♡Amor de Verdad♡
(NOTA: ES RECOMENDABLE ESCUCHAR LA CANCION “Amor De Verdad” de Reik CON ESTA HISTORIA, YA QUE ESTA BASADA EN UNA HISTORIA REAL, Y A SU VEZ INSPIRADA EN ESTA CANCION, OJALA LA DISFRUTEN!)
Va a parecer extraño lo que voy a contar. En mis adentros me decía, Martín, no lo hagas. Martín, no. Pero yo, yo sí lo voy a hacer. Porque quiero que el mundo lo sepa. Quiero. Y como tengo la posibilidad de un papel y una lapicera al lado mío, lo voy a hacer. Lo voy a escribir...Como dije anteriormente, mi nombre es Martín. Soy de Argentina, de Buenos Aires, de una parte pequeña de Buenos Aires. Yo acá vengo a contar una historia, una historia de amor que bueno, no se si llegara a durar hasta mucho, pero es lo que yo verdaderamente siento...
Conocí a Laura hace unos años. Imagínense, era la época del 2000, donde el Messenger era la gran cosa, donde ahí podías escribir a distintas personas del mundo o de tu mismo país. Conectarte con ellas y poder hablar.
Fue un día que me puse a ver el Messenger en el cyber de la vuelta del departamento que alquilaba a unas 6 o 7 cuadras de donde trabajaba. Yo ese día pensé, bueno, vamos a verlo. Nunca era de ver mis redes sociales, nunca me interesaron tanto, pero ese era una linda acorazonada, y creo que seguí la correcta...
Allí fue donde conocí a Laura. Era una mujer hermosa. Cada mensaje que me mandaba era como ir a las nubes, ir a caminar sobre ellas y luego bajar a la realidad.
Al poco tiempo, nos hicimos amigos. Nos escribíamos casi todos los días. Yo le escribía por la computadora del trabajo. Me acuerdo que le escribía, y en los fines de semana, que me tocaba ir a ver a mi mamá fuera de donde vivía. Cargaba crédito en mi viejo Nokia, de donde la llamaba.
Simplemente con esas palabras, su risa... Así era mi Laurita.
Al poco tiempo, le pedí que sea mi novia. Y estuvimos unos 2 o 3 años noviando por Internet. Yo era un tipo joven, ella también. Ella rondaba cerca de los 25 años y yo era 28. Me enamoré, no hay otras palabras para poder describirlo. Me enamoré de su sonrisa, de su carita, de cada palabra, de cada risa. Creo que eso es estar enamorado, ¿no? Viajar a otros universos. Aunque nosotros solamente nos habláramos por medio de messenger. Y a veces, por esas camaritas locas. Que no servían para mucho... Igual se veía el amor en nuestras miradas...
Le di todo mi mundo, y ella me dio todo el suyo. Yo la re quería, y no me importaba sacrificar nada por ella porque así se compone el amor, de querer, ¿cierto?...
Ella me enseñó a sus hermanos, a su madre, a su padre, a sus amigos. Ella me enseñó todo, su ciudad, y yo la amaba por eso, por lo sincera y buena que era todos los días, no solo por lo hermosa que era.
En el 2005, le propuse matrimonio. Ella aceptó. Me pidió pasar el día al padre antes de venirse y yo acepté sin problema. Y a los meses, vino para acá. La conocí. Su pelo castaño, su baja estatura, sus ojos marrones, su hermosa sonrisa, lo flaquita que era. Me enamoraba. Era todo para mí. Aunque yo no podía ofrecerle mucho a ella, simplemente era un pobre introvertido. Ella era tan extrovertida y tan linda. Éramos el uno para el otro. Y lo somos hasta hoy día. El uno para el otro...
Nos casamos allá donde vivía ella el 5 de agosto del 2005. Ella es del norte de la mismísima Argentina. Fue la cosa más linda. Y mi mejor decisión hasta la fecha. Al igual que mis dos criaturas. Una del 2008. La primera, muy bonita. La segunda, del 2013. Preciosa. Con la primera pasé mucho, con la segunda poco. Pero bueno, así es la vida.
Poco tiempo después de que nació la segunda, me diagnosticaron cáncer. Precisamente, leucemia. Me destrozó por dentro. Sabía de que no tenía mucho tiempo. Pero yo, yo no quería amargarme la vida. Yo lo único que quería... Era que sean felices. Y así fue. Viví... lo suficiente, creo.
A mí me encantaba leer, y eso le heredé a mis hijas. Espero de que lo tomen. Sería la cosa más linda. Me encanta escucharlas, siendo que ahora estoy postrado en una cama de hospital. Mejor dicho, en una clínica. Y estando aquí acostado, y a veces medicado con el dolor de mi alma.
Escuchar en mi Nokia 2010 las hermosas voces de mi bebé contándome de su día. Cómo mi Laurita estuvo siempre. Ella me cuidó, mostrándome cómo mis bebés me extrañaban. Y aunque me destrocé, no podía hacer nada por ellas.
Un día las pude ver a las dos, mis pequeñitas. La más grande había cumplido seis años. La más pequeña cumplió dos. Las pude ver una última vez. Mi cuerpo ya no reaccionaba. Apenas podía moverme. Pero lo hice, las abracé con la fuerza que me quedaba. Ellas querían estar conmigo. Y yo logré hacerlo...
Hoy día estoy aquí, en esta cama hospital, luchando por mi vida. Pero yo sé que voy a salir. Yo sé que las voy a poder volver a ver. Yo sé que les voy a poder dar un abrazo grande. Prometí amarlas cuando nacieron las dos. Y así lo haré. Las amaré. Y con esa fuerza, tanto del amor de Laurita, como del amor de mis bebés, voy a levantarme. Por ese amor que les tengo, que es incondicional, voy a levantarme. Voy a volver a verlas. Voy a poder ayudarlas. Aconsejarlas. Como un padre tiene que hacer por sus hijos. Quiero vivir mucho más. Amo a mi Laurita. Amo a mis bebés. Y lo único que quiero es levantarme y poder verlas. Una vez más...
---♡---
Seguro estarás enganchado con la historia. Seguramente estarás leyendo cada declaración que Martín hacía. Pero... Ahora voy a contar el final. Para que no quede como un texto nomás. Porque ahí están sus palabras. Palabras que él no podía decir. Por la traqueotomía que tenía para poder respirar. Por la poca fuerza que podía juntar. Esas fueron sus palabras. Sus últimas palabras. Yo las respetaré. Y las terminaré...
Te habrás dado cuenta, seguro. Sí, yo soy Laura, la mujer de la vida de Martín. Como él siempre me lo dijo, fui su primer amor, su primer beso, su primer todo, y el fue el amor de mi vida. Y así seguirá siendo. Él es el amor de mi vida. Y yo por lo que leí entre estas líneas de verdades... también lo fui para el.
Sí. Él falleció. Tuvo una batalla de tres meses. Desde que se enteró de que tenía el 80% de la medula tomada...
En el momento que falleció, tuve que salir de aquí, de donde vivíamos. Dejar de alquilar nuestra casa, por el dolor y la depresión que tenía. Volví para mi lugar. Para darles una buena vida a mis dos bebés . Mis más grandes recuerdos de Martín. Las dos.
Y salí, salí de esta depresión. Pude salir. Y yo sé de que fue por él. Porque él es nuestro ángel guardián. Mi Tincho siempre va a estar. Compartí una y mil cosas con él. Compartimos lágrimas. Compartimos peleas. Compartimos abrazos. Compartimos amor. Compartimos todo. Y yo no me arrepiento de ello. Y lo haría una y mil veces otra vez. Pasaría por todo de vuelta. Por él.
Lo amo, y lo amaré por siempre. Pero... ¿Qué hubiera pasado si él nunca hubiera fallecido? ¿Qué hubiera pasado si estaría él conmigo? ¿Qué hubiera pasado si hubiera salido de la leucemia? ¿Cómo hubiera sido nuestras vidas cuando salía? ¿Qué hubiera pasado ahí, en ese momento? ¿Hubiéramos seguido juntos? ¿Nos hubiéramos podido casar de vuelta? ¿Cuántos años podríamos haber vivido juntos? ¿Cuántas experiencias podrían estar? ¿Cómo hubiera sido nuestras vidas? Mi cabeza está llena de preguntas. Pero lastimosamente, jamás las voy a poder responder. Por culpa de la muerte. Pero no en un sentido malo. Porque yo sé que fue por algo que pasó. Yo sé que la muerte no viene por maldad. Sino porque está escrito así. Porque la vida está escrita así. Vida y muerte. Lastimosamente...








