“El Ojo Que Observa”
La luz blanca del aro de iluminación se reflejaba en los ojos de Jeongin, dándole un brillo casi irreal. La habitación estaba ordenada, minimalista, decorada con tonos beige y muebles claros, pensados para verse bien en cámara. A él le gustaba mostrar armonía, calma, belleza. Era su marca.
Y la cámara ya estaba transmitiendo.
—Hola, mis estrellas —saludó con su sonrisa natural, acomodándose el flequillo—. Hoy les traigo algo distinto…
El chat se inundó de corazones y mensajes. Notificaciones rápidas, borrosas, como lluvia cayendo sobre la pantalla. Jeongin hablaba con su espontaneidad característica, esa energía cálida y ligera que volvía adictos a sus seguidores.
Pero entre cientos de comentarios, uno aparecía siempre.
El mismo nombre, siempre el mismo mensaje.
> “Qué hermoso te ves hoy, Jeongin.”
—Usuario: S_MinEyes
No era un comentario extraño. De hecho, parecía halagador.
Pero Jeongin lo había visto tantas veces que ya no podía ignorarlo.
Ese usuario aparecía en todos sus lives, en todos sus posts, en todas sus historias. Rápido, puntual. Como si estuviera mirando constantemente.
Como si no dejara de mirar jamás.
Él tragó saliva y sonrió para la cámara, intentando que la tensión del pecho no se notara.
—Gracias por tanto cariño —continuó—. Ustedes son la razón de que siga haciendo esto.
Pero mientras hablaba, una sensación helada le recorrió la espalda.
Ese presentimiento.
La idea de que alguien lo seguía de verdad.
**
Cuando terminó el live, dejó caer el cuerpo hacia atrás en la silla, respirando profundamente.
—Estoy exagerando —se dijo, masajeándose las sienes—. Debe ser solo un fan muy intenso.
Pero no estaba seguro.
Y la incertidumbre comenzaba a pudrir la parte tranquila de su vida.
Tomó su teléfono. Notificaciones de Instagram, Twitter, TikTok. Todas normales… excepto una.
Mensaje directo: S_MinEyes
Lo abrió. Una foto.
Su propia foto.
Pero no era de su feed.
Era una foto tomada desde la ventana, mientras él hacía el live.
El estómago se le redujo a un nudo violento.
El aire se volvió denso, pesado.
En la imagen, Jeongin aparecía inclinado hacia la cámara, iluminado por el aro de luz. Y al fondo, detrás del vidrio, apenas visible, la silueta de un hombre.
Oscura. Quietísima.
La foto había sido tomada desde afuera.
Alguien había estado ahí.
Él lo había fotografiado desde el exterior de su propio departamento.
Jeongin dejó caer el celular al suelo.
Su respiración se descontroló, temblorosa.
—No… no puede ser… —susurró.
Encendió todas las luces. Corrió las cortinas de golpe. Revisó cada esquina del lugar, cada ventana, cada puerta.
Y cuando llegó al balcón, tembló: las cortinas se movían todavía, como si alguien hubiera estado ahí hacía solo unos minutos.
**
Al otro lado de la ciudad, en un apartamento oscuro lleno de pantallas, Seungmin observaba la transmisión grabada.
Repetía los movimientos de Jeongin, la forma en que sonreía, cómo inclinaba la cabeza, cómo jugaba nervioso con sus dedos.
Sus ojos brillaban con un destello afilado.
—Precioso —murmuró con un tono suave pero inquietante—. Hoy también lo hiciste perfecto.
En una de las pantallas, la foto que le había enviado a Jeongin seguía abierta.
Y él, Seungmin, volvía a acercar el rostro a la imagen, como si quisiera entrar en ella.
—No tienes que asustarte… aún —susurró, dejando escapar una sonrisa apenas torcida.
Acarició la pantalla justo sobre el rostro de Jeongin.
Como si fuera real.
Como si fuera suyo.
**
Esa noche, Jeongin no pudo dormir.
Cada sombra en la pared parecía un cuerpo escondido.
Cada sonido en el pasillo del edificio lo hacía saltar de la cama.
A las tres de la mañana, recibió otra notificación.
Un nuevo mensaje.
No quería verlo.
No quería tocar el teléfono.
Pero sabía que debía hacerlo.
Lo abrió.
> “No tengas miedo. Siempre te cuido.”
—S_MinEyes
Jeongin se levantó abruptamente.
—¿Cuidarme? No… esto es demasiado. —Se pasó la mano por el pelo, agitado—. Tengo que bloquearlo.
Lo intentó.
Instagram mostró un error.
Otro intento.
Error.
—¿Qué…? —Su voz se quebró—. ¿Me está hackeando?
Entonces llegó un segundo mensaje.
Como si Seungmin supiera exactamente lo que él hacía.
> “No puedes bloquearme, Jeongin.”
“Tú me dejaste entrar.”
La sangre se le congeló.
¿Qué significaba eso?
¿Entrar dónde?
¿En su Instagram? ¿En su vida? ¿En su casa?
Se levantó rápidamente, tomó una mochila, metió su laptop, documentación, ropa y salió del departamento.
Necesitaba alejarse.
Sentía que el lugar entero estaba contaminado por esa presencia invisible.
Pidió un taxi y dio la primera dirección que se le ocurrió: la casa de un amigo que vivía lejos, del otro lado de la ciudad.
En el asiento trasero, temblaba.
Miró por la ventana, intentando tranquilizarse.
Solo vio luces de la ciudad, silenciosas, parpadeantes.
Hasta que vio algo más.
En una esquina, debajo de una farola, había un hombre de pie.
Alto, vestido de negro.
Mirándolo directamente.
El taxi siguió avanzando.
Pero Jeongin sintió que su corazón se detenía.
Aunque solo fue un segundo, juraría haber visto esos ojos oscuros…
Fijos.
Fríos.
Obsesivos.
Los mismos que en la foto.
**
Horas después, cuando por fin llegó a la casa de su amigo, se desplomó en el sofá.
—Necesito ayuda —murmuró—. Creo que alguien me está siguiendo. Alguien… alguien peligroso.
Pero antes de poder explicarlo, su teléfono volvió a vibrar.
Una última notificación.
> “No importa a dónde vayas.”
“Siempre sé encontrarte.”
Y el mensaje venía acompañado de una nueva foto.
Una tomada en ese preciso instante.
Desde afuera de la casa.
La ventana detrás de Jeongin.
Él, sentado en el sofá.
Sus ojos abiertos de par en par.
Jeongin dejó caer el teléfono por segunda vez.
Esta vez no sollozaba.
Ni gritaba.
Ni corría.
Estaba paralizado.
Totalmente.
Completamente.
Porque ahora lo sabía con certeza:
No era un fan.
No era un seguidor.
Era un cazador.
Y Jeongin ya estaba marcado.