poner a nuestros mejores, o, mejor dicho, sus mejores empleados en un cargo mejor. ¡Dios, trágame tierra y escúpeme en mi casa! No quiero ni mirarlo, así que me doy la vuelta y camino como loco, pero la voz de mi jefe me detiene.

—Lu, espera. —me giro y me sostiene por los hombros. —Quiero presentarte a nuestro jefe, es parte del reglamento que todo el personal lo conozca. —entonces, caminamos al tipo, mejor conocido ahora como el señor Oh. —Señor Oh, este es el nuevo jefe del departamento de recursos humanos de su empresa. —mi jefe me mira. —Él es el señor Oh Sehun. Dueño de Oldies.

Lo miro. —Mucho gusto señor Oh. —hago una venia.

—Sehun, vayamos a comer, ¿Sí? —habla la voz femenina, rompiendo el silencio incómodo, para mí, que se ha creado.

—En un momento. —le responde él. Intento irme ahora que mi jefe me ha liberado y se ha puesto al lado de la mujer, pero la voz del señor Oh, me frena. —Por favor, puedes decirme su nombre.

Asiento. —Soy Lu Han, señor.

Sonríe melancólico y baja la mirada. Cuando vuelve a mirarme, me sonríe… de manera extraña. —Me dio mucho gusto conocerlo señor Lu, espero que nos volvamos a ver de nuevo.

Asiento. Se da la vuelta y hago lo mismo. Me siento aún muy avergonzado. Camino a paso rápido, pero antes, miro sobre mi hombro, percatándome de que él, aun de pie al lado de mi jefe y la mujer, me mira. ¡Dios, me quiero morir!