Horror Cosmic Girls

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Summary

Entitades y mounstruos lovecraftianos que por siglos han estado aburridos deciden vivir entre humanos, seres inferiores como les dicen ellos para divertirse un poco en su vida diaria.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Un evento cósmico estaba por llevarse a cabo mientras las entidades se preparaban para desafiar a los seres inferiores...

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En una casa de una vecindario se llevaba a cabo la pelea mas grande entre unas entidades cósmicas poderosas que amenazaba con la destrucción.

Dagi que demonios te pasa, sal de allí ahora! — grito Tulu

Mientras tanto Dagi estaba encerrada en el baño, medio dormida en la tina.

—Cinco minutos más… —murmuró, hundiendo la cabeza en el agua tibia.

Del otro lado, Tulu golpeaba la puerta con sus tentáculos perdiendo la poca pacienciencia que le quedaba.

—¡Demonios, sal de ahí, maldito pescado con patas! ¡Yo también vivo aquí!

—Mmm… dije cinco minutos…

—¡Ya llevas una hora repitiendo eso!

En la sala, el televisor mostraba una entrevista con Hastie, la modelo más hermosa de todas, apodada “la Reina Amarilla” por su cabello dorado. De repente, la transmisión se llenó de estática; el entrevistador habló en un lenguaje incomprensible, los ojos de Hastie brillaron… pero inexplicablemente todo volvió a la normalidad.

Un estruendo sacudió la casa: la puerta del baño salió volando hasta la sala, arrastrando a Dagi con ella.

—¡¿Qué demonios te pasa, Tulu?! —gritó, sentada sobre la puerta rota.

—Tenías que salir… —dijo Tulu, ajustando los tentáculos como si fueran corbata y empujando la puerta rota del baño, que apenas colgaba, para “darle privacidad”.

Dagi, empapada, en el sofa de la sala se fijó en la TV.

—Wow… Hastie tiene más admiradores que antes. Le encanta que estos seres inferiores la adoren, jajaja.

Se fue a cambiar de ropa. Al rato, Tulu salió lista para irse.

—Oye, ¿ya estás lista? Vamos a llegar tarde.

—Ya sé, ya sé —respondió Dagi.

Tulu la miró seria.

—Oye… ¿por qué tenemos que suprimir nuestras verdaderas formas? Dagi soltó una risa cínica.

—¿En serio? ¿No te viene a la mente que solo pronunciar tu nombre volvería locos a todos? ¿Y que tu forma verdadera traería la locura a este mundo?

—No tienes que ser mala —replicó Tulu—. Además, nadie puede decir mi nombre, y mi forma no es tan mala.

—¿No tan mala? —Dagi la fulminó—. Eres un monstruo con cabeza de pulpo gigante.

—¡Y tú eres una fusión barata de sapo y pescado mutante verde!

Se miraron fijamente; el cielo se oscureció con nubes cargadas de rayos como reflejo de su pelea y el comienzo del apocalipsis. Luego Dagi suspiró.

—Ok… lo siento. No debí decir eso.

—Yo también —respondió Tulu.

—Entonces… ¿todo bien?

—Sí.

—Perfecto.

Dagi miró el reloj.

—¡Demonios, vamos a llegar tarde!

El cielo volvió a despejarse como si nada hubiera pasado, pero el desastre estaba por comenzar.

Mientras tanto, en otro lado de la ciudad de Lovecraft, un trato se llevaba a cabo. Una chica con traje elegante entregaba un maletín a dos hombres vestidos de negro.

—Agradecemos su colaboración, señorita Nyarlathotep.

Ella sonrió con malicia.

—Oh, por favor, solo llámenme Nyarla.

Su celular vibró: era una notificación de reunión.

—Vaya… parece que se me hace tarde.

Cerró el maletín con un clic seco.

—Ok, pueden irse. Y recuerden… no hay nadie mejor que yo para este mundo.

Los hombres, hipnotizados, repitieron al unísono:

—Sí, no hay nadie mejor que usted.

Nyarla sonrió altiva.

—Perfecto. Ahora, lárguense.

En la cafetería Niggurath de Shuby, Yotsy tomaba té mientras leía un libro. La puerta se abrió y Tulu y Dagi entraron, discutiendo por haberse perdido en los semáforos.

El perro de la cafetería, Tindy, saltó sobre Tulu y empezó a lamerle la cara.

—¡Oye, para! ¡Deja de lamerme! —gritó Tulu, intentando quitárselo de encima.

Dagi reía mientras se sentaba junto a Yotsy .

—Y pensar que su verdadera forma es la de un perro horroroso —dijo Nyarla, apareciendo silenciosamente detrás de ellas y dándoles un susto.

Tulu se escondió detrás de Yotsy mientras Nyarla acariciaba a Tindy.

—¡Hay! Tindy, eres un perro horroroso.

—¿Quién es un perro horroso? —dijo Nyarla, sonriendo—. Sí, tú lo eres.

De repente, Nyarla se detuvo y se puso de pie lentamente.

—Te habías tardado en aparecer, hermana.

Hastie estaba justo detrás de ella.

—Una persona importante nunca llega muy temprano ni muy tarde… siempre llega a tiempo —dijo con seriedad.

Se miraron con una expresión de desafío y soberbia: Hastie brillaba como un sol maligno, mientras Nyarla la envolvía en oscuridad cósmica. De repente Hastie se lanzó a los brazos de Nyarla.

—¡Te extrañé mucho, Nyarla! Quería verte de nuevo… has estado desaparecida demasiado tiempo —dijo, haciendo un puchero.

—Ya, ya, cálmate… solo fueron un par de días —respondió Nyarla, palmeándole suavemente.

Shuby apareció con una bandeja de galletas recién horneadas.

—Bueno, chicas, cuéntenle a mamá cómo estuvo su semana.

La cafetería pareció flotar en un espacio dimensional infinito… pero las galletas permanecieron intactas sobre la mesa

Yotsy cerró el libro con un golpe seco.

—No entiendo por qué debemos seguir este plan. Estos seres son increíblemente estúpidos. Su final sería lo mejor.

—Ajá, ajá… —dijo Dagi, mordiendo una galleta—. ¿Alguien más siente que tienen más mantequilla que la semana pasada?

—¡Oye, concéntrate! —gruñó Yotsy

Shuby sonrió orgullosa.

—Gracias, usé una receta nueva. Pero en serio… Tulu, ¿tu forma verdadera cumple con lo que dice Yotsy

—Pues… un poco entiendo su punto, pero los humanos me parecen divertidos.

—Sí, hacen tonterías chistosas, como esos videos de gatos tocando piano —añadió Dagi.

Hastie suspiró.

—Se nota que se han dejado influenciar por esta raza inferior.

Nyarla, con pierna cruzada y taza en mano, intervino:

—No hay de qué preocuparse. Hastie disfruta ser adorada por sus fans, Shuby ama su cafetería, Yotsy aunque lo niegue se entretiene con la cultura de los humanos… y ustedes dos parecen encantadas siendo roomates.

—Oye, eso es privado —protestó Tulu.

—¿Y tú, Nyarla? Siempre has estado metida con los humanos desde los principios de los tiempos… ¿Qué haces realmente? —preguntó Yotsy.

—Soy influencer —respondió Nyarla con naturalidad.

—¡¿Qué?! —gritaron Tulu y Dagi al mismo tiempo.

—Pero si te vimos hablando con un gerente de banco —dijo Tulu.

—Y yo escuché que tienes una empresa de bienes raíces —añadió Hastie.

—Jajaja… tengo varias facetas. Ya saben cómo soy —sonrió Nyarla, misteriosa.

Tindy, el perro, se robó una galleta.

—¡Oye, no! —gritó Shuby—. ¡Esa era para Yotsy !

Yotsy suspiró:

—…Y pensar que quería discutir sobre el fin del mundo.

Minutos después, el silencio llenó la cafetería. Shuby preguntó suavemente: —Entonces… ¿Cuál es la decisión que van a tomar?

—Yo voto por la extinción de la humanidad —dijo Yotsy .

—Yo también —Hastie.

—Yo no —Tulu.

—Y yo tampoco —Dagi.

Todas miraron a Nyarla. Shuby sonrió.

—Ok… al parecer la decisión es tuya.

Sonó una notificación en el celular de Nyarla.

—Oh, parece que voy tarde a mi reunión. Les daré mi respuesta otro día. Bye~ —dijo, levantándose hacia la puerta.

Pero la puerta no se abrió.

—¿Oigan? ¿Por qué no se abre? —preguntó, mientras su cabello adquiría forma monstruosa. Shuby la miró con ternura y amenaza contenida.

—Nyarla, recuerda que nadie de sale de esta dimensión sin mi permiso. Así que mejor termina nuestra reunión primero.

— Acaso me estas amenazando Shuby? A mi? a el caos reptante?

La tensión subió; la gravedad comenzó a fallar, haciendo que tazas y galletas flotaran. Las chicas solo miraban la escena. Finalmente, Nyarla suspiró:

—Ok, ok… Yo estoy en contra. Mi decisión es seguir divirtiéndome con estos seres inferiores.

La cafetería volvió a la normalidad; la puerta se abrió y Nyarla se desvaneció en una sombra. Hastie fue envuelta por un vendaval y desapareció. Un charco apareció bajo Tulu y Dagi, que fueron tragadas. Yotsy simplemente salió caminando, como si nada hubiera pasado.

Shuby suspiró mientras veía a sus mascotas ayudantes Mi-Go barrer, pegar la puerta con cinta cósmica y recoger los restos de galletas.

—Si no fuera por ustedes, esta cafetería ya sería un cráter Inter dimensional —murmuró, acariciando a uno de ellos.

El pequeño Mi-Go chasqueó las pinzas y se fue feliz a cargar un costal de basura que parecía un agujero negro en miniatura. Shuby acomodó las tazas y encendió la máquina de café.

—En fin… mañana seguro vuelven con otra de sus peleas.


La campanilla sonó. Un cliente humano entró, con cara de pocos amigos.

—Buenas… ¿todavía están abiertas?

—Claro que sí —respondió Shuby, sonriendo.

Se sentó en una mesa cubierta de marcas extrañas, como si alguien hubiera arañado el espacio mismo.

—Un capuchino, por favor.

—¿Con espuma de leche o con revelaciones prohibidas? —preguntó Shuby.

—…¿Perdón?

—Espuma de leche, entendido.

El hombre dio un sorbo, sus ojos se pusieron en blanco por un instante… luego parpadeó.

—Muy buen café. ¿Qué marca usan?

—Secreto de familia —respondió Shuby, guiñándole un ojo.

La campanilla sonó otra vez. Afuera, un tentáculo gigantesco se retiraba discretamente, como si hubiera estado espiando.

Shuby suspiró de nuevo.

—Sí… mañana seguro vuelven.

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