El Profesor Ode y el Dragón Blanco
El gran reloj que destacaba en la ciudad anunciaba la medianoche, la lluvia en el exterior parecía no dar tregua y adentro de una de las casas, en el sótano, un olor metálico inundaba la estancia, que había sido adaptada como taller, en donde trabajaba. Dicho olor lo conocía a la perfección y en muchas ocasiones le había salvado la vida, pero esta vez era diferente, yacía inconsciente, con un bastón en la mano y los planos en la otra, hasta que el silbido de alguna válvula averiada le despertó.
— ¡Pero,¿qué he hecho?! Exclamó aterrado:VioletMoorOde, mejor conocido simplemente como Violeta, era un personaje bastante extraño a ojos de todo mundo, ya que a pesar de siempre vestir con trajes sencillos de color gris, a veces con camisas o pañoletas en tonos púrpuras y violetas —De ahí su sobrenombre— Existía el rumor de que, si la situación lo ameritase, podía cambiar sus facciones y su voz a unos completamente femeninos; pero aquello eran rumores que nadie había confirmado o desmentido, salvo un par de personas en todoAlbionque conocían lo que en realidad era, pero mantenían ese secreto celosamente guardado.Violetse acercó lentamente a una mesa alargada, la cual tenía en el centro varios tubos de cobre y latón, unidos perfectamente mediante soldaduras, remaches y varios trabajos de ensamblaje, en algo que parecía imitar una figura humana, la cual, para horror del artífice, empezó a moverse con torpeza sobre la mesa de trabajo, tirando varios planos que se encontraban allí, y golpeando la lámpara de aceite que colgaba sobre ambos, haciendo que las sombras que había en el taller se movieran de una forma que aVioletle causó un mareo.
—¡¿Pero ¡¿qué he hecho?!— Volvió a exclamar levantando su bastón hacia la mesa, aun encontrándose en el suelo. Su creación apenas se movía, pero le causaba una impresión bastante fuerte: aquel cuerpo de latón emitía un sonido constante, debido al corazón de relojería -Una pieza hecha a medida, pero con la que se aseguraba que funcionara correctamente, poseía a modo de ojos, dos lentillas grises, completamente funcionales, que brillaban intensamente y parpadeaban en Morse para comunicarse.
Estaba incrédulo, el autómata se movía torpemente, pero al verlo con mayor calma la expresión horrorizada de su creador, pasó a ser una de orgullo. No era perfecto, pero tampoco era su peor trabajo.Lo levantó con cuidado, y el autómata dio un par de pasos torpes.Violetsuspiró, observando hacia la ventana del taller, notando el ir y venir de los carruajes y diligencias que cruzabanAlbion.Se quitó los guantes, comenzó a recoger las herramientas y miró nuevamente al autómata.
— Con esto será suficiente, al menos por ahora.
La casa del ProfesorOdeera un lugar bastante extraño: dentro de la fachada victoriana, la división entre el área de trabajo y las áreas comunes era confusa, había cuadernos de notas, planos y materiales de cualquier clase por todos lados, así como pequeñas muestras de los gustos deVioletadornando cada rincón —Partituras de violín y pequeñas macetas con algunas plantas de ornato, principalmente— todo en un orden bastante particular dentro de la casa.
En el sótano, se encontraba el taller, pequeño, apenas con lo básico, pero dondeVioletpodía trabajar sin presiones ni el juicio de los vecinos. No solía recibir visitas, y cuando lo hacía se limitaba a ofrecerles té, a veces vino.
Tras varias horas anotando observaciones del autómata en un cuaderno y percatarse de que había amanecido ya,Violettomó su bastón, un sombrero gris que le cubría parte del ojo izquierdo y salió para arreglar unos asuntos pendientes, el clima era frío y una neblina espesa le cubría los pies. No le sorprendía, ya que varios talleres cercanos solían arrojar vapores similares, en especial los que se hallaban en sótanos, con pequeñas ventanas a ras de calle, y las chimeneas adaptadas para separar el vapor y el humo de sus calderas, del de las chimeneas domésticas. Tampoco se inmutó de que lo miraban, ya se había acostumbrado a llamar así la atención y estaba al tanto de los rumores sobre su extraña habilidad, muchos pensaban que era una chica vestida como varón, otros que era un varón de nacimiento, demasiado excéntrico “Si realmente supieran sobre lo que hablan” dijo para sus adentros, pero mientras lo hacía unas ligeras marcas violeta se le notaban por debajo de los ojos y sus facciones comenzaban a hacérsele más afiladas.
Su primera parada fue la biblioteca de la ciudad, donde a las afueras un chico de cabello negro azabache, vestido con ropa de trabajo, y que no parecía tener más de doce años anunciaba las noticias más recientes, con las manos manchadas de tinta, la bolsa de billetes y monedas atadas a su cintura y una gran pila de periódicos detrás suyo:
—¡Misterio sin resolver! ¡Los extraños autómatas blancos robaron una de las casas más ricas de la ciudad! ¡El Distrito Alto entra en Alerta!
AVioletle llamó la atención aquello y se acercó para comprarle al chico un ejemplar, quien al reconocerlo bajó la cabeza con un gesto de vergüenza, como si quisiera esconderse.
—Bue...buenos días, Profesor...
—Buenos días, Albert—. Le respondió calmadamente —Pensé que hoy estabas indispuesto para ayudarme con el taller, ¿Pero esto? —Bufó mientras abría el diario— El Señor Gate no me notificó que estarías trabajando para él.
Albert se puso rojo de vergüenza e intentó defenderse, peroVioletfue más rápido: —No te preocupes, a estas alturas es fácil deducir que tu situación en casa pudo más, ¿Cierto? A menos que me estés escondiendo algo.
—Son tiempos complicados, era esto o trabajar limpiando chimeneas y maquinaria de las fábricas, ¿Pero sabe lo que pasa allí? ¿Por qué a cada rato vienen buscando a más chicos como yo? Bajos, delgados, chicos que anteponen ganarse unas diez libras a la semana a estar estudiando —El rostro de Albert estaba tenso, yVioletasintió hojeando uno de los periódicos.
—Lo sé, Albert, lo sé: los dueños y capataces de las fábricas, los talleres... —Su mirada se posó en la pila de periódicos antes de agregar—: y las imprentas, son hombres tacaños, a los que no les importa si un niño pierde un dedo o dos, con tal de no pagar lo que a un adulto le corresponde, además —Soltó una risa sarcástica mientras miraba fijamente al chico— ¿A quién le importan los niños que trabajan en condiciones infrahumanas si la ciudad progresa? O bueno, no en todoAbion—Aclaró— La Zona Oriente y algunas partes del Barrio Rojo es en dónde más pasa, ¿No? Cómo sea, a la siguiente por favor avísame si vas a ausentarte otra vez.
—¿Avisar? ¿Qué...? ¿Qué quiere decir? ¿No odiaba ese tipo de situaciones? Lo confrontó Albert.
—En efecto, detesto la precariedad laboral, los abusos, y detesto eso al doble cuando un chico como tú está involucrado pero la situación no cambiará tan fácil.Ademástodavía tienes todos los dedos y el Señor Gate podrá ser un jefe pesado, pero no es idiota. Como jefe de uno de los diarios e imprentas más grandes deAlbion, sabe muy bien qué límites debe tener contigo si sabe lo que le conviene.
—Lo sé —Asintió Albert molesto— Yo... realmente deseo volver a estar bajo su tutela, aún si lo llaman bicho raro y piensen que solo viene a ser una mala influencia. Pero usted no cobra, y tiene mejor forma de enseñar que varios profesores de escuelas.
Violetmiró al chico, al que conocía desde hace algunos meses y se las había ingeniado para convertirse en su alumno, incluso había convencido a más niños de edades cercanas a la suya para unírsele y tomar lecciones de ciencia y literatura conViolet, a espaldas de sus padres y tutores. Él le sonrió y sacó de sus bolsillos varias monedas para dárselas.
—Por el momento considera esto como unas vacaciones, ¿Sí? Tendré trabajo y me temo que será peligroso si te llevo a ti o a alguno de los chicos conmigo. Y dile al Señor Gate que más le vale tratarte bien.
—Va a investigar sobre los autómatas, ¿O me equivoco? —Dijo Albert al notar el énfasis queOdeleponía a algunas notas del periódico.
Él le puso la mano en la boca y miró a su alrededor, comprobando que nadie estuviese cerca.
— ¿Qué tanto sabes sobre esas cosas?
Albert se soltó y debajo de toda la pila de periódicos sacó una pequeña caja.Violetla abrió y encontró varias hojas sueltas con reportes de días anteriores, anotaciones, recortes de prensa y diarios que tenían marcas de tinta roja. Albert había estado investigando por su cuenta.
—La policía ignora muchas cosas que salen en los periódicos, el Señor Gate tuvo que endurecer los filtros y las imprentas me dejan quedarme con algunas copias que sobran al final del día, pero todos sospechan del Gremio del Dragón Blanco. El asunto es, que no todos enAlbionquieren que esa información se propague, sería un caos,y...bueno, ya sabe cómo son estas cosas.
— ¿Tú has visto a algún autómata o a alguien de esa bola de vagos?
El chico negó con la cabeza y se encogió de hombros –Parece que solo se acercan a las casas o a los negocios de gente con poder. Anoche se llevaron todo un taller del gremio científico que atiende a gente de negocios y esas cosas. Le repito: van hacia el Distrito Alto, se dice de un caso en la Zona Oriente, pero yo creo que fuemaspara distraer a la policía y ganar tiempo.
—Entiendo.
— ¿Cree que irán a su casa? Dicen que tienen un distintivo: un dragón hecho de un metal blanco y también dejan... -Albert tragó salvia y continuó —Dejan... Me parece que flores, profesor, pero cada asalto que hacen es una flor distinta. Anoche dejaron una rosa negra. Sea lo que signifique, no solo van y saquean los talleres.
— Buscan dejar un mensaje. La rosa negra es una declaración de odio, venganza... no es muy original ni práctico, pero quien sepa leerlo sabe que no es cualquier cosa.
Aquello le resultaba cada vez más extraño, pero Albert le había dado información que, en las manos correctas, podía significar la clave para darles caza a los del gremio. En otro contexto, hubiera hecho de la vista gorda, seguido con su vida y simplemente reforzar la seguridad del taller. Ya había tenido suficiente en el pasado como para meter las manos, pero presentía que algo andaba terriblemente mal.
Tras despedirse del chico,Violetse la pasó gran parte del día en la biblioteca, a diferencia de lo que varios trabajadores y visitantes sospecharon al verlo, decidió solicitar el acceso a los libros enfocados en botánica y floristería. Días antes había recibido una carta del Departamento de Toxicología, en donde el remitente mencionaba el proceso con el queteñíanesas rosas de negro, y qué significado tenía aquel macabro mensaje en cada asalto. Cada uno tenía pocas variables, pero siempre eran flores que se interpretaban como odio, rencor... venganza, y el arreglo completo empezaba a helarle la sangre.
Horas más tarde, tras revisar las notas, destruir las fichas con descartes o alguna anotación irrelevante, solicitó el préstamo de un par de ejemplares, los cuales guardó cuidadosamente en el maletín de cuero que llevaba consigo, junto con los periódicos que le dio Albert algunas hojas sueltas y los restos de las notas que destruyó. Podía parecer inocente, incluso excéntrico que investigara de esos temas, peroVioletno quería dejar ningún rastro, fuera sospechoso o no, y menos con lo que estaba pasando.
Tras un día bastante productivo a estándares deViolet, decidió emprender el camino de regreso a casa, no sin antes conseguir unas cuantas cosas para cenar, aunque no era habitual que se le viera comiendo en público —Eso lo incomodaba demasiado—. Sin embargo, la tarde ya había caído sobreAlbion, los faroles de gas comenzaban a encenderse y los silbatos de las fábricas anunciaban ya los cambios de turnos u horas de salida de sus trabajadores.
Violetsuspiró, sabiendo que tendría poco tiempo para preparase una cena completa en casa, y que las tiendas de suministros posiblemente ya no tenían más que las mermas del día, de modo que empezó a caminar hacia un pequeño bar apartado de las demás calles, un establecimiento discreto, en donde el personal no hacía preguntas más allá de las órdenes y las cuentas, y la comida tenía precios lo suficientemente razonables para no negarse a un bocado o dos.
Pidió una comida sencilla acompañada de copa de vino tinto, mientras escuchaba con atención las conversaciones de las demás mesas: obreros, en su mayoría, pero si tenía suerte podía reconocer a alguien del Distrito Bancario, el Barrio Rojo, o mejor: algún oficial del Departamento de Policía. Sabía que ese bar siempre lo sorprendía con información valiosa, solo tenía que ser paciente, encontrar el tono de voz, algún desliz, y no pasó mucho tiempo cuando lo obtuvo: una voz, temblorosa, tímida de la mesa cercana:
—Esto se salió de control hace mucho, no van a tardar en llamarlo.
Se trataba de un par de obreros, aún con el cinturón de herramientas y las botas manchadas de carbón. “Seguramente acaban de firmar salida” PensóViolet, quién escuchaba atentamente lo que decían.
— Baja la voz, dicen que ese loco anda merodeando, y que lo busca. También que lo de ese Gremio es mera fachada, pero independientemente dequéquieran y por qué, Robinson está furioso, no va a dejar que esto siga.
— Más le vale recurrir aOde, dicen que los ha estudiado tan a fondo, que si se lo propone podría acabar con esto en una noche. Además, no sería el primer caso en el que colabora, pero dicen que es... ¿Cómo decirlo?
—¿Exigente? ¿Extraño? ¿Una persona que nadie sabe por qué demonios Robinson le da tantas libertades mientras a sus oficiales casilesarranca la cabeza al menor error? —Preguntó el otro obrero, yViolethizo todo lo posible para no echarse a reír a carcajadas. Sabía que hablaban de él, y del Inspector Robinson, cabeza del Departamento de Policía, pero quería ver a dónde llegaba esa charla.
—Entonces... ¿Lo llamará o no? —Quiso saber el otro— Porque se dice, que no sonmiembros cualquierade ese... gremio, secta o grupo de locos, dicen que una de las cabecillas, un tipo llamadoFolthJowles quien quiere la cabeza deOdea como dé lugar.
Violetpagó la cena y salió de allí, aquella conversación provenía de dos trabajadores que había visto recientemente en los talleres cercanos a las grandes mansiones de quienes tenían un éxito envidiable con sus inventos, por lo que también habían sido víctimas de los autómatas de aquel gremio. Mientras caminaba, un escalofrío le recorrió la espalda, poniéndolo alerta y tomando la empuñadura de su bastón, dispuesto a defenderse.
—ProfesorOde, ¿A qué debemos su repentina aparición en público? — Escuchó decir a sus espaldas.
—Folth—. Respondió con brusquedad, tomándose su tiempo para voltear y dedicarle un gesto de hastío. Su interlocutor era un hombre bajo de mediana edad que empezaba a tener entradas cada vez más pronunciadas, su sobrepeso sobresalía entre las ropas ajustadas que llevaba y emanaba un olor extraño. AVioletle costaba trabajo descifrar si aquel aroma provenía de él o del paquete blanco que llevaba en brazos, que tenía un dragón dibujado a tinta roja.
—Me sorprende que se haya atrevido a salir, ¿No estaba con demasiado trabajo encima— Le dijo con desdén? Violeta no le tomó importancia y trató de seguir su camino, pero aquel hombre se lo impidió.
—¿Crees que no me doy cuenta? — Le dijo en voz baja. AVioletun escalofrío le recorrió todo el cuerpo, miró de reojo aFolthmientras apretaba su bastón de manera instintiva, antes de que alguno de los dos dijera algo,Violetle atestó un golpe en el estómago con el bastón y salió corriendo.
—¡Esto no se ha terminado,Ode!— Escuchó a lo lejos mientras se recuperaba. A su alrededor las calles lucían vacías, pero en el aire un dirigible de gran tamaño surcaba sobre la ciudad. Estaba oscureciendo, y varias lámparas de gas comenzaban a encenderse. Violeta seguía respirando con dificultad y recordaba la cara deFolth, burlón, con aquel paquete que había visto mucho tiempo atrás y cuyo contenido –Si era lo que creía que era— le revolvía el estómago. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por un trío de señores ataviados en trajes negros que se le acercaban con paso firme, rodeándolo.
—Lo estábamos buscando, Profesor, aunque nos avisaron que había salido—. Dijo el caballero que estaba en medio de los tres.Violetlo reconoció: era el InspectorAlaricRobinson.
—Tenía que conseguir aceite y herramientas para un proyecto, —Mintió— ¿A qué debo su urgencia por verme?
—Debe estar al tanto de que se están saliendo de control algunas… investigaciones, y… bueno, usted tiene conocimientos que podrían ayudarnos.
Aquella conversación, aunque breve, empezaba a hartarle, puso los ojos en blanco y soltó:
—Vaya al grano, ¿Se trata de los autómatas? ¿O de ese gremio de poca monta? Todos están hablando de eso, y varias tiendas se han negado a venderme refacciones pensando que yo también me dedico a fabricarlos, o que pertenezco a esa calaña de personas.
Los caballeros se miraron nerviosos yVioletempuñó su bastón, esperando una respuesta por las buenas o por las malas, ya que días antes su buzón estaba lleno de cartas referentes a extraños autómatas con una misteriosa marca de color blanco ocasionando destrozos y pánico por la ciudad.
—Sí, Profesor, son los autómatas, y creemos que usted puede ayudarnos—. Dijo el Inspector en voz baja, tratando de contener el miedo.
Violetsoltó una carcajada al oír aquello.
—¡Esto es en serio! — le reprocharon los tres al unísono.
—Señores, este caso es uno muy tentador, pero meterme con el Gremio del Dragón Blanco es casi un suicidio. Ese grupo no es más que gente sin ética con demasiado tiempo libre y herramientas. Solo el vapor y el fuego pueden con ellos, además... —A medida que hablaba, sus ojos empezaron a tener un brillo que estremeció a sus interlocutores— Saben perfectamente que no trabajaré para nadie, a menos que me permita hacerme cargo de cierta persona.
El inspector tragó saliva y asintió
—Habla deFolth, ¿Correcto?
Violetno dijo nada, pero mantenía una mirada intimidatoria y apretaba su bastón con tanta fuerza, que se le notaban los nudillos a través del guante. A pesar de aparentar ser fuerte con aquel gesto, en el fondo también estaba aterrado, en especial por lo sucedido momentos atrás y sus sospechas que lo vinculaban con aquellos autómatas.
—Profesor, sabemos el incidente entreFolthy usted, pero debe estar al tanto de que ese maníaco se ha sabido escapar muy bien de nosotros, usted incluido.
AVioletno le hizo gracia ese último comentario y exclamó con ira:
—¡Ese miserable ni siquiera tiene ya voluntad propia! Todo lo que es por esconderse con esa bola de criminales sin cerebro.
El inspector se alejó un par de pasos deViolety a la distancia murmuró —Creemos que… pretende controlar la ciudad, no sin antes matarlo a usted, Profesor.
Aquello fue la gota que derramó el vaso.
—Folthtiene un poder de manipulación grotesco, pero su Gremio es incluso más retorcido e inmoral que él — ReflexionóViolet—Señores, lamento decirles que el tema escala, y si el Gremio del Dragón Blanco acaba con todo, taller por taller, y si acaba conmigo... Estarán en serios problemas.
Mientras explicaba, al Inspector y sus hombres los recorrieron escalofríos. La voz deViolettenía un tono que solemne, pero firme.Alaricsabía que era una señal para pedirle sus servicios con más insistencia:
—¿Entonces va a ayudarnos? Le daremos acceso a lo que tenemos, inmunidad si lo cree necesario.
Hubo un silencio bastante incómodo, que se rompía a ratos con los movimientos que hacíaVioletyendo de un lado a otro, pensando la situación mientras las máquinas de los talleres que llenaban las calles hacían lo suyo: vapores saliendo de válvulas a diferentes presiones, los engranajes de varios mecanismos y el martilleo lejano de quienes trabajaban dentro. AVioletle gustaba pensar con ese ruido de fondo, pero tener al Inspector en espera de su respuesta le satisfacía más.
—¿Y bien? — Le escuchó decir, con una mezcla de impaciencia y súplica en su voz.
—Le diré lo que quiere saber: la clave para detener estedesastre,es terminando con esos autómatas y conFolth. Permítame llevar a cabo ese trabajo, Inspector, y le aseguro que los del Gremio del Dragón Blanco, no volverán a tener poder ni control sobre nada o nadie... Al menos —Sonrió de una manera extraña al añadir— mientras yo y mi legado se mantengan en pie.
El Inspector lo meditó un instante, pero estaba desesperado yVioletle tendió la mano, sabiendo que hacer un trato era un arma de doble filo, pero la estrechó de todos modos.
—Tenemos un trato— DijoVioletcon una voz que parecía lejana.
Los siguientes días transcurrieron en poner en funcionamiento al autómata deViolet, quien servía más que nada para tareas domésticas y almacenar información proveniente de los incidentes más recientes. El InspectorAlariccumplió su parte del trato, brindándoles acceso a toda la información disponible, y Albert le llevaba personalmente detalles que no pasaban las imprentas.
Una noche mientras revisaban un taller que había sido saqueado,Violetvolvió a escuchar la voz burlona deFolth:
— No eres a quien busco, ¿Por qué no te rindes?
Se percató de que los autómatas que iban consigo imitaban sus movimientos,Violetempezó a moverse con sigilo y a reajustar las válvulas de vapor que alimentaban la maquinaria, abriéndose paso hacia la caldera principal.
— ¿Crees que eso nos intimida? Tu reputación y tú quedarán hechos polvo — Se escuchaba.
Violetse colocó unos guantes y cuando encontró la caldera, vertió el contenido de un pequeño frasco de aceite que había reservado para ese momento, retomando su camino en búsqueda deFolth, mientras dejaba un rastro viscoso por el suelo, y el ruido de las válvulas dañadas empezaba a apoderarse del taller, dejando a su oponente atónito.
— ¿Qué hiciste,Violet? — Quiso saberFolth, pero no hubo más respuesta que las llamas de la caldera, que ya empezaban a avivarse por el aceite, y el vapor que aumentaba la temperatura del lugar. El plan deVioletera comenzar un incendio para dañar a los autómatas a extremos irreparables con el vapor, y acabar conFolthcon el incendio.
El autómata deVioletcerró todas las puertas del taller, obedeciendo su última orden hasta el final.Folthempezó a buscar a sus oponentes entre el vapor y el humo, cuando lo encontró, notó horrorizado que sus facciones eran más finas, su cabello estaba suelto sobre los hombros y lo miraba con ira. Él, al verle el rostro con esas características, sabía que iba en serio.
—¡Terminemos ya con esto! —ExclamóVioletmientras el taller comenzaba a incendiarse con gran rapidez debido al aceite derramado y el aire caliente de las válvulas y tuberías dañadas.Folth, resignado ante lo inminente, intentó llevarse a su oponente con él, pero antes de alcanzarle,Violetle atestó un último golpe en la cabeza con su bastón.Folthquiso devolverle el favor, pero entre el calor y el humo que era cada vez más denso, notó como todo se volvía oscuro.
Las llamas se extendían cada vez más rápido y el tiempo se agotaba, por lo queVioletbuscó desesperadamente una salida, cubriéndose la nariz y la boca con un pañuelo, dándole, aunque sea unos segundos. Sus facciones empezaban a ser masculinas por debajo del pañuelo y entre el sonido de las válvulas y los autómatas fallando, escuchó aFolthsuplicar por piedad, pero ya era tarde para él.
Entre el humo, una ventana que daba al exterior fue la única salida, aunque demasiado alta para saltarla. Sin perder más tiempo, comenzó a apilar las cajas que tenía más cerca, para poder trepar por ellas y salir. Su fiel autómata, acercándose con dificultad, se desplomó frente a él, sirviéndole como un escalón improvisado y con las luces de sus ojos le hizo señales para que se diera prisa.
-Lo hiciste muy bien- Dijo dedicándole una sonrisa y trepando para salir de aquel incendio, aunque en el último segundo, el techo colapsó, envolviendo todo el lugar en un humo denso que dejó aVioletinconsciente y, por ende, cayendo hacia la calle cubierto de cenizas.
Violetdespertó aturdido, empapado en sudor y ceniza, luego se percató de que estaba frente a los escombros completamente consumidos por el fuego, a su lado, yacía el autómata que había creado, ya sin ninguna utilidad debido a los daños, le dedicó una última sonrisa y recogiendo su bastón y su sombrero emprendió el camino hacia la oficina del inspector, quien ya lo estaba esperando.
—¿No quieres llevártelo contigo y repararlo? Me tomé la libertad de buscarlo entre tantos autómatas irreparables— Le dijoAlaricmirando los restos con lástima y compadeciéndose deViolet. Él negó con la cabeza y subió a la diligencia del inspector sin mirar atrás.
—Al parecer todo en este caso se ha resuelto: los asaltos eran advertencias, y las flores una señal de que deseaban venganza, o al menos es lo que pasó conFolth-ExplicóViolet—. Mi trabajo ha terminado por ahora,Alaric. Necesito descansar antes de aclarar las cosas, y también para saber qué harás con el gremio del Dragón Blanco, del queFolthera un simple colíder y los autores materiales de todo este desastre—Dijo con voz cansada.
—Dadas las circunstancias, me temo que redoblaré esfuerzos, pero un trato es un trato: Nos volveremos a ver en próximas averiguaciones, mientras me encargaré de todo lo que respecta a ese gremio.
Violetasintió satisfecho, pero mientras se iban alejando del lugar y los remanentes del incendio se apagaban con la incipiente llovizna, el autómata hizo un movimiento brusco, poco natural en él, y levantándose con dificultad, soltó:
—Esto no se ha terminado, Violeta— de la caja de voz averiada, pero en lugar de un tono mecánico, había algo diferente, que ni el mismoVioletse daría cuenta, hasta después, quizá, demasiado tarde.








