Contrato Naranja ~ Chestappen by ALEMPA17 at Inkitt
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Contrato Naranja ~ Chestappen

Summary

De la desesperación financiera nació “Ajuste de Cuentas”, un canal de contenido para adultos que Checo y Max crearon como un plan temporal para salvarse de la ruina. Lo que comenzó como una serie de videos íntimos filmados por necesidad se convirtió rápidamente en una exploración profunda del deseo y los sentimientos que ambos habían reprimido por años, confesando su amor real en medio de la ficción que grababan. Su éxito inesperado no solo les dio estabilidad económica, sino que, de forma irónica, les abrió las puertas a la carrera profesional que anhelaban, con una oferta de trabajo en Zúrich.

Genre
Erotica
Author
ALEMPA17
Status
Complete
Chapters
21
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

El Comienzo

¡PUM!

La puerta de la oficina se cerró detrás de ellos con un golpe seco que resonó en el silencioso estacionamiento. Sergio “Checo” y Max se miraron, las cajas de cartón con sus pertenencias absurdamente ligeras en sus brazos.

—No puede ser… —murmuró Checo, sus ojos oscuros, normalmente llenos de bromas, ahora opacos por la incredulidad.

Max, más alto y de hombros anchos, apretó la mandíbula. El despido masivo los había barrido a ambos, a ellos y a su cómoda vida de empleados de marketing con sueldos de ensueño.

La realidad les cayó encima como una losa en el lujoso apartamento que compartían. Las paredes minimalistas, el televisor de 80 pulgadas, la cafetera italiana que costaba más que el alquiler de un mes en otras vidas… todo era el testimonio mudo de su estupidez financiera. Habían vivido al límite, comprando cada capricho, convencidos de que el flujo de dinero era eterno.

—Las cuentas no salen, Max —dijo Checo esa noche, sentado en el suelo frente a la pantalla del laptop, rodeado de facturas—. Aunque vendamos todo… en tres meses estamos en la calle.

Max observaba desde el sofá, su mirada fija en la nuca de Checo, en la curva familiar de sus hombros bajo la camiseta ajustada. Un sentimiento que había mantenido a raya por años, una atracción profunda y complicada, palpitaba en su pecho, ahora mezclada con el pánico de la situación.

Fue Checo quien, tras horas de navegar en la desesperación, dio con la idea.

—Mira esto —dijo, voz tensa.

En la pantalla brillaba la conocida página naranja de videos para adultos.

—Dicen que los creadores independientes… algunos ganan mucho con pocos videos. Si… si lo hiciéramos nosotros.

El silencio que siguió fue denso, cargado. Max se acercó, oliendo el suave perfume de Checo.

—¿Estás proponiendo…?

—¡Es temporal! —se apresuró a decir Checo, volviéndose.

Sus rostros estaban muy cerca.

—Hacemos, digamos… veinte videos. Calculé las ganancias promedio. Con eso podemos respirar, pagar deudas, buscar otro trabajo sin que nos echen a la calle —sus ojos bajaron, avergonzados—. Sé que es una locura. Y yo… con mi… cuerpo.

Se refirió a sí mismo con un gesto vago, pero ambos sabían a qué se refería: a su torso delgado pero con unos pechos inusualmente llenos y redondos para un hombre, y a esa parte íntima de la que bromeaba a veces, llamándola, en confianza, “mi coño tragón”.

Max sintió un calor repentino recorrerle la entrepierna. La idea era descabellada, humillante… y excitante. Terriblemente excitante. Porque implicaba tocar, mirar, poseer lo que había deseado en secreto durante tanto tiempo.

—Sólo si tú estás seguro —dijo Max, su voz más ronca de lo normal—. Y sólo nosotros. Sin nadie más.

Checo asintió, tragando saliva.

—Sólo nosotros.

🎥📸

Al día siguiente, la tensión en el apartamento era palpable, pero de una nueva especie. No era sólo el miedo financiero, sino una electricidad sexual que crepitaba en el aire.

—Lo planeamos como un trabajo —dijo Max, tratando de sonar profesional mientras colocaba el trípode con su teléfono en la sala, que habían despejado—. Nos centramos en… la mecánica.

—Sí, mecánica —repitió Checo, saliendo de su habitación.

Max se quedó sin aliento.

Checo llevaba unos shorts diminutos de seda rosa chicle. La tela, escasa y brillante, se ceñía a cada curva, delineando obscenamente el volumen generoso de sus nalgas y, enfrente, el bulto suave de su sexo y sus pechos, que se movían con cada respiración. Se veía vulnerable, hermoso y terriblemente deseable.

—¿Y… y el guión? —preguntó Checo, jugueteando nervioso con el elástico del short.

—No hay guión. Somos… naturalidad —dijo Max, acercándose.

Su propio cuerpo respondía, y no había forma de ocultar la considerable erección que se abultaba en su pantalón de sudadera. La famosa “vergota” de Max, de la que Checo había bromeado en el pasado, ahora se anunciaba como una realidad innegable y próxima.

Checo lo miró allí, y un rubor cálido subió por su cuello.

—¿Empezamos?

Max asintió. Guió a Checo para que se acostara de espaldas en la alfombra, con las piernas estiradas. Luego, con movimientos deliberados, Max se subió a horcajadas sobre las piernas de Checo, quedando de rodillas, su torso imponente sobre el cuerpo más pequeño de su amigo. Desde esa posición, el trasero de Checo, enfundado en esa seda rosa, quedaba elevado y expuesto al aire… y a la cámara.

—Lubricante —murmuró Max, tomando un frasco de un gel blanco que simulaba semen.

Se aplicó una generosa cantidad en su mano y luego embadurnó su propio miembro, ya completamente erecto y grueso. Shlick, shlick… el sonido era húmedo y provocativo en el silencio de la habitación.

—Ahh… —escapó un suspiro de Checo al ver el tamaño.

Max, con los ojos fijos en los de Checo, comenzó. Primero, frotó la cabeza de su pene sobre la tela de seda que cubría el sexo de Checo. Fsss, fsss… la tela se humedeció y se pegó, revelando la forma hinchada debajo.

—Mmmph… Max… —gimió Checo, arqueando la espalda.

Sus manos se aferraban a la alfombra.

Luego, Max usó los bordes del short. Con una mano, estiró la tela hacia un lado, exponiendo el clítoris sensible e hinchado de Checo, y la entrada humedecida de su vagina. Con la cabeza de su pene, ahora goteando lubricante, comenzó a frotar directamente sobre aquella carne sensible. Slurp… plap, plap…

—¡Ah! ¡Ahí… ahí, justo ahí! —jadeó Checo, sus piernas temblando bajo el peso de Max—. Dios… qué grande se siente…

El sonido era obsceno, un chapoteo húmedo y constante. Max, perdido en la sensación y en la vista del cuerpo de Checo entregándose, añadió más lubricante. Esta vez, no hubo preámbulos. Con una mano guiando su miembro, presionó la cabeza contra la entrada, que ya se abría para recibirlo.

—¿Listo? —gruñó Max, su control desvaneciéndose.

—¡Sí! ¡Por favor, Max! —suplicó Checo.

¡Schllllp! Con un empuje firme, Max penetró. La sensación fue abrumadora para ambos: para Checo, una gloriosa, estremecedora plenitud; para Max, la cálida y ajustada humedad del “coño tragón” de su amigo, que parecía succionarlo hacia dentro.

—¡Ufff! ¡Coño… qué apretado! —rugió Max, empezando a moverse.

Plap, plap, PLAP! El ritmo era rápido, salvaje. La tela de seda rosa, estirada al límite por el movimiento, no pudo resistir. Con un ¡RIIIP! sonoro, el short se partió por la mitad, destrozado.

Max no se detuvo. Agarró los jirones de tela que colgaban de las caderas de Checo, usándolos como riendas para hincar más fuerte, más profundo. ¡Aah! ¡Uhn! ¡Sí! Los gemidos y las interjecciones se mezclaban: los quejidos agudos de Checo, los gruñidos guturales de Max, el sonido de cuerpos chocando.

—¡Vas a acabar conmigo! —gritó Checo, sus ojos llenos de lágrimas de placer, sus pechos moviéndose en un tembloroso ritmo.

—Esa… esa es la idea —jadeó Max, sintiendo la presión acumulándose en su base.

El espectáculo era visualmente explosivo: el cuerpo poderoso de Max embistiendo, el de Checo arqueándose, la tela rosa destrozada, la piel brillante de sudor y lubricante.

El clímax los alcanzó casi al unísono. Un último embestón profundo, un grito ahogado de Checo, y Max rugió:

—¡Me corro! ¡Tómalo todo!

—¡Uhnnnn… AAAAAH!

Una sacudida violenta los recorrió a ambos. Max se derrumbó sobre Checo, jadeando. El aire olía a sexo, a sudor, a lágrimas y a algo nuevo, irremediablemente cambiado.

Cuando la respiración se calmó, Checo, todavía debajo de Max, murmuró contra su hombro:

—Creo… creo que el video va a ser un éxito.

Max levantó la cabeza, mirándolo. El guiño de complicidad, la confesión en los ojos del otro, le hicieron saber que esto ya no era sólo un plan financiero. Habían cruzado una línea, y no había vuelta atrás. Los sentimientos, siempre latentes, ahora bullían en la superficie, tan explícitos y desnudos como sus cuerpos en la alfombra.

Habían grabado su primer video. Y el verdadero drama, el de sus corazones, acababa de comenzar.

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Good Writing

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Compelling Plot

1

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Great Character

2

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Strong Dialog

6

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nmms q chido este cap

5 months

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