Relación prohibida

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Summary

Sofía y Kevin son hermanos, unidos por sangre y por un secreto que ninguno puede confesar. Cuando sus padres se ausentan, la casa se convierte en su refugio prohibido: un lugar donde las miradas se vuelven caricias, los roces se transforman en fuego y la línea entre el cariño fraternal y la lujuria se desvanece por completo. En la penumbra de las noches robadas, desatan una pasión ardiente y desesperada. Besos que queman, cuerpos que se buscan sin piedad, gemidos que llevan sus nombres como promesas rotas. Cada encuentro los arrastra más profundo al abismo del deseo incestuoso, entre el éxtasis y el miedo a ser descubiertos. Pero el placer tiene un precio. ¿Cuánto tiempo podrán mantener el secreto antes de que la culpa, el riesgo o la realidad los destruya? En un mundo donde lo prohibido es lo más adictivo, su amor es una condena disfrazada de paraíso.

Status
Complete
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

La habitación estaba en penumbra, solo iluminada por la luz tenue que se colaba desde el pasillo. Sofía, de dieciocho años, yacía boca arriba sobre las sábanas revueltas, el cabello desparramado como un halo oscuro sobre la almohada. Encima de ella, Kevin, un año mayor, apoyaba los antebrazos a ambos lados de su cabeza, sosteniéndose para no aplastarla con su peso mientras sus bocas se encontraban una y otra vez en besos profundos, hambrientos, casi desesperados.

No había nadie más en la casa. Los padres habían salido de viaje y el silencio del lugar parecía amplificar cada roce, cada respiración entrecortada. Las manos de Kevin recorrían la piel suave de Sofía con avidez: bajaban por su cintura, subían por sus costados, se detenían un instante en la curva de sus caderas antes de seguir explorando. Ella respondía igual, deslizando las palmas por la espalda ancha de él, clavándole ligeramente las uñas cuando el placer la atravesaba como una corriente.

—Kevin… —gimió Sofía contra sus labios, la voz ronca, casi suplicante.

Él contestó con un gemido grave, pronunciando su nombre como si fuera una oración:

—Sofía…

Sus dedos encontraron el borde de la ropa interior de ella. Con un movimiento lento pero decidido, la deslizó hacia abajo, liberándola por completo. Segundos después, él también se deshizo de lo poco que le quedaba puesto. Ya no había barreras entre ellos. Piel contra piel, calor contra calor.

Sofía giró ligeramente la cabeza y hundió los labios en el hombro de Kevin, besándolo con fuerza, mordisqueando la piel mientras sus uñas trazaban líneas rojas a lo largo de su espalda. Él soltó un gruñido bajo y, sin romper el contacto visual, se posicionó mejor entre sus muslos. Cuando la penetró, lo hizo de un solo movimiento profundo. Ambos jadearon al unísono; el sonido que escapó de la garganta de Kevin fue casi un grito ahogado de placer.

Comenzó a moverse con ritmo creciente, cada embestida más intensa que la anterior. Sofía arqueaba la espalda, buscando más, siempre más. Él bajó la cabeza y tomó uno de sus pechos en la boca, chupando con fuerza, estirando el pezón entre los labios hasta hacerla gemir alto, casi con sorpresa. Ella lo miraba con los ojos entrecerrados, brillantes de deseo y euforia, mientras sus caderas se elevaban para encontrarse con las de él en cada golpe.

El clímax los alcanzó casi al mismo tiempo. Kevin se tensó, empujó una última vez con fuerza y se derramó dentro de ella con un gemido largo y roto. Sofía tembló debajo, apretándolo con las piernas, sintiendo cada pulso mientras su propio orgasmo la atravesaba como una ola.

Pero apenas el placer empezó a desvanecerse, la realidad regresó a los ojos de Sofía.

—Kevin… te corriste dentro —susurró, con un hilo de preocupación cortando la voz—. ¿Y si…?

Él se quedó quieto un segundo, aún dentro de ella, respirando agitado. Luego se inclinó, besó suavemente sus labios entreabiertos y murmuró contra su boca, con esa calma confiada que siempre la desarmaba:

—Tranquila, mi amor. No va a pasar nada… y si te preocupa tanto… —sus dedos bajaron despacio por su cadera, trazando un camino lento hasta detenerse más abajo—… la próxima vez lo hacemos por detrás. Así no hay riesgo.

Sofía lo miró, entre sorprendida y excitada de nuevo por la crudeza y la promesa en su voz. Kevin sonrió de lado, esa sonrisa traviesa que ella conocía tan bien, y volvió a besarla, esta vez más lento, como si ya estuviera planeando el siguiente round.

La casa seguía vacía. Y la noche apenas comenzaba.